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Nº 806 - 20 de octubre de 2008

Algunos sectores concretos se benefician de la difícil situación económica

¿CRISIS?, ¿QUÉ CRISIS?


Mientras la inmensa mayoría de la población ve regresar el fantasma de los cinturones apretados y las vacas flacas, como consecuencia del colapso del sistema financiero, algunos sectores ven incrementarse sus beneficios como consecuencia de que sus productos o servicios resultan más demandados en coyunturas de dificultad económica generalizada. Bancos grandes que se tragan a otros más pequeños, gestores de cobros, bufetes especializados en la gestión de impagados, asesores-reflotadores de empresas, restaurantes de comida rápida y a domicilio, especuladores de oro y materias primas, casas de empeño, agentes de Bolsa especializados en el short shelling, montes de piedad, altos ejecutivos de multinacionales, empresas de productos de lujo, tiendas de segunda mano... Todos ellos ven una inmejorable oportunidad de negocio en una situación de pánico generalizado y escasez de recursos. Son los grandes beneficiarios de las crisis económicas..

Por Pedro Antonio Navarro

Las duras no son igual de duras para todos. El hundimiento del sistema financiero como consecuencia de las pésimas gestiones corporativas, las hipotecas-basura y la ausencia de un control institucional del funcionamiento de la banca nos ha situado, casi de repente, en el epicentro de una crisis económica de una envergadura que muchos expertos consideran incluso superior a la provocada por el crack del 29. Las consecuencias no se han hecho esperar. Las bolsas de todo el mundo iniciaban un descenso a los infiernos –en España, al cierre de esta edición, las pérdidas acumuladas del año superaban el 40 por ciento-, el pánico y el descenso en las ventas ha traído el anuncio en cadena de los temidos expedientes de regulación de empleo. El paro sigue incrementándose, mientras que el dinero público ha tenido –por decisión de los gobiernos de la mayoría de los países del primer mundo- que salir al rescate de unos bancos que, en la desconfianza habitual del temeroso sector financiero, han dejado de prestarse dinero los unos a los otros y han provocado una falta de liquidez que ha llevado a la ruina a algunos de ellos, mientras que las cuotas de las hipotecas no dejan de subir, mientras el precio de las viviendas cae.

Este panorama desolador no afecta por igual a todo el mundo. En 2007, ya con el efecto de las hipotecas-basura a cuestas, la riqueza de las familias en el mundo que poseen más de cinco millones de dólares crecía casi un cinco por ciento. El capital en manos de estas personas ascendía a 77,1 billones -¡sí, con b!- de euros, según un informe elaborado por el Boston Consulting Group.

Pero no sólo este privilegiado colectivo se libra de los efectos de una crisis provocada por la ineptitud de unos pocos y el descontrol de la carencia de reglas, y que casi todos hemos de padecer. Existen determinadas empresas, ciertas actividades económicas que, por sus especiales características encuentran en el océano de una crisis económica su hábitat ideal, las mayores oportunidades para su negocio, el momento óptimo para su desarrollo y su crecimiento.

Para empezar, y pese a que son los que han pedido auxilio, están los bancos. Sólo los más fuertes, naturalmente. En este momento crítico, muchos de ellos han encontrado la ocasión para engullir a otros más pequeños de la competencia, y a muy buen precio, aprovechando la caída de la bolsa.

También están los especuladores de todo tipo, especialmente, los que han invertido masivamente –y por ello han encarecido enormemente estos productos en el último año- en materias primas, combustibles y alimentos. Es un tiempo dulce para los inversores en oro. Los economistas no recomiendan hacerlo a largo plazo, por su tradicional baja rentabilidad, pero en momentos complicados se convierte en un auténtico refugio del dinero cobarde. La demanda de este material se ha incrementado en más de un 60 por ciento en nuestro país en los tres primeros trimestres, creando situaciones de desabastecimiento en algunos puntos de nuestra geografía. Según los datos de Gold Price, en los dos últimos meses, el precio de la onza ha pasado de 815 a 913 dólares.

Pescan en este río revuelto los inversores en bolsa de los denominados Hedge Funds, que emplean una técnica denominada short shelling: piden prestado para comprar acciones de empresas que se están cotizando a la baja, esperan a que esa baja se sustancia y compran, de hecho, cuando ha llegado al precio más bajo. Entonces devuelven lo prestado y se embolsan las ganancias de la diferencia.

Otros que se frotan las manos son las empresas dedicadas al cobro de morosos. Su actividad de ha incrementado en casi un cien por cien en lo que llevamos de años, y muchas de estas empresas se han visto obligadas a duplicar su personal (es un sector, prácticamente sin crisis posible). Igualmente, las asesorías en reflotamiento de empresas, y de gestión fiscal, que en estos días turbulentos están multiplicando hasta por cuatro su actividad y, consecuentemente, sus beneficios.

Las casas de empeño están reverdeciendo pasadas glorias, mientras que los montes de piedad –dependientes de la Confederación Española de Cajas de Ahorro (CECA)- ven incrementarse su actividad a gran velocidad.

Las grandes multinacionales de restaurantes de comida rápida y a domicilio viven una época dorada. Las salidas de casa y los restaurantes caros son los primeros lujos que se sacrifican en tiempos de escasez. Los últimos datos conocidos de Telepizza hablan de un incremento de sus beneficios de un 25 por ciento en 2006, con respecto al año anterior. La impresión que tienen sus gestores es que se superará con mucho ese porcentaje a finales de 2008, en comparación con 2007. McDonald’s abrió nueve restaurantes nuevos en nuestro país, pero sus planes inmediatos contemplan la apertura de otros 70 más. En 2007, su facturación superó en un 7,5 por ciento a la de 2006. Ya, en el primer semestre de 2008, los datos marcaban un 31 por ciento por encima de lo sucedido en el mismo periodo de 2007. En el caso de Burger King, un 28 por ciento.

Las tiendas de todo a cien, los abogados especializados; hasta los detectives, que aunque han visto disminuir los encargos de vigilancia por infidelidad matrimonial –en crisis, eso no parece una prioridad-, por otro lado han visto como se multiplican sus encargos para desenmascarar a trabajadores con bajas prolongadas –depresiones, lumbalgias-, que tratarían de este modo evitar ser despedidos, ya que la normativa laboral no permite que las empresas lo hagan estando en esa situación. También ahora deben escrutar a morosos y descubrir tesoros escondidos bajo los baldosines o cualquier propiedad embargable que satisfaga al ávido acreedor.

BANCO SÍ COME BANCO

Paradójicamente, y pese a que el sector de la banca se ha convertido en el principal, y casi único, destinatario del auxilio público en forma de decenas de miles de millones de euros ante su falta de liquidez, y para reforzar esa desconfianza que ha provocado que los banqueros hayan dejado de prestarse dinerito los unos a los otros, resulta que algunos de los más avispados de este negocio también están aprovechando muy bien la situación de crisis para obtener beneficios de otro modo. En este caso, a costa de otros bancos.

El pez grande se come al chico. Una vez más se cumple el principio inexorable; nada personal, business is business. Así, con la elegancia y tacto que siempre han demostrado, algunas de las entidades menos afectadas se han lanzado a la caza de la oportunidad de adquirir en las rebajas las acciones de otros bancos que se han llevado un buen mazazo con las subprime y otras aventuras fuera de control.

Por ejemplo, el Banco de Santander se ha hecho con el control del grupo Sovereing Bancorp. 

La entidad bancaria española valora los activos del grupo estadounidense en 2.530 millones de dólares -1.900 millones de euros-. Su oferta por cada acción alcanza los 2,8 euros. Sovereing tiene una fuerte implantación en el noreste de Estados Unidos, donde tiene ubicadas más de 750 sucursales, en las que desempeñan su trabajo más de 12.000 empleados.

El Santander ya poseía el 25 por ciento de este grupo bancario. La operación se cerró en octubre de 2005, y constituía la primera inversión del grupo español en el mercado norteamericano. Del mismo modo, el grupo Banco Santander adquiría el 2,1 por ciento del banco belga Fortis, tras hacer efectivo el pago de 892 millones de euros.

Otro gigante, BNP Paribas, se quedaba con la tajada del león de Fortis. A comienzos de octubre se sellaba el acuerdo por el que la entidad francesa se hacía con el control de las actividades de Fortis en Bélgica y Luxemburgo. BNP adquiría el 75 por ciento de los activos en Bélgica y el 67 por ciento de los de Luxemburgo. También decidía quedarse con la división de seguros, con la cartera de inversiones y con los negocios de Fortis en Polonia y Turquía.

Curiosamente, tras la inyección de dinero público que fue a parar a la entidad belga, y de la que también se ha beneficiado BNP Paribas, el Estado belga, tras esta operación, se convierte en el principal accionista de BNP –con un 10 por ciento-, mientras que Luxemburgo tiene un 1,4 por ciento. No faltará quien se pregunte si la inversión de dinero público en los bancos va a servir, finalmente, para financiar el crecimiento de algunas de estas entidades, en detrimento de otras, y de qué manera van a revertir los dividendos en las haciendas públicas.

En Estados Unidos también se reproduce este fenómeno. El banco Goldman Sachs estudiaba a finales del pasado mes de septiembre adquirir activos de otras entidades bancarias del país por valor de 35.000 millones de euros. Algo parecido ocurría con JP Morgan Chase, que el pasado marzo compraba –eso sí, a buen precio- el banco Bearn Sterns. Más o menos lo mismo que Citigroup, que se acaba de comer a Wachovia, cuarta entidad financiera en el país y, casualmente, uno de sus más directos rivales.

En esta festín para disfrute de los peces grandes, el recién nacionalizado Barclays Bank decidía quedarse con algunos de los negocios del quebrado Lehman Brothers.

Y lo cierto es que, pese a la crisis galopante, al aumento del paro, al anuncio cada día más cotidiano de nuevos expedientes de regulación de empleo, y de la multimillonaria operación de salvamento anunciada por la Unión Europea y por el Gobierno español, la banca de nuestro país goza de muy buena salud.

Según sus propios datos, las entidades bancarias que operan en nuestro territorio cierran el tercer trimestre con un seis por ciento más de ganancias que las obtenidas en el mismo periodo de 2007. En este tiempo, los beneficios superarán los 22.400 millones de euros. El grupo Santander declaraba estar en condiciones de conseguir los 10.000 millones de euros de beneficios al final del presente ejercicio, tal y como tenían previsto.

En cuanto a la inyección de liquidez que va a correr a cargo de los impuestos de todos los cotizantes en nuestro país, a tenor de lo declarado por los propios portavoces de la banca española, podría no parecer necesaria. Banesto, que incrementaba sus beneficios hasta octubre en un 12 por ciento con respecto a los obtenidos el año anterior, asegura disponer de 7.000 millones, el Banco Popular proclama que cuenta con 19.000, mientras que los dos gigantes, Santander y BBVA, informan de que cada uno de ellos dispone de 50.000 millones de euros.

ANTES MUERTOS QUE SENCILLOS

Que hay crisis? Pues hoy, a dejar el Testarossa en el garaje y a trabajar en el Lamborghini Diablo, que es menos ostentoso, y como llevo los cristales tintados, así no se me ve el Omega de oro cuando me detenga en los semáforos”.

Los momentos difíciles apenas hacen unas ligeras cosquillas a las industrias dedicadas a los productos de lujo, grandes marcas y a sus usuarios habituales. A mediados del pasado mes de septiembre, bajo una intensa lluvia de valores cayendo en picado en la Bolsa, se inauguraba en Palma de Mallorca la feria internacional Art of Living, una muestra internacional en la que el objeto era la presentación en sociedad y la comercialización de las novedades de más de 40 productos exclusivos, como yates, aviones privados, mansiones, vehículos de lujo o diamantes de primeras marcas, como Ferrari, Aston Martin, Kühn & Partner y un largo etcétera.

El director de la muestra –que no contaba con ningún tipo de apoyo institucional-, Carlos Batista, explicaba que los momentos de crisis económica afectan con especial dureza a las economías débiles y medias, aunque es la coyuntura más adecuada para vender productos a “ciudadanos más adinerados”. La elección de Mallorca para la puesta de largo del evento estaba justificada en el hecho de que en la isla residen personas “con grandes fortunas, a las que les gusta el lujo, y que cuentan con grandes mansiones en Andratx, Portals, Bendinat o Santa Ponça”.

El consejero delegado del Grupo LVMH –propietario de las marcas Moet & Chandon, Christian Dior o Louis Vuitton-, Bernard Arnault, asegura que, en el contexto de la grave crisis, su grupo  ha obtenido unos beneficios superiores a los 4.000 millones de euros en el primer trimestre de 2008, un 12 por ciento más que lo conseguido en el mismo periodo del año anterior. Según Arnaul, su grupo ve muy factible “cumplir el objetivo de un crecimiento sensible de los beneficios en 2008”.

Llama la atención el dato de los españoles son los segundos consumidores en Europa, por nacionalidades, de productos de lujo, sólo superados por los británicos. La tercera posición la ocupan los alemanes, mientras que el último lugar, pese a la fama que siempre les ha acompañado, les corresponde a los franceses. Las economías emergentes, como China, India o una resucitante Rusia, ya acaparan el ocho por ciento del gasto mundial en estos productos de lujo.

Estos buenos resultados comerciales están haciendo subir en bolsa de modo constante las acciones de las compañías que se dedican a este mercado exclusivo. Nuevamente Forbes nos da las claves de la cotización real de estas compañías que, año tras año, con total independencia de las crisis o de los momentos de zozobra del sistema financiero, afianzan sus posiciones en una línea de continuo crecimiento. Según esta publicación, la marca de lujo más valiosa es Louis Vuitton, con un valor de 16.600 millones de euros. Le sigue Hermès, tasada en 6.200 millones. Muy cerca de ella se encuentran otras tres, Gucci -6.035 millones de euros-, Cartier -6.000 millones-, y Chanel -5.600 millones de euros-.

El único sector de la industria del lujo que parece estar resintiéndose en nuestro país es el de los barcos recreativos de gran eslora, más de 18 metros. Según los datos ofrecidos por los constructores españoles, a finales de verano se había producido un descenso de las ventas en un 32 por ciento. Estos barcos tienen unos precios que oscilan entre los 600.000 y los tres millones de euros; casi todos se fabrican por encargo. En los seis primeros meses del año, se habían recibido 25 encargos de embarcaciones de estas características destinados a particulares, mientras que en el primer semestre de 2007 fueron 37 las peticiones efectuadas.

Al parecer, en la náutica recreativa se está viendo más afectada la gama alta y la gama baja, mientras que aguanta mejor el tirón la media, la de barcos de entre 12 y 15 metros de eslora, con costes entre 100.000 y 500.000 euros.

En cuanto a los vehículos de alto lujo y deportivos, la alegría va por marcas. Mientras en los concesionarios españoles de Ferrari las ventas han caído un 28 por ciento, en los de Rolls Royce, un 66 por ciento y en Aston Martin, un 44 por ciento, las peticiones de los distintos modelos de Lamborghini han crecido un 37 por ciento.

Viva el lujo.

VOLVEMOS A EMPEÑAR EL COLLAR DELA ABUELA

Vuelven las casas de empeño, se ponen de moda los Montes de Piedad. Es el último grito ante la ausencia de créditos personales que antes ofrecía una banca que ahora atraviesa por una crisis de fe y confianza. Las tasas de morosidad, que superan la barrera psicológica del dos por ciento –el porcentaje más alto desde 1999, aunque sin llegar a aquel 8,5 de 1994- tienen bastante que ver con esta actitud remolona de nuestra banca. Esa misma que hace no mucho tiempo llenaba nuestros buzones con ofertas irresistibles para concedernos un dinerito con el que comprarnos algún capricho o darnos unas vacaciones padre.

Esa fuente se ha secado, y ahora las economías familiares más débiles han vuelto sus esperanzas hacia una vieja costumbre que parecía casi erradicada. Cuando los bancos cierran sus puertas, los prestamistas, las casas de empeños y los Montes de Piedad abren las suyas. La modalidad de las casas de empeño parece la más desesperada. Como muchos de los que trabajan en ellas reconocen, no suelen pagar más de una cuarta parte del valor real de los objetos que compran. Además no dan más de una semana de plazo antes de poner definitivamente a la venta el artículo empeñado.

Donde se está apreciando con más fuerza uno de los efectos colaterales de esta crisis es en los casi olvidados montes de piedad. Casi siempre ligados a la Confederación Española de Cajas de Ahorro (CECA), se dedican a la concesión de los denominados créditos pignoráticos; una cantidad de dinero que se concede sobre un bien –joyas u obras de arte, en la mayoría de los casos-. Los Montes de Piedad disponen de un servicio de tasación. Una vez que este departamento establece un precio por el objeto, el préstamo concedido representa el 70 por ciento de su valor. La caja de ahorros correspondiente establece un año como periodo para la devolución total del préstamo, y durante ese tiempo, custodia el objeto empeñado. Una vez transcurrido el plazo, si no se ha abonado el préstamo, pasa a formar parte de alguno de sus lotes de subastas periódicas.

Los Montes de Piedad han incrementado notablemente el volumen de su negocio en el último año. Además de la escasez de crédito en la banca tradicional, los pignoráticos resultan atractivos por los tipos bajos –entre un cinco y un ocho por ciento (tratándose en todos los casos de créditos personales)-. El crecimiento de la actividad de estas entidades aumentaba en un diez por ciento en el primer trimestre de este año. En 2006, los montepíos de todo el Estado declaraban gestionar un total de 242.864 préstamos, por un importe de 103 millones de euros, y un saldo vivo de 160 millones. A finales de 2007, el número de créditos había llegado ya a 367.220, con un saldo final de 171,5 millones de euros.

En el primer trimestre de este año, ese volumen se había incrementado en un 6,5 por ciento, con un saldo un 10 por ciento mayor, que alcanzaba los 181 millones, mientras que el número de préstamos se situaba en 380.279.

Las previsiones de la CECA vaticinan que el crecimiento será bastante mayor cuando finalice el presente ejercicio de 2008. Dado que las alternativas se van viendo reducidas, y que estos créditos son los de concesión más rápida de todo el sistema financiero, muchas economías familiares débiles van en busca de ellos como último recurso.

Casi siempre suele tratarse de cantidades pequeñas, en 2007, el importe medio de los préstamos fue de 447 euros, aunque abundan operaciones de entre 50 y 100 euros. Según la CECA, sus clientes principales son economías familiares muy débiles, parados y, en los últimos tiempos, se ha producido un incremento notable de inmigrantes entre sus solicitantes, rondando un 20 por ciento del total.

De entre todos los montepíos, el que ha desarrollado más actividad ha sido el Monte de Piedad de Madrid. En 2007 realizó 158.805 operaciones, con 78.747 préstamos concedidos y un saldo vivo de casi 70 millones de euros. Por volumen de negocio le seguía Unicaza, que había concedido 40.773 préstamos. Después se situaba Bancaza, con 16.516; Cajasur, con 12.634; Ibercaja, 11.948 y Caja de Canarias, con 10.949. El resto de los montes de piedad del país gestionaron menos de 10.000 préstamos cada uno.

Estas entidades, además de los prestamos pignoráticos también prestan otro tipo de servicios que se ha visto incrementado en estos tiempos de crisis, como la recuperación de morosidad u operaciones testamentarias en las que están en juego joyas u objetos de arte. También realizan trabajos de tasación para terceros.

Las ‘vacas flacas’ no son para los ejecutivos

Los datos económicos del sistema financiero y las cuentas de resultados de muchísimas empresas no han sido, por regla general, unas cifras felices y sonrientes den el último año. Pero esta adversidad para el crecimiento y el frenazo a las ganancias no parecen constituir un problema de la incumbencia de la mayoría de los grandes ejecutivos de las compañías multinacionales, cuyas cuentas corrientes no sólo no se han visto afectadas, sino que, en un buen número de casos, han proseguido este ejercicio con su dedicada tarea del crecimiento en progresión geométrica.

Associated Press (AP) publicaba recientemente los resultados de un estudio exhaustivo realizado sobre una amplia muestra de grandes empresas estadounidenses en el que se comparaba la trayectoria de las cuentas de resultados de las compañías con los salarios y bonificaciones obtenidas por sus altos ejecutivos.

Los resultados, sorprendentes, dejaban bien a las claras que si existe una especie a salvo de cualquier tipo de terremoto financiero o de la más profunda crisis económica, ésa es la de los ejecutivos, directores generales y presidentes de consejos de administración de grandes firmas.

Según el índice Standad & Poor’s 500, los ingresos medios anuales de los directivos de las empresas incluidas en dicho índice fueron de 8.400.000 dólares durante 2007. Esto significaba un incremento lineal de 280.000 dólares con respecto al ejercicio de 2006, un 3,5 por ciento. Justo en un año, en el que la inmensa mayoría de las empresas de la lista habían hecho públicos sus descalabros y pérdidas.

El ejecutivo mejor pagado era el director de Merril Lynch, John Thain, que había recibido 83 millones de dólares, apenas por un mes de gestión, ya que se incorporaba el 1 de diciembre de 2007, tras salir de su puesto en la Bolsa de Nueva Cork, para hacerse cargo del banco de inversión que acababa de declarar las mayores pérdidas de toda su historia.

Los que se encontraban entre los diez primeros de la relación obtuvieron pagos y primas por encima de los 50 millones de dólares cada uno, aunque en todos los casos, las compañías para las que trabajan habían declarado un sustancial descenso de sus beneficios, cuando no, directamente pérdidas. El estudio elaborado por Associated Press, sobre una muestra de 316 empresas estadounidenses, dejaba claro que sólo dos quintas partes de las empresas que experimentaron una merma en sus ingresos repercutieron esta bajada en los salarios de sus directivos. De hecho, la tendencia mayoritaria era la opuesta.

El director gerente de General Motors, Rick Wagoner, percibió un salario de 15,7 millones de dólares, un 64 por ciento más que durante el ejercicio anterior. Poco antes de conocerse este dato, Wagoner enunciaba públicamente el cierre de cuatro plantas de la compañía, dedicadas a la fabricación de camiones y camionetas, al tiempo que confirmaba las pérdidas del último año, cifradas en 39.000 millones de dólares, junto con una bajada de de las acciones de la compañía en un 19 por ciento.

Esto parece demostrar que la teoría de que los sueldos e incentivos que perciben los ejecutivos están relacionadas con las mejoras de los resultados sucedidas por efecto de su gestión. En el estudio de AP se menciona el caso de la empresa KB Home, una de las más afectadas por la crisis de las hipotecas subprime. En los documentos oficiales de la empresa se especifica que los ingresos del director general están directamente relacionados con los beneficios obtenidos en cada ejercicio, incluso se llega a mencionar en términos porcentuales cuál es esa relación. La compañía declaraba unas pérdidas de 930 millones de dólares en 2007. Sin embargo, el director general, John Mezger percibía un salario de 24,4 millones de dólares y una bonificación de seis millones. La justificación para el cobro de la bonificación estribaba en que, a criterio de la empresa, su gestión había conseguido mejoras en determinadas áreas, como la de promoción de altos ejecutivos, o la de satisfacción al consumidor.

Donde mayor disminución de los suculentos salarios y primas para ejecutivos ha sido en el sector financiero –el más afectado por la crisis-. Según los cálculos del estudio, la disminución media en este sector fue del 4,25 por ciento, quedando establecido el salario medio de los directivos en 8,7 millones de dólares anuales. Sin embargo, tampoco se daba esta disminución proporcionalmente a las pérdidas o a la disminución de ingresos, cuya media fue del seis por ciento, y un 15 por ciento en pérdidas de sus cotizaciones en bolsa.

Los ricos también lloran, (pero menos)

La crisis parece que también ha alcanzado a aquéllos que se ubican en zonas inalcanzables de la atmósfera financiera, lejos de la influencia de fluctuaciones y (casi) de la ley de la gravedad. Esas personas a las que coloquial y casi cariñosamente denominamos forradas y cuya lujosa vida suele ser envidiada por una mayoría de mortales que sí notan sobre sus espaldas el peso de los momentos de zozobra y economía tartamudeante.

Pensábamos que a ellos, a los del club de los supermillonarios, estas menudencias de crisis económicas, desempleo y subidas con reprise de las cuotas de la hipoteca, no les afectarían en absoluto. Pero estábamos equivocados. De demostrarnos nuestro error se ha encargado la revista Forbes que, a modo de entretenimiento de sus lectores, tiene a bien cada año ilustrarnos con la publicación de la lista de las personas más ricas del planeta. Un muy exclusivo club al que sólo se tiene acceso acreditando fehacientemente que se posee más de 1.000 millones de dólares.

En la lista del 2008 han aparecido algunas sorpresas. Hemos podido descubrir, no sin tristeza, que el simpático filántropo y, a la vez, propietario de Windows, Bill Gates, ya no es el hombre más rico del mundo. Ha sido desplazado por desconocido inversor norteamericano, Warren Buffet, accionista mayoritario de la financiera Berkshire Hathaway, que ha demostrado estar en posesión de 62.000 millones de dólares -43.000 millones de euros-, seguido, muy de cerca, por el multimillonario mexicano y amigo personal del ex presidente Felipe González, Carlos Slim, con 60.000 millones de dólares. Gates continúa en el podio, pero sólo ha podido alcanzar la tercera plaza en esta ocasión; sus 58.000 millones de dólares -41.000 millones de euros- así lo acreditan. El cuarto es el ciudadano hindú Lakshmi Mital, ya a distancia, con sólo 32.000 millones de euros.

En esta ocasión, Forbes ha proporcionado un duro golpe al orgullo patrio de los españoles. Todos nuestros compatriotas mejor colocados han perdido puestos en la carrera –y algo de dinerito también-.

Así, el empresario textil Amancio Ortega, que en la edición anterior nos había dejado en un más que honroso octavo puesto, con sus 24.000 kilos, ahora ha descendido, nada menos que hasta la posición 22, y se ha dejado por el camino 3.800 milloncejos de dólares. También se descuelgan las hermanas koplowitz, que han visto disminuir sus ahorros, y ahora a Alicia sólo le quedan 5.200 millones, y a Esther, apenas 3.300. Igualmente bajan peldaños otros de nuestros más pundoronosos representantes, como Emilio Botín, Florentino Pérez o los prescritos Alberto Cortina y Alberto Alcocer, que como buenos familiares empatan en puesto –el 962 de la lista- y en pasta -1.100 millones de dólares cada uno, para que no se peleen-. También tenemos la grata incorporación de Rosalía Mera, ex de Amancio Ortega, en el discreto puesto 368.

                                Nº        Millones de dólares

Amancio Ortega         22        20.200

Rafael del Pino           194      5.300

Alicia Kolowitz            198      5.200

Manuel Jove               307      3.500

Esther Koplowitz        334      3.300

Isaac Andic                368      3.000

Rosalía Mera              368      3.000

José María Aristrain    446      2.600

Emilio Botín               573      2.100

Florentino Pérez         677      1.800

Juan Abelló                707      1.700

Alberto Cortina          962      1.100

Alberto Alcocer          962      1.100

Fuente: Españoles en la lista Forbes 2008, según el valor estipulado de su patrimonio.

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