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Nº 802
22/9/2008

Un grave error

EI año 1979 la editorial Plaza & Janés publicó La larga marcha hacia la Monarquía, un extenso y documentado volumen, escrito por Laureano López Rodó, uno de los personajes con mayor poder fáctico del franquismo. En el prólogo figura este párrafo: "La vuelta de la Monarquía ha sido quizá la operación política más delicada -más intrincada- y más laboriosa que ha conocido la historia contemporánea, no sólo en España, sino tal vez incluso de todo el mundo occidental".

No exagera el autor. "No tiene precedentes en nuestra Patria ni paralelo en ningún otro país", puntualiza. Y argumenta que "Don Juan Carlos I sucede en el trono a su abuelo en vida de su padre, el Conde de Barcelona, tras ocupar la Jefatura del Estado durante cerca de cuarenta años el Generalísimo Franco. La única restauración monárquica que se ha producido en Europa en el presente siglo, la de Grecia en 1935, tuvo lugar tras once años de República y volvió a ocupar el trono el depuesto Jorge II".

López Rodó elude, no obstante, añadir que Jorge II fue Rey bajo la protección del general de ideas nazis loannis Mataxas y que su nieto, Constantino -hermano de la Reina de España-, perdió el trono en 1973 por haber auspiciado el golpe de los coroneles, especialmente sanguinario y cruel.

O sea, que el regreso de la Monarquía a España fue fruto de una extraña, contradictoria y, a la postre -y por su resultado final-, positiva amalgama de circunstancias excepcionales. Hasta el extremo de que Juan Carlos I -impuesto por el dictador para que siguiera el Régimen totalitario- llegó al trono sabiendo que en el orden institucional o hacía todo lo contrario de lo que pretendió Franco al nombrarlo o duraría menos que un caramelo a la puerta de una escuela (por cierto, ¿esa escuela era el pomposo Colegio Santa María de los Rosales?).

La legitimidad de Juan Carlos I no fue, pues, una legitimidad de origen, sino de ejercicio. El Rey se legitimó gracias a la Constitución de 1978 y, en la práctica, gracias a su apuesta constitucional el 23-F. No olvidemos que -como señala López Rodó-"el verdadero punto de partida de la larga marcha que había de conducir a la implantación de la Monarquía fue el Alzamiento Nacional del 18 de julio de 1936".

Siendo como es ésta una Monarquía de nueva planta, que se ha consolidado en razón de que el Rey le dio la vuelta al calcetín de la Historia, la decisión de los príncipes de Asturias de enviar a la infanta Leonor al Colegio Santa María de los Rosales es un grave error. Este colegio es paradigma del elitismo social, mezcla de apellidos aristocráticos, algunos vinculados al Viejo Régimen, y de apellidos de la alta burguesía.

No justifica la decisión el hecho de que ahí cursara sus estudios el Príncipe heredero. Era otra la época, eran otras las costumbres. Al bautizo de Felipe de Borbón acudieron, el 8 de febrero de 1968, su bisabuela Victoria Eugenia, viuda de Alfonso XIII -el Rey que, entre otras cosas censurables, impulsó el golpe de Estado de Primo de Rivera- y, naturalmente, Francisco Franco.

Letizia Ortiz, la madre de la infanta Leonor, no estudió en colegios privados y de gran alcurnia. Y no le ha ido nada mal. Pero cuanto más lejos, en gestos y actitudes, se sitúe la Corona de la mayoría de los ciudadanos de este país -donde además hay colegios concertados- más cerca estará la República. •

 
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