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Nº 804 - 6 de octubre de 2008

Aitana Sánchez-Gijón, actriz

"EL TEATRO ME PRODUCE VÉRTIGO CADA NOCHE"

 

Muy guapa y rebosando la adrenalina que le da el teatro, y después del éxito junto a Vargas Liosa en Las mil noches y una noche, Aitana Sánchez-Gijón vuelve a las tablas para estrenar Un dios salvaje. Es el que aparece en cada uno de los personajes cuando se les cae la máscara de lo políticamente correcto. Y pronto estrenará su última película, rodada en Noruega, La escarcha, sobre una obra de Ibsen, y donde se mezclan sus dos pasiones: el cine y el teatro.


Por Isabel Alcázar


Es una de nuestras actrices más consolidadas, alegre, serena y está encantada de trabajar en una obra de la francesa Yasmina Reza, porque subirse de nuevo a las tablas es un reto más en la larga carrera de Aitana Sánchez-Gijón. A punto de rebasar la barrera de los 40, lleva 24 años alternando el cine con el teatro, viviendo otras mujeres, otras historias, otras vidas, que compagina extraordinariamente con su pareja y sus dos pequeños hijos, de la misma edad que los que originan en la escena la aparición de Un dios salvaje, que, al parecer, todos llevamos dentro. Desde su debut en la serie de televisión Segunda enseñanza, con 16 años, no ha parado de trabajar en películas como Remando al viento (1987), dirigida por Gonzalo Suárez; Bajarse al moro (1989), por Fernando Colomo; El laberinto griego (1992), en la Barcelona de los Juegos Olímpicos y dirigida por Rafael Alcázar; Pájaro de la felicidad (1993), por Pilar Miró; Boca a boca (1994), de Gómez Pereira; La ley de la frontera (1995), de Adolfo Aristain; La camarera del Titanic (1997) y Volaverunt (1999), dirigidas por Bigas Luna –con esta última Aitana obtuvo la Concha de Plata a la Mejor Actriz en el Festival de San Sebastián–; Celos (1999), de Vicente Aranda; Hombres felices (2001), de Roberto Santiago; No tengo miedo (2002), de la italiana Gabrielle Salvatore; La puta y la ballena (2003), de Luis Puenzo; Animales heridos (2005), de Ventura Pons; Bosque de sombras (2006), de Koldo Serra, y las últimas, La carta esférica, basada en una novela de Arturo Pérez Reverte, dirigida por Imano) Uribe, y Oviedo Express, por Gonzalo Suárez, en 2007. En teatro hay que destacar La gata sobre el tejado de zinc, de T. Williams, que obsequió a Aitana con el Premio Fotogramas a la Mejor Actriz de Teatro en 1995; A puerta cerrada, de Sastre, o Las criadas, de Genet, dentro de su propia compañía de teatro. También ha tenido tiempo la actriz nacida en Roma de dirigir la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de España, en 1999, lo que fue un soplo de frescura para esa institución.

—¿Qué le atrajo de Un dios salvaje para subirse de nuevo al escenario?
—Yo tengo una clave para saber si el texto que me proponen es el que tengo que hacer o no y es que cuando lo leo, esa noche no duermo, me da taquicardia, empiezo obsesivamente a pensar en el texto y no puedo pensar en otra cosa. Eso me ocurrió cuando leí esta obra, aparte de que ya Maribel y yo teníamos el proyecto de trabajar juntas y el deseo de hacer Un dios salvaje. Habíamos leído un texto anterior pero éste ya fue el definitivo. Me atrajo que Yasmina Reza se ríe de todos nosotros, de las actitudes y los valores para ser políticamente correctos, que mi personaje es tan perfeccionista como yo y representa las contradicciones de los perfeccionistas y los comprometidos.

—¿En su vida real ha sentido ese dios salvaje que aparece en su personaje y en los demás?
—Bueno, esto del dios salvaje puede tener distintas lecturas. Puedes pensar, y de hecho en la obra se menciona, en la época de las cavernas y os dioses que los hombres se inventaron por los fenómenos de la naturaleza, esos dioses terribles y juguetones que jugaban con el destino de los hombres; los dioses de la mitología griega, dioses que mueven a los hombres a su antojo y desencadenan sus instintos más primarios. Entonces, evidentemente todos tenemos esa parte racional, y esa otra parte irracional que, por fortuna, suele dominar la parte racional y podemos convivir civilizadamente, pero hay veces que se destapa la caja de los truenos y, ¿quién no ha perdido los estribos alguna vez? En esta obra gana la parte irracional, hay un momento en que las máscaras se caen y cada uno empieza a contar sus verdades y a agredir a los demás, a sacar todo el veneno que llevan dentro, todas las frustraciones, todas las cosas acumuladas en esas parejas desde años y también con respecto a los niños, eso que sale visceral cuando a tu niño le han tocado, ese resorte interno que no puedes controlar.

—¿Sus personajes favoritos son os que tienen cosas de usted?
—A mí me gustan los personajes que empiezan de una manera y terminan de otra, los que tienen un recorrido y se transforman durante la historia que estás contando. Me gustan menos los que te ponen ante un espejo y me resultan más estimulantes los que tienen menos cosas de mí, los que están más alejados de mí y son más difíciles.

—¿Los personajes le dejan huella?
—Bueno, te abren puertas, te obligan a lo
mejor a afrontar tus fantasmas, tus miedos o tus partes oscuras o zonas de tu personalidad que tenías menos vistas, te revelan partes de ti que no conoces; a veces entras en lugares que no pensabas entrar.

—¿Ha pensado en algún proyecto que le gustaría que llegase a sus manos?
—Yo no imagino un proyecto así en abstracto, voy haciendo proyectos que caen en mis manos, los leo y veo entonces lo que me mueve, lo que me interesa. No hay proyectos ideales concretos, yo espero que lo que me propongan me remueva, me despierte la curiosidad.

—¿Cómo ha sido la experiencia de trabajar con Vargas Llosa en el teatro durante este verano?
—Ha sido la tercera vez que trabajamos juntos, lo cual ya supone un conocimiento y una complicidad. Ver a una de las personas que más admiras en el mundo subirse a un escenario y compartirlo contigo ha sido un privilegio. Vargas Llosa es un ser maravilloso, aparte de ser uno de los grandes autores del siglo XX y XXI, lo que es incuestionable, que yo lo leo y lo admiro desde los 14 años. Resulta que tiene una pasión por el teatro, con una humildad y una generosidad que no esperas de un hombre de su talla.

—¿Dónde se siente más actriz, en el cine o en el teatro?
—Yo soy actriz desde hace 24 años y ahora estoy en Un dios salvaje, que va a retenerme durante un tiempo y me apasiona; cuando hago cine también, no hay un medio que me guste más porque para mí son dos medios diferentes de expresión que me gustan, son dos retos diferentes aunque en el teatro quizás siento más laadrenalina, siento más el vértigo de la responsabilidad de llenar un escenario cada noche, es algo imprevisible que no puedes controlar del todo, mientras que en el cine la responsabilidad es más compartida; trabajando en el cine me siento más tranquila, más arropada, pero son sensaciones diferentes que necesito ir alternando. Antes de empezar a preparar esta obra estuve rodando una película en Noruega, La escarcha, con un director nuevo que se llama Ferran Audí y con actores españoles como Tristán Ulloa, Fermí Reixach, Jordi Cortés y mi admirada actriz sueca Bibi Andersson y ha sido fantástico.

—¿Cree que el cine o el teatro sirven para cambiar un poco el mundo?
—No sé si sirven para cambiar el mundo, no sé si podemos, pero el cine y el teatro son ventanas al exterior para observar, para reflexionar, para compartir emociones, donde se habla de quiénes somos, de lo que pasa en el mundo. Pero el cine y el teatro son lenguajes diferentes y se supone que el cine llega a mucha más gente y la televisión aún más, sin embargo el teatro existe desde antes de los griegos, desde que el hombre de las cavernas empezó a narrar a los demás cómo había cazado el bisonte de turno, el teatro es algo que el hombre necesita para contar sus historias a la tribu, en cierto modo.

—¿Qué es lo que más le sorprende de su profesión?
—Creo que mantengo intacta la capacidad de sorpresa, la capacidad de sorpresa y de entusiasmo, no dejo de sorprenderme cada vez que afronto un proyecto nuevo y conozco a un director nuevo, compañeros con los que no había trabajado, registros nuevos que de repente descubro que tenía. Este es un trabajo donde tienes muchas horas de trabajo y de estudio pero es muy poco rutinario y esto es lo que tiene de fantástico.

—¿Tiene alguna fantasía que le gustaría realizar en el cine o en la vida real?
—La verdad es que la realidad ha superado con creces mis expectativas y me siento tan afortunada que no siento deseos de más, tengo una afán de perfeccionismo y de que todavía puedo más... hacer cosas mejores, esa insatisfacción que siempre tenemos la gente perfeccionista. Pero no tengo nada concreto, ninguna fantasía concreta. •

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