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Nº 798 - 28 de julio de 2008

De la nada a la riqueza por la vía rápida

LOS AVENTUREROS DEL LADRILLO

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El concurso de acreedores al que se ha acogido Martinsa-Fadesa ha sido el último capítulo de la caída en desgracia de un grupo de empresarios que hasta hace poco más de año se encontraban en la cumbre. Surgiendo del más absoluto anonimato y catapultados por el boom inmobiliario, amasaron enormes fortunas personales y se convirtieron en referentes de la economía española. Una economía basada en el ladrillo que toca a su fin, al igual que su poder. El Siglo repasa la trayectoria de los principales símbolos de magnates hechos a sí mismos, aunque no siempre bien, y caídos en desgracia a mayor velocidad que el precio de los pisos: Fernando Martín, Enrique Bañuelos, Luis Portillo y Francisco Hernando, El Pocero.

Por Manuel Capilla

Una desmedida ambición y el gusto por el dinero fácil. Esas son las únicas características comunes de estos personajes que, al igual que Mario Conde en los 80, se han erigido en símbolos de la España del ‘pelotazo’.

Fernando Martín. El político que quiso ser millonario

Tras Florentino Pérez, Fernando Martín es quizá el máximo exponente de las personas que convirtieron la junta directiva del Real Madrid en un ‘lobby’ del ladrillo. En el palco del Bernabéu, ellos dos, junto a Luis del Rivero, Fernando Fernández Tapias o Juan Abelló, convencieron a José María Aznar de que el futuro de España pasaba por la inversión en construcción e infraestructuras. Dos años después de que el propio Martín sustituyera fugazmente al presidente de ACS al frente del Real Madrid, cuando todo le sonreía, la explosión de la burbuja inmobiliaria se ha llevado por delante el imperio que levantó de la nada.

Precisamente, la presidencia del Madrid ha sido el cargo ‘político’ más importante que ha ocupado un hombre que parecía destinado a prosperar en la jerarquía del Estado desde su juventud. Hizo sus primeros pinitos durante su paso por la facultad de Químicas de la Universidad de Valladolid durante la segunda mitad de los años 60, donde se integró en al ámbito de las asociaciones universitarias y llegó a ser presidente de una de ellas, Los Luises. Ya licenciado, comenzó a trabajar en una empresa remolachera y, con la democracia recién estrenada, se afilió a UCD. En el partido de Adolfo Suárez alcanzó el puesto de secretario provincial de la sección vallisoletana entre los años 1977 y 1982. Pero tras las crisis del partido se desentendió de la política, abandonando la prometedora carrera que ya había iniciado. Nunca ha vuelto a afiliarse a ningún partido, aunque él se declara “progresista”.

Así las cosas, decidió trasladarse a Madrid y aceptar los puestos de subdirector, director y consejero delegado de Prehogar Servicios Inmobiliarios. A partir de ese momento, empieza a dedicarse a lo que él todavía define como una “afición”: comprar suelo. Y es que, aunque la gestión de Martinsa no haya sido buena, los que entienden le consideran como uno de los mejores para detectar las posibilidades de negocio a largo plazo de unos terrenos. Gracias a esa capacidad, en 1991 fundó su propia empresa Promociones y Urbanizaciones Martín SA, Martinsa, con implantación en el mercado residencial de Madrid, sobre todo en la zona norte, y que poco a poco fue expandiéndose por Andalucía, Baleares, Castilla y León, Galicia y Valencia.

El Real Madrid fue el único asunto que le ha dado disgustos durante la época dorada. Como encargado de la sección de baloncesto, tuvo el dudoso honor de haber dirigido la operación del único fichaje en el que fracasó el Madrid de Florentino Pérez, el del internacional Carlos Jiménez. A pesar de todo, Florentino le eligió como su sucesor al frente del club en 2006, donde previsiblemente se quedaría hasta 2008. Sin embargo, las luchas intestinas le forzaron a dimitir apenas seis meses después.

Enrique Bañuelos. 'Pelotazos’ al sol de Valencia

Un talento natural para los negocios. Esta es quizá la mejor forma de definir a Enrique Bañuelos fundador de la inmobiliaria Astroc y dueño del cien por cien de su capital a través del holding CV Capital. El pinchazo en los parqués de Astroc en abril del año pasado, que se había revalorizado increíblemente en apenas un año convirtiéndose en el mayor símbolo del ‘pelotazo’ inmobiliario, supuso el principio del fin para Bañuelos, que ha terminado procesado, acusado de maquinación para alterar el precio de las cosas y administración desleal.

Su capacidad innata para hacer dinero la empezó a demostrar con tan sólo 18 años, en 1984. A esa edad comenzó en el mundo empresarial fundando Miel de Luna, una firma dedicada a la venta de ese producto y sus derivados, una actividad que compaginaba con sus estudios de Derecho en la Universidad de Valencia. Bañuelos había llegado a pisar una facultad a pesar de que procedía de una familia trabajadora y su padre, que trabajó en los un tiempo prósperos Altos Hornos de Sagunto, la localidad donde Bañuelos nació, falleció en un accidente laboral. Mientras finaliza sus estudios universitarios, va haciéndose un hueco profesional como abogado y asesor de pequeños empresarios de la zona. Una vez consolidado ya en el mundillo empresarial, sólo le hace falta la herramienta necesaria para empezar a hacer dinero en grandes cantidades. Y la encuentra a finales de los 80 en legislación urbanística valenciana, ya derogada, que permitía la creación de Planes de Actuación Integrada. Esta normativa admitía a cualquier persona la presentación de medidas urbanísticas en los ayuntamientos sin necesidad de disponer de los terrenos afectados. En el caso de ser aprobados los planes, los titulares podían pagar el coste en metálico o con la cesión de terrenos. De este modo logró ser uno de los mayores propietarios de suelo de la Comunidad Valenciana.

Como todo multimillonario que se precie, ya que algunas estimaciones le situaban con una fortuna superior a los 1.000 millones de euros, terminó por ser un mecenas cultural. Creó la Fundación Astroc dedicada a la promoción del arte, el deporte y la gastronomía valenciana, y de la que era el principal financiador después de que la CNMV se mostrara disconforme con que parte de los beneficios de la empresa se destinaran a ella. Como sede de la fundación Astroc eligió un emblemático edificio ubicado en plena avenida de la Castellana de Madrid, en la que fue la antigua sede del banco alemán Dresdner Bank, cuyo valor se estima que puede superar los 20 millones de euros. Además de este palacete poseía otras edificaciones destacadas en Valencia, Palma de Mallorca y Nueva York.

También aportó dinero de su bolsillo para el Instituto Valenciano de Arte Moderno y Contemporáneo y para la fundación que impulsa el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares.

Luis Portillo. El protagonista de la Expo de Sevilla

Gracias a la celebración de la Exposición Universal de Sevilla, se ejecutaron en la capital andaluza multitud de proyectos de gran calado que cambiaron su fisonomía para siempre. Entre los más importantes, estuvieron algunos como la Estación de Santa Justa, el nuevo aeropuerto o el Hotel Al-Andalus, además de las importantes obras que se realizaron en el recinto de La Cartuja, como El Pabellón de los Descubrimientos o el Auditorio. Pues bien, en todas éstas y en algunas más estuvo implicado Luis Portillo, que hasta 1992 había sido un empresario totalmente anónimo. La Expo le dio la oportunidad de cambiar su destino, que probablemente habría sido el de un pequeño empresario como tantos otros que han hecho su dinero en el sector de la construcción sin hacerse notar demasiado.

Desde pequeño su vida había estado unida al mundo del ladrillo. Desde su Sevilla natal, con tan solo 12 años se trasladó a la cercana localidad de Dos Hermanas. Allí finalizó sus estudios de bachillerato con bastantes dificultades, ya con 21 años, y viendo que los estudios no eran lo suyo, su padre le puso a trabajar con él, en una subcontrata de 10 empleados, donde aprendió el oficio de albañil.

A partir de ahí, Portillo empieza a conocer los entresijos del mundo inmobiliario y, en 1987, tomó el mando de la empresa familiar. De su mano, la empresa abandonó el negocio de la subcontrata y se centró en la construcción de Vivienda de Protección Oficial (VPO) en Sevilla y Málaga. Un año antes, su nombre y el de su empresa, Expo An, habían empezado a sonar en el ámbito nacional gracias que levantó en ese ejercicio

1.000 pisos de VPO.

Bien atrincherado en el negocio de las VPO tras la resaca de la Expo, a lo largo de los 90 sus cuentas bancarias empiezan a engordar y, junto a su esposa, crea la sociedad Zent Inversiones, que coloca a la cabeza de su entramado de 36 sociedades.

A partir de ahí, la historia ya conocida que ha protagonizado durante los tres últimos años: la OPA desde Expo-An a Inmocaral, el asalto desde ésta a Colonial, y el descalabro en diciembre del año pasado cuando las acciones de Colonial, el pez grande devorado por el chico, se desplomaron en bolsa.

A pesar de que haya perdido dinero y prestigio, todavía puede disfrutar de su gran afición, navegar con el barco del que es propietario, sin saberse procesado y sin pasar por grande apuros financieros. Además, el haber desaparecido del primer plano de la actualidad aunque sea a la fuerza, le va permitir volver a disfrutar del anonimato. Y es que siempre ha esquivado a los medios de comunicación y no solía dejarse ver en actos públicos.

Francisco Hernando, ‘El Pocero’. Construyendo en el desierto

El más excéntrico y esperpéntico de los señores del ladrillo. Francisco Hernando, conocido por todo el mundo como ‘El pocero’, llegó a publicar en 2004 su biografía, ‘Pasión por construir’. El mejor título para la vida de un hombre que con sólo 20 años alcanzó uno de sus sueños con la construcción de un bloque de pisos, un edificio de ocho plantas en la Avenida de la Albufera de Vallecas. Y que se hizo famoso hace un par de años con la construcción de una macrourbanización de diez mil viviendas en la localidad de Seseña, en la provincia de Toledo.

Nacido en plena posguerra, en1945, en el barrio madrileño de Tetuán, comenzó a trabajar desde niño como repartidor de agua a los vecinos del distrito de Vallecas. Con 14 años fue contratado por la constructora Urbis para abastecer de agua a los trabajadores que en 1959 construían el barrio de Moratalaz. Tras trabajar algunos años en la profesión que le daría el apodo, el desarrollismo de los 60 le dio la oportunidad de poner en práctica su capacidad para hacer dinero en el sector de la construcción. Y a medida que sus cuentas bancarias engordaban, sus excentricidades iban en aumento. Fue en 1985 cuando adquirió su primer yate, Lady Mónica, en honor a su hija, por valor de 1.000 millones de pesetas de entonces. Y actualmente es propietario de Clarena, un 'megayate' de 46 metros de eslora y valorado en 25 millones de euros, que supera al Fortuna de la Casa Real. Aunque su afición a la náutica le ha dado algún que otro problema. En mayo de 2006 su nombre aparecía en la prensa nacional por demandar a Graf Klaus y Margarita Bimboese von Trott, el matrimonio propietario de la multinacional de electrodomésticos Teka. Les había adquirido en el verano de 2005 el puerto deportivo Puerto Portals, en Mallorca, por 110 millones y Hernando entendía que su valor era de 9 millones de euros.

Su holding de empresas inmobiliarias incluye ha llegado a incluir una de náutica y otra de aviación, Lady Mónica y Jets Personales, respectivamente.

Trinitario Casanovas. El buscavidas

La noticia con la que Trinitario Casanovas ha saltado al primer plano de la actualidad dice mucho del empresario murciano. Casanova compró el 3,5 por ciento de las acciones del Banco Popular, pero acuciado por las deudas difundió rumores acerca del interés de un grupo mexicano para revalorizar su paquete y poder venderlo por lo menos al mismo precio que lo compró. Enriquecido por el boom inmobiliario en la costa murciana, en vez de inclinarse por el arte o los barcos, Casanovas se metió en la otra gran afición de los millonarios, los medios. Llegó a ser propietario de los diarios El Faro y Crónica del Sureste

La crisis afecta también a los poderosos

El pinchazo de la burbuja inmobiliaria también está afectando a los otros dos ‘grandes’ que no proceden de las familias históricas del sector, Florentino Pérez y Luis del Rivero. Aunque ni mucho menos las situaciones de Sacyr y ACS son comparables a ninguna de las empresas citadas, especialmente en el caso de la segunda, ejecutora de muchas de las grandes infraestructuras públicas.

La falta de liquidez ha llevado al presidente de ACS, Florentino Pérez, a desprenderse de su participación en Unión Fenosa. El anuncio de este movimiento, conducido, según explicaba la eempresa, a consolidar su posición en Iberdrola ha supuesto una auténtica sorpresa porque Florentino Pérez siempre manifestó públicamente que el paquete accionarial en Fenosa contituía un valor estratégico.

Y algo parecido puede decirse, por ejemplo,  de Luis del Rivero. Sacyr está empezando a desprenderse de activos y a aplazar el pago de créditos.

Desde luego, ni el perfil de Florentino Pérez ni el de Luis del Rivero se parece al de un tiburón de los negocios surgido de la nada. Pérez   siempre se ha movido en los más altos niveles político y económicos. Gracias a su militancia en UCD fue elegido concejal del Ayuntamiento de Madrid y posteriormente director general de Infraestructuras de Transportes, compaginando ambos cargos. En 1981 fue nombrado pasó a ser presidente del Instituto de Reforma y Desarrollo Agrario (IRIDA), dependiente del Ministerio de Agricultura. Fue a partir de la derrota electoral de UCD cuando se dedicó de lleno a la construcción, como vicepresidente ejecutivo de Construcciones Padrós.

Del Rivero, sin llegar a ocupar los cargos políticos del presidente de ACS, ya tenía una sólida carrera de doce años en Ferrovial cuando fundó en 1986 fundó la Sociedad Anónima Caminos y Regadíos, que pasó a llamarse Sacyr en 1991.

El 'evangelio del mercado', por Enric Sopena


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