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Nº 798 - 28 de julio de 2008

Los Juegos Olímpicos, el broche al espectacular crecimiento del gigante asiático

La nueva China


En dos semanas Pekín se convertirá en la capital del mundo con la celebración del mayor acontecimiento mediático mundial cada cuatro años: los Juegos Olímpicos. El eterno conflicto del Tíbet ha promovido un intento fallido de boicot internacional a este acontecimiento. Sin embargo, China está de actualidad siempre, más allá de sucesos concretos. El mundo observa, entre asombrado y asustado, el crecimiento imparable de la economía del gigante asiático, que ha pasado ya a convertirse en la cuarta potencia mundial, y que sigue un progreso imparable a un ritmo que nadie puede seguir. La multiplicación de su demanda de materias primas y alimentos causa una gran preocupación, al igual que su cada vez más destacada contribución a la contaminación del planeta, como consecuencia de su industrialización exponencial. Muchas voces apuntan a la inviabilidad de un sistema universal que, tal y como está en la actualidad sería imposible de mantener si cada ciudadano chino consumiese al mismo nivel que uno europeo o norteamericano.

Por Pedro Antonio Navarro

C hina se convertía oficialmente en 2007 en la cuarta potencia económica del mundo. También es el quinto país en exportación de mercancías, tras Estados Unidos, Alemania, Japón y Francia, aunque a distancia muy corta de los tres últimos, a los que rebasará en los próximos años.

El crecimiento del mayor país de Asia (con permiso de Rusia, a la que consideramos europea) se ha mostrado imparable desde el cambio de política económica iniciado en 1978. Pero ha sido en los últimos años cuando esos efectos se han demostrado con mayor rotundidad y pujanza. El crecimiento anunciado en 2007, de un 11,4 por ciento de crecimiento anual del PIB –el mayor del mundo, y desde 1994 (la fecha del mayor incremento; un 13,1 por ciento), cada año ha crecido en el entorno del diez por ciento-, hubo de ser corregido hace dos meses, confirmando que, en realidad, había sido de un 11,9 por ciento. Esto equivale a 24,66 billones de yuanes (2,33 billones de euros).

En cuanto a la balanza comercial, el país presenta un espectacular superávit de 262.200 millones de dólares en el ejercicio anterior. Este dato ha encendido muchas alarmas, especialmente en Washington, donde se cuestionan la supervivencia del estatus de Nación Más Favorecida otorgado a China, lo que, en la práctica, significa la eliminación de aranceles para los productos provenientes de la República Popular. Las autoridades de Pekín se han apresurado a enviar mensajes tranquilizadores, asegurando que creen que han llegado a su pico de crecimiento.

Sin embargo, muchos analistas internacionales no lo creen así. Tim Condon, del Grupo ING en Asia considera que “la demanda doméstica –creciente- tiene toda la capacidad de contrarrestar el componente de la demanda internacional, que podría desacelerarse debido a la reducción del superávit comercial, y mantener el crecimiento bastante alto”.

Una de las consecuencias automáticas de este crecimiento económico sin parangón ha sido el también espectacular incremento en la demanda de materias primas por parte de China. En los últimos 15 años, el incremento de la demanda de energía creció en un 260 por ciento.

Pekín ha encontrado un mercado idóneo para su suministro en América Latina. Sus inversiones en el subcontinente se han disparado, especialmente en los últimos cinco años. De los 10.000 millones de dólares que supuso el comercio con Sudamérica en 1993, hemos pasado a casi 70.000 millones en 2007. Sólo Argentina suministra a China el 30 por ciento de la soja que se consume en el gigante asiático. Pekín se ha convertido en el primer comprador de cobre chileno, superando a Estados Unidos. También es el primer comprador del níquel de Cuba, y ha suscrito importantísimos acuerdos comerciales con Venezuela –para el desarrollo de las reservas de petróleo y gas-, y con Brasil (importantísimo productor de hierro, bauxita, zinc, manganeso, madera o soja), convirtiéndose en su segundo socio comercial, tras cuadruplicar los intercambios en los últimos cinco años. Durante la visita oficial a Brasil del presidente chino, Hu Jintao, en 2004, el mandatario comprometió una inversión de 100.000 millones de dólares en la región en los próximos diez años.

Una prueba del crecimiento exponencial de la economía china lo dan algunos datos de su capacidad de consumo. En marzo de este año, el país asiático adelantaba a Estados Unidos en número de usuarios de Internet, registrándose 233 millones de internautas (por 216 millones de los norteamericanos). China se ha convertido en el primer importador mundial de cobre, cemento y aluminio, y en el segundo de petróleo, sólo por detrás de Estados Unidos. El número de usuarios de teléfonos móviles ha alcanzado la cifra de 592 millones, un poco menos de la mitad de la población.

Las contrapartidas son importantes. Si el ritmo de compra de automóviles se sostiene en los próximos años y alcanzase proporcionalmente al de Estados Unidos, serían necesarios 600 millones de automóviles –más de los que existen hoy en todo el planeta-. Diversos estudios de Naciones Unidas establecen que si el consumo en general por cada habitante chino llegase a los niveles actuales del consumo de cada ciudadano estadounidense, serían necesarios los recursos de 2,5 planetas Tierra para poder abastecer esa demanda.

La contaminación es otro de los aspectos negativos. China no ha suscrito el Protocolo de Kyoto. Ya es el segundo país emisor de dióxido de carbono a la atmósfera –detrás de Estados Unidos-, y según el Banco Mundial, en China se ubican 16 de las 20 ciudades más contaminadas del mundo, incluida la capital, Pekín, lo que ha ocasionado que algunos deportistas de élite hayan cuestionado su participación en los Juegos Olímpicos.

Las autoridades del país están poniendo en marcha un gran número de planes para mitigar los efectos de la contaminación, especialmente, en áreas urbanas, la sustitución de las calefacciones de carbón por las de gas natural, así como el compromiso de impulsar energías renovables, como la solar o la eólica, para ir sustituyendo paulatinamente a las de hidrocarburos. Pero el ritmo es lento, y no se acompasa con la velocidad del crecimiento económico.

Del mismo modo, la gran cantidad de presas construidas está amenazando la estabilidad del sistema hídrico, no sólo en el país, sino también en Estados vecinos que ven disminuir el caudal de los ríos al paso por sus tierras, lo que amenaza su sistema agrícola y ganadero, y que ha generado más de una reclamación internacional, especialmente, por parte de Vietnam.

Es cierto que la calidad de vida, la dieta, la educación, la sanidad, el transporte y el nivel de vida en general han mejorado considerablemente en la nación más poblada del mundo. Sin embargo, el desarrollo económico también ha provocado el mayor éxodo rural a zonas urbanas de toda la historia de la Humanidad. Se calcula que en los próximos 25 años, otros 400 millones de chinos emigrarán del campo a la ciudad, con la consiguiente necesidad de reforzamiento de infraestructuras y servicios de todo tipo.

Tampoco ha de olvidarse a China como gran potencia militar. Pese al embargo de tecnología militar que pesa sobre Pekín, han sido capaces de desarrollar sus propios sistemas avanzados. La posesión del arma atómica, y sus dos millones y medio de personal de tropa, hacen del ejército chino uno de los más potentes del planeta.

LAS CIFRAS ECONÓMICAS

Crecimiento en 2007: 11,9 por ciento del PIB (2,33 billones de euros)
Reserva de divisas: 1.280.000.000.000 de dólares
592 millones de teléfonos móviles
233 millones de usuarios de Internet
Inflación en 2007: 4,8 por ciento
Superávit comercial en 2007: 262.200 millones de dólares
Deuda externa: 400.000.000.000 dólares
Incremento gasto en Seguridad Social en 2007: 20 por ciento (27.600 millones de euros)
Incremento de gasto sanitario en 2007: 25 por ciento (8.300 millones de euros)
Incremento de gasto en educación en 2007: 45 por ciento (15.600 millones de euros)
Incremento de gasto en agricultura en 2007: 30 por ciento (42.000 millones de euros)
Incremento en gasto de defensa en 2007: 17 por ciento (37.000 millones de euros)
Inversión en Sudamérica en 2007: 70.000 millones de dólares
Cuarta potencia económica mundial
Quinta nación exportadora en el mundo

El talón de Aquiles de los derechos humanos

El espectacular crecimiento económico y la modernización de los usos sociales en el país más poblado del planeta se ven ensombrecidos por una política que no respeta los Derechos Humanos en muchas ocasiones.

China encabeza la lista de naciones de todo el mundo en la aplicación de la pena de muerte. Según un informe hecho público por Amnistía Internacional, en abril de este año, en 2007 fueron ejecutadas 1.591 personas en todo el mundo, 300 más que en 2006. El Estado en el que se aplicó la pena de muerte en más ocasiones fue la República Popular China, donde se constataron, al menos, 470 ejecuciones.

Según la organización internacional de defensa de los Derechos Humanos, el 80 por ciento de las ejecuciones de todo el Globo se concentraba en sólo cinco países: China, Irán, Arabia Saudí, Pakistán y Estados Unidos.

Los disturbios que estallaban en Lhasa, capital de la región del Tíbet, en marzo de 2008, también recordaban otro de los viejos conflictos que afectan a China desde hace décadas. Las manifestaciones encabezadas por monjes budistas, exigiendo la autonomía plena tibetana se encontraban con una dura represión, con la consecuencia de la muerte de 80 personas, según datos comunicados por el Gobierno tibetano en el exilio, o diez, en la versión ofrecida por el Ejecutivo de Pekín.

La revuelta, que había comenzado el 10 de marzo, coincidiendo con el aniversario de la primera revuelta contra la ocupación china, en 1959, se extendía también a las provincias limítrofes de Quingai, Gansu y Sicuani, donde también llegaba la represión. La política de Pekín en estas regiones pasa por la realización de fuertes inversiones en infraestructuras y en educación, al  tiempo que se desplaza a población de origen chino –singularmente, de la etnia han, la mayoritaria en el país-. El Gobierno tibetano en el exilio reconoce que “es cierto que ahora los tibetanos son más ricos, pero su cultura y su lengua están desapareciendo”.

Los partidarios del Dalai Lama, en esta ocasión, habían tratado de aprovechar la coyuntura del año olímpico para generar un impacto mayor en la opinión pública mundial acerca de sus reivindicaciones, tratando, además, de promover un boicot internacional a los Juegos. La anterior rebelión contra la presencia china se producía en 1989, también en el entorno del aniversario de los hechos de 1959. La contundente respuesta de las autoridades de Pekín dejaba un saldo de varios miles de fallecidos, aunque ningún organismo ha ofrecido una cifra fiable.

Otro hito en la represión de los movimientos de protesta se producía también en 1989. el 15 de abril de ese año comenzaba una serie de protestas y manifestaciones lideradas por estudiantes, intelectuales y trabajadores –en muchos casos, por razones diferentes, ya que, mientras unos alzaban la voz contra un modelo que consideraban represivo, otros numerosos grupos de trabajadores protestaban contra unas reformas que, a su criterio, habían llegado demasiado lejos-, y que durante semanas (sin que apenas interviniesen las autoridades) tenían lugar en la céntrica plaza pekinesa de Tian’anmen.

Tras un tenso debate interno en el Gobierno, en el que afloraron grandes diferencias de criterio, finalmente se imponía la línea dura y se decidía atajar la situación. El 20 de mayo se declaraba la ley marcial y, definitivamente, se enviaban tropas del ejército el 3 de junio a la plaza y sus alrededores. Los datos más fiables estiman el número de muertos entre 400 y 600, y más de 5.000 heridos. Estos hechos supusieron una condena internacional al Gobierno de aquel momento y el decreto de un embargo de armas que persiste hasta hoy.

El asunto ha sido un tabú informativo en el país hasta el cambio de Gobierno y de la cúpula del Partido Comunista en 2004. Desde entonces, el Ejecutivo de Pekín ha redoblado sus esfuerzos por conseguir el levantamiento de este embargo. En sus negociaciones casi permanentes con la Unión Europea, los nuevos líderes chinos llegaron a contar con el respaldo del que fuer5a presidente francés, Jacques Chirac, y también del ex presidente alemán, Gerhard Schroeder, aunque siempre existió la oposición del Reino Unido. La llegada al poder de Angela Merkel en Alemania, y de Nicolas Sarkozy en Francia ha supuesto un endurecimiento de la posición europea, cuando la UE se había comprometido en 2005 a “trabajar por la suspensión del embargo”. Esta posición había acarreado la amenaza estadounidense de extender el embargo de tecnología a la propia Europa para evitar su posterior transferencia a China.

El gigante asiático, en cambio, sí ha encontrado otros proveedores en países como Israel o Sudáfrica.

A pesar de no ser un hecho conocido en Occidente, el régimen chino no se sustenta exclusivamente en el principio de partido único. Otras ocho formaciones políticas actúan libremente en el país. Ocho partidos que han sido legales desde el principio de la revolución maoísta, y con los que, en una u otra medida, el Partido Comunista Chino mantiene acuerdos de colaboración, estando, en muchos casos, vinculados a las estructuras del poder local o regional.

De todos modos, la mayor formación, con gran diferencia, es el Partido Comunista. Se trata de la organización política con más afiliados en todo el mundo, unos 67 millones de militantes. Fue fundado en 1921, siendo también el más antiguo.

Desde que, en septiembre de 1949 se celebrase el primer plenario de la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino –que supuso el nacimiento de la República Popular China-, ocho formaciones se sumaban a lo que se denominó “Programa Común”. Junto al PCCh aparecía el Comité Revolucionario del Kuomintang, escisión del Kumointang de Chang-Kai-Chek, fundado en 1948. En la actualidad cuenta con cerca de 70.000 militantes.

También está la Liga Democrática de China, nacida en 1941. Es el segundo más importante, tras el Partido Comunista, y cuenta con 160.000 afiliados, la mayoría ligados al mundo intelectual y a las clases medias. Construcción Democrática de China nace en diciembre de 1945. Sus 90.000 militantes, mayoritariamente están relacionados con el ámbito de la economía.

Promoción de la Democracia en China, como el anterior, también es fundado en diciembre de 1945, cuenta con un número similar de afiliados, casi todos intelectuales relacionados con la enseñanza, la cultura y el mundo editorial. Su órgano de expresión es la revista “Democracia”. Más antiguo es el Partido Democrático Campesino y Obrero, que se remonta a 1930. Sus más de 80.000 militantes, además de los campos de su enunciado, provienen del ámbito sanitario y de la investigación científica. También poseen una publicación, “Foro de progreso”.

El segundo partido más antiguo en el país es el Zhigongdang, fundado en 1925 fuera de las fronteras nacionales, en la ciudad norteamericana de San Francisco, donde existía una numerosa comunidad china. Buena parte de sus 20.000 afiliados son nacionales chinos que vivían en otros Estados y que han regresado. Sociedad 3 de Septiembre tiene su origen en 1944. 80.000 integrantes, aproximadamente.

Por último, en 1947, y en la ciudad de Hong Kong ve la luz la Liga para la Democracia y la Autonomía de Taiwán. Apenas 2.000 afiliados, todos nacidos en Taiwán, y que ahora viven en el continente, que apuestan por la reunificación china con un estatuto de autonomía para la isla.

Una nación de naciones

La República Popular China no sólo es un gigante económico de enorme influencia en el resto del mundo. También sus dimensiones son colosales, tanto físicas, como demográficas, lo que, históricamente, ha condicionado su desarrollo, y ha marcado, con independencia de los regímenes políticos de los que se ha dotado, su peculiar estilo y las particularidades que le afectan, casi desde siempre.

China es el tercer país del mundo en extensión, por detrás de Rusia y Canadá, abarcando un área de 9.572.900 kilómetros cuadrados, lo que equivale a una superficie casi 18 veces superior a la de España. Las distancias interiores son enormes. De norte a sur, la separación máxima es de 5.500 kilómetros, y otros 5.000 de este a oeste. Sus fronteras terrestres se extienden a lo largo de 22.800 kilómetros, lo que equivale a más de la mitad de la línea del Ecuador, que divide a La Tierra en dos partes iguales. A lo largo de esa tremenda distancia toma contacto con otras 14 naciones, algunas de las cuales formaban parte de la antigua Unión Soviética, como Rusia, Kazjstán, Kirguizistán o Tayikistán. Pero también hace frontera terrestre con Corea del Norte, Mongolia, Afganistán, India, Nepal, Bután, Myanmar, Pakistán, Laos y Vietnam. Su proximidad a tantas zonas calientes confiere a China un valor geoestratégico de primer orden. También tiene fronteras marítimas con otros seis Estados: Brunei, Corea del Sur, Filipinas, Indonesia, Japón y Malaysia.

Distribuidas en diferentes archipiélagos y mares, La República Popular China cuenta con un total de 6.961 islas, de las que están habitadas 433. Las costas del país se extienden a lo largo de 32.000 kilómetros -18.000 en el litoral continental, y 14.000 en el litoral insular-.

Con todo, las cifras más espectaculares se corresponden con los datos demográficos. Sus 1.300 millones de habitantes reconocidos en el último censo implican que el 20 por ciento del total de la población mundial vive en este país. La densidad demográfica casi duplica a la española, aunque, además, se ha producido una enorme concentración poblacional en grandes áreas urbanas, casi todas próximas a las costas. Si en 1950 la población urbana representaba el 13 por ciento del total, en la actualidad esa cifra ha ascendido al 45 por ciento, y se calcula que antes de 2025 llegará a sobrepasar el 60 por ciento.

China sólo posee el siete por ciento de toda la tierra cultivable del planeta, lo que ha supuesto un condicionante histórico para el abastecimiento de sus ciudadanos y para su desarrollo. Desde hace años, las autoridades impulsan un ambicioso plan de contención demográfica, conocido como la política del hijo único, que ha recibido por igual fuertes críticas y sonoros halagos. Los cálculos efectuados por diversas agencias de Naciones Unidas concluyen que de no haber sido implementada esta estrategia, la población china excedería hoy los 1.500 millones de habitantes, lo que hubiera impedido el enorme desarrollo económico experimentado en los últimos años.

El grave problema se ha presentado, sobre todo, en las zonas rurales, donde el nacimiento de una hija se considera un lastre económico, lo que ha provocado un incremento exponencial en los abortos selectivos y, a su vez, una desproporción entre sexos -119 niños nacidos por cada 100 niñas-. Para paliar la situación se han elaborado leyes que permiten tener un segundo hijo en las zonas rurales, si el primero ha sido niña; se han prohibido las exploraciones médicas que permiten determinar el sexo del feto, y se ha establecido un amplísimo programa de ayudas y subvenciones para las familias con hijas.

En la República Popular China conviven 56 grupos étnicos diferentes, aunque la etnia han es la más numerosa, estando representada en un 92 por ciento de la población. Pese a que China es un país administrativamente considerado centralista, numerosas regiones gozan de ciertos niveles de autonomía, especialmente Tíbet, pese a los conflictos periódicos por esta razón, y determinadas regiones costeras e insulares.

La colosal extensión, las distancias, la variedad étnica y las diferencias culturales hacen de China una auténtica nación de naciones.

La obsesión por la seguridad

“Bienvenido a Pekín” dice el eslogan. La ambición china: organizar los mejores Juegos Olímpicos de la historia moderna, demostrando que ya cuenta con las credenciales para entrar a la comunidad internacional con la frente en alto, pero los controles para evitar que cualquier imprevisto ponga en riesgo la “perfección” y la “armonía social” que tanto obsesionan al liderazgo chino, suponen un alto costo socio-económico para el país y hasta puede repercutir internacionalmente.

Por Pablo Wang (Pekín)

A  unas semanas de de los Juegos Olímpicos de Pekín 2008, Xi Jinping, vicepresidente chino y favorito al máximo cargo cuando Hu Jintao cumpla su segundo término, dijo en un acto de movilización del Partido Comunista Chino que “la seguridad es el símbolo del éxito de los Juegos y de la imagen nacional china”.

Luego de edificar los más extravagantes edificios sobre los escombros de antiguos barrios y de realizar el más extenso relevo mundial de la llama olímpica (con algunos tropiezos en Londres y París), ahora más que nunca, Pekín enfatiza sobre la seguridad y el desarrollo “armonioso” del evento deportivo. La “armonía social” es el mantra del presidente Hu Jintao, y muchas veces se “armoniza” a la fuerza. Más de 100 mil efectivos antiterroristas fueron apostados en la capital china y hasta se imprimió un panfleto educando a los residentes pekineses sobre cómo identificar y actuar ante 39 riesgos terroristas. El miedo generalizado es palpable: “no quería ser transferida a Pekín antes de los Juegos”, dice la gerente de una aerolínea en otra ciudad china; su marido agrega: “tengo miedo de los terroristas, hasta que no se terminen los Juegos, no voy”.

La prensa alimenta el miedo: el 18 de julio un hombre fue arrestado por portar gran cantidad de explosivos cuando viajaba desde Xinjiang hacia Chongqing, el día 21 explosiones en dos autobuses en Kunming mataron a 2 e hirieron a 14 personas. El gobierno chino sostiene que ha frustrado cinco ataques contra los Juegos, deteniendo a más de 80 personas en Xinjiang, donde se agrupan independentistas islámicos. Además, a pesar de las reuniones entre el gobierno chino y representantes del Dalai Lama, la tensión en Tíbet sigue latente, como lo evidenció el gran despliegue militar cuando la antorcha olímpica pasó por su capital, Lhasa.

A mediados de julio la policía montó tres aros concéntricos de controles alrededor de Pekín: todos los vehículos que intenten ingresar son revisados exhaustivamente para detectar artículos o personas “sospechosas”. No está exento de los controles el material enviado por correo o mensajería rápida. El señor Li, gerente de ventas de una planta petroquímica en la ciudad, dice que con el argumento de la seguridad se “está afectando severamente a todos los negocios en Pekín, ya que el impedimento al ingreso de materia prima, productos acabados, repuestos y hasta muestras hacen que la operación normal de las empresas sea prácticamente imposible”.

Para detener el ingreso de “sospechosos” (o indeseables) entre los cuales figuran campesinos empobrecidos y víctimas de toda clase de injusticias que acuden a la capital con el deseo de hallar oídos a sus demandas, se ordenó a las autoridades provinciales impedir que estos demandantes viajen hacia Pekín; se exige a todo pasajero de tren y autobús presentar su documento de identidad al comprar el pasaje, como si de un boleto de avión se tratase; también se examina el equipaje en estaciones de tren y autobús como si fuesen aeropuertos. Por su parte, el aeropuerto de Pekín estará clausurado por unas 5 horas mientras se realiza la ceremonia de apertura en el Estadio Nacional o “Nido de Pájaro”, así lo confirmó Huang Gang, vicegerente general del aeropuerto. Asimismo, circulan versiones de que se instaló un misil antiaéreo en las cercanías del “Nido de Pájaro”. No debe de extrañarse, ya que se anunció la presencia de huéspedes tan destacables como George W. Bush y Nicolas Sarkozy.

A las medidas de seguridad hay que agregar aquellas para cumplir con la promesa de limpiar el aire crónicamente contaminado de Pekín, que ya han costado unos 13 mil millones de Euros. Desde el 20 de julio, los coches circulan en días alternos, dependiendo de si sus matrículas sean pares o impares, un 30% de los vehículos gubernamentales y comerciales deben mantenerse fuera de las calles de forma “voluntaria”. Se prohíbe el normal funcionamiento de fábricas en Pekín, y en seis provincias vecinas. Bajo la supervisión constante de varios organismos gubernamentales, la planta del señor Li tendrá que reducir su producción durante los Juegos Olímpicos (del 8 al 24 de agosto) y los Juegos Paralímpicos (del 6 al 17 de septiembre). Otras fábricas optaron por cerrar y despachar a todos los obreros migratorios a sus provincias de origen. Comparten la misma suerte centenas de miles de obreros de construcción, ya que las obras también se suspenden durante este período.

Algunos analistas temen que las demoras perjudiquen el abastecimiento en la temporada navideña en Europa y Estados Unidos, pero lo cierto es que los centros industriales de Guangzhou y Shanghai, en el sur y centro del país, exportan la mayoría de los productos de consumo, mientras que Pekín y el norte concentran la industria pesada para el mercado interno. La reconstrucción de Sichuan tras el terremoto podría ser efectivamente afectada.

Para los espectadores, el comité organizador chino elaboró una lista de 22 restricciones y 4 prohibiciones, destacándose la de no introducir banderas de “regiones no-participantes” a las gradas, algo que al parecer va dirigido contra las banderas de Tíbet y Taiwán (cuya comitiva sí participa bajo el nombre “Chinese Taipei”). También se prohíben ropas idénticas, lo que desconcierta a los hinchas que suelen ponerse la camiseta de su equipo favorito. Zhang Zhenliang, miembro del comité organizador, sostuvo que las exigencias de Pekín concuerdan con las del Comité Olímpico Internacional y tienen como fin “asegurar que cada espectador pueda presenciar los juegos con seguridad y alegría”.

Se esperaba que la gran fiesta olímpica atrajera a Pekín hasta 500 mil visitantes extranjeros y 1,6 millones de turistas chinos. Anticipando que esta demanda inundaría la ciudad, se construyeron hoteles con frenesí, pero a pocas semanas de la apertura, Xiong Yumei, vicedirectora de la Administración de Turismo de Pekín reconoció que todavía abundaban las habitaciones: ni la mitad de todas las habitaciones disponibles estaban reservadas para los Juegos. Xiong sostuvo que las cifras coincidían con las expectativas oficiales, ya que se incrementó la oferta, y negó que las nuevas restricciones al visado hubiesen ahuyentado a los extranjeros. Sun Weide, uno de los portavoces del comité organizador chino, le hizo eco: “La política de visados es muy clara: garantizar la seguridad de los atletas durante los Juegos (...), tomaremos todas las medidas necesarias para garantizar la armonía de los mismos”.

China había comenzado a implementar estrictas normas de visado luego de los disturbios en Tíbet en marzo, pero sin reconocerlo en primera instancia, causando gran confusión. Ya en julio, una representante de compras española fue tomada por sorpresa cuando al intentar cruzar la frontera entre Hong Kong y China, se le negó la entrada cuando su visado chino de entrada múltiple seguía vigente: no pudo reunirse con sus proveedores y volvió con las manos vacías. No hay cifras oficiales, pero por lo menos decenas de miles de casos similares se acumularon en lo que va del año. Aún así, el gobierno chino insiste en que acoge con los brazos abiertos a todo el mundo.

A las 8 de la tarde del día 8 del octavo mes del año 2008, China será finalmente anfitriona de su primer mega evento mundial. En la tradición china, el 8 está asociado con la fortuna (económica), y la adopción del simbolismo muestra que el liderazgo colectivo de hoy, pragmático y reformista, está desasociándose cada vez más del revolucionario Mao Zedong, fundador de la República Popular y detractor de lo tradicional. Sin embargo, en su obsesión por mostrarle al mundo una cara sin imperfecciones, casi a cualquier precio, Pekín está exponiendo la naturaleza todavía autoritaria del régimen.

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