Nº 805 - 13 de octubre de 2008
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La señora Aguirre y el relativismo

por Juan Antonio Barrio

Aclamada en su congreso, Esperanza Aguirre proclama a los cuatro vientos que es la hora de acabar con el relativismo en el PP. La Sra. Aguirre es de ideas firmes y vigorosas, bien es cierto que unas más por convicción (el negocio ante todo; el capitalismo irrestricto; el mercado sin trabas; máxima desregulación; lo privado, cuanto más mejor, y público, lo que no haya más remedio, etc.) y otras –dicen– más por estrategia: no al aborto, no a los matrimonios homosexuales, no a la eutanasia, etc. Todo ello configura una mezcla no muy liberal (más exactamente: ultraliberal en lo económico y conservador en lo moral). Pero, eso sí, firme y sin relativismos.

Y, en la práctica, ¿qué significa todo eso? Por ejemplo, ante la debacle financiera en Estados Unidos y el intervencionismo del Gobierno, ¿qué defiendeVd., Sra. Aguirre? Usted, que se ha pronunciado a favor de McCain/Palin, ¿qué defiende? Le emociona el himno cantado a todas horas "sin complejos" en la Convención republicana. Pero, ¿sólo la música? O, como parece lógico, ¿también la letra?: miremos un momento a otro lado, intervención intensa y sólo para salvar algunas grandes empresas y en seguida a lo nuestro: el negocio otra vez. El egoísmo privado hace la virtud pública, ¿verdad, Sra. Aguirre? Por eso, su consejero Sr. Güemes convoca a una jornada para exponer las grandes oportunidades de negocio relacionadas con las infraestructuras de la Sanidad madrileña. Algunos, como la multinacional Capio, ya disfrutan de esas ventajas, a las que se han añadido nuevas cartillas sanitarias transferidas al hospital que controla.

Dice la Sra. Aguirre que, como los clientes/pacientes no tienen que sacar la tarjeta de crédito, les da igual si la gestión del hospital es pública o privada. Bueno, no pagan de momento y directamente. Porque pronto pagarán en calidad del servicio: si el lucro es la meta de la empresa privada, no se va a contentar con sacar, digamos diez (de los fondos públicos) cuando puede sacar doce (reduciendo gastos y calidad del servicio). Por si acaso, más vale desprestigiar la Sanidad pública mediante el caso Severo Ochoa en Leganés o centralizar en una empresa privada las pruebas diagnósticas, laboratorio que, quién sabe, también pueda contribuir al prestigio/desprestigio fomentando la eficacia de la gestión privada en detrimento de los retrasos de la pública. El caso es que la gente pierda el miedo y le dé igual una cosa que otra. Curiosa estrategia, primero se relativizan las ventajas de la Sanidad pública, se intenta que sea peor que la privada en la mente de la gente, gestión privada de parte de público, y la fase final para dentro de unos años; nada público, todo privado, págalo con fondos públicos hasta que no haya más remedio que aportar por acto médico, adicionalmente. ¿Exageración? Ya veremos.

El agua, otro tema: ¡se devuelve el Canal a los madrileños! Ya, sobre todo a algunos. Primero, el 49 por ciento. Luego, ya veremos. El objetivo es acabar con el relativismo. O sea, mucho mejor lo de todos en manos privadas. ¿Que esas manos privadas no pueden ser todas? Pues peor para el que se quede fuera. Eso sí, algunos próximos harán un buen negocio.

Y, sobre todo, nada de relativismomoral. El Estado no es quién para enseñar valores morales, eso está para la familia. Para la familia de siempre, claro está, católica, apostólica y romana. ¿Vaores democráticos? ¿Derechos y deberes de ciudadanía? ¿Derechos humanos? Todo eso es adoctrinamiento y politización. La democracia es como la teoría de la evolución; una teoría o una ideología más. Por lo tanto, la Sra. Aguirre, en su campaña contra el relativismo, es pionera en ayudar a los padres (menos del 1 por ciento) que quieren objetar la asignatura de Educación para la Ciudadanía. Y, asimismo, incitar a los que están remisos. ¿Y nosotros, los que no estamos con la Sra. Aguirre? La Sra. Aguirre gobierna para los que gobierna y son muchos menos de los que la votan. Por lo tanto hay mucho trabajo por hacer. La Sra. Aguirre dice no al relativismo. Pero sus convicciones firmes son precisamente la ley del embudo, con la parte ancha siempre a favor del negocio, cuanto más lucrativo mejor, promoviendo el descrédito de los servicios públicos y caiga quien caiga. La Sra. Aguirre ejerce también un autoritarismo nada liberal, impidiendo por ejemplo a los agentes forestales la entrada en las fincas sin acuerdo de sus dueños, intentando desalojar a la Federación de Asociaciones de Padres de Alumnos (FAPA) de Giner de los Ríos de sus locales por criticar sus políticas educativas, o negando subvenciones a la Asociación de Víctimas del 11-M por no compartir sus puntos de vista. De esto hay que convencer a los ciudadanos, ¿en campaña electoral? No. Desde ya mismo. •

*Diputado del Grupo Parlamentario Socialista en el Congreso.

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