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Nº 800 - 8 de septiembre de 2008

OBAMA Y MCCAIN: SU VISIÓN DE EE UU

Este verano, a pocos meses de las elecciones presidenciales, volví a Standford, la Universidad norteamericana donde tuve la suerte de estudiar. Allí pude entender mejor el debate electoral americano y lo que significan las opciones representadas por Obama y McCain.

La clave del voto de los norteamericanos está en el significado y alcance de esa palabra mágica, cambio, con la que Obama ganó a HiIlary Clinton. Los norteamericanos saben muy bien que necesitan cambios profundos, y no sólo en política exterior. La crisis económica esta ahí para recordárselo, con el aumento del desempleo, la caída libre de los precios de la vivienda y de la confianza de los consumidores.

Saben que el nuevo Gobierno tendrá que ser muy activo en reformas que permitan afrontar los grandes problemas de este gigante con mucho barro en los pies que son hoy los EE UU. Problemas de tipo social, como los del sistema sanitario y educativo, o económicos, como el de la energía, el sistema financiero o el de las infraestructuras de transporte, que se han ido incubando desde hace tiempo, que han contribuido a la crisis y que, a su vez, ésta ha agudizado.

Quizás el más grave de esos problemas sea la degradación del sistema sanitario, que la crisis agravará porque las empresas privadas disminuirán la protección de sus empleados. La reducción de la ansiedad social ante el difícil acceso a los cuidados médicos reclama alguna forma de sistema público de salud y la valoración de los candidatos dependerá mucho de sus propuestas en este terreno.

El segundo problema es el energético. Ante la creciente demanda de petróleo de los países emergentes, los americanos tendrán que curarse desu adicción al petróleo. Y ello requiere una política energética de gran calado. ¿Pero cuál? Los dos candidatos proponen opciones diferentes, McCain más proclive a lo nuclear y Obama estámás a favor de las energías alternativas, aunque ambos saben que los americanos no tienen por la bicicleta el mismo entusiasmo cívico que los daneses.

Para muchos de mis viejos colegas universitarios, el tercer problema sería la pérdida de capital humano como consecuencia de la disminución de la calidad del sistema educativo, salvo en algunos centros de elite. Es el resultado de una tendencia que empezó en los 70 y cuyos efectos tienen mucho que ver con el posterior crecimiento de las desigualdades.

Por su parte, el sistema financiero requiere una reforma urgente y profunda. La crisis ya ha demostrado que ni el menos intervencionista de los gobiernos se puede permitir que la sanción del mercado hunda a los grandes bancos, por mucho que sus errores, y sus culpas, hayan sido grandes. Si el Gobierno, es decir, los contribuyentes, tiene que acabar pagando los platos rotos es lógico que regule de forma más estricta sus actividades, reduciendo la fe en la capacidad de autorregulación de los mercados.

Finalmente, está el problema de la obsolescencia de las infraestructuras físicas. Todo el mundo coincide en que el sistema de transporte necesita grandes inversiones, pero está por ver quién las tiene que pagar y cómo.

Dada la magnitud de esos problemas, el próximo presidente tendrá que impulsar una intervención federal muy activa. Y ello debería favorecer a los demócratas, a quienes las encuestas dan 25 puntos de ventaja en la capacidad de afrontar los problemas de la educación y la sanidad.

Pero otros de mis contertulios señalan que, a fin de cuentas y aunque pueda parecer paradójico, los grandes periodos de cambio en la historia política anglosajona los han hecho dos grandes políticos conservadores: Disraeli en la Inglaterra victoriana y Roosevelt en la América de la Gran Depresión.

Cierto, pero ¿tiene Mc Cain la estatura política y moral de un Roosevelt? Tiene por lo menos algo de dimensión heroica, muy del gusto de los valores tradicionales americanos y forjada en situaciones difíciles, mucho más difíciles de las que ha vivido Obama.

Sus posibilidades de éxito dependen de su capacidad de transmitir a los votantes que el cambio que propone Obama no es un objetivo por sí mismo. Que a bastantes cambios tienen ya que adaptarse en su vida cotidiana como para añadir la incertidumbre de grandes cambios en el sistema político-económico-social de su país. Y que la opción no es entre el statu quo y el cambio, sino en la esencia de los cambios que necesita el país para sobrevivir.•

José Borrell
*Presidente de la Comisión de Desarrollo del Parlamento Europeo

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