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Negocio, negocio...
por Santiago Carrillo
E
I Congreso regional del
Partido Popular en Madrid, es la réplica al nacional celebrado en Valencia, sin que en el fondo se diferencien mucho uno de otro. Lo que les diferencia más es el sujeto de culto, en uno Rajoy, en otro Esperanza. Por lo demás, casi idénticos. Rajoy contribuyó también con su presencia a la glorificación de Esperanza Aguirre. Pero quizá el papel más decepcionante fue el jugado por el alcalde Ruiz-Gallardón, que se rindió ante la presidenta, compartiendo la pantomima de la unidad, en un discurso precedido de una canción que era una burla para él. Cuando en Valencia parecía que estaba hundida, en Madrid ha destacado ante un Rajoy que no acaba de despegar, como la reserva del Partido frente a Rodríguez Zaparatero.
Porque en el Congreso, de los problemas de Madrid y de los madrileños se habló bien poco. De lo que se habló fue del Gobierno central y de su presidente Rodríguez Zapatero. Porque a Esperanza Aguirre le gustaría convertir el gobierno regional en la contraposición directa al Gobierno de la Nación. Está como alzada, como sublevada apoyándose en la escasa mayoría de que dispone en el Parlamento regional. Se ha olvidado de que fue elegida presidenta por la traición de dos diputados corruptos, que elegidos por la izquierda, resultaron estar al servicio de la derecha. Desde entonces, Doña Esperanza ha utilizado el Poder regional para ir privatizando los servicios públicos, uno tras otro. El último proyecto en esta cadena de privatizaciones es el del agua de Madrid, tan excelente que hasta podría exportarse embotellada. Si los madrileños no ponen remedio, me temo que un mal día privatice hasta el aire que respiramos.
Esperanza Aguirre va poco a poco convirtiendo en nuevos negocios los servicios públicos esenciales. Espanto da imaginar lo que esta señora podría hacer con España desde La Moncloa.
Hay ciertos sectores de la población que parecen escandalizarse por las diferencias entre la Generalitat o en el Gobierno Vasco con el Gobierno Central. Sin embargo, no prestan ninguna atención a la actitud de rebeldía de la Comunidad de Madrid en cuestiones tan importantes como la asignatura de Educación para la Ciudadanía.
Hasta ahora la oposición de la izquierda madrileña a Esperanza Aguirre ha sido más testimonial que efectiva. El intento de privatizar el agua, de convertirla en un negocio, debería poner en pie de lucha a Partidos, Sindicatos y otras organizaciones de izquierda. Esta es una batalla que habría que dar no sólo en el Parlamento regional, sino en la calle, movilizando activamente a los ciudadanos. Sería necesario demostrar a esta aristocrática señora que nos gobierna en la región, que estamos hartos de sus caprichosas iniciativas.
Es una oportunidad para saber si la oposición ha superado la anemia que durante años ha parecido aquejarla.
Y al escribir esto no subestimo las acciones de protesta protagonizadas hasta ahora por organizaciones de vecinos y por empleados de los servicios afectados. Pero la izquierda debería estar más activa.
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