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Nº 799 - 1 de septiembre de 2008
El nuevo desorden mundial

por Santiago Carrillo

Nos encaminamos al fin del verano en una situación de crisis económica preocupante. Pero más preocupante es el desorden mundial en que estamos inmersos. La ONU sigue renqueando. Desde que comenzó la invasión de Iraq, no acaba de levantar cabeza. Las que deberían ser sus funciones las asume frecuentemente la OTAN, una organización militar que contra toda razón sobrevive a los que fueron sus fines. Los Gobiernos europeos de derecha se conducen a menudo como si nuestro continente fuese un protectorado norteamericano. Proliferan organismos internacionales y se utilizan a conveniencia de las oligarquías occidentales. El mundo, tras la victoria de Occidente en la llamada guerra fría contra el comunismo, está más dividido y enfrentado que nunca. La guerra de Bush contra el terrorismo ha generado miles de nuevos terroristas. Los conflicto que arrastramos desde hace años siguen dando que hablar, causando muchos muertos, pero sin recibir solución (Palestina, Iraq, Afganistán, entre otros). Del desarme atómico no se ha vuelto a hablar desde que desapareció la URSS. En muchos países occidentales los liderazgos actuales son deleznables y contribuyen a desacreditar la política y la democracia. Las clases dominantes y el sistema social han llegado a un punto de manifiesta incapacidad.

Lo más grave es que las estrategias dominantes en la política mundial tienen un marcado carácter militar, en lo que se distingue el Gobierno de Bush que, en ver obrar habla de la "comunidad internacional" como si sólo estuviese compuesta por los EE UU y la UE, olvidando países con muchos millones de ciudadanos en un planeta cada vez más multipolar.

¿Qué sentido tiene la política de acorralar a Rusia, rodeándola de misiles en Europa y en Asia? Después de los bombardeos de Yugoslavia y de lo hecho en Kosovo, ¿qué justificación puede tener la condena de Rusia por lo sucedido en Georgia? Dos varas de medir sólo pueden aumentar el caos actual. Buscar el conflicto con Rusia, como parece pretender la Administración Bush y la OTAN, es una insensatez. Y decir que eso se hace a favor de la democracia es una mentira, que resulta evidente cuando se ha sostenido al dictador Musharraf hasta el último momento y se sostienen sistemas políticos como los de Arabia Saudí o se crean Guantánamos y decenas de prisiones secretas a lo largo del planeta en las que se tortura a los prisioneros.

Salir de este desorden mundial, abrir un periodo de paz, desarme y respeto a la independencia de los pueblos, es hoy una necesidad insoslayable.

A muchos parecerá alarmante lo que digo. Efectivamente, una guerra mundial en la época de armamento nuclear es inimaginable porque acabaría destruyendo a la civilización y hundiendo a la humanidad en la barbarie. El buen sentido común rechaza esa posibilidad. Pero el buen sentido común no es suficiente para garantizar que el desastre sea imposible. Cuando se juega con misiles nucleares y se instalan bases a diestro y siniestro, la misma acumulación de estos elementos puede provocar la explosión. Un error, un mal cálculo, cualquier provocación puede encender la mecha.

Estamos inquietos por la crisis económica y ello se lógico. Pero en el actual desorden mundial hay peligros todavía mayores. Denunciarles es el mandato de la prudencia política. •

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