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| Nº 800 - 8 de septiembre de 2008 |
Arqueólogos mexicanos hacen un espectacular descubrimiento
en Yucatán EL CAMINO AL INFRAMUNDO MAYA
Por Oriol Malló (México D.F.) Desde The India Times a National Geographic, pasando por El País, la sorpresa cultural de este verano fue un informe académico de Guillermo de Anda, profesor de la Universidad Autónoma de Mërida, Yucatán, que la agencia Reuters bautizó como el descubrimiento de la puerta de entrada al inframundo maya o las cuevas hasta ahora inexploradas que ocultaron por siglos espacios de culto, restos de cerámica, huesos y un sinfín de evidencias que demostraron la realidad de los mitos. Tal y como cinco meses antes se probó en Etiopía la existencia del palacio de la mítica reina de Saba, considerada tan fantasioso como la Troya homérica que Heinrich Schliemann descubrió en 1870 para oprobio de la academia europea. Aún abrumado por las repercusiones de su trabajo, Guillermo De Anda prefiere ser modesto: “El inframundo ha estado siempre ahí, en la gran cantidad de cuevas del área maya y en los cenotes que se encuentran, sobre todo en las tierras bajas del norte de Yucatán. El inframundo para el maya antiguo era un espacio mágico y real al mismo tiempo. En este sentido estaba lleno de dicotomías. Era un lugar de bien y mal productor de salud y enfermedad ya que de él podían provenir buenos o malos vientos, estos últimos productores de enfermedades. Era la morada de dioses, lugar donde se producían las lluvias, un lugar adonde iban las almas de los muertos, origen de la vida –la primera semilla de maíz es otorgada a los hombres por los dioses en una cueva en una montaña–. Es el lugar en donde el sol muere todos los días para renacer a la siguiente mañana, lo cual lo convierte en un lugar de muerte y resurrección tal y como lo plantea el Popol Vuh, que describe las tribulaciones de los gemelos divinos, quienes vencen a los señores del inframundo. Estos mismos gemelos propician y planean su propia muerte siendo desmembrados primero y después arrojados a una hoguera de donde son recogidos sus huesos calcinados, que son molidos y posteriormente lanzados a las aguas sagradas de un río en el inframundo de donde resucitan en la forma de peces, primero, y que posteriormente adquieren nuevamente la forma humana para finalmente transformarse en el sol y la luna”. —¿Símbolos que muestran luego una realidad física —Lo que podemos afirmar y resulta sensacional es el hecho de que nuestro equipo de trabajo de la Universidad Autónoma de Yucatán descubrió un patrón regional, es decir, una serie de representaciones materiales de esa idea abstracta que es el inframundo que además se encontraron concentrados en un misma área geográfica, es decir un modelo que no se había presentado con todo este conjunto de características que nos hacen pensar en la idea que tenía el maya antiguo acerca del inframundo. Justo es decir que también el registro de estos rasgos no se debe a un encuentro fortuito, sino que obedece a un trabajo metodológico llevado a cabo durante más de cinco años. —¿Cuales serían los elementos clave de este patrón? —Lo que hemos encontrado es una serie de modificaciones en las cavernas. Algunas son estructuras de mas de seis metros de altura, otras son cuartos cerrados por un muro que se construye aprovechando la presencia de paredes y techos naturales. Hemos registrado también un sakbe o calzada, de aproximadamente 100 metros de longitud, cuyo propósito dentro de la cueva fue el de alcanzar un cuerpo de agua en la parte posterior de la cueva. Altares o adoratorios, y muros que dejan solamente una pequeña entrada que es una réplica en miniatura de las puertas de algunos de los templos de superficie y que presentan solamente una pequeña puerta de entrada, un verdadero portal que pudiera estar representando pasos hacia otros niveles, tal y como el Popol Vuh describe para las jornadas de los gemelos divinos. El pequeño tamaño y disposición de estas entradas las hace especialmente intrigantes. El conjunto de todos estos elementos en una sola área geográfica nos ha llevado a sustentar la hipótesis de que nos encontramos ante un patrón regional que materializa las ideas vertidas en el Popol Vuh y que describen el camino al inframundo. —¿Hay más elementos reales para sustentar esta tesis? —Uno de los lugares que más nos ha reforzado la idea de que estamos presenciando la representación material del pensamiento simbólico maya antiguo, es una pequeña grieta en una cueva. Esta oquedad es muy pequeña y para poder penetrar a través de ella es necesario arrastrase con el pecho y panza pegados en el suelo, y en donde es muy frecuente que algunos miembros del equipo nos quedemos atorados. Lo sorprendente de esta grieta es el hecho de que desemboca en un salón cuyo acceso se logra descolgándose a rappel varios metros. Sin embargo, el gran esfuerzo se ve recompensado al traspasar este umbral ya que en este sitio se encuentran dos de las construcciones más enigmáticas: un adoratorio y un muro con una pequeña puerta anexa. El esfuerzo para acceder a este sitio es muy grande, lo que nos lleva a pensar en el esfuerzo que debieron haber desarrollado los antiguos constructores de estos rasgos. Todo parece estar indicando también la cuidadosa selección de características especiales tales como la presencia de un cuerpo de agua, la pequeña grieta, que simbolizara tal vez ese paso entre un nivel y otro, la grieta en el piso que da acceso al inframundo, la dificultad de acceso que pudiera simbolizar tal vez el regreso al útero. O un renacimiento. Todo esto sumado a lo recóndito del sitio, lo cual nos habla de la procuración de espacios especialmente seleccionados. —¿Cuáles son las dificultades y las anécdotas de trabajar en el laberinto de ríos subterráneos? —Las dificultades son muchas y la logística muy complicada. El equipo es muy pesado y requerimos de muchos tanques de buceo debido a que las profundidades son muy grandes o los tiempos de estancia en el fondo muy prolongados. Requerimos también de equipo de espeleología vertical por que la mayoría de los sitios están muy por debajo del nivel de la superficie y la tarea es sumamente exigente. A todo lo anterior habría que agregarle la obligada interacción con fauna que no es muy amigable con los intrusos y que va desde la presencia de millones de mosquitos, abejas africanizadas, avispas, arañas, serpientes, etc. Nuestras jornadas de trabajo son muy intensas, y algunas veces permanecemos hasta ocho o más horas en el agua o dentro de una cueva mapeando, fotografiando, registrando datos, etc. Los problemas metodológicos se magnifican cuando trabajas en contextos cavernarios, ya sea semisecos o completamente inundados. Valga decir que esto nos ha hecho admirar aún más los esfuerzos de los mayas antiguos para no solamente entrar en estos espacios sino su capacidad para modificarlos de manera tan fabulosa. Parte de la natural fascinación que Guillermo de Anda siente por la cultura maya es “quizás este halo de misterio que tiene una cultura desarrollada en medio de la jungla que deja como legado magníficas edificaciones y un complejo sistema de escritura jeroglífica que no sólo fue muy efectivo, sino de una gran belleza plástica. Una cultura con exquisitas representaciones artísticas plasmadas en piedra, barro, pintura y otras obras” A lo cual se añade “la presencia de un inframundo lleno de evidencias materiales del paso de esta fabulosa cultura”. Sin duda, “la formula perfecta para un encantamiento que es lo que los arqueólogos que trabajamos estos contextos padecemos”. Entre todos ellos, arqueólogos y ayudantes mayas, descendientes de aquellas ciudades-estados que hace más de mil años formaban un vasto imperio, nació el respeto y la comprension hacía la cultura de los cenotes. Para que así los duendes mayas, los aluxes, fueran benevólos con los intrusos. “Aunque una vez uno de los ayudantes mayas nos avisó nervioso de que mientras nos sumergíamos una serpiente con crin de caballo saltó de una oquedad y siguió nuestras burbujas”. Pero los guardianes del inframundo decidieron revelar al fin
sus secretos. De tal forma que los ríos subterráneos del Yucatán nos recuerdan,
otra vez, que el mundo antiguo construía metáforas, símbolos y hasta cábalas
pero no invenataba nada que no existiera ya. De Anda, feliz, está demostrando
que el inframundo es real. Y justo arriba, el mundo quedó de nuevo sorprendido. |
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