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Nº 799 - 1 de septiembre de 2008

Letizia rompe su rigidez y Felipe se suelta un poco

UN AIRE MÁS NATURAL

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Don Felipe le dedicó a TVE una medalla por su despliegue en Pekín ante los micrófonos de la cadena pública. Doña Letizia bromeó con el dúo Gomaespuma y le retó a adivinar cuántos tambores se emplearon en la espectacular inauguración de las olimpiadas. Los duques de Palma valoraron las posibilidades de los deportistas españoles. Y la Reina se paseó por las competiciones ataviada con la indumentaria oficial de la delegación. Como don Juan Carlos, habituado a dar muestras de espontaneidad ante el micrófono, el resto de la Familia Real se ha afanado durante este verano por ganarse el favor de la opinión pública mostrando un rostro más humano. Significativa ha sido la aportación de los Príncipes de Asturias, no tanto por el resultado como por la intención de mejorar una imagen excesivamente encorsetada por un estricto protocolo y por su carácter serio y reservado.

Por Virginia Miranda

Agendas semanales cuidadosamente organizadas con meses de anticipación. Discursos releídos  y corregidos una y otra vez. Protocolos tan celosamente cerrados que hasta las aparentes improvisaciones han pasado por un filtro previo. Sin embargo, la estricta observancia de las reglas puede acabar provocando el efecto contrario al deseado. Don Juan Carlos despierta simpatías cuando parece saltarse esas reglas. Y si su Heredero aún no ha alcanzado las cotas de popularidad de su padre es por una imagen excesivamente rígida que ni su matrimonio con una periodista logró suavizar. Muy al contrario, el aire fresco que se presumía iba a entrar en Zarzuela con la llegada de doña Letizia acabó sepultado bajo un cúmulo de lecciones express sobre cómo debe comportarse una princesa. Así las cosas, la boda y la llegada de las infantas no lograron mejorar lo suficiente, según se desprende de las sucesivas encuestas que le mantienen a una significativa distancia del monarca, la percepción ciudadana de don Felipe. Y las circunstancias políticas, sociales y mediáticas recientes no le habían dejado mucho margen de maniobra.

Pero ahora que han quedado zanjadas las polémicas que hace un año sometieron a la Familia Real a su particular annus horribilis, el Heredero y su esposa, como los Reyes y las Infantas, han logrado relajarse y, sin bajar la guardia, cuidar y mejorar la imagen de la que tanto depende la monarquía. Los gestos de cercanía que tan buenos frutos le han dado a la institución pasa ahora por improvisadas declaraciones a los reporteros. Si antes del verano era el monarca quien se prestaba a hacer vaticinios o valoraciones sobre una final de fútbol, ahora han sido los Príncipes de Asturias quienes se han prestado a darle la réplica al dúo Gomaespuma desde la villa olímpica de Pekín.

Guillermo Fesser y Juan Luis Cano, que viajaron a la capital china junto a la delegación de TVE durante los Juegos, lograron entrevistar para su programa para la televisión pública Pasando Olímpicamente a don Felipe y doña Letizia. A la que fuera periodista “le perdieron” las tablas y la locuacidad y acabó protagonizando la charla, regresando a los orígenes de aquella pedida de mano por la que fue tan criticada por sus constantes interrupciones al Heredero.

“¿Qué tal las olimpiadas?”, preguntó Fesser. “Muy bien”, yo ya he estado en Atenas, ¿eh?. Bueno, qué, ¿a vosotros os gustó la ceremonia [de inauguración] de ayer o qué?”, replicó doña Letizia. “Impresionante. A mí lo que más me gustó fue lo de los tambores”, dijo el reportero. “¿Cuántos había?”, intervino don Felipe. “59 por 17”, puntualizó la princesa. “Había... –comenzó el Príncipe– 2008 tambores, sí”, concluyó su mujer, dando una cifra que, sin embargo, es incorrecta. Tras un par de bromas, Cano les pregunta si van a asistir a más competiciones. “Nos vamos a quedar a las que podamos”, dijo don Felipe. “¿Y vosotros?”, pregunta su esposa a la pareja de entrevistadores. “Nos quedaremos hasta el final”, contesta Cano. “Pero no competimos porque correr es de cobardes”. Los Príncipes rieron la ocurrencia de Fesser y doña Letizia decidió continuar con el tono irónico. “Pero te puedes dedicar a las barras paralelas, hacer el ángel con las anillas...”. Tras responder que “tenemos mucha familia” cuando les preguntaron quién cuidaba a las pequeñas infantas y después de que Guillermo Fesser y Juan Luis Cano se despidieran de la real pareja, doña Letizia inquirió a este último: “Oye, tú no tienes frío con las chanclas éstas?”. El aludido continuó la broma y la princesa concluyó risueña: “¡Pero si tienes la pedicura!”.

Don Felipe no tuvo en esta ocasión mucho margen de maniobra, pero en otros encuentros con los micrófonos de TVE sí tuvo mayor protagonismo y se le vio más suelto que de costumbre. El pasado 8 de agosto, unas horas antes de que la ceremonia inaugural diera comienzo oficial a los Juegos, el príncipe Felipe dedicó unas palabras afectuosas a la Corporación RTVE: “Los deportistas españoles van a dar el resto y nos van a llenar de alegrías, estoy seguro. Pero TVE ya ha logrado una medalla, con el despliegue que habéis hecho aquí. Enhorabuena”. También fue capaz el Príncipe de bromear mientras asistía, acompañado del número uno del mundo del tenis y oro olímpico, Rafa Nadal, al encuentro de baloncesto disputado entre España y Grecia. Cuando la periodista le preguntó si estaba sufriendo con el partido, respondió: “Mucho, mucho, además con familia también griega, hay pelea”.

Si bien apenas hizo declaraciones, también doña Sofía relajó sus modos y maneras de reina para vibrar, como millones de personas pegadas a la pantalla de su televisor, con los triunfos de los deportistas españoles. Visitó las instalaciones del centro de producción de RTVE, recorrió la villa olímpica con su acreditación colgada del cuello, agitó la bandera española al paso del ciclista Joan Janeras antes de hacerse con el oro en la prueba de puntuación y abrazó entusiasmada a su hija doña Cristina cuando Nadal venció en la final de tenis masculino. Y todo ello, vestida con el chandal oficial de la delegación española de deportistas.

Los duques de Palma conocían bien el terreno porque los dos han sido olímpicos; la infanta en Seúl 88 en la modalidad de vela e Iñaki Urdangarín en Barcelona 92, Atlanta 96 y Sidney 2000 como integrante de la selección de balonmano. Ambos concedieron sendas entrevistas al equipo de deportes de TVE y a Gomaespuma. Y también desde Pekín improvisaron unas primeras condolencias a las familias de las víctimas del avión siniestrado el 20 de agosto en Barajas. “A partir de ahora los Juegos los viviremos de otra manera. Seguiremos apoyando el deporte español pero siempre con un sentimiento en España”, dijo doña Cristina. “Aportar primero nuestro pésame más sincero y seguir compitiendo para que esa amargura pueda ser mínimamente compensada con el trabajo que estos deportistas están haciendo por nuestro país”, añadió el duque de Palma. 

En la monarquía, bien lo sabe don Juan Carlos, la naturalidad es un grado. Siguiendo su ejemplo, la Familia Real le ha perdido un poco más el miedo al micrófono aprovechando la celebración de uno de los pocos acontecimientos que suscitan una adhesión prácticamente unánime entre los ciudadanos. Las osadías, de momento, se las reserva el Rey. Y aún así, no ha llegado la sangre al río. El  Magazine de El Mundo publicaba el pasado mes de mayo un amplio reportaje sobre José Luis Rodríguez Zapatero que incluía unas inéditas declaraciones del monarca sobre un presidente del Gobierno. La periodista abordó a don Juan Carlos durante la entrega del Premio Cervantes para preguntarle su opinión sobre el líder socialista. “Es un hombre muy honesto. Muy recto. Que no divaga. O sea, la gente cree que hace cosas así... como divagando, pero no hay nada de eso. Él sabe muy bien hacia qué dirección va y por qué y para qué hace las cosas. Tiene profundas convicciones. Es un ser humano íntegro”, contestó. Tras despedirse, le dijo a la autora de la pregunta: “¡Que te salga bien el reportaje!”. Desde cierta prensa y emisoras se puso el grito en el cielo, pero en unas semanas se dio por zanjado el asunto.

A los valencianistas no les gustó que don Juan Carlos, a quien se le supone imparcialidad hasta en los asuntos futbolísticos, desvelara cuál era su favorito en la final de la Copa del Rey. Tras presidir la solemne apertura de la novena legislatura en las Cortes, una periodista de Telecinco le inquirió al monarca: “¿Quién ganará esta noche?”. “La tiene que ganar el que perdió”, contestó en alusión al Getafe, perdedor de la anterior final ante el Sevilla. El resultado fue que ganó el Valencia y el comentario no hizo más que afianzar las simpatías que despierta el Rey.

Las vacaciones estivales han dejado tras de sí otros ejemplos de normalidad que demuestran que los representantes de la monarquía española tienen el mismo rh sanguíneo que los millones de personas que cada día les someten a su particular escrutinio. Durante estas vacaciones estivales no ha habido posado de la Familia Real en las escalinatas del Palacio de Marivent. Los Reyes, los Príncipes y las Infantas no han coincidido este verano en Palma de Mallorca. Los viajes oficiales, las vacaciones fuera de España, las estancias en China, las visitas a los familiares de las víctimas y los accidentados en Barajas. No han encontrado momento para coincidir. En los habituales comentarios sobre las desavenencias entre cuñados se apostilla que no han querido hacerlo, pero de ser cierto no hay razón para aventurar que la falta de sintonía entre las infantas y los Príncipes, la misma que pueda haber en una familia normal, vaya a suponer menoscabo alguno para la institución.

Haber encabezado la lista anual de Vanity Fair de las mujeres mejor vestidas o lucir un traje seleccionado por la edición digital de Vogue USA como los cinco mejores del día no convierte a doña Letizia en una persona normal. Lo que sí la convierte en una mujer de su tiempo es haber encontrado un estilo más acorde con su edad. Así lo reconoce la prensa especializada, que celebra el cambio que ha experimentado su fondo de armario. Los colores fríos y los patrones rectos de sus trajes, que hasta ahora predominaban en su vestuario, han dado paso a tonos y formas todo lo atrevidas que le permite el título de Princesa de Asturias. El vestido verde que lució el 18 de julio en la inauguración del Salón Internacional de Moda de Madrid (SIMM) fue todo un éxito. Fue el mismo que la catapultó a la sección Look of the day de Style.com, la página web de Vogue USA, donde fue votada por un 16% de los internautas –Victoria Beckham ganó la encuesta con un 25% de los votos–.

En la lista de la edición estadounidense de Vanity Fair superó a celebrities acostumbradas a contratar los servicios de estilistas y personal shopper como Jennifer Aniston, Angelina Jolie o Reese Witherspoon y a la mismísima primera dama de Francia y ex modelo profesional Carla Bruni. Desde el entorno de la Princesa se ha insistido en asegurar que a doña Letizia no le interesa la moda más que para vestir de forma correcta y adecuada en sus numerosos actos oficiales. Pero hacía tiempo que su indumentaria, precisamente por su excesiva uniformidad, había cobrado demasiado protagonismo. Los comentarios sobre el aspecto de la mujer del Heredero resultan inevitables y, sin caer en la ostentación y la extridencia, la Princesa ha optado por ofrecer un aspecto más juvenil sin dejar de escoger entre los diseños españoles, como los de Armand Basi y la firma más popular de Mango.

De la Familia Real nadie espera la naturalidad con que se conduce el resto de la sociedad española. Pero cualquier gesto de aproximación, lo que don Juan Carlos llama ganarse el cargo cada día, es suficiente para lograr el favor popular.

La operación de la Princesa

La prensa generalista, las televisiones, las emisoras de radio, los portales de internet y todas las revistas del corazón -todas ellas en portada- han informado sobre la operación de nariz de la Princesa de Asturias. El alcance de la noticia da una idea de hasta qué punto todo lo que acontece en las inmediaciones del Palacio de la Zarzuela, por muy banal que resulte, acaba siendo de interés público. Máxime cuando se trata de asuntos personales, como un noviazgo, el nacimiento de un niño, una ruptura o, como en este caso, una intervención quirúrgica, que ‘humanizan’ a la monarquía.

La Casa Real hizo público a través de la Agencia Efe que doña Letizia se sometió tras regresar de los Juegos Olímpicos de Pekín“a una intervención de septorrinoplastia con el fin de mejorar sus problemas respiratorios ocasionados por una desviación del tabique nasal”. Según el comunicado, “la intervención le fue practicada por recomendación del servicio médico que atiende a la familia real española”.

La primera aparición pública de la princesa tras la operación se produjo el 21 de agosto, cuando acompañó al príncipe Felipe a visitar a los heridos del accidente del avión ocurrido el miércoles en Madrid.

A las puertas del Hospital General La Paz, donde conversaron con los medios de comunicación tras visitar a los heridos, la princesa reflejaba todavía en su rostro las secuelas de esta operación que ha transformado su nariz.

Tras conocerse la noticia, los comentarios fueron inevitables. En tertulias de televisión, en imágenes comparadas, en las playas, en las terrazas de verano... Fundamentalmente porque la septorrinoplastia ha ido acompañada de una rinoplastia, esto es, de una intervención estética que ha modificado su aspecto, y eso ha suscitado opiniones para todos los gustos, algunas desconfiadas sobre el verdadero motivo de la operación. Pero eso es algo con lo que doña Letizia ya contaba, y no es más que parte del escrutinio diario al que se somete.

¿Letizia, motor del cambio?, por Enric Sopena


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