F abián
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Nº 800

8/9/2008

Mejor un desacuerdo que un mal acuerdo

Por Joan Tardà i Coma*

Quedan lejos aquellos años en los que el PSC achacaba todos los males de los gobiernos de Jordi Pujol a su incapacidad para gestionar de forma eficaz los recursos. Tan sólo han tenido que transcurrir cinco años de coalición con el republicanismo y de presidencia socialista para que el socialismo catalán haya protagonizado un giro copernicano con la asunción de otra realidad: la causa de la decadencia catalana es de carácter estructural, producto del establecimiento de un sistema de financiación de las Comunidades Autónomas (CC AA) que, para el caso catalán, adquiere una categoría de profundo desequilibrio entre lo aportado y lo revertido, rayano con el expolio.

De ahí que en los últimos meses la publicación de las balanzas fiscales, que dicho de paso adquirieron ante la opinión pública catalana un valor casi totémico gracias a las resistencias a publicarlas, se convirtiera en el catalizador de una unidad de acción del conjunto del catalanismo político. La oportunidad instrumental la aportó el despliegue del contenido del nuevo Estatut y el haber conquistado un escenario de negociación en donde por primera vez existen luz y taquígrafos. Pero todo ello ha sido posible porque subyace una profunda interiorización entre la ciudadanía catalana de que anda en juego el resquebrajamiento del Estado del Bienestar y la cohesión social. Que mientras en otras CC AA se ofrecen servicios inalcanzables en Catalunya, ésta ha recibido en los últimos años casi el 25 por ciento de la inmigración arribada al Estado español.

Se entiende, pues, que en Cata-lunya se celebre que, a pesar de las dificultades que entraña tener que encajar los intereses e imperativos tácticos de aquellas fuerzas que detentan su gobierno con los de la principal fuerza política en la oposición, finalmente, PSC, Esquerra, IC y CiU se hayan comprometido a presentar una propuesta conjunta y definitiva respecto a la financiación, a los Presupuestos Generales del Estado y a la reforma de la Lofca.

Cierto que a trompicones, el ministro Solbes se ha abierto camino mediante un enroque táctico que más bien apunta a la clásica jugadade la patada adelante del rugby más genuino, puesto que el escenario actual dista mucho del establecido en el año 2001 y por ello no va aceptarse un acuerdo ninguneado.

Luego no deja de sorprender que se nos quiera amenazar con la imposición del modelo, tal como remachó la vicepresidenta del Gobierno. Ya en alguna otra ocasión, desde esta misma página, se ha comentado el error de cálculo del Gobierno español sobre la vía tomada por el PSC. Sorprende constatar el desconocimiento del PSOE de la realidad catalana en general y del socialismo catalán en particular, en donde, hoy por hoy —he aquí el acierto estratégico de Esquerra de llevar a todo lo que representa el nuevo president nacido en Andalucía a la gobernabilidad de la Generalitat—, José Montilla representa el nuevo catalanismo hegemónico dentro del PSC, una vez domesticados los sectores obiolistas y maragalianios de raíz burguesa y controlados aquellos otros que todavía andan a remolque del lastre españolista, encarnados por su viejo adversario y actual-
mente ministro de Trabajo, Celestino Corbacho.

Como dijo el compañero loan Ridao en la Diputación Permanente, pudiera ser que una vez más se nos derrotara, pero, sin duda, ello arrastraría al fracaso a Rodríguez Zapatero. •

*Portavoz del Grupo Parlamentario Esquerra Republicana de Catalunya en el Congreso

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