Internacional
Nº 805
13/10/2007
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Los ex países socialistas miran con distinto grado de temor a Rusia

LAS ALARMAS SE ENCIENDEN EN EUROPA DEL ESTE


El conflicto armado entre Georgia y Rusia en torno a la soberanía de Osetia del Sur ha vuelto a despertar viejos fantasmas en la antigua Europa del socialismo real. El recuerdo de tropas a las órdenes de Moscú aplastando las revueltas populares de Hungría en 1956 y Checoslovaquia en 1968 no se ha borrado de la memoria de muchos ciudadanos de estos países. No se ve a Rusia en Polonia, Chequia o las repúblicas bálticas como en España o Francia. Para los primeros, Rusia sigue siendo un Estado imperialista que quiere vengarse de la afrenta que significó la disolución de la URSS y regresar a las fronteras de la Guerra Fría. En Europa occidental, por el contrario, pesan más los intereses económicos y geoestratégicos.


Por Paco Soto (Varsovia)

La cumbre extraordinaria de jefes de Estado y de Gobierno de la UE en Bruselas en pleno conflicto de Georgia puso de manifiesto esta división. Mientras Francia, Alemania e Italia, apostaron por la conciliación y la ausencia de sanciones, Polonia, Estonia, Lituania, Letonia, Hungría y Chequia, que defienden una alianza sólida con Washington, apoyaron la confrontación con Moscú.

Algunos países que pertenecieron a la URSS o estuvieron sometidos a su imperio y hoy están integrados en la UE y la OTAN temen que las tensiones del Cáucaso acaben afectándoles directamente, quizá no a través de intervenciones militares rusas, sino de presiones económicas y políticas. Polonia, cuya economía es dependiente del gas y petróleo ruso, cree que las represalias de Moscú pueden ir más allá de la diplomacia, después de que Varsovia desafiara al Kremlin en la crisis georgiana y, junto con Chequia, aceptara la instalación de un escudo antimisiles norteamericano en su territorio. La mitad de los polacos reconoce su temor a que Rusia ataque a Polonia en los próximos años, según un sondeo publicado en el semanario Wprost. El presidente polaco, el conservador Lech Kaczynski, considera por eso que "es ridículo pretender que la UE tenga una política común hacia Rusia". Pero Kaczynski ha tenido finalmente que aceptar la moderada respuesta de los grandes Estados de la Unión frente a Moscú. Polonia ha suavizado su lenguaje y ya no descarta la negociación para solucionar tensiones con Rusia. Tanto es así que el pasado 11 de septiembre, el jefe de la diplomacia rusa, Serguei Lavrov, visitó Varsovia y se reunió con su homólogo polaco, Radoslaw Sikorski, para pedirle explicaciones sobre el escudo antimisiles, después de que el jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas rusas, Anatoly Nogowicyn, asegurara que en caso de conflicto con Occidente, Polonia sería objetivo prioritario de los misiles rusos.

Aunque la posición de Polonia se ha moderado y existen diferencias entre la postura radical del presidente Kaczynski y la más tibia del primer ministro, DonaldTusk, Varsovia no renunciará a seguir presionando a la UE para que adopte una postura frente al Kremlin que sintonice con la línea estratégica de Washington. Polonia lidera el 'frente de los duros', compuesto por las tres repúblicas bálticas (Lituania, Letonia y Estonia), Chequia y Hungría, aunque estos dos países, gobernados por la derecha conservadora y una alianza de socialistas y liberales, respectivamente, se han acercado a las directrices de Berlín, París y Roma. "La vieja Europa no escucha a los polacos, los lituanos y los ucranianos", porque "no quiere tener problemas con Rusia", deploraba recientemente el periódico polaco Gazeta Wyborcza. Su fundador y actual redactor jefe, el antiguo opositor de izquierda al régimen comunista Adam Michnik, manifiesta a EL Si-glo que "Rusia es un Estado autoritario que quiere reconstruir su imperio. No va a volver al comunismo, porque Putin no lo quiere, pero construye un modelo no democrático. Pienso que frente a Rusia no hay que volver a la Guerra Fría, pero tampoco hacer concesiones". El investigador polaco Andrzej Szeptycki comparte la postura de Michnik y acepta la idea de que los países del Este tienen una sensibilidad especial ante Rusia, pero advierte que "sería un error pensar que se trata de un bloque homogéneo, porque hay enormes diferencias históricas, culturales, políticas y sociales entre estos países". Según Szeptycki, Polonia, las repúblicas bálticas, Chequia y Hungría son los países más radicales ante Rusia. Todos los demás, destaca el investigador, "merecen matices", porque, "aunque son miembros de la UE y de la OTAN, y algunos tienen presencia militar estadounidense, su posición respecto al Kremlin no es de enfrentamiento directo". Eslovaquia, gobernada por una extraña alianza de socialdemócratas y ultraderecha, "no busca la pelea con Moscú", asegura Szeptycki, mientras que Rumanía, dirigida por el populista de centroderecha Traian Basescu, Albania y los Estados de la antigua Yugoslavia son territorios que no estuvieron sometidos a la URSS tras la II Guerra Mundial y una parte importante de la población de naciones como Serbia es pro-rusa, mientras que Bulgaria, por historia y cultura, es un país muy cercano a Rusia. El sociólogo rumano Mircea Kivu destaca a EL SiGLo que "la crisis del Cáucaso no ha afectado a Rumanía, aunque es cierto que los problemas territoriales e independencias como la de Kosovo preocupan a los rumanos, que temen que estos fenómenos puedan tener una influencia separatista en la poderosa comunidad de origen húngaro de Transilvania". Lo mismo ocurre con la población de la República de Moldavia, que miran con preocupación las tensiones secesionistas entre la población rusófila de la región del Transdniéster. Por su parte, el politólogo rumano Cristian Ghinea apunta que "Rumanía ha adoptado oficialmente una posición menos beligerante con respecto a Rusia, aunque la opinión de la población es abrumadoramente negativa, porque algunos tienen malos recuerdos de este país".

Tensiones en Ucrania. En este contexto, algunosespecialistas se preguntan si después de Georgia, Ucrania no será el nuevo foco de tensión en Europa. El país tiene 48 millones de habitantes, está dividido entre pro-occidentales y pro-rusos y sus dirigentes aspiran a que ingrese en la OTAN, a pesar de la oposición de una mayoría social, y firmaron recientemente un acuerdo de colaboración con la Unión Europea (UE). La Revolución Naranja que a finales de 2004 dio la presidencia al pro-occidental ViktorYushenko, no ha dado estabilitad al país. Ucrania es un Estado dividido social, política, cultural y lingüísticamente entre los que aspiran a integrarse en la Europa democrática y los que miran a Moscú con simpatía y recelan de Occidente. Es un país con graves tensiones políticas, un alto nivel de corrupción, sueldos miserables y desigualdades sociales que han obligado a millones de ciudadanos a emigrar. La zona oriental, con grandes riquezas mineras, siempre ha estado cerca de Rusia. La parte occidental, que es la más atrasada, se siente plenamente europea. El derrumbe de la URSS en 1991 y la independencia de Ucrania significó una alteración profunda de las fronteras geopolíticas y la llegada de Occidente a las mismas puertas de la Rusia post-comunista. El presidente Yuschenko, que pertenece a una clase política que tiene servidumbres corporativas, consecuencia de un sistema de privatizaciones opaco, es visto por buena parte de la población como un mero peón de los intereses estratégicos de Washington en la región, mientras que Rusia ha dejado de vender a precio político el gas y el petróleo al vecino país eslavo. Después de cuatro años de tensiones políticas, la coalición parlamentaria 'naranja', formada por Nuestra Ucrania-Autodefensa Popular (NUAP, el partido del presidente Yushenko) y el Bloque de Yulia Timoshenko (BYT), se ha roto, lo que ha obligado al controvertido jefe del Estado a convocar elecciones anticipadas para formar una nueva mayoría. El poderoso Partido de las Regiones deViktorYanukovich, que tiene el apoyo del Kremlin, podría ser el vencedor de los comicios, lo que le permitiría formar mayoría parlamentaria con el BYT de Timoshenko, que se ha acercado rápidamente a los intereses y deseos de la vecina Rusia. Lo que está en juego es la soberanía de Ucrania en torno al contencioso de la Península de Crimea, un territorio situado dentro de las fronteras del Estado ucraniano donde el 58 por ciento de sus dos millones de habitantes es ruso, el 24 por ciento ucraniano y 12 por ciento tártaro, un pueblo de lengua turca y religión musulmana sunnita. La flota rusa del Mar Negro tiene su base en el puerto de Sebastopol, en Crimea, y de ahí salieron barcos de guerra como el crucero portamisiles ruso Moskva hacia Georgia. La Península de Crimea, que pasó a formar parte del imperio zarista en 1783 y en 1954 fue entregada a Ucrania por el dirigente soviético Nikita Kruschov, podría ser en un futuro próximo fuente de discordia entre Moscú y Kiev, salvo que se produzca un cambio político en las próximas legislativas ucranianas, pero también entre Rusia y Occidente. Recientemente, el alcalde de Moscú, Yuri Lujkov, hizo un llamamiento para que Crimea vuelva a manos rusas. Así las cosas, la vecina Bielorrusia, gobernada por el autócrata de tinte soviético Alexander Lukachenko, ha dado un giro a su alianza con el Kremlin al negarse a reconocer la independencia de Ose-tia del Sur y Abjasia. "El último dictador de Europa", como lo calificó George W. Bush, intenta acercarse a Occidente, pero sin romper con Moscú. Según diversos expertos, la estrategia de Lukachenko es una maniobra de distracción frente a Washington y sus aliados occidentales, para que éstos aflojen sus presiones contra Minsk, así como un intento de reducir la dependencia política y económico de Rusia, fundamentalmente de sus hidrocarburos. •

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