El PP y su marca en Navarra, al borde del divorcio
tras 17 años de idilio
UPN SE EMANCIPA
La ruptura del pacto PP-UPN que, durante 17 años ha mantenido a la formación
regionalista como la marca del Partido Popular en la Comunidad Foral Navarra, está
a un paso de sustanciarse. La intención de UPN de abstenerse en la votación de los
Presupuestos Generales, contra el criterio del PP, que propugna el voto en contra,
será el detonante de la más que probable separación. UPN gobierna en Navarra
gracias a la abstención de los socialistas, y para la aprobación de sus propias
cuentas públicas necesitan que el PSN-PSOE mantenga esa posición. Un quid pro
quo que no se comprende en Génova 13.
Por P. A. N.
Me parece estupendo que el PP
se refunde en Navarra, porque si los populares creen
que son capaces de hacer un partido y consideran que UPN no lo representa convenientemente, están en su perfecto derecho". Tan tajante —y tan premonitorio- se pronunciaba el presidente del Gobierno de Navarra y de Unión del Pueblo Navarro (UPN), Miguel Sanz, el pasado 14 de octubre, cuando se le preguntaba por su opinión acerca de las amenazas que habían surgido del entorno del Partido Popular sobre la posibilidad de que este partido diera por roto su pacto con UPN, si los dos diputados de esta formación se abstenían en la votación de las enmiendas a la totalidad de los Presupuestos Generales del Estado de 2009, que se producirá en el Congreso el próximo día 23 de octubre.
Sanz, incluso había manifestado su "acuerdo" con las palabras pronunciadas el día anterior por el portavoz de Economía del PP, Cristóbal Montoro, quien había comparado el longevo pacto entre UPN y PP como "un matrimonio de conveniencia" que, una vez que ha agotado los elementos de común beneficio, se termina y permite que cada uno vaya por su lado a partir de ahora.
Las razones para que se haya tensado tanto la cuerda entre estas dos formaciones hermanas hay que buscarla en la decisión adoptada por el Consejo Político de UPN, el pasado 10 de octubre, por la que sus dos diputados en el Congreso, Carlos Salvador y Santiago Cervera, habrán de abstenerse en la votación del próximo 23 de octubre.
Esta posición se enfrenta con la estrategia del Partido Popular, que desde hace mucho tiempo ya había anunciado que votaría en contra y presentaría una enmienda a la totalidad. La cuestión es importante, porque la coyuntura de crisis y las medidas adoptadas por toda la Unión Europea al rescate del sistema financiero han estrechado mucho el margen de maniobra para la oposición, obligada a apoyar, aunque sea críticamente, al Ejecutivo en la materia económica relativa a las medidas contra la crisis bancaria. Después de la tremenda agitación de la pasada legislatura, en la que la lucha antiterrorista y la política territorial se habían convertido en los caballos de batalla de Mariano Rajoy, era precisamente la economía —en un momento de vacas flacas- el terreno decidido por la estrategia del PP para desplegar toda su labor de oposición.
Lo que ocurre es que, por primera vez en 17 años de vigencia del pacto UPN-PP, en virtud del cual los populares abandonaban el territorio navarro y se sentían representados por la formación regionalista, sus intereses divergen de forma clara. Tras las últimas elecciones autonómicas, Miguel Sanz preside el Gobierno foral en minoría, y sólo gracias a la abstención de los socialistas ensu investidura. UPN necesita, además, que el PSN-PSOE mantenga esta abstención para poder sacar adelante sus propios presupuestos regionales.
Y existe otro factor importante. En Unión del Pueblo Navarro no olvidan que esta actitud de los socialistas navarros fue prácti-camente impuesta desde la dirección federal del PSOE, ya que la dirección —y las bases— del PSN eran mucho más proclives a sustanciar un pacto de gobierno con Nafarroa Bai y con Izquierda Unida, y arrebatar el poder a la derecha, que gobierna ininterrumpidamente en la comunidad foral desde 1996 —y que también lo había hecho entre 1991 y 1995—.
La actual filosofía de UPN quedaba bien explicada en una reciente intervención pública del diputado en el Congreso Carlos Salvador: "Debemos hacer hincapié en la pedagogía: que en Navarra no valen las dinámicas PP-PSOE o izquierda-derecha que hay en el resto de España. Allí los socialistas nos apoyan en casi todo, existe una relación muy fluida, y algún peaje lógico debemos de pagar para separarles de Nafarroa Bai". El propio Sanz ha tratado de ser contundente al explicar las motivaciones de su actitud, tratando de preservar la dignidad de sus actos, alejando la sombra de presiones para la toma de posición de su partido: "Nadie del PSOE o del PSN me ha pedido o exigido una posición de voto determinada. Es fruto de la corresponsabilidad y sobre todo de la lógica. Si yo te pido que seas responsable con el interés de Navarra, parece razonable que yo también lo vea así. No hay pacto alguno por el acceso de UPN al Gobierno de Navarra, no hay chantaje del PSN y no hay miedo -por mi parte- a una moción de censura, que pueden presentar cuando consideren oportuno".
Pero los problemas a los que se enfrenta Unión del Pueblo Navarro no provienen sólo de la amenaza de ruptura efectuada por el Partido Popular, y de regresar como partido a la comunidad foral –con lo que dos formaciones prácticamente idénticas se disputarían el mismo nicho de votos-; el otro diputado de UPN en el Congreso, Santiago Cervera, ya ha expresado en diversas ocasiones que es partidario de votar conjuntamente con el PP y, por tanto, oponerse a los Presupuestos de 2009. En reiterados momentos ha apelado a su "conciencia", aunque todavía no ha revelado cuál será su decisión final (pocos dudan de que emitirá un voto negativo). Desde su partido le han recordado que está sometido a los estatutos, y que la decisión de abstenerse ha sido tomada en el máximo órgano entre congresos, el Consejo Político de UPN y, prácticamente, por unanimidad. En caso de que rompiese la disciplina de voto, el propio Miguel Sanz le ha recordado que le será reclamada su acta de diputado, e incluso, que antes de proceder en contra de las decisiones democráticas de su formación, él mismo debería devolver el escaño.
La difícil situación de UPN en estos momentos la explicaba su senadora María Caballero –partidaria de la abstención-, quien veía a su partido "amenazado por el PP, por un lado, y por el PSOE, por otro", por lo que reclamaba plena "autonomía y soberanía para tomar sus decisiones".
En las filas del PP parece aceptarse como inevitable una ruptura inminente. Pese a posiciones más conciliadoras, como la del presidente popular en el País Vasco, Antonio Basagoiti, que ha apelado al "sentido común" para mantener el hasta ahora fructífero acuerdo, otros, como Cristóbal Montoso, Jaime Mayor Oreja, o el propio presidente, Mariano Rajoy, dan prácticamente por finiquitado el pacto que arrancaba el 25 de marzo de 1991. También el diputado díscolo, Santiago Cervera, considera la ruptura "una evidencia". Rajoy lo ha estado intentando hasta el último momento. El pasado 9 de octubre, un día antes del pronunciamiento del Consejo Político de UPN, el líder del PP comía en Madrid con Miguel Sanz, y ante la presencia de la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal. Allí expresó con rotundidad su postura y dejó evidente que, en caso de que UPN se abstuviera, la relación terminaría en ese momento. En una muestra de la distancia, ya insalvable, Miguel Sanz llegaba a pedir a Rajoy que fuera el PP quien retirase su enmienda a la totalidad.
Las razones de UPN, además de las evidentes, también tienen una lectura en clave regional; en los Presupuestos Generales del Estado de 2009, Navarra es una de las comunidades autónomas más beneficiadas, la inversión del Estado en la comunidad foral crece más de un 31 por ciento, y se han conseguido reivindicaciones históricas, como la llegada del AVE. • |