A 9
Hemeroteca
Esta semana
Lista artículos de Borrell
Nº 799 - 1 de septiembre de 2008

HCONFLICTOS CONGELADOS: EL AVISPERO DEL CÁUCASO

Rusia no aceptó el alto el fuego hasta que sus tropas no crearon un cinturón de seguridad al sur de Osetia y Abjasia. Y, como era de esperar, las tropas rusas no se van del territorio georgiano a pesar de todos los acuerdos y pactos.

El veto en el Consejo de Seguridad a la propuesta francesa, que insiste en el respeto a la integridad territorial de Georgia incluyendo esas dos provincias separatistas, y la presentación de una propuesta rusa es una forma de dar largas y de dejar claro que Osetia no volverá a formar parte efectiva de Georgia.

Pero, ¿cómo pudo pensar ni siquiera un momento el presidente georgiano M. Saakashvili que la Rusia de Putin no reaccionaría ante la entrada de sus tropas en el territorio de la república de Osetia (70.000 habitantes) y la destrucción de su pequeña capital, Tsjinvali?.

Era minusvalorar la voluntad de Moscú de jugar fuerte como potencia imperial en una zona que perdió tras la disgregación de la URSS y su rechazo a la extensión de la OTAN por su flanco sur. Era ignorar que ese gran cartel con la imagen de Putin, "nuestro protector", que recibe al viajero al entrar en Osetia responde a una realidad dispuesta a pasar a la acción. Y más aun después de la solución dada a Kosovo por los EE UU y la UE, que Rusia ha considerado un precedente para otras situaciones más o menos parecidas. Si los kosovares no querían estar con los serbios, los osetios menos aún con los georgianos.
Era también ignorar que Georgia no podía esperar una respuesta parecida de los EE UU, por mucho que otro gran cartel con la imagen de G. W. Bush, "nuestro presidente", adorne la salida del aeropuerto de Tiflis.

Es cierto que EE UU ha querido penetrar en el continente euroasiático a través de las ex repúblicas soviéticas. La revolución de la rosas en el 2003, prólogo de otras revoluciones coloreadas en la región, desplazó a Georgia del área de influencia soviética a la americana de Saakashvili.

Y nada desea más Georgia que ingresar en la OTAN y reforzar su alianza con los EE UU, a los que ha ofrecido sus soldados en Iraq y su territorio para instalar el escudo antimisiles rechazado por Moscú. Por ello, Georgia de alguna manera juega hoy el papel de Cuba durante los enfrentamientos de la vieja Guerra Fría.

El discurso de Bush en Tiflis en 2005 llamando a Georgia "faro de la libertad" y su proximidad a la OTAN pudo hacer creer a Saakashvili que tenia un margen de maniobra que le permitía atacar el primero. Pero por el momento sólo puede esperar reacciones verbales de unos EE UU en plena campaña electoral y poco deseosos de sumar un nuevo conflicto a los dramas de Iraq y Afganistán.

Hoy, y sobre todo después de lo ocurrido, sólo Europa puede jugar un papel de estabilización en la región, tanto por su política de vecindad con los tres Estados del Cáucaso como por sus relaciones económicas y energéticas con Rusia (el gas ruso representa ya el 40 por ciento de las importaciones europeas).

Así lo ha demostrado ya la rápida mediación de la Presidencia francesa de la UE, pese a confirmar cuan inadaptado es el sistema de hacer política exterior en la UE, que sólo funciona cuando la presidencia rotatoria recae en un país y una persona dispuesta a saltarse los procedimientos inadaptados a las exigencias de la acción.

Hoy, 16 años después de una independencia conquistada por la fuerza, todos los países del Cáucaso sur se enfrentan a una tensión geopolítica que suma los llamados "conflictos congelados", entre Rusia y Georgia por Osetia y Abjasia y del Alto Karabaj entre Armenia y Azerbaiyán, con las guerras del gas, la nueva rivalidad entre EE UU y Rusia, el proceso de adhesión de Turquía a la UE y la crisis nuclear con Irán. Todos esos países participan del mosaico de etnias y religiones de ese laberinto de la Historia que es el Cáucaso sur, al que se puede llamar con razón los Balcanes euroasiáticos.

Hasta ahora, el fuerte crecimiento económico de la región había impedido que ese avispero explotara en conflictos mayores. Pero si la guerra abierta detiene la expansión económica lo peor estará por venir. Los conflictos congelados del Cáucaso podrían dejar de estarlo y la Guerra Fría podría volverse caliente. La búsqueda de una solución por las bravas puede provocar que la tragedia sea mayor todavía. •


José Borrell
*Presidente de la Comisión de Desarrollo del Parlamento Europeo

Hemeroteca
Esta semana
Lista artículos de Borrell