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Hans Bertram, autor del informe de Unicef-Alemania
"LA POBREZA RELATIVA
DE LOS NIÑOS AUMENTA
EN ALEMANIA"
Aún no se había desatado la crisis en toda su crudeza. El Gobierno federal
presentaba recientemente el "Informe de Unicef sobre la situación de los niños en
Alemania", y éste indicaba que el aumento de la pobreza relativa de los niños es
una realidad e instaba a afrontar sin tapujos la situación de la infancia en la Unión
Europea. EL SIGLO conversó con el Profesor Hans Bertram (Westfalia, 1946), coautor
del informe. Catedrático de Microsociología de la Universidad Humboldt de Berlín,
ha sido miembro del Centro de Estudios Avanzados de Ciencias del
Comportamiento de Stanford, EE UU y presidente de la Comisión de Sajonia, que
elaboró el Séptimo Informe del Gobierno Federal sobre la Familia.
Por Juana Vera (Berlín)
EI informe de Unicef sobre la situación de los niños en Alemania" comienza con dos capítulos suyos.
En el primero de ellos inicia usted su texto haciendo referencia a la obra Oliver Twist de Charles Dickens. ¿Qué es lo que más le interesa de este autor?
—Él era un colega suyo. Un periodista que observaba la realidad y la contaba en historias muy precisas. Oliver Twist es un ejemplo de ello. Esta obra refleja la realidad infantil de la época, muy similar a la de muchos países del mundo en la actualidad. Charles Dickens dejó claro que los niños tienen el derecho a desarrollar sus posibilidades y esta idea es esencial para Unicef, desde donde pretendemos crear el Derecho para los Niños. En Alemania tenemos ahora una discusión, que ya dura 20 años, sobre la posibilidad de que este Derecho sea incluido o no en la Constitución.
—¿Cómo sería el texto de este Derecho?
—Si este Derecho se halla en la Constitución quedará claro que los niños tendrán el derecho a desarrollarse de tal modo que esto les permita crecer en libertad. Pienso, además, que este texto sería muy importante para tomar muchas decisiones. Como española, sabe usted, que hay un problema demográfico, que pronto será discutido. Se trata del hecho de que hay pocos niños y de la idea de darles una excelente educación porque así serán muy competitivos y podrán cuidar de mi generación o de la generación más vieja. Es decir, se habla sobre la buena educación pero no en interés de los niños sino en nuestro propio interés. Este fue uno de los problemas que Charles Dickens reflejó en Oliver Twist y en otras de sus obras. Es decir, Charles Dickens decía que había que educar y preocuparse de los niños, por su propio interés, no por el nuestro.
—Qué quiere decir usted exactamente con las palabras: "nuestro interés".
—Le responderé con un buen ejemplo. En Alemania, tenemos ahora un intenso debate sobre el hecho de que no tenemos suficientes ingenieros. Y se dice que tenemos que intentar que muchos niños estudien ingeniería para tener ingenieros en el futuro. ¿Y si estos jóvenes prefieren estudiar Ciencias de la Cultura u otra cosa, o nada? Pienso que tenemos que respetar su decisión y a veces esto es muy difícil.
—¿Qué tipo de sistema educativo imagina usted para que esto sea posible? ¿Quizá un Sistema de Educación independiente de influencias económicas y del Estado?
—Según estudios psicológicos muy contrastados y actuales los niños aprenden, a pesar de la escuela o sin la escuela porque aprender es algo natural en ellos. La curiosidad impulsa al hombre a aprender. Un colega americano decidió no enseñar a sus hijos a leer, los dejó libres y los niños, solos, comenzaron a interesarse por los libros y los comenzaron a leer. Cuando cumplieron diez años fueron al colegio y se integraron estupendamente con el resto de los niños, que habían descubierto los libros de otro modo. Es decir, los niños de mi colega descubrieron por sí mismos las ganas de leer y no sienten la lectura como un deber. La pregunta que se deriva de esta experiencia es si la escuela induce a descubrir estas ganas o sólo muestra la lectura como un deber.
—¿Qué opina usted de la reciente tendencia de segmentar por edades, y de modo extremo, la literatura infantil y juvenil?
—Los buenos libros para niños no tienen una frontera de edad. Es decir, los pueden leer niños pequeños, adolescentes y hasta adultos, porque el tema que tratan es universal. Pienso que hoy los libros infantiles tienen una gran base pedagógica, pero dudo que los niños reaccionen ante estos libros. Los miran, sí. Pero pienso que poco más sacan de ellos. Por eso dudo de que esta segmentación aporte algo. Lo que sí ha mejorado en la literatura infantil y juvenil es que ya no se riñe a los niños en los libros, como se hacía antes. Hoy se enseña algo en los libros pero no se señala con el dedo al que lo hace mal.
—¿Los libros como "El informe de Unicef sobre la situación de los niños en Alemania" son algo más que instrumentos de la política de turno?
—Unicef es una Organización no gubernamental y por tanto este libro responde a un proyecto internacional. En los países en vías de desarrollo, como se comenta en este libro, Unicef propone que se desarrollen proyectos. Por ejemplo, Alemania ha realizado un proyecto escolar en Congo, que está funcionando bien a pesar de la situación bélica que atraviesa el país. Respecto a los países desarrollados, lo que necesitamos es un Defensor de los Niños y Adolescentes. Un Defensor que se pregunte, por ejemplo, por qué hay niños que viven en una pobreza relativa y qué medidas hay que tomar para resolver esta situación. Este y otros asuntos son tratados en este libro y van más allá de una u otra legislatura.
—¿Qué quiere decir usted con "pobreza relativa"?
—Según los datos reflejados en este libro, la pobreza relativa existe cuando el salario de los padres sólo alcanza el 50 por ciento o el 60 por ciento del salario medio. En Alemania, se considera salario medio, el que permite que cada miembro de la familia reciba 1.000 euros mensuales para su subsistencia. La pobreza relativa surge, en este caso, cuando cada miembro de la familia recibe sólo 500 o 600 euros mensuales. ¿Qué sucede con las familias que viven en la pobreza relativa? Qué no se mueren de hambre pero no pueden ir a nadar, de excursión, al cine, al teatro, ni asistir a una escuela suplementaria, etcétera. Es decir, la pobreza relativa en Alemania se define en relación a la posibilidad de tomar parte en la sociedad. En Alemania ha cambiadomucho la vida de los padres, durante los últimos quince años, sobre todo en el Este, y como conscuencia ha aumentado la pobreza relativa. A ello hay que sumar el aumento de madres que crían a sus hijos solas y que, por tanto, disponen de un único sueldo.
—¿Es la ayuda del Estado a los niños la mejor solución para aumentar el índice de natalidad?
—En los países escandinavos y también en Alemania, intentamos que el apoyo a las familias no provenga de la Ayuda Social ni de la Beneficiencia porque entonces los niños son estigmatizados y los padres también. ¿Qué mujer joven, con poco salario y con deseos de tener hijos, quiere tenerlos sabiendo que va a recibir ayuda de la Beneficiencia o de la Asistencia Social, algo que la estigmatizará tanto a ella como a sus hijos? Casi ninguna. En Suecia o en Noruega la ayuda no procede de la Asitencia Social ni de la Beneficiencia, sino que se basa en el sueldo de los padres. De acuerdo con el nivel de sueldo, los padres reciben ayuda o no para los hijos, a través de distintas vías. Otros países, como Reino Unido, sitúan un mínimo existencial, a partir del cual las familias están exentas de pagar impuestos. En Francia, un caso muy diferente al nórdico o al inglés, tener hijos significa independizarse de los padres. Es decir, si los jóvenes tienen hijos, se separan de los padres y reciben ayuda de las Cajas Familiares. ¿Qué pasa en España o en Italia? que los jóvenes permanecen mucho más tiempo en la casa de sus padres y buscan una pareja, que quiera tener hijos. En Italia, la mujer estudia y cuando se casa, se va a vivir con la suegra. Estos procesos son difíciles de cambiar. Y los países del Sur de Europa son los que tienen índices de natalidad más bajos.
—En España apenas hay apoyo a las familias con hijos pero tenemos un Gobierno con muchas mujeres. ¿Le parece a usted éste un camino hacia la conciliación de la vida laboral y familiar?
—Ni siquiera un Gobierno socialista está libre de caer en el pecado del machismo. Que haya una ministra de Defensa puede influir en un cambio en el mundo militar o puede ser sólo una medida cosmética. Le pondré un ejemplo: En Suecia, las empresas que no tengan un 40 por ciento de personal femenino son tachadas de las listas de empresas que juegan en la Bolsa. Mi pregunta es qué sentido tiene tener un Gobierno con muchas mujeres si la mayoría de las empresas siguen siendo dirigidas por hombres.
—¿Es la familia, como algunos expertos comentan, una fábrica del amor y solidaridad?
—La familia es una corriente de vida. Al inicio hay amor y la pareja se aisla del mundo, si no, el amor no funciona. Con los niños, la pareja realiza una nueva conexión con la sociedad. A medida que los niños crecen, cambia la relación de la familia con la realidad. Es decir, la familia es algo muy rico y muy diverso. Por otro lado, las personas que deciden fundar una familia, deciden también alimentar y cuidar a otros seres humanos, es decir, a sus hijos, y luego quizá también a sus mayores. No porque sea un deber sino porque es algo que brota en ellos de modo espontáneo. La pregunta, en la actualidad, es cómo lograr aprovechar esta gran ventaja de la familia sin caer en la injustica hacia ninguno de sus miembros.
—¿Asignatura de Religión en la escuela pública o no?
—Los niños tienen que aprender valores y pienso que el modelo ideal es el de las Escuelas Dominicales para la enseñanza de la Religión. Este modelo funciona muy bien en los Estados Unidos y podría funcionar bien en la Unión Europea. •
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