Nº 800 -8 de septiembre de 2008
 
Hemeroteca Esta semana Lista Curioso

De Garzón, Losantos, Pedro J. Ramírez, la aristocracia judicial

y la otra aristocracia…

 

Antes de regresar a los estudios de la cadena COPE, tras sus extensas y prolongadas vacaciones, Federico Jiménez Losantos volvió hace unos días a su columna en El Mundo. Lo hizo para cargar contra la decisión del juez Garzón, quien es verdaderamente un hiperactivo sin freno, de investigar quiénes fueron y dónde están los restos de todos los desaparecidos durante el franquismo, desde los días del golpe militar, denominado Alzamiento Nacional, según la ortodoxia del régimen, hasta las postrimerías de los cuarenta años llamados de paz. Sentencia Losantos: “Es un disparate que un juez, fuera del ámbito de su jurisdicción, inicie por su cuenta una especie de Causa General Particular que cancela de hecho la amnistía general para todos los delitos cometidos durante la Guerra Civil. Pero lo es mucho más que cuando un periódico, éste u otro cualquiera, critica tan pasmosa ocurrencia, una más, de Garzón, salten como un resorte todos sus colegas en defensa de no se sabe bien qué intangibilidad de las togas (…)”.

Este nuevo suceso judicial que protagoniza Garzón fue objeto de un durísimo editorial, que publicó el diario mencionado una vez conocida la noticia. Su título era diáfano: Truculenta Garzonada. La portada del martes 2 de septiembre mostraba también su hostilidad a la propuesta a la que calificaba como “causa general”. Veamos, después de un rosario de argumentos, más o menos técnicos, contrarios a la iniciativa de Baltasar Garzón, el siguiente párrafo: “A Garzón todo eso le da lo mismo, ya que lo que busca no es hacer justicia, sino instrumentalizarla para sus fines particulares. La realidad es que, entre sus viajes a Latinoamérica para denunciar los crímenes de las dictaduras, sus conferencias, sus libros y la realización de documentales, apenas le quedan ya horas para realizar su trabajo”. Obús mundial, disparado a la línea de flotación de tan célebre y famoso magistrado. Pero que no era más que el prólogo para pasarle de inmediato facturas supuestamente pendientes: “Seguramente por eso ha sido incapaz de investigar quién dio el chivatazo a los recaudadores de ETA, no tuvo tiempo de transcribir las cintas de los islamistas que tal vez hubieran evitado el 11-M y ha dejado enormes lagunas en casi todos los sumarios que ha instruido”.

La diatriba continuaba tratando de rematar la jugada para descabalgar finalmente a Garzón como juez: “Esta última de sus garzonadas ni siquiera puede ser tomada en serio. Es un puro disparate sin opción alguna de salir adelante. Sería cuestión de olvidar este despropósito si no fuera porque hace un tremendo daño a la Justicia y a la Audiencia Nacional. El Consejo General del Poder Judicial debería intervenir para poner en su sitio a Garzón, al que le han permitido ya demasiados excesos”. Tremenda andanada, incluyendo la perversa observación de que pudo estar en manos de Garzón evitar el 11-M, ni más ni menos, y sugiriendo que si no lo hizo fue por su afán de protagonismo y de ser perejil de todas las salsas.

Jueces colegas de Garzón en la Audiencia Nacional (Santiago Pedraz, Ismael Moreno, Fernando Grande-Marlaska, Fernando Andreu y Eloy Velasco) difundieron un comunicado de apoyo al agredido por el referido editorial. El contraataque  editorial de El Mundo no se hizo esperar y se publicó el miércoles 3 de septiembre. Valga como botón de muestra este párrafo: “Estamos ante una reacción puramente corporativa de unos jueces que se creen por encima de cualquier crítica, aunque, como en este caso, esté motivada por una decisión disparatada y contraria a Derecho. Acostumbrados a comportarse como una aristocracia judicial con plaza vitalicia, estos magistrados de la Audiencia parecen estar ya convencidos de que, por su exclusiva jurisdicción sobre delitos de terrorismo, narcotráfico y crimen organizado, son tan “intocables” como los hombres de Eliot Ness”.

Garzón fue acusado en el primer editorial de “no hacer justicia sino instrumentalizarla para sus fines particulares”. Gravísima acusación porque cabría señalar que lo acusan desde el periódico que dirige Pedro J. Ramírez de prevaricador. Lo que más llama la atención, sin embargo, es que el acusador sea un periodista al que no le duelen prendas a la hora de mezclar grandes temas de interés general, como el de la libertad de expresión, con la defensa acérrima de su piscina en la suntuosa mansión de él y de su familia en la costa mallorquina, lo que no es más que un contencioso particular. Páginas y página de su periódico, con artículos firmados por él y además algunos editoriales, han sido dedicadas desde hace algunos años a esta cuestión, estrictamente de carácter administrativo, tenga o no razón Pedro J., que ésa sería otra historia. También podríamos aludir a otros asuntos, por ejemplo, relacionados con la aristocracia y los títulos nobiliarios respecto a las mujeres, con citas explícitas a Ághata Ruiz de la Prada. Curioso, curioso… Se mete con la “aristocracia judicial” y se olvida de su aristocracia particular. Curioso, sí, muy curioso…

Luis G. del Cañuelo

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