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Nº 805 - 13 de octubre de 2008
Mundo loco

por Santiago Carrillo

EI mundo parece estar volviéndose loco. Y la crisis financiera no es la medicina más indicada para devolverle la razón. Desde que los neoconservadores tomaron el poder en EE UU, han ido construyendo a través del dominio sobre los medios de comunicación una superestructura ideológica, una serie de ideas absurdas, que han terminado destruyendo el espíritu crítico y formando lo que irónicamente llamamos el pensamiento político correcto, porque, a fuerza de repetirlo publicistas y políticos, ha conseguido instalarse en la mente de millones de personas. Y sin embargo, cuando las gentes sensatas se paran a pensar,
abstrayéndose del ruido ambiental –me refiero a lo que leemos y escuchamos a toda hora–, se percatan de hasta qué punto la sociedad se ha alejado de las sencillas verdades de los valores, de las ideas que en otro tiempo respondían a la realidad y que aún siguen respondiendo a ella hoy.

Algunos ejemplos me ayudarán a aclarar lo que digo. Tras el fin de la Primera Guerra Mundial la Paz era considerado como el bien más preciado y cuando las fuerzas militares de un país invadían otro, eso era una agresión cualquiera que fuese su autor. Cuando los EE UU enviaban a los marines a ocupar un país latinoamericano, la operación se justificaba por los gobernantes que la habían decidido con aquel principio aislacionista de "América para los americanos". A los Gobiernos de EE UU no se les ocurría decir que estaban extendiendo la democracia o que combatían una dictadura. Golpeaban a los movimientos de liberación, instaban una dictadura favorable a sus intereses y listo. Los demás Gobiernos no estaban obligados a asumir o complicarse en la operación. Cuando los fascistas invadieron Abisinia, la cosa era clara. Se trataba de una agresión injustificable, lo mismo pasó cuando los japoneses invadieron Mandchuria o cuando los nazis invadieron Checoslovaquia y Austria. Incluso cuando Breznev decidió enviar sus tropas a Praga.

En cada caso, la potencia invasora podía explicar a su gusto el atropello que realizaba. Pero no había una aceptación generalizada de sus actos, que eran criticados y condenados por los demás.

Es precisamente en este mundo globalizado en el que actos de agresión se producen, con protestas de algunos sectores de la opinión pública, pero justificados y aceptados como normales por políticos y publicistas a lo largo del planeta. Iraq es un caso típico de justificación global. Al principio, en el Consejo de Seguridad, la mayoría de sus miembros, eran opuestos. Pero muy pronto cedieron. Un Gobierno fantoche instalado por los norteamericanos ha sido reconocido, unas elecciones hechas bajo la ocupación han sido consideradas legítimas. Este país ocupado militarmente, que sigue la lucha contra los invasores, ya es una democracia. ¡El mariscal Petain debe preguntarse en su tumba por que no tuvo el mismo trato!

Y hace unos días el general Petraeus hizo unas declaraciones a la prensa que empezaban así: "El 31 de octubre asumió su nuevo cometido como jefe del comando de las fuerzas armadas estadounidenses que coordina las intervenciones del Ejército en las más diversas regiones del globo. A partir de este momento será responsable de países tan difíciles como Afganistán, Iraq, Irán, Pakistán, Egipto y el Líbano... El general "no se olvida de Yemen"...".Y continúa hablando como si fuera un procónsul romano. Para EE UU, todos esos países son el frente de la llamada guerra contra el terrorismo.

Es un dato que revela la voluntad de construir un imperio global. Y la declaración ha pasado sin un comentario, como si todo el mundo aceptase y considerase normal el hecho. Y el silencio es fruto de es idea global que considera que lo que hacen los EE UU, sea lo que sea, responde al pensamiento político correcto. Este pensamiento político es una espesa nube que invade hoy al planeta, encerrándole en una penumbra intelectual, llena de peligros.

La crisis plantea un interrogante: el pánico que este acontecimiento extiende, ¿va a disipar esa nube o, al contrario, va a ennegrecerse todavía más? •

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