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Nº 803 - 29 de septiembre de 2008

1.000 millones para alimentar al Tercer Mundo

La fuerte subida de los precios de los alimentos representa una amenaza real para los 2.000 millones de personas que intentan sobrevivir con menos de 2 dólares al día y se gastan en comida el 70 por ciento de esos escuálidos ingresos.

Según cifras de la FAO, los precios récord de los cultivos de cereales que forman la dieta básica —como el arroz, el maíz y el trigo— han hecho que sólo en 2007 se sumaran 50 millones de personas más a los 850 millones de hambrientos del mundo, reduciendo las posibilidades de lograr el primero de los Objetivos de Desarrollo del Milenio de las Naciones Unidas (reducir a la mitad el hambre en el mundo en 2015).

Por ello, el Consejo Europeo de junio pidió a la Comisión que diseñara un plan de apoyo urgente a la agricultura de los países en vía de desarrollo, aportando fertilizantes, semillas y otros insumos necesarios para impulsar la producción.

Pero para empezar, ¿cómo financiarlo? Afortunadamente, la propia crisis alimentaria ha creado un excedente en el Presupuesto de la Política Agrícola Común que podría utilizarse para ello. En efecto, los elevados precios de los alimentos han reducido considerablemente la necesidad de subvencionar las exportaciones de productos agrícolas europeos para que sean competitivos en el mercado mundial. El excedente presupuestario que así se va a generar se estima en unos mil millones de euros.

La Comisión propuso una modificación en la estructura presupuestaria de la UE antes del verano para que estos mil millones puedan dedicarse a un "mecanismo de ayudaa la agricultura" que potencie los sectores agrícolas de los países en desarrollo y cree redes de seguridad para hacer frente a necesidades alimentarias inmediatas de las poblaciones más vulnerables.

La Comisión de Desarrollo del Parlamento ha apoyado plenamente esta propuesta, en el bien entendido que se trata de una aportación complementaria a los instrumentos existentes en los que también se hace un esfuerzo para reorientar la ayuda al sector agrícola, que ha sido el hermano pobre de las políticas de desarrollo. Esta complementariedad es importante, dada la lamentable disminución global de la ayuda al desarrollo en el 2007.

La propuesta de la Comisión afecta sólo a las dos próximas cosechas y los mil millones de euros se distribuirían en 750 millones de euros este año y 250 millones en el 2009. Pero hay que actuar rápidamente. Si la propuesta no se adopta en noviembre, el dinero no gastado en agricultura volverá automáticamente a los Estados miembros y cada uno lo dedicará a sus propias prioridades políticas, que normalmente serán distintas de la ayuda al desarrollo. Además, ese dinero debe ser efectivamente utilizado a tiempo para la temporada de siembra en marzo.

Pero la aplicación práctica de esta propuesta es más difícil de lo que parece. El principal problema reside en cómo pasar los fondos sobrantes de un capítulo presupuestario (el 2, agricultura) a otro (el 4, acción exterior) dentro del denominado Marco Financiero Plurianual que rige el presupuesto de la UE hasta el 2013.

La Comisión considera que hayuna cierta lógica para dejar estos créditos en el capítulo 2 puesto que se propone utilizar estos ahorros para mejorar la capacidad agrícola de los países en desarrollo. Así se evitaría la necesidad de una revisión de ese Marco Financiero Plurianual.

Sin embargo, la Comisión de Presupuestos del Parlamento no considera posible financiar la agricultura de otros países desde un capítulo distinto del de acción exterior y considera que la única vía posible es una revisión de las perspectivas financieras. La cuestión puede parecer bizantina y burocrática, pero el método importa mucho y puede condicionar el resultado porque probablemente el Consejo de Ministros no acepte una revisión de las Perspectivas Financieras.

Todo es discutible porque la frontera entre el gasto interno y externo tiene mucho de política, y cuando conviene se adapta a las circunstancias. Por ejemplo, desde el capítulo de gasto agrícola se pagaron las ayudas a la producción de azúcar en países de África y el Caribe entre el 2000 y el 2004.

Lo dramático es que de estas discusiones de procedimiento para movilizar mil millones depende la vida de mucha gente y la estabilidad política de muchos países que también nos afectaría a los europeos. Cierto que con ese dinero sólo no vamos a resolver la crisis alimentaria mundial. Pero puede ayudar mucho, y si no somos capaces de aprovechar esta oportunidad, la UE verá afectada su credibilidad y se cuestionará su voluntad de financiar sus bonitas declaraciones sobre la lucha contra el hambre en el mundo. •

José Borrell
*Presidente de la Comisión de Desarrollo del Parlamento Europeo

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