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Nº 804 - 6 de octubre de 2008
El fracaso de los neoconservadores

por Santiago Carrillo

Cuando escribo estas líneas, no se sabe aún si el Congreso norteamericano va a repetir la votación para enmendar el desaguisado del 29 de septiembre o en su defecto que es lo que van a hacer los EE UU para detener la caída de su sistema financiero.

La derrota del plan de Bush, que había sido corregido en algunos extremos, de acuerdo con los demócratas y que tenía el visto bueno de los dos candidatos a la Presidencia es una auténtica catástrofe política. Por el momento ha dejado sin liderazgo al país. Visto desde el extranjero, el espectáculo es sobrecogedor. ¿Este es el Estado que se atribuía el liderazgo mundial? ¿El Estado que muchos políticos en Europa tomaban como ejemplo y guía? ¿El Estado que trataba de dominar al mundo entero con el pretexto de expandir la democracia, que mantiene dos guerras, que posee bases militares en medio del mundo?

Lo que sí ha sido EE UU es el banco de prueba más decisivo de la política neoconservadora; la demostración más evidente del fracaso de lo que se ha llamado la revolución conservadora que se presentaba como la solución definitiva contra cualquier ensayo de socialismo.

A la vez, lo que se ha demostrado es que ninguna gran potencia puede atribuirse el papel dirigente en el mundo de hoy, por grande que sea su poder económico o militar. Los EE UU habían sobreestimado su fuerza, se habían embarcado en todo género de aventuras, gastaban sumas ingentes en armamento y fuerzas armadas y al final han tenido que comprender la verdad de un viejo adagio popular: "Quien mucho abarca, poco aprieta".

De todas maneras resulta sor-prenderte la defección de 130 diputados republicanos en el Congreso, que habiendo sostenido las extravagancias de Bush, sus bravuconerías enfrentándose a la mayoría de los ciudadanos que piden la retirada de Iraq, esta vez se hayan negado a secundarle, pese a contar con el apoyo de los demócratas. Puede ser que haya una parte de los republicanos influida por las ideas del no intervencionismo del Estado en la economía. Pero el hecho de que muy pronto haya elecciones no sólo de presidente, sino de una parte de los diputados y senadores, da a entender que existe entre los componentes de ambas Cámaras el temor a que los electores se nieguen a pagar con impuestos los errores de unos dirigentes del aparato financiero que, además de provocar la crisis, han acumulado fortunas colosales, lo que constituye un auténtico robo.

Sin duda, muchos ciudadanos ven hoy a Wall Street como una especiede cueva de Ali Babá en la que, en lugar de encarcelar a los ladrones, van a poner en manos de los desalmados cantidades de millones de dólares que van a pagar siempre los mismos.

Una de las características del sistema en que vivimos es que los grupos financieros dominantes aparezcan como invulnerables. Parece que si se hunden ellos se hunde toda la sociedad y que para salvar a ésta es obligado salvarles primero a ellos. En realidad, la solución sería poner el sistema financiero bajo el control del Estado, liberando a la sociedad de los aventureros de las finanzas.

En todo caso el fracaso de los neoconservadores ha quedado patente. Y los ciudadanos tendrían que mandarles al infierno, no dándoles su voto. Y esto no sólo en EE UU, sino también en el resto del mundo, incluida España, donde "haberlos, haylos" y todos sabemos donde están.•

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