Nº 804
06/10/2008

No hacer nada es peor

El plan Paulson del secretario del Tesoro de Estados Unidos, un hombre procedente de Goldman Sachs, uno de los grandes bancos de inversión bajo sospecha, era irritante por principio o de entrada, pero no hacer nada no es una alternativa viable. El revolcón inicial de su plan de rescate en la Cámara de Representantes se debió a estos principios y al miedo de los congresistas a perder el sillón en las inminentes elecciones. En definitiva, era el pataleo de Main Street (calle Mayor)  frente a Wall Street (la calle del Muro) o, lo que es lo mismo, de la economía real frente a los excesos de la economía virtual. Sin abusar del juego de palabras, puede parangonarse la caída de Wall Street, la calle del Muro, con el derrumbamiento del Muro de Berlín, que significó el final del comunismo. Ni el capitalismo ni el comunismo son ya lo que eran.

La alternativa al Rescate no  es en efecto la inacción, pues, como defendía Aurelio Martínez, presidente del Instituto de Crédito Oficial (ICO), en unas jornadas organizadas por El Nuevo Lunes, cuando las crisis son importantes el único con capacidad para atajarlas es el Estado. “El modelo de desregulación ha fracasado –sostenía el presidente del ICO, la agencia oficial del Gobierno español–; el mercado financiero ha mostrado sus limitaciones por varias razones: porque los agentes no siempre optimizan la asignación del ahorro, porque no disponen de toda la información a la hora de tomar decisiones y porque las instituciones no pueden desarrollar un mercado seguro sin supervisión". 

La solución viene implícita: mayor regulación, supervisión más directa, estricta y rápida y no a distancia como la que practicaba la Reserva Federal USA, y nuevas normas de control para los productos desde la seguridad de que la innovación financiera sin control es muy peligrosa. El mercado es un instrumento imprescindible, pero hay que organizar su eficiencia y, sobre todo, su transparencia para que los ciudadanos sepan lo que compran y se recupere la confianza pública que hoy está por los suelos.

Curiosamente, las nacionalizaciones, que eran cosa del Paleolítico, han vuelto al primer plano de las agendas de la mano de los neocon tanto en América como en Europa: Northern Rock en el Reino Unido, Indymac en los Estados Unidos, Glitnir Bank en Islandia, Roskilde Bank en Dinamarca y, si no hay nacionalizaciones, se procede a intervenciones masivas del Séptimo de Caballería: Freddie Mae y Fannie Mac, las hermanas hipotecarias en Estados Unidos; Fortis en Bélgica, Hypo Real State Group en Alemania, al tiempo que se fuerza la venta de grandes bancos a otros más sanos para evitar la muerte de los enfermos: Veran Sterns por JP Morgan, Merrill Lynch por el Bank of América, Lehman por el Barclays, Washington Mutual, la mayor caja de ahorros USA por JP Morgan; Halifax por Lloyds, Bradford & Bingley por el Santander, Wachovia por el Citi,  etc.

La autorregulación no está en la naturaleza humana, sino todo lo contrario, predomina el aprovechamiento de cualquier resquicio legal para el enriquecimiento sin tasa; la avaricia es insaciable. Una de las circunstancias que indignan y que, en cierta medida, contribuyó a que el Plan de Rescate fuera rechazado en el Congreso de los Estados Unidos es que los responsables de conducir a los bancos a la quiebra se han llevado 260 millones de euros de indemnizaciones como paracaídas de oro al cesar en sus puestos; se han ido de rositas dejando a sus espaldas la mayor crisis que el mundo ha sufrido desde el año 29. Es el chocolate del loro, pero un chocolate que envenena los ánimos. La dimensión del problema es, en efecto, infinitamente mayor, casi inimaginable: los compromisos adquiridos antes del plan Paulson eran de 900.000 millones de dólares aplicados a evitar quiebras; si sumamos los 700.000 del Plan de Rescate, serían 1,6 billones de dólares, esto es, más del 10 por ciento del PIB de USA y algo más del 2 por ciento del PIB mundial.

¿Y en España, qué?, es la inquieta e inquietante pregunta que se hace la gente dudando entre el banco y el colchón. Los bancos españoles han sido contaminados por las hipotecas subprime debido a la titulización de la basura difuminada por todo el Globo pero, afortunadamente, en mucha menor medida que la de otros países, y  no es porque los banqueros españoles sean más listos, sino por un hecho diferencial: en España la inversión es muy superior al ahorro nacional, hay un fuerte desfase entre inversión, más del 30 por ciento del PIB, y ahorro, que sólo alcanza al 20 por ciento, lo que obliga al endeudamiento; en consecuencia, los bancos españoles son más emisores de activos, bonos y demás títulos de deuda que compradores. España no hubiera podido financiar ese déficit con la peseta, pero gracias al euro ha podido endeudarse sin problemas, hasta ahora, naturalmente. De aquí en adelante nadie tiene la garantía de nada. 

José García Abad


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