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Nº 805
13/10/2008

¿Es tan de centro Gallardón como blasona?

Los problemas de Alberto RuizGallardón con la cúpula de su partido –sobre todo en la era de José María Aznar– vienen de lejos. Desde hace años, le han acusado en Génova, 13 –y a lo largo de las dos legislaturas aznaristas, también en La Moncloade querer ser presidente del Gobierno a toda costa. Esta situación, sin embargo, no deja de ser paradójica porque Gallardón es el candidato popular con más posibilidades de derrotar al PSOE. Se trata de uno de los políticos mejor valorados. Antes y ahora.

Su peor enemigo hay que buscarlo en la envidia de no pocos compañeros del PP, sin olvidar su particular tendencia a proyectar una imagen distinta, al menos en las formas, a las habituales de la derecha. Cuando Aznar, en marzo de 1996, consiguió al fin vencer a Felipe González, la victoria fue casi pírrica, a pesar de que los sondeos vaticinaban un triunfo aplastante de los conservadores. Hubo entonces intentos para que el jefe del Ejecutivo no fuera Aznar, sino Gallardón. Esa circunstancia fue muy dañina para él. Voces relevantes del PP hicieron circular el vocablo traidor por esas fechas.

En el libro Aznar. La vida desconocida de un presidente, escrito por José Díaz Herrera e Isabel Durán –especie de hagiografía del presidente Aznar– se habla "de una campaña encaminada a alterar el resultado de las urnas en la formación del nuevo Gobierno". "La operación consiste –subrayan los dos periodistas mencionados– en sustituir al candidato a la Presidencia del Gobierno por una persona más afín a [ciertos] intereses económicos". Son citados al respecto tres empresarios: Fernando Fernández Tapias, Carlos March y Jesús de Polanco; los tres, amigos de Gallardón.

Jordi Pujol –se afirma en el libro– también jugó, durante unos días, esa carta. Pujol tenía la llave del Gobierno. Su poder era por esas fechas inmenso. Pujol valoraba la moderación de Gallardón, quien se dejaba querer discretamente. Atención a este párrafo: "Es la humillación más grande que se le puede hacer a un candidato que ha ganado legítimamente las elecciones, pero Aznar está dispuesto a aguantar cualquier cosa con tal de culminar su propósito".

Ha transcurrido más de una década desde aquel azaroso aterrizaje de Aznar en La Moncloa. Gallardón, mientras, revalidó sus éxitos electorales en la Comunidad y, en 2003 y 2007, en el Ayuntamiento de Madrid. En la actualidad, continúa siendo un candidato in pectore, aunque a la sombra de Mariano Rajoy y con la hostilidad abierta de Esperanza Aguirre –que no renuncia a ser la sucesora del actual líder popular–, incrementada por el núcleo duro del periodismo conspiratorio, con Federico Jiménez Losantos a la cabeza. En el mundo empresarial abundan los gallardonistas.

Gallardón sabe que –sin el visto bueno de Aznar y su círculo de confianza– sus aspiraciones son punto menos que imposibles. Y, además, queda la incógnita de qué acabará pasando con Rajoy, que ha demostrado más fortaleza de la que se suponía. Parece que el alcalde de Madrid intenta, en todo caso, un acercamiento a Aznar a través de Ana Botella. No lo tiene fácil. Pero Gallardón apoyó a Aznar, sin fisuras, cuando la guerra de Iraq. Ahí está en las hemerotecas. Y hasta aceptó perder rango cuando Aznar personalmente le pidió que abandonara la Comunidad madrileña y se contentara con el Ayuntamiento. ¿Es tan de centro Gallardón como blasona? Cuando le conviene, sí. Como hizo curiosamente Aznar en la primera legislatura, aunque de cuando en cuando enseñara su patita autoritaria. •

 
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