F abián
Hemeroteca Esta semana
Nº 799

1/9/2008

Financiación: ¿democracia o privilegio?

Por Francesc Homs i Molist*

Resulta evidente que uno de los principales debates de este otoño va a ser el relativo a la financiación autonómica. Debate promovido, una vez más, por Catalunya. Y no por capricho, sino fruto básicamente de dos datos incuestionables: en primer lugar, el insoportable déficit fiscal que padece Catalunya –entre 14.799 y 16.735 millones de euros en 2005, y en función de si los datos son del gobierno central o de la Generalitat–. Y, en segundo lugar, la existencia de un sistema político diferenciado en Catalunya que–fruto de la libre expresión democrática de sus ciudadanos y ciudadanas– configura un mapa de partidos políticos singular en el conjunto del Estado español.

Sobre el déficit fiscal se ha escrito mucho. La publicación de las balanzas fiscales entre las distintas comunidades autónomas supone un paso hacia delante largamente reivindicado desde Catalunya y que valoramos positivamente. Aunque no deja de sorprender que, aun conociendo estos datos injustificables social y económicamente, continúan las falsas acusaciones de insolidaridad hacia Catalunya y los catalanes. Se echa en falta en este punto –como en tantas otras cosas, por cierto la voz del señor Zapatero, cada vez más parecido a un alquimista que a un estadista. En cualquier caso, vale la pena subrayar que el déficit fiscal que padece Catalunya no sólo perjudica a sus habitantes, sino que perjudica al conjunto del Estado español. La injusticia fiscal que soporta Catalunya no sólo es reprobable moral y políticamente, sino que resulta desde el punto de vista económico y del interés general ineficiente e ineficaz para el conjunto del Estado.

De todos es conocida la fábula de la gallina de los huevos de oro, donde la avaricia y la codicia de querer más huevos de los que podía dar la pobre gallina, llevaron a la genialidad de matarla para así sacarlos todos de una vez.

En cuanto a la existencia de un sistema político singular y diferenciado en Catalunya, es curioso constatar que siempre se hacen oídos sordos al respecto. Que los hagan aquellos que no confían en la democracia, lamentablemente, es lo propio. Pero que, como sucede en tantas ocasiones, aquellos que se presentan como demócratas, respetuosos con la libertad y con los derechos fundamentales, ignoren voluntariamente que Catalunya es una nación con una expresión democrática propia, pacífica y persistente, que quiere autogobernarse y que proclama el mismo respeto que pueda exigir cualquier otra nación, demuestrahasta qué punto la democracia española en su conjunto necesita madurar. Cabe denunciar aquellos "temporeros de la democracia", que lo son cuando les conviene, y que niegan la lógica de la libertad y de la democracia cuando perjudica sus intereses directos.

Aunque a algunos les pueda escandalizar la afirmación, cabe recordar que jurídica y democráticamente la financiación de Catalunya no es una cuestión a decidir en el seno del Consejo de Política Fiscal y Financiera, creado por la LOFCA. Como no se hace tampoco con la financiación vasca o navarra. No hay artículo de la Constitución española que obligue en este sentido, como de hecho no lo hay que establezca que el País Vasco y Navarra estén exentos de la aplicación de la LOFCA como ocurre desde 1981. Saben bien los vascos que la Disposición Adicional Primera de la Constitución no les garantiza el resultado que les proporciona el concierto económico, sino que este viene articulado por lo establecido en su Estatuto, pero sobre todo por la Ley del Cupo, que se pacta regularmente y, de forma especial, por estar exentos de la aplicación de la LOFCA. Y eso es posible –vaya uno a saber si junto con otros motivos, que en cualquier caso ni serían jurídicos, ni mucho menos democráticos– porque el poder constituyente articuló un modelo autonómico asimétrico, donde la singularidad se concebía como un valor democrático y no como un privilegio a eliminar.•

*Diputado al Parlament de Catalunya por CIU.

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