Internacional
Nº 798
28/7/2007
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Alegato por reconocer a los deportistas como trabajadores

EL LADO OSCURO DEL DEPORTE


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A partir del ocho de agosto, Pekín alberga los Juegos Olímpicos. Más allá de la polémica sobre si el olimpismo es soluble con el régimen chino, se encuentra la no menos controvertida situación de los protagonistas en Pekín: los deportistas. Según Sébastien Fleuriel y Manuel Schotté, sociólogos del Centro Nacional francés de Investigaciones Científicas (CNRS), "los deportistas viven más la precariedad que los beneficios del éxito deportivo". Ambos investigadores firman
Sportifs en danger, un alegato por el "reconocimiento de los deportistas como trabajadores".

Por Salvador Martínez (París)

La precaria realidad del profesional del deporte es difícil de percibir. La imagen de los deportistas que vehículan las institucio-
nes, los Estados, las federaciones deportivas o los medios de comunicación, es fundamentalmente la del deportista de éxito. Sin embargo, a la sombra de los éxitos de Rafael Nadal, la selección española de fútbol o del rendimiento de los candidatos a medalla del equipo olímpico español que acude a Pekín, se encuentra una situación del deportista de alto nivel mucho menos brillante. Esta es la idea que defienden, contra corriente, Sébastien Fleuriel y Manuel Schotté.

"Los deportistas de alto nivel, en general, viven en la precariedad", dicen a EL SIGLO los autores de Sportifs en dangerDeportistas en peligro— . "Salvo los equivalentes en otros deportes a lo que son Zinédine Zidane para el fútbol o Nadal para el tenis, si uno mira el conjunto de los deportistas, éstos no sacan un gran beneficio de su actividad deportiva", aseguran Fleuriel y Schotté. Para ilustrar esta idea, los sociólogos del CNRS recurren al ejemplo del fútbol británico. Según Fleuriel y Schotté "si sólo tenemos en cuenta las carreras de los grandes deportistas, con 15 años de ejercicio de la profesión y con beneficios de millones de euros; sepuede pensar que ser futbolista es algo muy bueno". Sin embargo, señalan los autores de Sportifs en danger, esta es una "conclusión equivocada", porque los "estudios sobre el conjunto de jugadores de fútbol en el Reino Unido muestran que los futbolistas están en peligro cuando no son superestrellas" habida cuenta de que "están lesionados de manera más o menos perpetua". Es decir, que un jugador de fútbol profesional en el Reino Unido, si juega 35 partidos al año, "juega 30 veces con dolores o con alguna lesión menor", precisa Schotté.

En contextos como éste, Sportifs en danger se presenta como una "herramienta a disposición de los deportistas" para que se den cuenta de su "situación de precariedad". El libro se asienta en más de 70 referencias bibliográficas relativas a la situación social de la élite del deporte. Entre ellas se encuentra una investigación de Fleuriel y Schotté sobre la "reconversión" de los atletas franceses que participaron en los Juegos Olímpicos de Munich de 1972 y de Barcelona de 1992. De los 142 entrevistados — protegidos por el anonimato —, "más de un tercio presentan traumatismos o patologías vinculadas a la práctica deportiva de alto nivel". Al abordar esta cuestión, los autores nos dejan ver algunas de las respuestas de los interrogados. "La práctica del tiro me ha dejado medio sordo" porque "hacía una media de 60.000 disparos al año",
confiesa un ex tirador olímpico a los autores de Sportifs en danger. "Estoy en tratamiento diario contra mis dolores de espalda", revela otro deportista olímpico que, tras haber abandonado toda práctica deportiva, asegura: "Me destrozo el estomago con la medicación, pero ésta me permite caminar y ocuparme de mis hijos". Un tercer caso da cuenta de que el "fin de una carrera" olímpica puede estar marcado "por problemas de anorexia mental a los que se añade la bulimia". Estos testimonios ponen en entredicho el concepto decimonónico de "olimpismo" que pensara Pierre de Fredi, más conocido como el barón de Coubertin. Para el principal responsable de la aprobación del restablecimiento de los Juegos Olímpicos en 1894 y todos los que han seguido su estela, el olimpismo es una "filosofía de vida al servicio del desarrollo armónico del hombre y de la sociedad".

A diferencia de España, donde al profesional del deporte se le reconoce como a un "trabajador" y donde "la jubilación del deportista está regulada desde hace sólo un par de años", según expone a EL SIGLO Francisco Samso Bardes, profesor de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social en la Universidad de Barcelona, en Francia, el profesional del deporte no cuenta con el "estatus de trabajador", constatan los autores de Sportifs en danger. De ahí que Fleuriel aclare que "pese a que el Estado francés es uno de los pocos que tiene una ley sobre el deporte, no es por ello que Francia va por delante en la materia". Ese texto "no piensa al deportista de alto nivel en su versión protegida", asegura el investigador. Tanto es así que en Francia no se ha pensado "en qué pasa después de que el deportista haya terminado su carrera", subrayan los autores de Sportifs en danger, para quienes el estatus galo de "deportista de alto nivel" no es más que "un molde vacío".

Fleuriel y Schotté señalan a "los dirigentes" como los responsables de la precariedad de los deportistas. En la acusación, coinciden con el corredor Carl Lewis, cuyas reflexiones tienen cabida en el estudio de los dos investigadores del CNRS. Según escribe en sus memorias — Inside Track, Ed. Sphere Books, 1990 — el "hijo del viento" que lograra nueve oros olímpicos a lo largo de su carrera, "el mejor modo de definirme es 'aficionado-profesional". "Profesional", precisa Lewis, "porque me gano la vida con el deporte" y "aficionado" porque "la gente que dirige nuestro deporte quieren que el público piense que nosotros sólo practicamos deporte por el placer de practicarlo".

Para los autores de Sportifs en danger, la amenaza que pesa sobre los deportistas presenta dos dimensiones. Por un lado, la que corresponde con "la concepción paternalista del deporte" de las federaciones y de los Estados y que impone "las prácticas deportivas sin remuneración". Por otro lado, el segundo frente que fragiliza al deportista es el que han abierto quienes "promueven un deporte que se vende como un espectáculo fundamentado en la competencia", escriben Fleuriel y Schotté.

Pese a que pueden parecer diferentes, estas dos visiones del deporte ven del mismo modo al deportista, "carente de toda protección social", e "'interesante' en la medida én que lo son sus resultados", mantienen los sociólogos galos. A partir de esta constatación, los autores de Sportifs en danger no tienen la ambición de plantear en las escasas 110 páginas de su libro un modelo alternativo. No obstante, subrayan la necesidad de que los deportistas cooperen en la elaboración de un marco jurídico que enmarque su actividad. Asimismo, se hace una invitación a mirar el modelo deportivo paradójicamente proteccionista que se desarrolla en la cuna del neoliberalismo, EE UU y Canadá.

Al otro lado del atlántico, "el sistema de las ligas cerradas como pueden ser la NBA en el baloncesto o la NHL en el hockey, permite a los clubes que participan en ellas no correr el riesgo de ver todos sus esfuerzos reducidos a nada por malos resultados deportivos" porque "existe un sistema de reequiblibraje que iguala de un año para otro el nivel de los equipos", señalan Fleuriel y Schotté. En este sistema de ligas cerradas, el derecho a la huelga está reconocido. Así, los jugadores de hockey de la NHL suspendieron la temporada de 2004-2005 por las diferencias en materia económica mantenidas con los representantes de la liga.

Según los autores de Sportifs en danger, "el modelo a defender partiría del reconocimiento de que el deportista sea un asalariado, que es una forma de protección social del trabajador". Siendo éste un eventual punto de partida, las "verdaderas soluciones a la precariedad pasan por la participación de los profesionales del deporte en las decisiones sobre las cuestiones que les incumben", mantienen los sociólogos del CNRS. Sin embargo, a día de hoy los deportistas "forman parte de un sistema que no les permite dotarse de las herramientas suficientes para comprender su situación", concluye Fleuriel. Esta circunstancia es la mayor de las dificultades que encuentran los profesionales del deporte a la hora de organizarse en lo que sería una "internacional deportista", según el término que podría designar la unión de los atletas de todo el mundo. •

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