Internacional
Nº 799
1/9/2007
Hemeroteca Lista Internacional

François Leotard, ex ministro francés

"SARKOZY ES SU PEOR ENEMIGO"

"Cuando se desprecia al Parlamento y se juega con los sindicatos, ¿qué le queda a los ciudadanos? La protesta". Este es el temor que recoge en su último libro François Léotard (Cannes, 1942). Tras 25 años como diputado y responsable político, Léotard se dedica ahora a la literatura. Su panfleto contra el presidente francés, Nicolas Sarkozy, anticipa que el mandato del jefe de Estado galo "acabará mal". El ex ministro bajo las presidencias de François Mitterrand y de Jacques Chirac votó al que fuera candidato conservador en la última elección presidencial porque "fue seducido". Sin embargo, en su libro expone las razones que le han llevado a arrepentirse sobre el sentido de su voto. Según él, Francia "no necesita el comportamiento bonapartista de Sarkozy".


Por Salvador Martínez (París)


Su panfleto contra Sarkozy es uno de los best-sellers políticos en Francia ¿Cómo explica este éxito?
—En el mundo de la edición francesa más de 120.000 ventas es un hecho rarísimo. Se han escrito infinidad de libros sobre el presidente, pero ninguno ha tenido tanto éxito como el mío. Esto se debe a que Nicolas Sarkozy y sus primeros meses en la Presidencia han despertado mucho interés por lo caótico de cuanto ha ocurrido en la jefatura del Estado. Si mi libro ha gustado, es porque los franceses esperan mucho del presidente y, sobre todo, por la decepción mayoritaria de los ciudadanos vis-á-vis de Nicolas Sarkozy.

—Usted señala en Ça va mal finir que la "verdadera naturaleza" del presidente se ha revelado a los franceses. ¿En qué consiste esa naturaleza?
—En la manera de actuar de Nicolas Sarkozy. Hay algo patológico. Su comportamiento se explica a través del carácter monárquico del sistema político francés. El sistema político de Francia alimenta una fascinación por el poder ejecutivo que no existe en los países cuyos regímenes son parlamentarios. En Francia, hemos guardado uncarácter monárquico que ya existía con el presidente Charles de Gaulle. Es decir, una exagerada concentración del poder. Con Nicolas Sarkozy esta característica ha experimentado un paroxismo porque ha puesto el Estado alrededor suya.

—¿Le sorprende que Sarkozy haya actuado así?
—No, porque como muchos otros, conocía al Sarkozy ministro del Interior. Sin embargo, la elección presidencial lo ha embriagado en el sentido griego del término. Con esta enajenación del ánimo, el presidente se cree capaz de hacer todo de cualquier manera sin compartir las decisiones con el Parlamento. La llegada a la Presidencia de Sarkozy ha desembocado en una des-regulación de la manera de actuar tradicional del jefe de Estado que ha sorprendido negativamente a los franceses.

—Usted votó por Sarkozy y ahora escribe que, desde aquello, duerme mal. ¿Cree ser el único votante que tiene problemas de conciencia?
—Conozco a muchos parlamentarios, alcaldes y, sobre todo, ciudadanos que se encuentran en la misma situación. Los sondeos de opinión dan cuenta de que los ciudadanos no confían en el presidente. Esto sólo es relativamente importante, porque los sondeos son una representación de la realidad. No obstante, en el grupo parlamentario que lidera el partido presidencial, la Unión por un Movimiento Popular (UMP), las dudas, las críticas y el desarraigo se han instalado cuando se piensa en el presidente de la República. Los parlamentarios están protagonizando revueltas contra la política del presidente. Fue lo que ocurrió el pasado 11 de mayo, cuando la Asamblea Nacional, en la que la UMP es mayoritaria, voto contra el proyecto de ley sobre los Organismos Genéticamente Modificados.

—¿Comparte usted ese sentimiento de desarraigo?
—Sí, aunque lo que me resulta preocupante es que Francia no avance hacia un régimen parlamentario puro en el que exista una verdadera separación de poderes entre ejecutivo, legislativo y judicial. En Francia, estamos concentrando el poder en las manos de un ejecutivo encarnado por sólo un hombre, dado que el primer ministro, François Fillon, como dice Sarkozy, no es más que un "colaborador".

—¿Qué gestos del presidente le han hecho renunciar a su adhesión?
—Hay una lista demasiado larga. Pero la política de la "identidad nacional" y la cuestión de "la laicidad" han sido las gotas que han hecho colmar el vaso porque a través de ellas se maltrata la esencia de la República. La "identidad nacional" la forjan los pueblos y no se puede hacer a base de decretos. Sobre la laicidad, y mire que yo soy de familia católica practicante, no se puede decir como ha hecho Sarkozy que el profesor nunca podrá difundir esperanzas tal y como lo hace el cura o el imán. Este tipo de gestos, cuando Francia representa la primera comunidad judía y musulmana de Europa al mismo tiempo que la República se dice la "hi ja mayor de la Iglesia", pue den reanimar tensiones. Es te retroceso, cuando existe la laicidad desde el siglo XIX, es algo perjudicial.

—¿Creyó usted en la ruptura prometida por Sarkozy?
—No habrá ruptura a nivel institucional. El presidencialismo se hace cada vez más fuerte con Nicolas Sarkozy. La comisión sobre la reforma de las instituciones que preside el ex primer ministro Édouard Balladour, entregará en breve su informe pero no creo que esa comisión vaya a cambiar el orden institucional. El informe dice, entre otras cosas, que el presidente deberá acudir a la Asamblea Nacional para explicar su política, pero no es eso lo que hará avanzar hacia el parlamentarismo y la división de poderes.

—¿Por eso el título de su libro es que "esto va acabar mal"?
—No quiero que así sea. Es una pena que las instituciones actuales no colaboren a que en la democracia francesa reine la tranquilidad. Es cierto que Francia necesita reformas pero no del modo bonapartista en que se desarrollan a día de hoy. Estoy de acuerdo sobre la reforma de las jubilaciones y lareforma de las universidades pero actualmente no hay diálogo con los actores sociales. Con Sarkozy, seguimos en esa lógica tan francesa según la cual el Estado impone en lugar de dialogar para luego decidir.

—El desdén con el que Sarkozy trata al mundo de la enseñanza puede tener que ver con la "incultura" del presidente que usted señala en su libro.
—Sí, todo el mundo que conoce a Sarkozy asegura que el presidente no lee. El jefe de Estado sólo cita un par de libros que leyó hace tiempo. Los hay que dicen que esto no es grave, pero yo creo que es una pena. De Gaulle era un gran lector y un gran interesado por la literatura, del mismo modo que François Mitterrand o Georges Pompidou, quien además destacó como gran especialista del arte contemporáneo. En consecuencia, la concepción de la educación de Sarkozy es la de un consumidor y no la de un ciudadano. Esto no es para nada republicano, porque la educación siempre ha sido uno de los pilares de la República.

—Desde que abandonó la política, usted se dedica a la literatura y a la relectura de los clásicos. ¿Cómo pudo votar por alguien que ahora usted define como un "consumidor de cultura low-cost"?
—Es contradictorio, tiene usted razón. Todo el mundo me dice lo mismo, pero es que en la campaña electoral, él me pareció mejor que su rival socialista, Ségoléne Royal. He comulgado con algunas de las ideas de Sarkozy pero no hay que olvidar que yo he sido, ante todo, un centrista de la extinta Unión por la Democracia Francesa (UDF) que François Bayrou ha convertido en el Movimiento Demócrata (MoDem).

—La UDF era, ante todo, europeísta, ¿Qué piensa de la política europea de Nicolas Sarkozy?
—Que no se puede estar poniendo en entredicho cada dos por tres la política del Banco Central Europeo. Que no se puede acusar a Alemania de querer mantener el euro fuerte. Además, el presidente siempre intenta barrer para casa, como hizo con la liberación de las enfermeras búlgaras presas en Libia. La propuesta de la Unión Mediterránea es una idea bonita, pero tiene que hacerla toda Europa y no sólo los países del sur de la UE. Estos ejemplos marcan la desenvoltura de Sarkozy respecto de Bruselas. Todo esto me choca tanto como el escepticismo que se ha instalado entre los miembros de la unión cuando se habla de la presidencia francesa que comienza en julio.

—Nicolas Sarkozy ha realizado en los últimos meses un notable esfuerzo para cambiar su imagen. ¿Lo ha notado?
—Claro, me han llegado ecos del entorno del presidente según los cuales mi libro ha servido para modificar su comportamiento. Si este cambio dura, mejor. Pero se observa que, cuando Sarkozy puede destacar, el presidente hace una declaración. Sarkozy es como el personaje de la comedia de Terencio El verdugo de sí mismo. Su peor enemigo es el propio presidente de la República. •

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