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Nº 806 - 20/10/2008

Llamazares dimite esta semana y en noviembre se elige su sucesor

EL 'SER 0 NO SER' DE IU

Los próximos días 15 y 16 de noviembre se celebra la IX Asamblea Federal de Izquierda Unida, una cita que tendrá lugar en la localidad madrileña de Rivas
Vaciamadrid (uno de los ayuntamientos emblemáticos gobernados por la coalición), en la que, según todas las opiniones, este movimiento político y social —tal y como se define en sus estatutos— se juega el todo por el todo. Pese a un cierto clima de entendimiento, propiciado por la preparación del evento a cargo de la denominada Comisión Unitaria, los 800 delegados llegarán nítidamente divididos en tres opciones distintas, y con la losa del batacazo electoral sufrido en las últimas elecciones generales.

Por Antonio Sarrión

Recientemente, el todavía coordinador general de Izquierda Unida, Gaspar Llamazares, anunciaba públicamente que haría efectiva la dimisión que ya anunció en la misma noche electoral del 9 de marzo, el próximo 25 de octubre, ante sus paisanos, durante la celebración de la asamblea regional de esta formación en Asturias. Con este gesto —agradecido por todas las tendencias de la coalición—, Llamazares ha pretendido que los debates que han de tener lugar en la IX Asamblea Federal —así se denominan los congresos en esta organización—de IU (15 y 16 de septiembre en Rivas Vaciamadrid) no se centren en exceso en su figura, y que se hable más sobre futuro y la palabra que más se escucha entre la militancia: refundación.

Y una auténtica refundación podría ser la clave que permitiese la supervivencia futura de una formación —un movimiento político y social, según la definición contenida el sus propios estatutos- que está atravesando por sus peores momentos desde su funda ción —inicialmente en 1986, aunque forma !izada en 1989-. Atrás han quedado época de esplendor, en las que la organización al canzaba los tres millones de votos de la ma no de su anterior coordinador general, Julio Anguita, y que, incluso llegaba a plantearse convertirse en la primera fuerza política de la izquierda en España; la célebre teoría an guitista del sorpasso.

La realidad actual es mucho más cruel cor la tercera fuerza política del país. Víctima de un manifiestamente injusto sistema electo ral que en todas las citas electorales sin ex cepción -incluidas las primeras, en las que se concurría con la marca PCE-, siempre ha perjudicado a IU en cuanto a su representación parlamentaria e institucional; y víctima también de unos enfrentamientos internos, con luz y taquígrafos, prácticamente, desde sus comienzos, la coalición ha recibido un durísimo golpe en las últimas elecciones generales.

IU quedaba, por primera vez, por debajc de la determinante barrera del cinco por ciento (4,97); sus dos únicos escaños —uno de ellos, de Iniciativa per Catalunya- le hacíar perder su grupo parlamentario propio (ahora ha construido uno, de pura conveniencia, con Esquerra Republicana de Catalunya) y todas las prerrogativas y visibilidad pública que ello conllevaba.

En los últimos años, más que las tensiones internas —con toda la población española como testigo-, en la organización liderada poi Llamazares se había caído en la bronca pura y dura. Desde los críticos del PCE —que actualmente constituyen el sector más numeroso, aunque sin mayoría absoluta- se acusaba al todavía coordinador general de llevar a cabo una política seguidista del PSOE, lo que, a su criterio, impedía enviar un mensaje diferenciado y propio a la sociedad. Durante los debates de la Ley de la Memoria Histórica estas diferencias afloraron con total nitidez, y mientras el Grupo Parlamentario de IU aceptaba (aunque a regañadientes) la redacción final del texto y lo votaba afirmativamente, en el PCE se elaboraban documentos oficiales en contra y sus dirigentes no se cansaban de declarar públicamente que la ley era absolutamente insuficiente y contraria a sus criterios –en esto coincidían con Amnistía Internacional, Human Rights Watch y la mayoría de organizaciones en defensa de los Derechos Humanos-.

Tras el duro golpe del 9 de marzo, Llama-zares anunciaba su dimisión (aunque conservará su acta de diputado y la portavocía durante toda la legislatura), con lo que se abría un proceso que conduce a la próxima Asamblea Federal de noviembre. Las presiones ejercidas por las bases, que desde hace tiempo reclaman unidad de acción, conseguían que la preparación de esta cita trascendental no quedase en manos de la dirección saliente, como es habitual, sino a cargo de una constituida como Comisión Unitaria de Izquierda Unida, en la que están integradas las tres sensibilidades y los líderes de las distintas federaciones. Al menos conseguían ponerse de acuerdo en el método –no sin innumerables discusiones previas, sobre todo, a costa de los censos de militantes-. Conseguían establecer un calendario de trabajo, la creación de tres grupos de trabajo (uno, encargado de la coordinación de los documentos políticos, enmiendas y aportaciones; el segundo, de la organización y las finanzas; y el tercero, para la comunicación interna y externa).

Lo que va a llegar al 15 de noviembre es una organización fragmentada en tres partes; los seguidores de la línea de Llamazares, que representan –siempre antes de conocer la situación actual, que se verá con los resultados de la IX Asamblea- aproximadamente a un 35 por ciento de los militantes. También está la denominada Tercera Vía o Nacional II, configurada por la mayoría de la militancia de las federaciones de Madrid, Aragón y Cataluña, con un 20 por ciento. Por último, el grupo más numeroso, el integrado por la actual dirección del Partido Comunista de España y sus seguidores que, a día de hoy, representan un 42 por ciento, aproximadamente.

Pese a las declaraciones iniciales de búsqueda de acuerdo para la refundación de la organización en torno a un ideario y una estrategia común, el grupo encargado de la coordinación ha recibido tres documentos políticos diferentes; uno por cada tendencia, habiendo sido incapaces de confeccionar uno entre todos, aunque los dirigentes de cada familia aseguran a estar dispuestos a continuar realizando un esfuerzo para conseguirlo hasta el último momento antes de que comience la Asamblea. No parece probable, como tampoco lo parece un acuerdo, quizá mucho más difícil, sobre la composición de la nueva dirección. A diferencia de las otras dos tendencias, el PCE apuesta por una dirección colegiada, prescindiendo de la figura del coordinador general, pero parece poco probable que lo consigan, salvo que transformen su actual 42 por ciento en más del 50 en esta asamblea. Los dirigentes críticos están preparados para esa eventualidad y, aunque no quieren adelantar nombres, si no tienen más remedio, presentarán su propio candidato a la coordinación.

De todos modos, desde todas las familias se asegura la disposición para discutir y acordar también una lista única, que se antoja como un paso casi imprescindible para recuperar credibilidad y el sentido unitario.

En cuanto a las quinielas de candidatos, por el lado de los gasparistas, parece muy clara la unanimidad en torno a Inés Sabanés, actual portavoz de IU en la Asamblea de Madrid, y figura poco controvertida, ya que se conocen sus buenas relaciones con todos. Entre los suyos, sólo podría hacerle sombra la alcaldesa de Córdoba, Rosa Aguilar, eterna candidata en la sombra, pero que no ha expresado su deseo de presentarse. Entre las opciones de los Nacional II suena el líder de IU en Aragón, Adolfo Barrena y el senador Joan Josep Nuet. Por parte del PCE quedan claramente descartados su secretario general, Paco Frutos, y el presidente ejecutivo, Felipe Alcaraz, veteranos militantes, y demasiado significados en la confrontación interna. Se barajan los nombres de Enrique de Santiago, que ya le disputó el puesto a Llamazares, y Marga Sanz, quien ya fuera candidata de esta opción en el último proceso de elecciones primarias internas.

Para tratar de enfatizar en la unidad, en esta asamblea no se presentará un informe de gestión, sino que se redactará –al menos, así está previsto- un resolución unitaria en la que constarán los puntos clave para conseguir una refundación (en la que tampoco se descarta un cambio de nombre) que se aplicaría en un plazo máximo de dos años. Los próximos 15 y 16 de noviembre, literalmente, Izquierda Unida se juega la vida. •

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