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| Nº 802 - 22 de septiembre de 2008 |
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El gasto en armas
por Santiago Carrillo Según el SIPRI (Stockholm International Peace Research Institute), en el año 2007 se han gastado en el mundo 1.339 billones ( con B) de dólares en armamento. Prácticamente 3.668 millones (esta vez con B) al día. El 45 por ciento de esta cifra, los EE UU, China y Rusia el 5 por ciento cada una. Al ciudadano de a pie que soy le resulta casi imposible imaginarse cantidades semejantes. Pero para ir haciéndose una idea, piénsese que el presupuesto del Estado español en 2007 se cifra en 349.414 millones de euros y en ellos están incluidos todos los gastos del Estado, incluidas las fuerzas armadas y de seguridad, el resto de los funcionarios, la sanidad, la enseñanza, las obras públicas, las autonomías, los municipios, la Seguridad Social, etc. Viendo esa disparatada cifra, pensando en la repercusión que tiene en la situación mundial, se explica que el mundo esté como está: guerras en marcha y otras en preparación, desastres ecológicos que se reparan, incumplimiento de los acuerdos de Kioto; millones de niños y adultos muertos de hambre, emigraciones masivas...Y uno reflexiona y se echa a llorar pensando que todos esos problemas podrían encontrar solución con invertir en ellos lo que se gasta en armas. Una parte de esta sociedad —banqueros, empresarios, altos funcionarios políticos, dueños de medios de comunicación— se acomoda a esta situación aun conociéndola bien, porque su forma privilegiada de vida se basa en este caos con que se administran las riquezas sociales. Otros se resignan, porque al nacer se han encontrado un mundo así y terminan creyendo que no hay nada que hacer, que todo se debe a la condición humana. A diario nos enteramos de la multitud de encuentros de dirigentes políticos, altos funcionarios y ejecutivos que se reúnen en distintos y costosos organismos internacionales, al parecer para resolver los problemas mundiales, que se arrastran años y Pero nos hemos acostumbrado ya a no esperar nada de esos encuentros y la cosa se ha convertido en una especie de rutina sin sorpresas. Sin embargo, son muchos más los millones de ciudadanos que son presa de un oscuro malestar. ¿Adónde va esta sociedad? ¿El bienestar de que gozamos una parte, ¿va a ser duradero? ¿Podemos vivir con seguridad? En lo que llamamos tercer mundo, se dan cuenta de que la vida escada vez más penosa y sueñan en abandonar la pobreza emigrando a Europa y América, aun al precio de perder la vida. La crisis económica, con las dificultades que comporta es una llamada de atención que hace crecer las dudas de muchos. La palabra "cambio" expresa una aspiración que se extiende a medida que lo hacen también las dudas sobre el sentido del mundo actual. ¿Qué pasaría si un día en la ONU, en cualquiera de los comicios a que vengo refiriéndome, un líder con autoridad se levantara y pronunciase palabras en este tenor?: "En conciencia, colegas, ¿cómo podemos hablar de soluciones a los problemas actuales en un mundo que derrocha al día 3.668.000.000 de dólares en armamento? Acabar con esto es el punto de partida para la solución de todos los problemas que tenemos sobre la mesa. Levantemos la sesión, vayamos a casa y volvamos a reunirnos cuando estemos decididos a coger al toro por los cuernos." Quizá éste sea el problema de los problemas que tienen que plantearse hoy. Y partiendo de ahí encontrarían soluciones. • |
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