Internacional
Nº 806
20/10/2007
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Olivier Roy, especialista en Oriente Medio


"BUSH HA HECHO DE BIN LADEN EL LÍDER DEL MUNDO ÁRABE"


Hombre de confianza en los años 80 de quienes ahora se conocen bajo la etiqueta de "neoconservadores", Olivier Roy (La Rochelle,1949) es director de Investigaciones en el Centro Nacional francés de Investigaciones Científicas además de profesor de la Escuela de Altos Estudios de Ciencias
Sociales y del Instituto de Estudios Políticos de París. Meses antes de que comenzara la guerra de Iraq, Roy se reunió en ocho ocasiones con los estrategas de la Administración Bush. Sin embargo, no logró persuadirles de que iban a cometer un grave error estratégico. Las consecuencias de
ese fallo se describen en su último libro aparecido en España, El islam y el caos (Ed. Bellaterra, 2007) y cuya
versión en inglés acaba de publicarse bajo el título The politics of chaos in the Middle East(Ed. Hurst, 2008).

Por S. M. (París)

A qué se refiere cuando habla de "política del caos"?
—La política del caos es, primero, la respuesta estadounidense al 11-S. Esta respuesta se apoya en la idea de que para poner fin al terrorismo hay que estabilizar Oriente Medio. Sin embargo, la política con la que respondió EE UU a los atentados del World Trade Center ha acentuado todos los conflictos de esa región. Segundo, es el desfase entre el discurso de la política contra el terrorismo y la realidad concreta de los conflictos del mundo árabe. Cuando las palabras de la administración Bush dejan de corresponderse con la realidad, se aplica la política del caos.

—¿En qué sentido ha fallado la administración Bush en su comprensión de la problemática del terrorismo?
—La administración Bush ha definido el terrorismo como un fenómeno global. Por tanto, ha identificado a todos los actores de
Oriente Medio como terroristas, ya sea Irán, Hamas, Hezbolá, Bin Laden o los talibán. Esta concepción ignora la realidad política de cada uno de esos actores. Además, ha hecho de Bin Laden el líder del mundo árabe.

—¿Qué efectos ha tenido la política del caos?
—La política estadounidense en Oriente Medio ha reforzado a Irán, Hezbolá y Hamas pese a que, en principio, esa política prometía su derrota. El presidente Bush dice ahora que es un "escándalo" ser débil frente a Irán. Pero el hecho es que el auge iraní se explica por el fracaso estadounidense. Los cambios de régimen que han tenido lugar en Afganistán e Irak en los últimos años han favorecido a Teherán. Ahora, uno podría esperar que Washington atacara a Irán, pero no puede. De ahí que el candidato demócrata a la presidencia de EE UU, Barack Obama, quiera dialogar con las autoridades iraníes.

—¿Cómo se explica que EE UU, la "hiperpotencia" según el ex ministro socialistafrancés de Asuntos Exteriores, Hubert Védrine, incurra en una política tan equivocada cuando posee los mejores investigadores y la mejor inteligencia?
—Nos encontramos ante un hecho singular: la imposible aplicación política de la experiencia de los investigadores y déla inteligencia. Los políticos son autónomos de los estudios que se producen en las agencias de información y en las universidades. En EE UU, si los neoconservadores han ignorado casi todos los informes sobre Oriente Medio se debe a que muchos de ellos trabajaron en la administración de Ronald Reagan. Ésta fue totalmente ideológica y no se apoyó en la sabiduría de los expertos. Pero funcionó bien porque la carrera armamentística hundió a la URRS sin un solo disparo. Cuando Paul Wolfowitz, adjunto al Secretario de Defensa de EE UU entre 2001 y 2005, y el resto de neoconservadores volvieron a la administración gracias a George W. Bush, menospreciaron de nuevo los trabajos de los expertos acera de Irak y de Afganistán porque ellos saben que la ideología funciona. Es cierto, puede funcionar, pero no siempre. En Irak, no ha funcionado. Antes de la invasión, Wolfowitz me dijo que Iraq tenía que ser un éxito. En caso contrario, EE UU fracasaría. Ha ocurrido lo segundo.

—¿El rechazo de la UE a esta política estadounidense explica, por ejemplo, que Francia haya reiniciado los contactos con el movimiento palestino Hamas?
—EE UU ha impuesto a Europa el principio según el cual: "no se habla con los terroristas". La UE aceptó esa idea tras el 11S, pero Europa siempre ha negociado con los terroristas.

—¿Por qué?
—Hay dos explicaciones posibles. Según Washington, el diálogo de Europa con los terroristas se explica porque en la UE sólo hay "cobardes". Pero la tradición europea nos dice que se negocia con los enemigos porque uno no negocia con sus amigos. Los europeos pensamos el terrorismo en términos políticos y no en términos morales. Esto viene de la historia europea, que es una historia de guerras entre naciones, guerras civiles y terrorismo.

—¿La concepción política del terrorismo en Europa explica, por ejemplo, que haya capitales europeas que han mantenido o retomado el contacto con Hamas?
—No se puede negociar en términos políticos con Bin Laden. Sin embargo, el salto conceptual que hacen en EE UU es que Ha-mas y Hezbolá son como Bin Laden cuando son, más bien, actores como el IRA irlandés o la organización ETA del País Vasco. Se trata, ante todo, de actores políticos. Este hecho ha sabido verse tanto en el Reino Unido como en España. Por desgracia, la reciente oferta del Gobierno español a ETA no funcionó porque este grupo no reaccionó como lo hizo el IRA.

—Pese a todo, en 2003, la Unión Europea introdujo a Hamas en su lista de organizaciones terroristas.
—Extrañamente, la UE cedió durante un tiempo a la idea de que no se negocia con los terroristas. Fue por convicción o a causa de las presiones estadounidenses o, tal vez, por interiorización de las ideas de Washington. En todo caso, cuando Hamas ganó las elecciones en enero de 2006, la UF no reconoció al vencedor e impuso unas condiciones a Hamas que este movimiento no puede cumplir. A Hamas se le pidió que rechazara la violencia cuando, por ejemplo, si se hubiese obligado al IRA a renunciar a la violencia no se habrían registrado los Acuerdos del Viernes Santo. Cuando a Ha-mas se le pide que reconozca a Israel, lo que se le está pidiendo es que se niegue a sí mismo. Se le pide que cambie la ideología primero antes de que se le reconozca como actor nacional mientras que, por ejemplo, la gran mayoría de los partidos socialistas europeos han abandonado el marxismo después de haber sido reconocidos como partidos de gobierno.

—,A qué se refiere cuando dice que Wolfowitz y otros neoconservadores son de izquierdas?
—A que se identifican con algunos de los valores de la izquierda. Por ejemplo, son anticulturalistas y universalistas. Ellos creen que un árabe es como un americano o un europeo. Sin embargo, Samuel Huntington, [autor de El choque de civilizaciones, Ed. Paidós, 19971 piensa que un árabe no es como nosotros. Cabe recordar que Huntington es un demócrata progresista en EE UU.

—¿De ahí que el actual ministro de Asuntos Exteriores francés, Bernard Kouchner, se pueda identificar con los neoconservadores?
—Kouchner tiene algunos rasgos de neoconservador. También es universalista y está convencido de que el "hombre" es una sola cosa independientemente de su cultura. Además, es favorable al derecho de injerencia. En cuanto a José María Aznar, Sil-vio Berlusconi y Tony Blair, si los tres apoyaron la guerra en Irak, o fue por convicción o bien fue porque había que aliarse con el vencedor.

—Si en Europa existen personalidades que se identifican con la concepción neoconservadora del mundo, ¿En qué medida la UE ha participado en la política del caos?
—Kouchner no se identifica con la UE. La UE es reformista en su política exterior. Europa quiere hacer que los regímenes se reformen y no que se transformen a través de una acción exterior. El legalismo reformista de la UE concibe que el actor principal de las relaciones internacionales es el Estado. Por tanto, por mucha aversión que genere el presidente iraní, Mahmud Ahmadinejad, para Europa él es el presidente legítimo de Irán. En esto coinciden la UE y la ONU. Por eso Bruselas financia programas sobre cómo enseñar la democracia en el mundo. La UE puede servirse de mecanismos de presión y de incitación, pero nunca planteará una acción militar para destronar a un dictador ni el enviar armas a la oposición. Esto es precisamente lo que ha hecho EE UU a lo largo de su historia. •


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