Hemeroteca Esta semana
 
Nº 798 - 28/7/2008

Con la visita de Hugo Chávez se normalizan las relaciones bilaterales entre España y Venezuela

 

EL "¿POR QUE NO TE CALLAS?" TERMINA CON UN ABRAZO

.La visita a España, el pasado 25 de julio, del presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez, escenifica el fin definitivo de la tensión suscitada entre ambos países en la pasada Cumbre Iberoamericana celebrada en Chile, cuando el rey Juan Carlos de Borbón mandó callar al mandatario caribeño. Ya en el reciente encuentro de mayo, en Lima, entre la Unión Europea y América Latina- Caribe, el presidente español, José Luis Rodríguez Zapatero, mantenía un cordial encuentro con Chávez y, posteriormente, en junio, el ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, viajaba a Caracas, donde debatía asuntos bilaterales de sumo interés y entregaba una invitación formal del Gobierno español
para que el presidente venezolano visitase nuestro país.

Por A. S.

La visita a España del presidente Hugo Chávez "es testimonio de los profundos vínculos entre los dos países y representa la ocasión propicia para afianzar las relaciones bilaterales", expresaba la Embajada de la República Bolivariana en Madrid, a través de un comunicado emitido el pasado 22 de julio. En él se confirmaba definitivamente la visita del mandatario caribeño a nuestro país, y también, que en su breve estancia –apenas un día-, finalmente sí mantendría un encuentro con el rey Juan Carlos de Borbón, en su residencia veraniega del Palacio de Marivent, en Mallorca. De hecho, el primer encuentro, ya que se vería las caras con el presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, con posterioridad, y en Madrid.

Desde antes de su llegada a España, la diplomacia venezolana y el propio Hugo Chávez habían emitido señales favorables a una completa normalización de las relaciones entre los dos países, y a la superación del incidente de la pasada Cumbre Iberoamerican, en Santiago de Chile. En esa ocasión, con unas imágenes que dieron la vuelta al mundo, el rey de España mandaba callar a Chávez durante una intervención de Zapatero en la que éste estaba defendiendo al anterior presidente de Gobierno español, José María Aznar, a quien, justo antes, el mandatario venezolano había acusado de estar detrás del golpe de Estado de abril de 2002.

La irrupción del monarca, con unos modos poco habituales en el ámbito de la diplomacia, tensaba unas relaciones entre ambos Estados, que habían mejorado notablemente con la llegada al poder en España del Partido Socialista en 2004, acabando con una prolongada tensión que se había sostenido durante los mandatos de José María Aznar, especialmente en su segunda legislatura.

Esta visita parece destinada a enterrar definitivamente la etapa de distanciamiento. Desde la Casa Real, y tras el encuentro protocolario entre Chávez y el Príncipe de Asturias, Felipe de Borbón, durante la ceremonia de toma de posesión de la presidenta argentina, Cristina Fernández, el pasado mes de diciembre, había hecho llegar el mensaje de que el rey se encontraba en disposición al entendimiento.

Igualmente, el presidente venezolano, aunque con un estilo más directo, aseguraba recientemente en su programa semanal de televisión 'Aló presidente' que "me dará gusto darle un abrazo al rey", aunque, no sin humor, añadía: "pero tú sabes, Juan Carlos, que yo no me voy a callar. Seguiremos hablando por nosotros para un mundo de justos e iguales".

Antes de esta visita la diplomacia de ambos Estados ha venido trabajando intensamente para conseguir reestablecer una normalidad deseada por ambas partes. Las cancillerías de los dos países prepararon con intensidad una entrevista entre ambos presidentes el pasado mes de mayo, en Lima, durante la celebración de la Cumbre Unión Europea — América Latina-Caribe. Se trató de un encuentro cordial que, en palabras de los portavoces españoles "suponía un primer paso para el restablecimiento y la normalización plena de las relaciones". El propio ministro español de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, consideraba que este contacto de Perú había arrojado resultados muy satisfactorios, y que abría "el camino de las excelentes relaciones" entre ambas naciones.

El propio Moratinos se ocupaba de rematar la faena un mes después. A mediados de junio se desplazaba a Caracas para encontrarse con varios miembros del Gobierno bolivariano, y con el mismo presidente Chávez, con quien debatía de numerosos asuntos bilaterales de gran interés mutuo, y a quien hacía llegar una invitación del Gobierno español para visitar nuestro país.

"De Lima salió un mensaje de normalización y no hay nada más normal en las relaciones que una visita", se aseguraba desde el Ministerio de Asuntos Exteriores español. El único problema que se ha dado en este proceso ha estado relacionado con las agendas de ambos presidentes. La gira europea de Chávez en la que se enmarca esta visita oficial comprendía estancias en Rusia, Bielorrusia, Portugal y España. La ideaoriginal había sido la de emprender este periplo, precisamente en España, y se manejaban las fechas del 21 ó 22 de junio para haber tenido lugar, pero compromisos previos de José Luis Rodríguez Zapatero habrían impedido esta fórmula —el 21 recibía al primer ministro marroquí—.

El fin, en palabras de Moratinos, a "un desencuentro que nadie quiso ni buscó", se ha ido fraguando con prudencia desde noviembre de 2007, fecha de la Cumbre Iberoamericana celebrada en Chile, pero la construcción de unas cordiales y mutuamente beneficiosas relaciones ha sido un proceso más de fondo. La llegada al poder del presidente Hugo Chávez no fue recibida, precisamente, con alborozo por el Ejecutivo presidido por José María Aznar. La hostilidad demostrada por el ex mandatario español al jefe del Gobierno venezolano quedaba patente en constantes declaraciones efectuadas por Aznar, tanto en el interior del país, como en diversos foros internacionales, especialmente en las distintas ediciones de la Cumbre Iberoamericana, en las que, hasta gestualmente daba a entender su rechazo al modelo representado por Chávez.

El punto más bajo llega en abril de 2002, cuando un golpe de Estado cívico-militar tomaba el poder en Venezuela y derrocaba durante dos días al presidente democráticamente electo. Cuando, finalmente, el golpe fracasa, el presidente Chávez acusa, entre otros, al Gobierno español de José María Aznar —que en ningún momento de los violentos hechos había condenado la intentona golpista— de haber promovido y apoyado la asonada que a punto estuvo de acabar con el régimen democrático del país caribeño.

La llegada al poder en España del Partido Socialista Obrero Español, en marzo de 2004, implica un giro copernicano en las deterioradas relaciones entre Madrid y Caracas. Desde ese momento, y con Miguel Ángel Moratinos como uno de sus más destacados protagonistas, se comienza a tejer una red diplomática para restañar las heridas y construir unas relaciones cordiales y de cooperación. Esta actitud del Gobierno de Zapatero también contribuyó a un mayor distanciamiento entre Madrid y Washington.

La visita de Chávez cierra un capítulo extraño y devuelve la normalidad a la historia entre Caracas y Madrid. •



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