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Nº 804 - 6 de octubre de 2008

Objetivos del Milenio: una evaluación intermedia

Aunque estos días vivimos pendientes de la crisis financiera, no debemos olvidar que la extrema pobreza en la que viven miles de millones de seres humanos es el principal desafío de nuestro tiempo. A él se ha dedicado la reunión sobre los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) celebrada el pasado jueves 25 de septiembre en Nueva York, en el marco de la Asamblea General de la ONU.

La reunión de Nueva York pretendía evaluar la situación en la que se encuentran esos objetivos, justo cuando pasamos el ecuador del plazo fijado para conseguirlos (2015).

Por ello, conviene recordar de qué se trata. En septiembre de 2000 los dirigentes del mundo reunidos en la ONU aprobaron solemnemente la Declaración del Milenio. En ella establecieron los ocho Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) que debían orientar la acción durante los próximos 15 años: reducir a la mitad la pobreza extrema y el hambre; universalizar la educación primaria; promover la igualdad entre sexos; reducir la mortalidad infantil y la maternal; detener la propagación del sida, el paludismo y la tuberculosis; defender el medio ambiente y promover una asociación mundial para el desarrollo.

La conclusión de la reunión es que, en general, el grado de consecución de esos ocho objetivos está siendo muy desigual, con grandes disparidades entre regiones y países. Según los indicadores que se escojan la botella puede parecer medio llena o medio vacía. Pero la conclusión global es que, desgraciadamente, la mayoría de países en desarrollo, y en particular los africanos, no alcanzarán los ODM.

Cierto que se han producido avances globales en la reducción de la pobreza extrema, se ha reducido la mortalidad infantil, se ha mejorado la educación universal, escolarizando 30 millones más de niños entre seis y doce años, y 30 millones de familias más tienen acceso a agua potable. Pero, aunque la proporción de hambrientos ha disminuido, su número absoluto ha aumentado, en parte debido al reciente aumento de precios. Según la FAO, el número de hambrientos ha aumentado en 75 millones en 2007 y alcanza ya los 1.000 millones a los que hay que añadir 2.000 millones de mal nutridos.

No parece que haya muchos motivos para la satisfacción, sobre todo cuando los niveles globales de reducción de la pobreza que se utilizan no reflejan adecuadamente la realidad puesto que son el resultado, en gran medida, del rápido crecimiento de gigantes asiáticos como China, India, Indonesia o Vietnam.

En Nueva York se ha constatado la mala noticia de la disminución de la ayuda al desarrollo en 2007. Y aunque la UE ha asegurado que mantiene su compromiso de alcanzar el 0,7 por ciento en 2015, sería necesario incrementar la ayuda a los países en vías de desarrollo en 18.000 millones de dólares anuales entre 2008 y 2010 para alcanzar las metas intermedias para este último año. De estas cantidades, 7.300 millones deberían dedicarse exclusivamente al África Subsahariana, que está muy por detrás de la media pese al reciente crecimiento de la región.

Pero, aparte de la siempre difícil contabilidad del número de pobres y de los niveles de ayuda, la constatación más importante de los debates de Nueva York es que el crecimiento por sí solo no conlleva el desarrollo. Tres factores aparecen como determinantes de los éxitos conseguidos por algunos países en la consecución de los OMD: la situación de y en la economía mundial (el incremento de los precios de las materias primas ha beneficiado a unos países pero perjudicado a otros), la capacidad de los gobiernos para aplicar políticas "domésticas" coherentes con el desarrollo global de su país y la cantidad y la calidad de la ayuda distribuida.

La coherencia entre los ODM es clave para su consecución. Los ODM siguen siendo un marco de referencia válido para el desarrollo hasta 2015, pero es necesario integrarlos en un contexto más amplio que tenga en cuenta la crisis económica mundial, el aumento de los precios del petróleo y los alimentos y el cambio climático.

La UE tiene un papel muy importante en la consecución de los ODM. Más allá de ser el mayor donante de ayuda y el principal socio comercial de los países en desarrollo, la propia experiencia de la UE en fomentar el desarrollo a través de la integración económica, la disminución de las barreras comerciales y los fondos estructurales la convierte en un actor de primer orden en el intento de construir un orden mundial más justo. Un objetivo que no se debería olvidar en estos tiempos de crisis.•

José Borrell
*Presidente de la Comisión de Desarrollo del Parlamento Europeo

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