Nº 805 -13 de octubre de 2008
 
Hemeroteca Esta semana Lista Curioso

De cómo Anson se nos ha hecho socialdemócrata y hasta riñe a Bush y a Aguirre

 

Luis María Anson se nos ha convertido a la socialdemocracia. Los lectores de El Mundo, el 5 de octubre del año en curso, debieron de quedarse atónitos, perplejos, pasmados, tras leer “Las cartas boca arriba”, que tal es el título de los comentarios dominicales del que algunos llaman maestro de periodistas. Son tres cartas que Anson dirige a tres personajes cada semana. La primera, ese día, iba dirigida al “Santo Padre” Juan Pablo II, hace pocos años fallecido. Resaltaba el periodista académico que en una de sus encíclicas, la Sollicitudo rei sociales, el Papa polaco rechazó “el capitalismo salvaje, es decir, la explotación del hombre por el hombre, de las naciones pobres por las ricas”. Y añadía: “Desarrollaba Vuestra Santidad en la Sollicitudo rei sociales, como Juan XXIII en la Mater et Magistra y en la Pacem in Terris, como Pablo VI en la Populorum Progressio, la obligación por razones de justicia, no de caridad, de la distribución de la riqueza mundial”.

Aprovecha Anson, naturalmente, para desmarcarse también del marxismo, comunismo o socialismo real: “Vuestra Santidad conoció bien el paraíso marxista en Polonia. El capitalismo salvaje (…), sin límites ni regulación desboca los egoísmos privados con grave perjuicio para el ciudadano medio. La sociedad de libre mercado crea riqueza y prosperidad si se la controla convenientemente porque ni la fabricación de medicamentos ni la de automóviles ni la alimentación ni los bancos en que se depositan los ahorros pueden quedar sin regulación y al arbitrio de los egoísmos empresariales”. ¡Vaya, vaya con don Luis María! Se nos ha hecho socialista, aunque buscando la coartada de los últimos Sumos Pontífices de la cristiandad, y nosotros con estos pelos.

Más prodigioso es su alegato contra la política económica de George W. Bush. La encabeza con estas palabras: “El libre mercado no significa que el Estado no exista”. Inmediatamente justifica tan severa como compartible aseveración: “El Estado tiene la obligación de dirigir, vigilar, urgir y castigar. No se puede dejar sin control la voracidad del empresario privado al construir casas que se pueden hundir, al fabricar medicamentos que intoxiquen, alimentos que enfermen, aviones que se estrellen, bancos que asuman riesgos descabellados con el dinero de los demás”. No atenúa su ataque al presidente norteamericano: “Usted podía y debía haber impedido la crisis que nos zarandea, aplicando las leyes de que el Estado dispone. No lo ha hecho. Se ha equivocado. El responsable final de la catástrofe, señor presidente, es usted. El dejar hacer no es propio de un estadista. Un gobernante serio, un hombre de Estado, debe dirigir, vigilar, urgir y castigar. No puede andar anidando de rancho en rancho y de guerra en guerra sin prever lo que se está cociendo”. El ataque va subiendo de tono y desemboca en la crueldad:   “Pero es usted, señor presidente, el culpable más cualificado de la crisis devastadora que nos atenaza. Es el pirómano que se convierte demasiado tarde en bombero, cuando los fuegos nos abrasan”. Y llega enseguida lo peor, que es la crueldad: “Es usted, señor Bush, un presidente democrático, hijo de un político excepcionalmente inteligente al que he tenido el gusto de conocer y el placer de escuchar. Lástima que el hijo no haya heredado las cualidades de su padre”.

Montado en el corcel,  Anson, en su camino de Damasco, se atreve, en su tercera carta, a criticar con severidad a ¡Esperanza Aguirre! “Cuando se mete la pata, le dice Anson a Aguirre, querida presidenta, lo mejor es sacarla y no ahondar en el fango. Heredaste una obra faraónica, la del Teatro del Canal, propia de los antiguos regímenes comunistas del Este, presidida por el propósito soviético del dirigismo cultural. La has terminado con un costo, pagado por los madrileños, de cerca de 20.000 millones en pesetas constantes. Una cantidad exorbitante, extraída de los impuestos casi confiscatorios que padecemos. Y en medio del delirio y del fasto has gastado cerca de millón y medio de euros en un acto inaugural al que no ha querido ir casi nadie del mundo que cuenta de verdad en el teatro y la cultura. Según tu versión, “sólo” se han gastado 407.354 euros, que es en sí mismo una cantidad desmesurada. El resto, abonado por algunas empresas, podía haberse dedicado a algo mejor que al despilfarro. El acto de inauguración ha costado 1.425.240 euros. Cuando se gasta una cantidad tan desorbitada en un estreno, lo mejor es cantar la palinodia, oscurecer los oros sombríos y callarse luego”.

Inquieta la mutación de don Luis María. ¿Se ofrecerá como coordinador de Izquierda Unida, ahora que Llamazares tiene que abandonar el timón? Celoso de Carlos Dívar, amigo también él de cardenales, obispos y capellanes, tal vez Anson se esté postulando para un relevante cargo público, a la espera de que lo nombre  Zapatero, lo que sería un magnífico colofón para su brillante carrera de periodista y perejil de todas las salsas. ¿O más bien trata de llamar la atención, intenta enviar mensajes a navegantes (o navegantas privilegiadas, como Esperanza Aguirre), diciendo aquí aún estoy yo y que conste que mis dentelladas pueden ser más que peligrosas. Algún que otro mensaje, advirtiendo que él sabía mucho, demasiado, de la conspiración mediática contra Felipe González, envió Anson, hace ahora doce años largos, a don José María Aznar López, recién llegado a La Moncloa. El mensaje parecía cifrado pero se entendió enseguida. Aznar le puso un periódico a Anson. Lo pagaron entre varios y se lo quedó, al final, Lara Bosch. ¿Qué busca ahora Anson? Esta es, sin duda, la pregunta del millón.

Luis G. del Cañuelo

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