Nº 805
13/10/2008

Zapatero improvisa, Rajoy no se aclara o cómo se gestiona el miedo

Cuando la canciller alemana Angela Merkel salió en apoyo del banco Hypo Real Estate garantizando todos los ahorros, las Bolsas cayeron con estrépito. En el mismo momento en que Bernanke y Trichet acordaban bajar los tipos en medio punto, que la gente esperaba ansiosamente, las Bolsas se derrumbaron. Ese mismo día, Zapatero quintuplicaba la garantía de los depósitos y establecía un fondo para comprar activos supuestamente sanos a los bancos y cajas; pues como si lloviera, la Bolsa española caía más del 5 por ciento. Hay que rendirse a la evidencia: cada vez que un gobernante inyecta calma, provoca el pánico.

El miedo es un instinto básico que los gobiernos no saben gestionar y que se resiste a los diagnósticos y previsiones de los gurús. Cuando el miedo marca el paso las medidas que adoptan los gobiernos son interpretadas como muestras de la gravedad de la situación. La gente se pregunta: ¿cómo estarán las cosas cuando Merkel tiene que salir a la tele a garantizar todos los ahorros? El ciudadano percibe que es una promesa que no podría cumplirse si todo el mundo se personara a retirar su dinero; no hay Estado que pueda garantizarlo, ni siquiera el alemán.

Zapatero se encuentra en un brete: si no hace nada, malo, y si lo hace, peor. Lo que sí puede hacer es no dar la sensación de improvisar, como la que ha ofrecido en la reunión con los banqueros y en la decisión adoptada al día siguiente de elevar la garantía de los depósitos e inyectar liquidez a la banca, que contrastaba con las insinuaciones vertidas por Solbes poco antes. 

El presidente es un adicto a la política fotográfica, en la que puede insertarse la foto con los banqueros; se le ocurrió de repente invitarles a tomarse un cafelito en La Moncloa, una improvisación como una casa como demuestra, entre otras cosas, la ausencia de Emilio Botín, que es una referencia nacional como pueda serlo La Pantoja en el folclore, José Tomás en el toreo, Rafa Nadal en el deporte o la duquesa de Alba en el amor tardío. Botín, presidente del primer banco de Europa, estaba de viaje cuando le avisaron y contestó que le hubiera encantado acudir pero que necesitaba doce horas para personarse en Madrid, una explicación razonable, pero al presidente le urgía la foto.

¿Tiene también que ver con la improvisación el hecho de que acudiera a palacio en representación de las cajas de ahorros Braulio Medel, presidente de Unicaja, una entidad que no es la tercera, ni la cuarta ni la quinta caja del país, sino la octava? Zapatero se reunió con los tres grandes banqueros: Alfredo Sáenz Abad en sustitución de Botín por el Santander; Francisco González, FG para el mundo financiero, por el BBVA; las dos patas del duopolio bancario a las que ZP sumó a Ángel Ron, presidente del Popular. Simétricamente, convocó a los dos grandes cajeros: Isidro Fainé por La Caixa y Miguel Blesa por Caja Madrid, a los que sumó a un tercero, Braulio Medel, quien, como digo, no es el tercero del ranking. Según el esquema de la reunión, una selección en razón del pasivo que es como se jerarquizan las entidades financieras, le hubiera correspondido el honor a José Luis Olivas, presidente de Bancaja, la tercera del país. ¿Se le ha excluido porque Olivas es un personaje importante del Partido Popular de Valencia? Si fuera así, lo que parecería un procedimiento sectario   impropio de Zapatero, aún tenía disponibles a Vicente Sala, presidente de la CAM, la cuarta caja, y si tampoco valía porque Sala desprende también cierto aroma popular, tocaría al quinto, el socialista Narcís Serra, presidente de la Caixa de Cataluña; y si tampoco valía el ex vicepresidente del Gobierno por felipista, podría optar por el siguiente, el sexto, José Luis Méndez, de Caixa Galicia, que se mueve ágilmente entre populares y socialistas, o el séptimo, Amado Franco, sucesor de Pizarro en la aragonesa Ibercaja; y si Zapatero no quería recibir a algunos de los mencionados, cuyas entidades se encuentran un tanto pachuchas, ¿por qué no recurrir a la solución mas fácil que era invitar a Juan Ramón Quintás, presidente de la Confederación Española de Cajas de Ahorros (CECA). ¿Improvisación o misterioso cálculo? En todo caso, desconcierto.

Zapatero con su política errática no contribuye a que se desvanezca el miedo, pero tampoco contribuyen  a tranquilizar los ánimos Mariano Rajoy y su gente del PP, que también tienen su cuota de poder. No conozco una propuesta coherente y seria, no puramente  retórica y oportunista, de la oposición que sirviera de alternativa válida a la del Gobierno, ni siquiera medidas complementarias a las propuestas por éste. Rajoy II sigue empecinado en el váyase Señor Zapatero del Rajoy I mientras su tropa desbarra que da gusto, como la secretaria general del partido, Dolores de Cospedal, que ha salido por peteneras al sostener que, tras las medidas anunciadas,  Zapatero debe retirar los Presupuestos. Áteme esa mosca por el rabo.

José García Abad


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