Hemeroteca Lista Los dos lados de la trinchera
Nº800
8/9/2008

 

¿Quién dijo crisis?

Un amigo convoca a sus colegas de la competencia, todos delegados en España de compañías extranjeras, a una comida de confraternidad cada trimestre. Me suele invitar y caigo por allí. Para animar estas veladas se convida a un alguien que esté en la pomada de la economía nacional, para que a los postres distraiga, entretenga e ilustre a la selecta concurrencia disertando acerca de su visión de nuestra salud económica. Hará poco más de un año, un ilustre presidente de banco confirmaba que no existía el más mínimo problema, ni de presente ni de futuro, nada de nubarrones en el horizonte. Salud de hierro. Ya entonces la Ley del Suelo estaba en las Cortes, el BCE había subido los tipos y seguía, el diferencial de cambio euro-dólar continuaba ensanchándose. Hace tres meses, otro afamado analista compareció a departir sobre la materia de marras y de turno. Ahora el panorama era negro, patético, irremediable. Ya entonces la Ley del Suelo había salido de las Cortes (aunque el Ministerio de Economía no se enteró hasta seis meses después, como ocurrió con la Ley de Deuda Externa -el Banco de España no se ha enterado todavía-), el BCE había subido los tipos y seguía, el diferencial de cambio euro-dólar continuaba ensanchándose. Lo que no esde extrañar. Aquí la pauta de conducta que más se sigue es la famosa regla de Vicente. Ejemplo. Me comentaba otro amigo, gestor de un fondo de inversión, que él compraba cuando los demás compraban, y vendía cuando los demás vendían. O sea, que lo importante no es acertar, sino no equivocarse. Es igual que la función de los analistas, que sirven para justificar. De ahí el chiste del analista o del ministro o consejero de Agricultura y la distinción de las ovejas del perro pastor.

Cualquiera que tenga nociones, sin llegar a conocimientos profundos, se daba perfectamente cuenta de que el crecimiento económico español en base a ladrillo era un disparate de tomo y lomo. Pero bueno, una cosa es que existan promotores
arriesgados y otra entidades financieras panolis y el Banco de España en Babia. ¿Es que no se hacen estudios globales sobre
sectores para conocer la evolución previsible de la demanda? ¿Cómo puede ser que se financien por bancos operaciones puramente especulativas milmillonarias? ¿Quién entiende que la financiación de la expansión empresarial se haga sólo con cargo al crédito y no mediante ampliaciones de capital? ¿En qué país, mínimamente civilizado, pueden existir cajas de ahorros en que ninguno de los miembros del consejo de administración, insisto ninguno, sepan no yainterpretar, ni leer, sino simplemente saber lo que es un balance? ¿Es serio hundir -adelanto que me parece bien, pero no de repente- los precios del suelo por ley, y dejar temblando el sistema financiero y no enterarse de qué va esto?

La locura no es sólo de aquí, en estos tiempos revueltos la cordura no abunda. Ahí está el Banco Central Europeo a quien compete la política monetaria de la Unión, su misión es mantener la estabilidad de los precios (no luchar contra la inflación), para procurar un desarrollo económico armonioso, equilibrado y sostenible con un alto nivel de empleo y protección social, y además la UE puede llevar a cabo una política de tipos de cambio (artículos 2, 105 y 111 del Tratado CE). Resulta que los precios se vuelven inestables por las materias primas, sobre todo petróleo, sin un componente interior. Pues da la casualidad que no se puede combatir esa inestabilidad de precios con política monetaria, sino que el mercado debe ajustarse a los nuevos mayores precios exteriores, modificando la estructura interior de precios, pero la estabilidad de precios es una cosa bien distinta. Y la aplicación de política monetaria ante esta situación se revela que es un simple disparate.

Y hay más. ¿Cómo puede financiarse el déficit USA con un tipo de interés más bajo que en la UE y con una brecha enorme en el tipo de cambio dólar-euro?

Pero lo que resulta asombroso es que en esta España y Europa nuestra nadie diga ni haga nada. A verlas venir. A recibir tortas que ya escampará. Precioso. •

Fernando F. Trocóniz

Hemeroteca Lista Los dos lados de la trinchera