5 1 1 4 6 9 4
Hemeroteca Lista Temas de portada
Buscador
Nº 802 - 15 de septiembre de 2008

Una misteriosa fundación de aristócratas controla el centro

Un cole rancio para la futura Reina

po

Don Felipe compartió pupitre con los descendientes de la aristocracia y la burguesía de finales de los 70. La pequeña Leonor coincidirá en el patio del recreo con los hijos de familias acomodadas y de algún personaje televisivo. El Heredero guarda un grato recuerdo de sus profesores. Algunos de ellos se encargarán ahora de la educación de su hija. Por el Colegio Santa María de los Rosales, fundado en 1952 por significados monárquicos de la época, parece no haber pasado el tiempo. Misma clientela, mismo perfil en el claustro de profesores, incluso mismas instalaciones. Así que otros colegios, públicos y sobre todo privados, le han tomado la delantera. Podría parecer razón suficiente para barajar otras opciones, de no ser por el vínculo que mantiene el Príncipe con el centro educativo. Propiedad de la Fundación Paideia desde 1986, apenas existen datos de esta institución. Salvo que Don Felipe es el presidente de Honor y en su Patronato figuran nombres de rancio abolengo, como el del duque de Huéscar o el del marqués de Torre Milanos.

Por V. M.

Para mí, su huella en nuestras vidas se resume en tres puntos esenciales. Nos convencieron, porque creían en lo que hacían. Nos respetaron, de modo que cada uno, dentro de un orden, realizase su enseñanza y su mensaje por sí mismo y a su manera. Y nos enseñaron a seguir trabajando y luchando siempre, sin ceder al desánimo ni apoltronarnos en la rutina”.

El texto pertenece al emocionado discurso que el Príncipe de Asturias le dedicó a sus profesores del madrileño Colegio Santa María de los Rosales en el 50 aniversario del centro, celebrado el 18 de octubre de 2002. No es por tanto de extrañar que el Heredero haya confiado a su personal docente la educación de su primogénita, la infanta Leonor, que acaba de comenzar las clases en su pabellón infantil. Por los recuerdos que aún conserva de sus años de estudiante pero también por el estrecho vínculo que aún mantiene con la institución educativa, que parece haber sido determinante en su elección. Quien fuera su profesora Pura Sotillo es hoy directora del colegio. Su mejor amigo, Álvaro Fuster, fue compañero de clase. Y desde la renovación de su patronato, es presidente de honor de la Fundación Paideia, creada en 1971 para adquirir las acciones de Estudios Generales S. A., propietaria del colegio, y convertirse en administradora única en 1986.

Al patronato, que fue recibido en audiencia en el Palacio de la Zarzuela en marzo de 2001, se llamó a la entonces ministra de Educación, Pilar del Castillo, y a antiguos alumnos insignes, como su presidente, el duque de Huéscar y primogénito de la duquesa de Alba, Carlos Fitz-James Stuart, y el que fuera secretario de Estado para la Extranjería y la Inmigración con el PP, Enrique Fernández-Miranda Lozana, duque de Fernández-Miranda y actual miembro del patronato de la Fundación PriceWaterhouseCoopers.

Del mismo modo que entre el Rosales y la Casa Real existe una íntima conexión que se remonta a los orígenes del centro, también entre las familias del Príncipe y el político existe una historia en común. Torcuato Fernández-Miranda, padre de quien fuera alto cargo en el Gobierno de Aznar, ocupó diversos cargos públicos durante el franquismo. Fue durante la Transición cuando demostró gran fidelidad al Rey. Fernández-Miranda y Hevia, que había sido profesor de don Juan Carlos, fue presidente de las primeras Cortes de la monarquía. Tras su dimisión, de acuerdo con los planes reales para propiciar el proceso democrático, fue nombrado por el monarca duque de Fernández-Miranda y le fue concedido el Toisón de Oro. También fue don Juan Carlos quien le designó senador real en las primeras Cortes de la democracia. Desde finales de 2000 y hasta mediados de 2006, según consta en el registro mercantil, Enrique Fernández-Miranda ejerció de representante de la Fundación Paideia, administradora única de Estudios Generales S. A. Aún mantiene su relación con el Colegio Rosales como vocal de la fundación.

En los datos registrales de los últimos 15 años aparecen también los nombres de profesores vinculados al centro de la época estudiantil de don Felipe, como el de Manuel de Teran, ex director del colegio, o el de Pura Sotillo, actual responsable del Rosales. El hijo de uno de los fundadores del centro educativo y antiguo alumno, Gregorio Marañón y Bertran de Lis, marqués de Marañón, presidente y consejero de varias empresas –entre ellas, el grupo Prisa– y miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, ejerció durante dos años como representante de Paideia. Y algunos antiguos alumnos han simultaneado su presencia en Estudios Generales S. A. con su cargo de vocal en el patronato de la fundación, como Gonzalo Ozores Salaverría, marqués de Torre Milanos.

Lo más curioso sin embargo es la opacidad de Paideia –nombre que significa ‘educación’ en griego y que se ha empleado en la denominación de otras fundaciones–. Ni página web, ni teléfono de contacto, ni instalaciones. Tampoco los ministerios de Justicia y Educación ni la consejería de Educación de la Comunidad de Madrid aciertan a encontrar datos en sus registros sobre esta fundación, cuyo carácter público debe permitir la consulta. Existe el mismo misterio en torno al Santa María de los Rosales, que curiosamente estos días mantiene su portal de internet “en construcción”. En el centro escolar ni informan sobre cuándo estará operativa, ni acceden a facilitar los datos básicos a cerca del colegio, a pesar de reconocer que son muchos los periodistas que se han puesto en contacto con el centro ahora que tiene la responsabilidad de impartir educación primaria y secundaria a la futura reina.

Los orígenes y la historia de este colegio sí aparecen en los libros La Soledad del Rey (La Esfera de los Libros) y El Príncipe y el Rey (Ediciones El Siglo), del director de El Siglo, José García Abad. Asegura que entre sus promotores “destacaban personajes que habían desempeñado altos cargos con Franco en los primeros años del régimen y conocidos aristócratas con dinero, principalmente banqueros”. El autor cita a Iñigo Arteaga y Falguera, duque del Infantado; Juan José Muñoz Rojas, poeta de la Generación del 36 que llegó a ser vicepresidente del Banco Urquijo; Ignacio Herrero Garralda, marqués de Aledo y presidente del Banco Herrero; Juan Herrera Fernández, marqués de Viesca de la Sierra, de las grandes familias tradicionales de Banesto y presidente de la petrolera Petromed; o Alfonso García Valdecasas, fundador de Falange Española, presidente de la Academia de Ciencias Morales y Políticas, académico de la RAE y secretario delegado ejecutivo del Consejo Privado de don Juan.

Los compañeros del Príncipe, dice García Abad, eran “hijos de aristócratas, jerarcas franquistas o arribistas que llevaron allí a sus hijos para arrimarse al heredero. Aquel colegio giraba en torno al príncipe [...]. Semejantes compañías, que han permanecido a la vera del príncipe, han perjudicado la apreciación de éste entre la gente común”. García Abad se refiere a los hermanos Álvaro y Ricky Fuster, hijos del fallecido Ricardo Fuster, presidente en España de la McDonnell Douglas y amigo de los Reyes; Francisco de Borja Prado Eulate, hijo de Manuel Prado y Colón de Carvajal, ‘administrador real’ durante años; los hijos de Jaime Carvajal y Urquijo, presidente de Ford, marqués de Isasi y amigo de la infancia de don Juan Carlos; o de Miguel Primo de Rivera, duque de Primo de Rivera, sobrino del fundador de la Falange y amigo también del monarca desde niños. Todos ellos compartían con don Felipe su afición por la noche antes de que se convirtiera en un responsable marido y padre de familia.

El Colegio Santa María de los Rosales ya no tiene la fama de finales de los 70, cuando era un hervidero de niños de papá que  jugaban a ser personajes de ficción con el Heredero en las clases de teatro. Con una mensualidad que asciende a los 650 euros, este centro privado sigue siendo reclamo para familias acomodadas y algún que otro famoso de la televisión, como los periodistas Terelu Campos o Jesús Álvarez –también el duque de Huéscar ha llevado a sus hijos a su antiguo centro escolar–. Pero no tiene el prestigio del San Patricio, donde estudian los primos de Leonor, Felipe Juan Froilán y Victoria Federica, el SEK  o el Estudio, heredero de la Institución Libre de Enseñanza localizado también, como el Rosales, en Aravaca.

Ante la inminente llegada de la primogénita de los Príncipes de Asturias, tuvieron que emprender la reforma del pabellón infantil. Lo que ha sufrido pocos cambios desde que don Felipe estudiara en el centro es el claustro de profesores. No sólo la directora lleva décadas trabajando el el colegio. Otros docentes que dieron clase al Heredero impartirán a la pequeña Leonor las asignaturas de primaria y secundaria. De momento, deberá empezar con las clases de preescritura, psicomotricidad, educación física, música o inglés. Y en su parcela de 22.000 metros cuadrados tendrá posibilidad de practicar varias disciplinas deportivas en sus cuatro pistas: fútbol, hockey, baloncesto, balonmano o tenis. Como el resto de los niños, podrá también participar disfrazarse en la Fiesta de Carnaval y vestirse de chulapa en la de San Isidro. Y cuando supere el ciclo de educación infantil y pase a primaria, deslizarse por la nieve con sus compañeros en la excursión de la Semana Blanca. Cuando sea mayor, estará preparada para ser lo que quiera. Menos pintora o autora de performance digital. El Rosales no cuenta con el Bachillerato de Artes.

Ahora que la infanta Leonor ha empezado “el cole de mayores”, el Rosales deberá estar a la altura para educar a una reina. Y los tiempos han cambiado mucho desde que por sus aulas pasó el alumno Felipe.

La polémica del cordón umbilical

La primera decisión de calado que los papás de la infanta Leonor tuvieron que adoptar ante la llegada de su primogénita también suscitó debate. Entonces se supo que los Príncipes de Asturias habían recurrido a un procedimiento médico poco frecuente en España consistente en depositar la sangre del cordón umbilical de la pequeña en un banco privado de Estados Unidos. Así, de ser necesario, las células madre que contiene podrían emplearse en la regeneración de tejidos para la curación de enfermedades graves como el cáncer. La objeción planteada en aquel momento es el uso autólogo que se hacía de la sangre en los centros privados, es decir, que sólo estaba destinada al posible uso que pueda hacer de ella el propio donante, en contra del carácter solidario del sistema de transplantes español y de la supuesta utilidad que en este caso tendrían las células madre. Según explica la Organización Nacional de Trasplantes en su página web, “la probabilidad de que las unidades de sangre de cordón umbilical almacenadas sean utilizadas finalmente por el niño del que proceden son extremadamente bajas. El motivo es que la práctica totalidad de las indicaciones de trasplante en la infancia se deben a enfermedades que tienen una base genética o congénita y, por lo tanto, pueden estar presentes en las células del cordón y que, una vez hecho el diagnóstico, lo hacen inútil para el eventual trasplante”.

Lo cierto es que la decisión de don Felipe y doña Letizia animó a las familias españolas a interesarse por este método y a las Administraciones públicas a legislar sobre los centros públicos y privados. La indefinición legal que había por entonces provocó un conflicto entre Sanidad y la Comunidad de Madrid, que había aprobado un decreto sobre los bancos privados rechazado por el Ministerio. Finalmente, se acabó permitiendo la actividad de los centros de carácter privado para que las muestras almacenadas sean utilizadas eventualmente de forma autóloga, pero obliga a que estén a disposición de cualquier enfermo. Por otra parte, en el verano de 2007 la reglamentación sobre el almacenamiento ha quedado recogida en la Ley de Investigación Biomédica.

Tras el nacimiento de su segunda hija, y para evitar la polémica surgida con el cordón umbilical de la infanta Leonor, los Príncipes decidieron dividir la muestra de la pequeña Sofía para depositar una parte en un banco público español y otra en uno privado europeo. Sin embargo, en caso de ser necesarias, de poco servirían. Según los expertos, “si se opta por dividir la unidad nadie resultará beneficiado, ni tu propio hijo ni una persona ajena”.

Los otros colegios

Cuando llegó a Madrid procedente de León para ocupar la secretaría general del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, de acuerdo con su mujer Sonsoles Espinosa, decidió matricular a sus hijas en un colegio público. En aquella época, era el líder socialista quien se encargaba de acompañar a sus hijas Laura y Alba a la escuela, muy próxima al domicilio familiar de Las Rozas. Cuando ganó las elecciones en 2004 y trasladaron su residencia al Palacio de La Moncloa, la pareja siguió decantándose por la enseñanza pública, a pesar de que podría parecer razonable que, por razones de seguridad, el presidente del Gobierno confiara la educación de sus hijas a un centro privado.

La Familia Real sin embargo nunca ha barajado otra opción. Como hicieran con ellos sus padres, el Príncipe y las Infantas también han matriculado a sus hijos en colegios privados. Los de los duques de Lugo, Felipe Juan Froilán y Victoria Federica, estudian en el centro de La Moraleja del prestigioso San Patricio. Desde hace años ocupa el primer lugar en el ranking de los mejores centros que cada año elabora el diario El Mundo. Católico y mixto, imparte infantil, primaria, ESO y bachillerato. Este año ha celebrado su 50 aniversario con la concesión de la Corbata de la Orden Civil de Alfonso X El Sabio, otorgada por el Ministerio de Educación, y de la Orden al Mérito Deportivo en su categoría de bronce, en un acto presidido por la titular de la cartera, Mercedes Cabrera, y el secretario de Estado para el Deporte, Jaime Lissavetzky. El pasado mes de junio, el equipo Alevín Masculino de Baloncesto del centro de Serrano del San Patricio se proclamó Campeón de España de Escuelas Católicas en el torneo celebrado en Torremolinos (Málaga). La mensualidad del colegio asciende a cerca de 600 euros por alumno.

Los cuatro hijos de los duques de Palma, Juan Valentín, Pablo Nicolás, Miguel e Irene, estudian en el Liceo Francés de Barcelona, donde por cada niño y sin contar la matrícula y los extras, los padres han de desembolsar unos 400 euros al mes. Sin embargo, cuando se trata de una familia numerosa, el centro aplica unas bonificaciones que, en el caso de doña Cristina e Iñaki Urdangarín, les permiten ahorrarse un 10 y un 30 por ciento en los recibos de los dos pequeños de la casa. A diferencia del San Patricio, donde “la formación se lleva a cabo mediante la enseñanza de la religión católica, la celebración de los sacramentos y la vivencia de los valores cristianos”, este colegio, según declaró en 2005 el embajador francés Claude Blanchemaison con motivo de su 80 aniversario, ha servido a las familias deseosas de una educación para sus hijos basada en la laicidad –destacó otros valores como la democracia, la tolerancia y el europeísmo–.

La pequeña Irene, como su prima Leonor, ha empezado este año a ir “al cole de mayores”. El 2 de septiembre acudió por primera vez al Liceo, muy próximo a la residencia de los duques de Palma en el selecto barrio de Pedralbes, donde está previsto que, como sus hermanos, finalice la educación secundaria.

El grave error por Enric Sopena


Hemeroteca
Lista Temas de portada
Buscador