Feliz año
judicial
Por José M. Benítez de Lugo*
Tras nueve años de ausencia en
estas páginas de mis comentarios acerca de los acontecimientos jurídicos y judiciales de cada quincena, se me ofrece de nuevo la posibilidad de escribir sobre ellos. Y naturalmente, el tema de hoy —comienzo del año judicial— no puede ser otro que referirnos al nuevo Consejo del Poder Judicial... y al saliente. En lo que respecta a éste, bien puede decirse que felizmente ha finalizado su indebidamente largo mandato con la conclusión obligada de que nunca el prestigio de tal institución y específicamente de su presidente, Sr. Hernando, había caído tan bajo, pues éste no sólo ha ignorado las solicitudes de comparecencia que le hicieron desde la máxima representación de los ciudadanos (el Congreso de Diputados), sino que también ha hecho constantes declaraciones histriónicas, y ha actuado con reiterada dejación de sus funciones moderadoras e institucionales como presidente del órgano. Por cierto, que debería ser significativo, de cara a la posibilidad de valorar sus méritos como candidato para el Tribunal Constitucional que, sorprendentemente, tenga computados como servicios prestados a la judicatura los veinte años que estuvo en una compañía de seguros.
Y sobre el nuevo Consejo del Poder Judicial, superada la sorpresa de que Zapatero haya propuesto como presidente a un juez conservador, procede decir que estamos acostumbrados a oír lo nefasto que es el actual sistema de cuotas, de la degradación partitocrática del Consejo, de clientelismo, etc., etc. Pero debe afirmarse que enarbolar la siempre bien recibida imagen de la profesionalidad y apoliticismo de los vocales del Consejo es un es-pejismo, un intento de no ver la realidad, pues también "los profesionales" tienen su filosofía vital, sus valores, porque al fin y al cabo son personas normales, y por ello tienen su ideología y acomodan sus conductas a ella.
Creo que se confunden aquellos que afirman que los vocales del Consejo siguen consignas políticas, pues lo que realmente sucede es que las asumen; el problema surge no por seguidismo partidista, sino por afinidad ideológica ("es la ideología, imbécil", que diría aquél), debiendo resaltarse también que, por otra parte es natural (aunque puede no ser deseable) que en el Consejo del Poder Judicial, como órgano político que es, se vote a menudo conforme a las propias convicciones ideológicas de sus miembros, que, normalmente, tendrán una general coincidencia con las de los grandes partidos representados en el Parlamento, porque no nos confundamos, no es que los partidos políticos tengan sus vocales, no, lo que sucede es justo al revés: los vocales del CGPJ tienen sus partidos, y actúan conforme a tales prejuicios.
A menudo se acude, como criterio de autoridad en este tema, a la opinión que el Tribunal Constitucional expuso en su Sentencia de julio de 1986 —tras aceptar la constitucionalidad del actual sistema de elección— sobre la posible perversión y deriva partitocrática del sistema. Pero a este respecto hemos de decir, que de los jueces, incluidos los del Tribunal Constitucional, valen, interesan, sus decisiones, no sus opiniones o consejos, pues cuando éstos se incluyen en sus resoluciones, se exceden de los cometidos que constitucionalmente tienen asignados. •
* Presidente Honorario de la Asociación de Abogados Demócratas por Europa.
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