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Nº 800 - 8 de septiembre de 2008

Juan Diego, actor

"EL ESPERPENTO ES UNA MIRADA REVOLUCIONARIA
EN EL CINE"

Para José Luis García Sánchez el cine está en deuda con Valle Inclán, quien dejó semillas para nuestro cine comprometido y de observación de la realidad. Y quiere pagarle aprovechando su última colaboración con el recientemente fallecido Rafael Azcona, el guionista más imaginativo y divertido, el humorista de lo cotidiano, llevando a la pantalla una tragedia grotesca. Son los Esperpentos que Ramón de Valle-Inclán llamó Martes de Carnaval compuesto por Las galas del difunto, Los cuernos de Don Friolera y La hija del Capitán. Y en la que García Sánchez ha contado con una actuación magistral del actor Juan Diego.

Por Isabel Alcázar

Juan Diego, es sevillano, es un todoterreno y un actor total que con la misma sabiduría con que encarnó al místico San Juan de la Cruz, que puso el paso firme de Franco en Dragón Rapide, hizo de horripilante clérigo en El rey pasmado, o sobrecogió con el señorito ajusticiado por matar un ave en Los santos inocentes. Ha participado en la producción de Martes de Carnaval y ha cambiado un buen papel (magníficos personajes de la trilogía) por un mal sueldo, como decían en el rodaje. Este prolífico actor comenzó su carrera sobre las tablas del TEU de Filosofía de Sevilla, con Esperando a Godot, en 1960. Alternó programas dramáticos, Estudio 1 y otros programas de televisión. En el cine se consolidó como actor con Los santos inocentes, dirigida por Mario Camus en 1984, y después vinieron muchas películas en las que destacó su buen hacer como El viaje a ninguna parte, de Fernán-Gómez, y Los paraísos perdidos, de Martín Patino, en 1985; Todos a la cárcel en 1993 y París-Tombuctú en 1999, de Berlanga; Torremolinos 73, Noviembre, El séptimo día, o Vete de mí, entre 2000-2007 y muchas películas más. Juan Diego ha obtenido muchos premios y junto a su fama de buen actor está la de abanderar protestas contra injusticias al colectivo de actores y otros, contra la guerra, contra la Ley del Cine, etc., y su impulso revolucionario y de luchador le ha facilitado meterse en la piel de los personajes de Valle-Inclán y meter su dinero en esa producción.

—¿Han realizado estas películas sobre Martes de carnaval porque el cine español no ha aprovechado suficiente las propuestas cromáticas e ideológicas de la literatura de Valle-Inclan?
—Sí y estoy muy satisfecho de que García Sánchez haya dirigido esta trilogía bajo el título de Martes de Carnaval, tres obras que Valle-Inclán había publicado antes y reunió en 1930. Las galas del difunto, Los cuernos de Don Friolera y La hija del capitán son una trilogía alegórica con el trasfondo de la naturaleza militar de la España de la época; así, Martes proviene de Marte, dios de la guerra, que para Valle es un esperpento más, un carnaval.
Me ha gustado mucho cómo García Sánchez ha utilizado las propuestas cromáticas y lumínicas de Valle-Inclán, las posiciones de la cámara y el juego de los espejos, tan importante en la literatura deValle-Inclán. Es un momento bastante complicado para hacer llegar el lenguaje cinematográfico de la literatura de Valle-Inclán a través del cine, al no haber tradición cinematográfica de esos textos. Es difícil la conexión con el espectador de toda esa mirada revolucionaria en la estética del cine, que es el esperpento. Aunque de alguna manera hay un público selecto que sabe mirar, el que sabe conectar con el expresionismo alemán, porque las cosas raras de Valle en estos momentos son más bien desconocidas. De manera que ése era el problema y creo que era necesario abordar ese texto de Valle para que quedase en este soporte cinematográfico para las generaciones siguientes.

—¿Cómo ha preparado esos personajes tan naturales y particulares a la vez?
—Como todos, depende de cómo sea, es como si me pregunta cómo preparo la vida; cuando tengo un personaje le digo como con la vida, a ver cómo viene este desconocido y a ver qué me cuenta y según también esté mi estado de ánimo o mi disposición. Los personajes de la obra de Valle-Inclán los he abordado desde una óptica de la búsqueda para encontrar el fantoche con corazón que se mueve, ése era el gran reto de Valle-Inclán y el mío. Yo había hecho en teatro Los cuernos de Don Friolera, y seguí dándole vueltas al esperpento, leyendo e investigando los personajes de Valle.

—Tan solicitado en el cine, ¿le gustaría que le llamasen más para hacer teatro?
—Cualquier medio donde me sienta cómodo me gusta y para esto es necesario creer en la historia y que existan las condiciones mínimas de trabajo para poderlo realizar como Dios manda. Cada día es más difícil hacer teatro en esas Casas de Cultura en donde las instituciones locales, sobre todo, meten la cultura, con mármoles y tal, pero que no hay manera de que esos escenarios digan nada. Porque una cosa muy grave es que en el teatro lo importante es el lucimiento del arquitecto que ha hecho esas Casas de Cultura o Centro Cultural más que la obra que allí se representa.

—Sin embargo, ¿no cree que está más aprovechado en el cine que en el teatro?
—Pues no sé, todo depende de lo que ven-ga porque nunca dice uno ahora voy a hacer teatro ininterrumpidamente o voy a hacer cine, sino que las cosas ruedan un poco ajenas a uno. Yo donde me siento cómodo es en la historia o el personaje que me guste, que la historia me parezca la más interesante y las dificultades de hacerla, de transmitirla, aunque sea de voz en grito, como últimamente se hace en todos los teatros. Luego me da igual hacer cine que teatro, incluso televisión si hay un personaje en el que me guste entrar.

—¿En qué tipo de personajes entra usted mejor?
—En los personajes de verdad, los que permiten pasarlo por ti, encontrarte con ellos dentro de ti, dentro de tu yo. No hay nada que me sea ajeno en cuanto a maldad, dolor, belleza, poesía, canalla. Todos tenemos un poco por dentro el ángel y el demonio y, si elpersonaje es verdad, me siento cómodo en cualquiera de esas manifestaciones artísticas, porque soy yo, mi yo más terrible o más cabrón. Esto es una certeza que, cuando el personaje es una entelequia, no hay forma.

—¿Se libera pronto de los personajes que representa o se lleva alguno a casa?
—Cuando estoy con un personaje unidireccional, con un solo objetivo, que no vive la vida con ese cometido que le han fijado, esa realidad enfermiza, para el actor es muy difícil sacárselo porque en esos casos no rompe en el escenario. También, cuando tienes un personaje muy intenso al acabar no puedes desconectar, necesitas un par de horas para poner en marcha tu organismo y ser tú de nuevo, meterte en la vida cotidiana. Yo lo pasé muy mal rodando Padre coraje, seis meses y con tanto dolor, un dolor que cada vez sehacía más verdad. La memoria sensorial que utilizamos tuve que quitármela de encima, porque cada vez que buscaba al asesino tenía el recuerdo de mi hijo pequeño que tenía entonces cinco años, fue el trabajo más aterrador el quitarme de la cabeza esos recuerdos tan duros; y cuando están mucho tiempo y no acabas de parirlos, te queda el recuerdo por dentro y es terrible.

—¿Cuál es su género favorito?
—Me gústa el cine que comunica más allá de lo obvio en el hombre y la mujer, esa cosa que tenemos todos dentro y somos incapaces de sacarlo y que se busca en las relaciones de todo tipo, en ese pobre ser que somos los humanos. Me interesa el cine de terror como técnica aunque a veces me da risa conocer los trucos porque sé lo que va a venir. Algunas de las películas que se hacen ahora y dentro de esa realización tan potente, tienen personajes que superan al propio género y me parecen muy válidos.

—¿Qué opina de la Plataforma del Teatro en Madrid, recientemente creada?
—Me parece estupenda como interlocutores de un problema grave actual para la representación teatral, lo mismo que hay asociaciones de actores, directores, etc. Es importante por lo que hemos hablado antes de la poca atención de las instituciones culturaIles al teatro en Madrid, porque las grandes capitales del mundo son también las grandes capitales del teatro y Madrid lo fue en su día, ya que lanzó a Tirso, a Calderón yen el siglo pasado a Benavente, García Lorca, a Valle-Inclán, a Buero Vallejo; en fin, que ha descuidado ese patrimonio histórico. La situación ha cambiado por la descentralización que supuso el Estado de las Autonomías y el teatro español está implantado en muchas ciudades españolas y en Madrid, como dicen los miembros de esa Plataforma, se han desarticulado los teatros, las salas alternativas, las productoras y todos los profesionales de la escena y el público y que las Instituciones madrileñas no han sido capaces de vertebrar ese sector.

—¿En qué está metido ahora?
—En una película en coproducción con Francia, terminaré próximamente la serie de televisión Don Paco y después me dedicaré a mí una temporada: a leer, a ir al cine con pantalla grande, al teatro, iré a ver exposiciones y también me dedicaré a no ver nada, a mirar al vacío. •

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