En dos semanas Pekín se convertirá en la capital del mundo
con la celebración del mayor acontecimiento mediático mundial cada cuatro años:
los Juegos Olímpicos. El eterno conflicto del Tíbet ha promovido un intento
fallido de boicot internacional a este acontecimiento. Sin embargo, China está
de actualidad siempre, más allá de sucesos concretos. El mundo observa, entre
asombrado y asustado, el crecimiento imparable de la economía del gigante
asiático, que ha pasado ya a convertirse en la cuarta potencia mundial, y que
sigue un progreso imparable a un ritmo que nadie puede seguir. La
multiplicación de su demanda de materias primas y alimentos causa una gran
preocupación, al igual que su cada vez más destacada contribución a la
contaminación del planeta, como consecuencia de su industrialización
exponencial. Muchas voces apuntan a la inviabilidad de un sistema universal
que, tal y como está en la actualidad sería imposible de mantener si cada
ciudadano chino consumiese al mismo nivel que uno europeo o norteamericano.
Por Pedro Antonio Navarro
C hina se convertía oficialmente en 2007 en la cuarta
potencia económica del mundo. También es el quinto país en exportación de
mercancías, tras Estados Unidos, Alemania, Japón y Francia, aunque a distancia
muy corta de los tres últimos, a los que rebasará en los próximos años.
El crecimiento del mayor país de Asia (con permiso de Rusia,
a la que consideramos europea) se ha mostrado imparable desde el cambio de
política económica iniciado en 1978. Pero ha sido en los últimos años cuando
esos efectos se han demostrado con mayor rotundidad y pujanza. El crecimiento
anunciado en 2007, de un 11,4 por ciento de crecimiento anual del PIB –el mayor
del mundo, y desde 1994 (la fecha del mayor incremento; un 13,1 por ciento),
cada año ha crecido en el entorno del diez por ciento-, hubo de ser corregido
hace dos meses, confirmando que, en realidad, había sido de un 11,9 por ciento.
Esto equivale a 24,66 billones de yuanes (2,33 billones de euros).
En cuanto a la balanza comercial, el país presenta un
espectacular superávit de 262.200 millones de dólares en el ejercicio anterior.
Este dato ha encendido muchas alarmas, especialmente en Washington, donde se
cuestionan la supervivencia del estatus de Nación Más Favorecida otorgado a
China, lo que, en la práctica, significa la eliminación de aranceles para los
productos provenientes de la República Popular. Las autoridades de Pekín se han
apresurado a enviar mensajes tranquilizadores, asegurando que creen que han
llegado a su pico de crecimiento.
Sin embargo, muchos analistas internacionales no lo creen
así. Tim Condon, del Grupo ING en Asia considera que “la demanda doméstica
–creciente- tiene toda la capacidad de contrarrestar el componente de la
demanda internacional, que podría desacelerarse debido a la reducción del
superávit comercial, y mantener el crecimiento bastante alto”.
Una de las consecuencias automáticas de este crecimiento
económico sin parangón ha sido el también espectacular incremento en la demanda
de materias primas por parte de China. En los últimos 15 años, el incremento de
la demanda de energía creció en un 260 por ciento.
Pekín ha encontrado un mercado idóneo para su suministro en
América Latina. Sus inversiones en el subcontinente se han disparado,
especialmente en los últimos cinco años. De los 10.000 millones de dólares que
supuso el comercio con Sudamérica en 1993, hemos pasado a casi 70.000 millones
en 2007. Sólo Argentina suministra a China el 30 por ciento de la soja que se
consume en el gigante asiático. Pekín se ha convertido en el primer comprador
de cobre chileno, superando a Estados Unidos. También es el primer comprador
del níquel de Cuba, y ha suscrito importantísimos acuerdos comerciales con
Venezuela –para el desarrollo de las reservas de petróleo y gas-, y con Brasil
(importantísimo productor de hierro, bauxita, zinc, manganeso, madera o soja),
convirtiéndose en su segundo socio comercial, tras cuadruplicar los
intercambios en los últimos cinco años. Durante la visita oficial a Brasil del
presidente chino, Hu Jintao, en 2004, el mandatario comprometió una inversión
de 100.000 millones de dólares en la región en los próximos diez años.
Una prueba del crecimiento exponencial de la economía china
lo dan algunos datos de su capacidad de consumo. En marzo de este año, el país
asiático adelantaba a Estados Unidos en número de usuarios de Internet,
registrándose 233 millones de internautas (por 216 millones de los
norteamericanos). China se ha convertido en el primer importador mundial de
cobre, cemento y aluminio, y en el segundo de petróleo, sólo por detrás de
Estados Unidos. El número de usuarios de teléfonos móviles ha alcanzado la
cifra de 592 millones, un poco menos de la mitad de la población.
Las contrapartidas son importantes. Si el ritmo de compra de
automóviles se sostiene en los próximos años y alcanzase proporcionalmente al
de Estados Unidos, serían necesarios 600 millones de automóviles –más de los
que existen hoy en todo el planeta-. Diversos estudios de Naciones Unidas
establecen que si el consumo en general por cada habitante chino llegase a los
niveles actuales del consumo de cada ciudadano estadounidense, serían
necesarios los recursos de 2,5 planetas Tierra para poder abastecer esa
demanda.
La contaminación es otro de los aspectos negativos. China no
ha suscrito el Protocolo de Kyoto. Ya es el segundo país emisor de dióxido de
carbono a la atmósfera –detrás de Estados Unidos-, y según el Banco Mundial, en
China se ubican 16 de las 20 ciudades más contaminadas del mundo, incluida la
capital, Pekín, lo que ha ocasionado que algunos deportistas de élite hayan
cuestionado su participación en los Juegos Olímpicos.
Las autoridades del país están poniendo en marcha un gran
número de planes para mitigar los efectos de la contaminación, especialmente,
en áreas urbanas, la sustitución de las calefacciones de carbón por las de gas
natural, así como el compromiso de impulsar energías renovables, como la solar
o la eólica, para ir sustituyendo paulatinamente a las de hidrocarburos. Pero
el ritmo es lento, y no se acompasa con la velocidad del crecimiento económico.
Del mismo modo, la gran cantidad de presas construidas está
amenazando la estabilidad del sistema hídrico, no sólo en el país, sino también
en Estados vecinos que ven disminuir el caudal de los ríos al paso por sus
tierras, lo que amenaza su sistema agrícola y ganadero, y que ha generado más
de una reclamación internacional, especialmente, por parte de Vietnam.
Es cierto que la calidad de vida, la dieta, la educación, la
sanidad, el transporte y el nivel de vida en general han mejorado
considerablemente en la nación más poblada del mundo. Sin embargo, el
desarrollo económico también ha provocado el mayor éxodo rural a zonas urbanas
de toda la historia de la Humanidad. Se calcula que en los próximos 25 años,
otros 400 millones de chinos emigrarán del campo a la ciudad, con la
consiguiente necesidad de reforzamiento de infraestructuras y servicios de todo
tipo.
Tampoco ha de olvidarse a China como gran potencia militar.
Pese al embargo de tecnología militar que pesa sobre Pekín, han sido capaces de
desarrollar sus propios sistemas avanzados. La posesión del arma atómica, y sus
dos millones y medio de personal de tropa, hacen del ejército chino uno de los
más potentes del planeta.
LAS CIFRAS ECONÓMICAS
| Crecimiento en 2007: 11,9 por ciento del PIB (2,33 billones
de euros) |
| Reserva de divisas: 1.280.000.000.000 de dólares |
| 592 millones de teléfonos móviles |
| 233 millones de usuarios de Internet |
| Inflación en 2007: 4,8 por ciento |
| Superávit comercial en 2007: 262.200 millones de dólares |
| Deuda externa: 400.000.000.000 dólares |
| Incremento gasto en Seguridad Social en 2007: 20 por ciento
(27.600 millones de euros) |
| Incremento de gasto sanitario en 2007: 25 por ciento (8.300 millones
de euros) |
| Incremento de gasto en educación en 2007: 45 por ciento
(15.600 millones de euros) |
| Incremento de gasto en agricultura en 2007: 30 por ciento
(42.000 millones de euros) |
| Incremento en gasto de defensa en 2007: 17 por ciento
(37.000 millones de euros) |
| Inversión en Sudamérica en 2007: 70.000 millones de dólares |
| Cuarta potencia económica mundial |
| Quinta nación exportadora en el mundo |
El talón de Aquiles de los derechos humanos
El espectacular crecimiento económico y la modernización de
los usos sociales en el país más poblado del planeta se ven ensombrecidos por
una política que no respeta los Derechos Humanos en muchas ocasiones.
China encabeza la lista de naciones de todo el mundo en la
aplicación de la pena de muerte. Según un informe hecho público por Amnistía
Internacional, en abril de este año, en 2007 fueron ejecutadas 1.591 personas
en todo el mundo, 300 más que en 2006. El Estado en el que se aplicó la pena de
muerte en más ocasiones fue la República Popular China, donde se constataron,
al menos, 470 ejecuciones.
Según la organización internacional de defensa de los
Derechos Humanos, el 80 por ciento de las ejecuciones de todo el Globo se
concentraba en sólo cinco países: China, Irán, Arabia Saudí, Pakistán y Estados
Unidos.
Los disturbios que estallaban en Lhasa, capital de la región
del Tíbet, en marzo de 2008, también recordaban otro de los viejos conflictos
que afectan a China desde hace décadas. Las manifestaciones encabezadas por
monjes budistas, exigiendo la autonomía plena tibetana se encontraban con una
dura represión, con la consecuencia de la muerte de 80 personas, según datos
comunicados por el Gobierno tibetano en el exilio, o diez, en la versión
ofrecida por el Ejecutivo de Pekín.
La revuelta, que había comenzado el 10 de marzo,
coincidiendo con el aniversario de la primera revuelta contra la ocupación
china, en 1959, se extendía también a las provincias limítrofes de Quingai,
Gansu y Sicuani, donde también llegaba la represión. La política de Pekín en
estas regiones pasa por la realización de fuertes inversiones en
infraestructuras y en educación, al tiempo que se desplaza a población de
origen chino –singularmente, de la etnia han, la mayoritaria en el país-. El
Gobierno tibetano en el exilio reconoce que “es cierto que ahora los tibetanos
son más ricos, pero su cultura y su lengua están desapareciendo”.
Los partidarios del Dalai Lama, en esta ocasión, habían
tratado de aprovechar la coyuntura del año olímpico para generar un impacto
mayor en la opinión pública mundial acerca de sus reivindicaciones, tratando,
además, de promover un boicot internacional a los Juegos. La anterior rebelión
contra la presencia china se producía en 1989, también en el entorno del
aniversario de los hechos de 1959. La contundente respuesta de las autoridades
de Pekín dejaba un saldo de varios miles de fallecidos, aunque ningún organismo
ha ofrecido una cifra fiable.
Otro hito en la represión de los movimientos de protesta se
producía también en 1989. el 15 de abril de ese año comenzaba una serie de
protestas y manifestaciones lideradas por estudiantes, intelectuales y
trabajadores –en muchos casos, por razones diferentes, ya que, mientras unos
alzaban la voz contra un modelo que consideraban represivo, otros numerosos
grupos de trabajadores protestaban contra unas reformas que, a su criterio,
habían llegado demasiado lejos-, y que durante semanas (sin que apenas
interviniesen las autoridades) tenían lugar en la céntrica plaza pekinesa de
Tian’anmen.
Tras un tenso debate interno en el Gobierno, en el que
afloraron grandes diferencias de criterio, finalmente se imponía la línea dura
y se decidía atajar la situación. El 20 de mayo se declaraba la ley marcial y,
definitivamente, se enviaban tropas del ejército el 3 de junio a la plaza y sus
alrededores. Los datos más fiables estiman el número de muertos entre 400 y
600, y más de 5.000 heridos. Estos hechos supusieron una condena internacional
al Gobierno de aquel momento y el decreto de un embargo de armas que persiste
hasta hoy.
El asunto ha sido un tabú informativo en el país hasta el
cambio de Gobierno y de la cúpula del Partido Comunista en 2004. Desde
entonces, el Ejecutivo de Pekín ha redoblado sus esfuerzos por conseguir el
levantamiento de este embargo. En sus negociaciones casi permanentes con la Unión
Europea, los nuevos líderes chinos llegaron a contar con el respaldo del que
fuer5a presidente francés, Jacques Chirac, y también del ex presidente alemán,
Gerhard Schroeder, aunque siempre existió la oposición del Reino Unido. La
llegada al poder de Angela Merkel en Alemania, y de Nicolas Sarkozy en Francia
ha supuesto un endurecimiento de la posición europea, cuando la UE se había
comprometido en 2005 a “trabajar por la suspensión del embargo”. Esta posición
había acarreado la amenaza estadounidense de extender el embargo de tecnología
a la propia Europa para evitar su posterior transferencia a China.
El gigante asiático, en cambio, sí ha encontrado otros
proveedores en países como Israel o Sudáfrica.
A pesar de no ser un hecho conocido en Occidente, el régimen
chino no se sustenta exclusivamente en el principio de partido único. Otras
ocho formaciones políticas actúan libremente en el país. Ocho partidos que han
sido legales desde el principio de la revolución maoísta, y con los que, en una
u otra medida, el Partido Comunista Chino mantiene acuerdos de colaboración,
estando, en muchos casos, vinculados a las estructuras del poder local o
regional.
De todos modos, la mayor formación, con gran diferencia, es
el Partido Comunista. Se trata de la organización política con más afiliados en
todo el mundo, unos 67 millones de militantes. Fue fundado en 1921, siendo
también el más antiguo.
Desde que, en septiembre de 1949 se celebrase el primer
plenario de la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino –que supuso el
nacimiento de la República Popular China-, ocho formaciones se sumaban a lo que
se denominó “Programa Común”. Junto al PCCh aparecía el Comité Revolucionario
del Kuomintang, escisión del Kumointang de Chang-Kai-Chek, fundado en 1948. En
la actualidad cuenta con cerca de 70.000 militantes.
También está la Liga Democrática de China, nacida en 1941.
Es el segundo más importante, tras el Partido Comunista, y cuenta con 160.000
afiliados, la mayoría ligados al mundo intelectual y a las clases medias.
Construcción Democrática de China nace en diciembre de 1945. Sus 90.000
militantes, mayoritariamente están relacionados con el ámbito de la economía.
Promoción de la Democracia en China, como el anterior,
también es fundado en diciembre de 1945, cuenta con un número similar de
afiliados, casi todos intelectuales relacionados con la enseñanza, la cultura y
el mundo editorial. Su órgano de expresión es la revista “Democracia”. Más
antiguo es el Partido Democrático Campesino y Obrero, que se remonta a 1930. Sus
más de 80.000 militantes, además de los campos de su enunciado, provienen del
ámbito sanitario y de la investigación científica. También poseen una
publicación, “Foro de progreso”.
El segundo partido más antiguo en el país es el Zhigongdang,
fundado en 1925 fuera de las fronteras nacionales, en la ciudad norteamericana
de San Francisco, donde existía una numerosa comunidad china. Buena parte de
sus 20.000 afiliados son nacionales chinos que vivían en otros Estados y que
han regresado. Sociedad 3 de Septiembre tiene su origen en 1944. 80.000
integrantes, aproximadamente.
Por último, en 1947, y en la ciudad de Hong Kong ve la luz
la Liga para la Democracia y la Autonomía de Taiwán. Apenas 2.000 afiliados,
todos nacidos en Taiwán, y que ahora viven en el continente, que apuestan por
la reunificación china con un estatuto de autonomía para la isla.
Una nación de naciones
La República Popular China no sólo es un gigante económico
de enorme influencia en el resto del mundo. También sus dimensiones son colosales,
tanto físicas, como demográficas, lo que, históricamente, ha condicionado su
desarrollo, y ha marcado, con independencia de los regímenes políticos de los
que se ha dotado, su peculiar estilo y las particularidades que le afectan,
casi desde siempre.
China es el tercer país del mundo en extensión, por detrás
de Rusia y Canadá, abarcando un área de 9.572.900 kilómetros cuadrados, lo que
equivale a una superficie casi 18 veces superior a la de España. Las distancias
interiores son enormes. De norte a sur, la separación máxima es de 5.500
kilómetros, y otros 5.000 de este a oeste. Sus fronteras terrestres se
extienden a lo largo de 22.800 kilómetros, lo que equivale a más de la mitad de
la línea del Ecuador, que divide a La Tierra en dos partes iguales. A lo largo
de esa tremenda distancia toma contacto con otras 14 naciones, algunas de las
cuales formaban parte de la antigua Unión Soviética, como Rusia, Kazjstán,
Kirguizistán o Tayikistán. Pero también hace frontera terrestre con Corea del
Norte, Mongolia, Afganistán, India, Nepal, Bután, Myanmar, Pakistán, Laos y
Vietnam. Su proximidad a tantas zonas calientes confiere a China un valor
geoestratégico de primer orden. También tiene fronteras marítimas con otros
seis Estados: Brunei, Corea del Sur, Filipinas, Indonesia, Japón y Malaysia.
Distribuidas en diferentes archipiélagos y mares, La
República Popular China cuenta con un total de 6.961 islas, de las que están
habitadas 433. Las costas del país se extienden a lo largo de 32.000 kilómetros
-18.000 en el litoral continental, y 14.000 en el litoral insular-.
Con todo, las cifras más espectaculares se corresponden con
los datos demográficos. Sus 1.300 millones de habitantes reconocidos en el
último censo implican que el 20 por ciento del total de la población mundial
vive en este país. La densidad demográfica casi duplica a la española, aunque,
además, se ha producido una enorme concentración poblacional en grandes áreas
urbanas, casi todas próximas a las costas. Si en 1950 la población urbana
representaba el 13 por ciento del total, en la actualidad esa cifra ha
ascendido al 45 por ciento, y se calcula que antes de 2025 llegará a sobrepasar
el 60 por ciento.
China sólo posee el siete por ciento de toda la tierra
cultivable del planeta, lo que ha supuesto un condicionante histórico para el
abastecimiento de sus ciudadanos y para su desarrollo. Desde hace años, las
autoridades impulsan un ambicioso plan de contención demográfica, conocido como
la política del hijo único, que ha recibido por igual fuertes críticas y
sonoros halagos. Los cálculos efectuados por diversas agencias de Naciones
Unidas concluyen que de no haber sido implementada esta estrategia, la
población china excedería hoy los 1.500 millones de habitantes, lo que hubiera
impedido el enorme desarrollo económico experimentado en los últimos años.
El grave problema se ha presentado, sobre todo, en las zonas
rurales, donde el nacimiento de una hija se considera un lastre económico, lo
que ha provocado un incremento exponencial en los abortos selectivos y, a su
vez, una desproporción entre sexos -119 niños nacidos por cada 100 niñas-. Para
paliar la situación se han elaborado leyes que permiten tener un segundo hijo
en las zonas rurales, si el primero ha sido niña; se han prohibido las
exploraciones médicas que permiten determinar el sexo del feto, y se ha
establecido un amplísimo programa de ayudas y subvenciones para las familias
con hijas.
En la República Popular China conviven 56 grupos étnicos
diferentes, aunque la etnia han es la más numerosa, estando representada en un
92 por ciento de la población. Pese a que China es un país administrativamente
considerado centralista, numerosas regiones gozan de ciertos niveles de
autonomía, especialmente Tíbet, pese a los conflictos periódicos por esta
razón, y determinadas regiones costeras e insulares.
La colosal extensión, las distancias, la variedad étnica y
las diferencias culturales hacen de China una auténtica nación de naciones.
La obsesión por la seguridad
“Bienvenido a Pekín” dice el eslogan. La ambición china:
organizar los mejores Juegos Olímpicos de la historia moderna, demostrando que
ya cuenta con las credenciales para entrar a la comunidad internacional con la
frente en alto, pero los controles para evitar que cualquier imprevisto ponga
en riesgo la “perfección” y la “armonía social” que tanto obsesionan al
liderazgo chino, suponen un alto costo socio-económico para el país y hasta
puede repercutir internacionalmente.
Por Pablo Wang (Pekín)
A unas semanas de de los Juegos Olímpicos de Pekín 2008, Xi
Jinping, vicepresidente chino y favorito al máximo cargo cuando Hu Jintao
cumpla su segundo término, dijo en un acto de movilización del Partido
Comunista Chino que “la seguridad es el símbolo del éxito de los Juegos y de la
imagen nacional china”.
Luego de edificar los más extravagantes edificios sobre los
escombros de antiguos barrios y de realizar el más extenso relevo mundial de la
llama olímpica (con algunos tropiezos en Londres y París), ahora más que nunca,
Pekín enfatiza sobre la seguridad y el desarrollo “armonioso” del evento
deportivo. La “armonía social” es el mantra del presidente Hu Jintao, y muchas
veces se “armoniza” a la fuerza. Más de 100 mil efectivos antiterroristas
fueron apostados en la capital china y hasta se imprimió un panfleto educando a
los residentes pekineses sobre cómo identificar y actuar ante 39 riesgos
terroristas. El miedo generalizado es palpable: “no quería ser transferida a
Pekín antes de los Juegos”, dice la gerente de una aerolínea en otra ciudad
china; su marido agrega: “tengo miedo de los terroristas, hasta que no se
terminen los Juegos, no voy”.
La prensa alimenta el miedo: el 18 de julio un hombre fue
arrestado por portar gran cantidad de explosivos cuando viajaba desde Xinjiang
hacia Chongqing, el día 21 explosiones en dos autobuses en Kunming mataron a 2
e hirieron a 14 personas. El gobierno chino sostiene que ha frustrado cinco
ataques contra los Juegos, deteniendo a más de 80 personas en Xinjiang, donde
se agrupan independentistas islámicos. Además, a pesar de las reuniones entre
el gobierno chino y representantes del Dalai Lama, la tensión en Tíbet sigue
latente, como lo evidenció el gran despliegue militar cuando la antorcha
olímpica pasó por su capital, Lhasa.
A mediados de julio la policía montó tres aros concéntricos
de controles alrededor de Pekín: todos los vehículos que intenten ingresar son
revisados exhaustivamente para detectar artículos o personas “sospechosas”. No
está exento de los controles el material enviado por correo o mensajería
rápida. El señor Li, gerente de ventas de una planta petroquímica en la ciudad,
dice que con el argumento de la seguridad se “está afectando severamente a
todos los negocios en Pekín, ya que el impedimento al ingreso de materia prima,
productos acabados, repuestos y hasta muestras hacen que la operación normal de
las empresas sea prácticamente imposible”.
Para detener el ingreso de “sospechosos” (o indeseables)
entre los cuales figuran campesinos empobrecidos y víctimas de toda clase de
injusticias que acuden a la capital con el deseo de hallar oídos a sus
demandas, se ordenó a las autoridades provinciales impedir que estos
demandantes viajen hacia Pekín; se exige a todo pasajero de tren y autobús
presentar su documento de identidad al comprar el pasaje, como si de un boleto
de avión se tratase; también se examina el equipaje en estaciones de tren y
autobús como si fuesen aeropuertos. Por su parte, el aeropuerto de Pekín estará
clausurado por unas 5 horas mientras se realiza la ceremonia de apertura en el
Estadio Nacional o “Nido de Pájaro”, así lo confirmó Huang Gang, vicegerente
general del aeropuerto. Asimismo, circulan versiones de que se instaló un misil
antiaéreo en las cercanías del “Nido de Pájaro”. No debe de extrañarse, ya que
se anunció la presencia de huéspedes tan destacables como George W. Bush y
Nicolas Sarkozy.
A las medidas de seguridad hay que agregar aquellas para
cumplir con la promesa de limpiar el aire crónicamente contaminado de Pekín,
que ya han costado unos 13 mil millones de Euros. Desde el 20 de julio, los
coches circulan en días alternos, dependiendo de si sus matrículas sean pares o
impares, un 30% de los vehículos gubernamentales y comerciales deben mantenerse
fuera de las calles de forma “voluntaria”. Se prohíbe el normal funcionamiento
de fábricas en Pekín, y en seis provincias vecinas. Bajo la supervisión
constante de varios organismos gubernamentales, la planta del señor Li tendrá
que reducir su producción durante los Juegos Olímpicos (del 8 al 24 de agosto)
y los Juegos Paralímpicos (del 6 al 17 de septiembre). Otras fábricas optaron
por cerrar y despachar a todos los obreros migratorios a sus provincias de
origen. Comparten la misma suerte centenas de miles de obreros de construcción,
ya que las obras también se suspenden durante este período.
Algunos analistas temen que las demoras perjudiquen el
abastecimiento en la temporada navideña en Europa y Estados Unidos, pero lo
cierto es que los centros industriales de Guangzhou y Shanghai, en el sur y
centro del país, exportan la mayoría de los productos de consumo, mientras que
Pekín y el norte concentran la industria pesada para el mercado interno. La
reconstrucción de Sichuan tras el terremoto podría ser efectivamente afectada.
Para los espectadores, el comité organizador chino elaboró
una lista de 22 restricciones y 4 prohibiciones, destacándose la de no
introducir banderas de “regiones no-participantes” a las gradas, algo que al
parecer va dirigido contra las banderas de Tíbet y Taiwán (cuya comitiva sí
participa bajo el nombre “Chinese Taipei”). También se prohíben ropas
idénticas, lo que desconcierta a los hinchas que suelen ponerse la camiseta de
su equipo favorito. Zhang Zhenliang, miembro del comité organizador, sostuvo
que las exigencias de Pekín concuerdan con las del Comité Olímpico Internacional
y tienen como fin “asegurar que cada espectador pueda presenciar los juegos con
seguridad y alegría”.
Se esperaba que la gran fiesta olímpica atrajera a Pekín
hasta 500 mil visitantes extranjeros y 1,6 millones de turistas chinos.
Anticipando que esta demanda inundaría la ciudad, se construyeron hoteles con
frenesí, pero a pocas semanas de la apertura, Xiong Yumei, vicedirectora de la
Administración de Turismo de Pekín reconoció que todavía abundaban las
habitaciones: ni la mitad de todas las habitaciones disponibles estaban
reservadas para los Juegos. Xiong sostuvo que las cifras coincidían con las
expectativas oficiales, ya que se incrementó la oferta, y negó que las nuevas
restricciones al visado hubiesen ahuyentado a los extranjeros. Sun Weide, uno
de los portavoces del comité organizador chino, le hizo eco: “La política de
visados es muy clara: garantizar la seguridad de los atletas durante los Juegos
(...), tomaremos todas las medidas necesarias para garantizar la armonía de los
mismos”.
China había comenzado a implementar estrictas normas de
visado luego de los disturbios en Tíbet en marzo, pero sin reconocerlo en
primera instancia, causando gran confusión. Ya en julio, una representante de
compras española fue tomada por sorpresa cuando al intentar cruzar la frontera
entre Hong Kong y China, se le negó la entrada cuando su visado chino de
entrada múltiple seguía vigente: no pudo reunirse con sus proveedores y volvió
con las manos vacías. No hay cifras oficiales, pero por lo menos decenas de miles
de casos similares se acumularon en lo que va del año. Aún así, el gobierno
chino insiste en que acoge con los brazos abiertos a todo el mundo.
A las 8 de la tarde del día 8 del octavo mes del año 2008,
China será finalmente anfitriona de su primer mega evento mundial. En la
tradición china, el 8 está asociado con la fortuna (económica), y la adopción
del simbolismo muestra que el liderazgo colectivo de hoy, pragmático y
reformista, está desasociándose cada vez más del revolucionario Mao Zedong,
fundador de la República Popular y detractor de lo tradicional. Sin embargo, en
su obsesión por mostrarle al mundo una cara sin imperfecciones, casi a
cualquier precio, Pekín está exponiendo la naturaleza todavía autoritaria del
régimen.