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Nº 804 - 6 de octubre de 2008

Apuestan por Roures frente a Cebrián en el futuro del poder mediático

Alierta y ZP se entienden

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Algo muy importante se está moviendo en el mapa del poder mediático español. Apenas iniciada la segunda legislatura de Zapatero, la enconada batalla entre los dos grandes grupos más afines al PSOE, Prisa y Mediapro, puede desequilibrarse en favor de este último, más próximo a los intereses de Moncloa, gracias a la estrategia de un inesperado aliado. Telefónica, la primera compañía del país y la tercera operadora de telecomunicaciones del mundo, dirigida, además, por un presidente nombrado en su día por Aznar, se aleja del imperio de Polanco. Según ha podido saber El Siglo, entre los planes de César Alierta, su presidente, no se encuentra comprar Digital Plus, la televisión de pago de Prisa, a cualquier precio. Telefónica quiere jugar fuerte en el futuro mapa audiovisual español y con Roures se entiende mejor que con Cebrián. En Moncloa no hacen más que aplaudir.

Por Inmaculada Sánchez

Nueva legislatura pero igual problema. Zapatero no consigue que los dos grandes grupos mediáticos que le son más afines, la Prisa de Ignacio Polanco y la Mediapro de Jaume Roures, firmen la paz. Es más, la batalla entre ambos se encona por momentos y las chispas de la tensión vuelven a salpicar al Gobierno.

Juan Luis Cebrián, consejero delegado de Prisa, mostraba hace unos días en público la tensión que se vive en su grupo y llegaba a lanzar algo muy parecido a una amenaza a Moncloa. “Vamos a dar una segunda oportunidad a este Gobierno”, dijo después de pedirle, una vez más, que intervenga en la “guerra del fútbol” y ordene el sector audiovisual “sin amiguismos”.

La agria intervención tenía lugar en el Foro de la Nueva Comunicación. Era la primera que realizaba el máximo dirigente de Prisa tras la victoria socialista del pasado marzo y la formación del nuevo gobierno. Sus polémicas declaraciones llegaban, además, en un momento de especial inquietud en su grupo, apenas unos días después de que arrancara la operación de venta de Digital Plus, la televisión de pago de Prisa, con la que el imperio del fallecido Jesús de Polanco, se juega mucho.

Precisamente, es esta crucial operación, diseñada hace tiempo pero coincidente, para disgusto de sus promotores, con el peor momento de la crisis económica, la que ha decidido a otro de los actores emergentes en el panorama audiovisual español a tomar partido. Según fuentes de absoluta solvencia consultadas por El Siglo, la oferta de Telefónica para la compra de Digital Plus es significativamente más baja de lo reclamado desde Prisa. Es  más, en la operadora existe una decisión estratégica ya tomada: el canal de pago del imperio Polanco no vale los 3.500 millones de euros que reclama Prisa y sólo entraría en la puja por los dos millones de abonados de la plataforma, lo único que, de verdad, le interesa, si el precio baja significativamente. Para Prisa, que Telefónica no pretenda dar la batalla en la subasta de Digital Plus es una muy mala noticia.

Esta determinación, puramente empresarial, a priori, viene a coincidir con los intereses de Moncloa que, desde que el PSOE de Zapatero llegó al poder, pasan por independizarse de los medios de Polanco, el grupo mediático que sustentó, y llegó en algunos momentos a dictar el camino, a los gobiernos de Felipe González.

Desde Telefónica, donde se sabe mucho de presiones políticas, la apuesta por tomar distancia de Prisa y mirar de cara al futuro hacia el naciente imperio de Roures y sus aliados –el grupo Imagina, su socio en La Sexta, es la primera productora de contenidos televisivos del país– cuadra perfectamente con su estrategia de expansión.

De acuerdo con ella, y tal como ya están haciendo algunas de las más fuertes operadoras del mundo, Telefónica pretende tomar posiciones en el mercado de los contenidos audiovisuales para ampliar la gama de servicios que presta a sus más de 240 millones de clientes de todo el planeta. Los dueños de la “autopistas”, de las telecomunicaciones, ahora quieren, además, vender los “coches”, explican los estrategas del sector.

El caso es que esta toma de posición de quien se ha convertido, desde que César Alierta está a su frente, en la primera empresa del país, puede llegar a inclinar la balanza en uno de los pulsos de mayor alcance mediático, y político, de la era Zapatero, el que enfrenta a Prisa y Mediapro.

La guerra nació durante el primer mandato del leonés. Los antaño socios en la explotación de los derechos televisivos del fútbol, Prisa y Mediapro, rompían estrepitosamente y se acusaban mutuamente de no cumplir el contrato que les unía. Desatadas las hostilidades Jaume Roures negociaba por su cuenta con los clubs de fútbol sus derechos televisivos y convertía a Mediapro en el dueño de la mayoría de ellos a partir de la temporada que comienza el 2010. Prisa, por su parte, optaba por llevar el conflicto ante la justicia, que aún no se ha pronunciado, enredada en una espesa red de querellas y recursos, y en tensar al máximo sus relaciones con el Gobierno de Zapatero, al que acusaba de no intervenir en defensa, según su punto de vista, de la legalidad vigente.

La así llamada “guerra del fútbol” ha convivido los últimos cuatro años con la expansión del imperio mediático del catalán Roures, que ha contado en la pasada legislatura con la concesión gubernamental de un canal de televisión, La Sexta, y con el nacimiento de un nuevo diario, “Público”, ambos en directa competencia con la cadena y el periódico de Polanco, todos ellos dirigidos, en principio, al mismo sector de público cercano al Partido Socialista.

El grupo Prisa, por su parte, ha sufrido el fallecimiento de su fundador, Jesús de Polanco, acaecido en julio del año pasado, y la posterior lucha por el poder entre sus herederos, liderados por Javier Díez Polanco, director general de Sogecable, y su principal directivo, Juan Luis Cebrián.

Es en este panorama complejo y enrarecido en el que Prisa se embarca en la venta de una de sus joyas, el canal de pago Digital Plus, para obtener recursos y centrarse en otras áreas de negocio. Lo que, a priori, podía no ser más que una reorientación comercial del grupo, sin embargo, se está convirtiendo en todo un problema para la casa fundada por Polanco.

La clave se encuentra en otra decisión previa que una mayoría de analistas financieros juzgaron equivocada en su día: Prisa sacó de Bolsa a Sogecable, su filial audiovisual dueña de las acciones  de Digital Plus, y se hizo con el cien por cien de su propiedad. Para financiar la compra tuvo que pedir un importante crédito por valor de 1.950 millones de euros que vence en marzo de 2009 y que disparó la deuda del grupo hasta los 5.000 millones.

Aunque desde Prisa, el propio Cebrián ha señalado que el crédito no inquieta a su empresa, ya que se puede renegociar el plazo o hacerlo frente con otros recursos, lo cierto es que la coincidencia de la crisis económica ha añadido más leña al fuego y el hecho de que Digital Plus se venda por encima de los 3.500 millones se ha convertido en un empeño fundamental para el futuro de Prisa.

Así se puede interpretar, también, de las dosificadas informaciones que sus medios vienen dando sobre la  venta, en las que se ha hablado hasta ahora de la “decena” de ofertas interesadas en el canal de pago, todas ellas dentro de la “horquilla” en la que está valorada la empresa.

Los interesados reconocidos hasta el momento por “El País” son la citada Telefónica, Telecinco, Ono, Vivendi y British Sky Broadcasting, aunque otras informaciones también apuntan a los conocidos magnates internacionales Rupert Murdoch y Carlos Slim. Hasta ahí todo en orden y siguiendo el habitual sigilo que las negociaciones de tamaño calibre suelen requerir. Lo que ha dejado ver más nervios de los reconocidos han sido las ya citadas declaraciones de Juan Luis Cebrián, atizando nuevamente el fuego contra Mediapro y el gobierno de Zapatero.

El consejero delegado de La Sexta, José Miguel Contreras, le contestaba en el mismo foro unos días después. acusándolo de “autoritario y soberbio” y recordándole que era el menos indicado para hablar de “amiguismo” por parte del Gobierno.

El socio de Roures  se refería al permiso que Prisa había conseguido del Ejecutivo para convertir Canal Plus en una cadena en abierto las 24 horas, la actual Cuatro. En Moncloa, cuando se les cita el malestar de Prisa con Zapatero y sus acusaciones de “amiguismo”, las niegan señalando también a Cuatro, además de al no del Gobierno, al menos hasta el momento, a las reiteradas peticiones de Roures de dar vía libre a la TDT de pago, algo que Mediapro necesita urgentemente para rentabilizar sus contratos con los clubs  de fútbol y poder hacer frente a su importante endeudamiento a cuenta de ellos.

Si Telefónica, finalmente, desaparece de la puja por Digital Plus, romperá uno de los últimos “lazos” que la unían con el imperio Polanco. En origen, la cadena de pago ahora en venta es “hija” también de la operadora, fruto de la fusión en 2002 de Vía Digital y Canal Satélite, otras dos empresas protagonistas de una de las más duras batallas políticas de la era Aznar (Ver detalle de la historia en páginas siguientes: “Todos querían “sus “ medios”). Hace unos meses Telefónica ya se desprendió de su participación en Sogecable, cuando Prisa lanzó la OPA para asegurarse su control, y con ello inició un camino que podría concretarse en breve acercándose a Mediapro y los llamados “amigos mediáticos de Zapatero”.

Para muchos, la estrategia emprendida por Roures y sus socios cuadra mejor con la de Telefónica que la de Prisa, tanto por su visión comercial, en cuanto a contenidos televisivos, como  por su decidida apuesta por internet, otro de los campos  en los que la operadora quiere hacerse fuerte. Pero, sobre todo, según quienes conocen bien la visión empresarial de Alierta, a una compañía del tamaño de Telefónica siempre le interesa llevarse bien con el Gobierno y no mantener la tensión que Cebrián alimenta. Al fin y al cabo, estaría apostando por el grupo mediático mejor visto por Moncloa, el que algunos ya llaman “Mediaprosoe”.

Javier de Paz, el hombre clave

El progresivo acercamiento entre el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y el presidente de la primera compañía española, César Alierta, tiene detrás a un hombre, Javier de Paz, uno de los actuales consejeros de la operadora y miembro del comité federal del PSOE.

El discreto De Paz es amigo y confidente de Zapatero desde que éste aterrizó en Madrid al hacerse cargo de la secretaría general del PSOE y desde entonces no ha hecho sino incrementar su influencia y cercanía con el hoy inquilino de La Moncloa.

Quienes conocen su estrecha relación le sitúan, sin duda, en un espacio clave que no ha sabido ocupar ningún otro socialista de la era ZP, el de puente con el mundo empresarial. Es por eso que el presidente no dudó en dar su nombre cuando Telefónica hizo saber a Moncloa que iba a incorporar dos  independientes a su consejo de administración y pretendía que lo ocuparan sendas personas de confianza del PSOE y del PP.

Junto a De Paz fue nombrado también Manuel Pizarro, pero, para disgusto de Alierta, el zaragozano dimitió apenas un mes después para presentarse como número dos en la candidatura de Mariano Rajoy a las elecciones generales.

El presidente de Telefónica no volvió a ofrecer el puesto a los populares. La silla de Pizarro la ocupó una alta  directiva de Merrill Lynch, Eva Castillo, que se convertía en la primera mujer en llegar al consejo de la compañía. Tras el recambio, el socialista se quedó como el único consejero “politico” de la operadora al tiempo que el PP de Rajoy perdía un privilegiado hilo de conexión con quien, en su día, había llegado al cargo de presidente a propuesta del gobierno de José María Aznar. De Paz no ha desaprovechado la oportunidad.

Además de acercar a Telefónica a los “amigos” mediáticos del Gobierno, a De Paz se le atribuyen otras operaciones peor vistas desde su partido, como haber propiciado el nombramiento de Eduardo Zaplana como delegado de la operadora en Europa debido a su amistad personal con el ex portavoz del PP. A Alierta, que ya no contaba con ningún popular en su empresa, no le pareció mal hacer un hueco a quien había sido la “bestia negra” de los socialistas durante la etapa de Aznar, sabiendo que la propia Moncloa, a través de De Paz, daba su visto bueno.

El consejero inició su carrera política pronto y llegó a ser secretario de las Juventudes Socialistas durante la primera década del PSOE en el poder. Su principal cargo en la Administración de Felipe González fue director general de Comercio Interior con el hoy presidente del Consejo General de Cámaras, Javier Gómez Navarro, como ministro de Comercio.

Tras la pérdida del poder inició carrera en el sector privado llegando a ser accionista y director general de la empresa Panrico. Cuando Zapatero aterrizó en La Moncloa le nombró presidente de la empresa pública Mercasa, cargo que dejó para entrar, en diciembre pasado, en el consejo de Telefónica.

Todos querían “sus” medios

Por I. S.

La reciente historia española no deja lugar a dudas: todo aquel que ha aspirado a presidir el Gobierno ha tenido que contar entre sus armas con unos aliados mediáticos más o menos fuertes. Una vez en La Moncloa, además, los presidentes siempre han caído en la tentación de promover y apoyar a un grupo mediático que les fuera fiel y les ayudara en la siempre difícil tarea de comunicarse con sus ciudadanos para mantenerse en el poder.

Excluídos los primeros años de la Transición con las presidencias de Adolfo Suárez y la brevísima de Leopoldo Calvo Sotelo –dado que entonces sólo existía poco más que Televisión Española y unos adolescentes medios escritos que luchaban por ocupar el espacio de la todavía omnipresente prensa del régimien franquista- tanto Felipe González como José María Aznar, cada uno a su estilo y manera, se afanaron para que en su corte no faltaran los necesarios portavoces de su quehacer.

El PSOE de Felipe y la Prisa de Polanco se encontraron rápidamente tras los bloques derruídos del franquismo. Desde que en 1976 empezara a publicarse “El País”, el nuevo diario se convirtió pronto en el fiel amigo de los jóvenes socialistas, además de en el periódico mayoritariamente leído por los españoles.

Ya con González en La Moncloa la “alianza” se consolida frente a la prensa de la derecha al tiempo que el imperio mediático de Polanco crecía y se transformaba en el más importante del país. En 1989, cuando el Gobierno socialista abre la puerta a las televisiones privadas, piensa en Prisa. Concede dos licencias para cadenas en abierto, que consiguen Telecinco y Antena 3 TV, y reserva otra para la única cadena de pago, que obtiene Prisa alumbrando a Canal Plus. Sus únicas seis horas en abierto, en horario prime time, fueron la mejor ventana para el Gobierno de González, aparte de TVE.

El “Prisoe”, como se dio en llamar a la conjunción de poder entre el Gobierno y el imperio de Polanco, se mantuvo durante más de una década gracias a la afinidad ideológica en torno a la socialdemocracia más pragmática, pero también en base a la sintonía personal entre Felipe González y Juan Luis Cebrián, primer director de “El País” y actual consejero delegado de Prisa, con quien el ex presidente llegó a escribir un libro de reflexiones políticas tras salir de La Moncloa.

Las relaciones con el patrón del grupo, Jesús de Polanco, eran más discretas , aunque firmes y efectivas, y se dejaron ver sin problemas después de abandonar González su condición de presidente hasta llegar a la condición de amigos personales –el empresario fue uno de los escasos  invitados ajenos a la familia que estuvo en la boda de la hija de González en 2005.

Declaradas las hostilidades entre felipistas y guerristas dentro del PSOE, por tanto, los medios de Prisa no tuvieron duda sobre a quién apoyar y los más fieles colaboradores de González eran quienes  tenían hilo directo de comunicación con los medios polanquistas. En “El País” se hizo famoso el denominado “cierre Rubalcaba”, por el supuesto “visto bueno” que el varias veces ministro socialista solía dar a la edición del periódico.

Ya iniciados los 90, y con Aznar al frente del PP,  el gobierno de Felipe González hizo gala de saber atender a los amigos como se merecen. En 1992 Prisa compró la mayoría de las acciones de Antena 3 Radio, ratificando su abrumador liderazgo en la radiodifusión española y eliminando, de un plumazo, a la cadena más crítica con los socialistas, donde entonces trabajaban José María García, Manuel Martín Ferrán, Antonio Herrero y Federico Jiménez Losantos . En 1994 el Consejo de Ministros aprobó, a pesar del dictamen desfavorable del Tribunal de Defensa de la Competencia, la  concentración de Antena 3 Radio y la Cadena Ser, en una operación que fue ampliamente criticada por la derecha y que arrastró durante años un complejo avatar jurídico.

Tan asimilados estaban los medios de Prisa con el PSOE que Aznar, nada más llegar al poder, no dudó en ponerles proa y utilizar todos los medios disponibles desde el Gobierno para destruir su liderazgo  mediático. Y fue aún más lejos: pretendió, incluso, meter a Jesús de Polanco en la cárcel.

Gracias a un informe urdido en la Secretaría de Comunicación de Presidencia, como más tarde se supo, y de la colaboración de un juez amigo, Javier Gómez de Liaño, condenado posteriormente por prevaricación y finalmente indultado por el Gobierno Aznar, se puso en pie el llamado “caso Sogecable”, por el que tanto Polanco como Cebrián tuvieron que acudir como imputados a la Audiencia Nacional, pagar fianza y entregar su pasaporte por un tiempo.

El delito era el supuesto engaño y apropiación de las fianzas de los clientes de Canal Plus, absurdo procesal desmontado en los meses posteriores pero que colocó a Prisa en una situación jamás vivida en su historia.

Aznar no sólo atacó sin rodeos a quien consideraba sus enemigos mediáticos. También quiso crear su propio imperio afín y para ello utilizó a una de las principales empresas del país, Telefónica, recién privatizada pero al frente de la cual, poco antes, el presidente había colocado a su “amigo de pupitre”, Juan Villalonga.

Con Telefónica como líder empresarial y principal socio, intentó montar una plataforma de televisión digital para hacer frente a la que pretendía Canal Plus. Para ello contó con TVE, las principales cadenas autonómicas y Antena 3 TV, en manos entonces de Antonio Asensio, dueño del Grupo Zeta.

Sin embargo, el pulso entre las dos plataformas, la gubernamental, Vía Digital, y la de Prisa, Canal Satélite Digital, dio un viraje inesperado para Aznar y casi definitivo cuando Asensio, harto de las presiones de los populares, rompe su acuerdo con Villalonga y se alía con Polanco, desequilibrando, en favor de Prisa la entonces llamada “guerra digital”. Pero Aznar no se dió aún por vencido.

El fundador de Zeta se convirtió en el nuevo  enemigo del PP y en 1997, en una soprendente operación, Telefónica, con la ayuda del Santander y el Central Hispano, compraba la mayoría de las acciones de Antena 3 y expulsaba a Asensio de su control.

Poco después el gobierno Aznar aprobaba la Ley del Fútbol, que consagraba el “interés público” del espectáculo deportivo para impedir la rentabilidad que la plataforma digital de Prisa pretendía conseguir con la venta de los encuentros. Un año más tarde, el multimedia capitaneado por la Telefónica de Villalonga, por cuyo liderazgo también peleaba Pedro J. Ramírez, compra a la ONCE la cadena Onda Cero. A cambio, la Organización Nacional de Ciegos consigue ver aprobado  el “supercupón” que solicitaba. El poder del Gobierno da para mucho.

Sin embargo, las cosas empezaron a torcerse poco después. El escándalo de las stocks options –millonaria remuneracion a través de las acciones de la compañía que se autoconcedió Villalonga y su equipo–, ampliamente aireada no sólo por los medios de Prisa sino también por “El Mundo”, hizo caer a Villalonga, a quien el propio Aznar sustituyó por César Alierta en la presidencia de Telefónica.

Las disputas entre los periodistas que colaboraron en el triunfo de Aznar, y ahora peleaban por el mejor sitio en el multimedia que se construía, y, sobre todo, la imposible rentabilidad económica para dos plataformas de televisión de pago simultáneas llevó al más pragmático Alierta a firmar la “paz digital” con Polanco.  En 2002 fusionó su Vía Digital con el Canal Satélite de Prisa, operación que, en la práctica, dejaba en manos del editor de “El País” la plataforma final, hoy Canal Satélite Digital, y comenzó a vender los medios comprados en la época Villalonga. Hoy, con el PSOE en el poder, es Pedro J. Ramírez quien se ha hecho con un grupo multimedia capaz de hacer sombra a Prisa. Pero, a falta de Aznar, no apoya a Rajoy sino a Aguirre en el liderazgo del PP. 

¿Nadie, Sr. Zapatero, puede frenar la guerra? por Enric Sopena


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