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Nº
798 -28 de julio de 2008 |
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De Prisa, de algunos de sus problemas y del ex juez Liaño
Contra Aznar vivía mejor el Grupo Prisa? Permítaseme este remedo de la célebre frase del inolvidable Manuel Vázquez Montalbán, al que conocí en alguna que otra reunión de activistas antifranquistas, vinculados con el periodismo, durante los años sesenta del siglo pasado, poco después de que yo regresara del exilio. Pues bien, he de confesar que barrunto que sí, que contra Aznar vivía mejor el Grupo Prisa. Pudieron ser aquellos años para El País, la SER y los otros enclaves del holding, como Canal Plus y CNN Plus, los más florecientes, los más épicos y los que generaron más admiración, y también gratitud, por parte de como mínimo más de media España, que advertía con creciente inquietud la deriva hacia el cesarismo de José María Aznar. Es preciso recordar con frecuencia que Aznar, nada más llegar al palacio de la Moncloa, se erigió en el gran perseguidor de la prensa no adicta a sus planteamientos, lo que hizo con indiscutible saña respecto a Prisa, el principal baluarte de la resistencia antiaznarista. Prisa fue víctima de las obsesiones de Aznar, dispuesto a erosionar al grupo empresarial de la que el rey era Jesús Polanco con Juan Luis Cebrián actuando eficazmente de primer ministro. Algunos desencuentros con José Luis Rodríguez Zapatero, según numerosos observadores de vista cansada un parvenu casi anecdótico o menor, que se coló contra todos los pronósticos en el escenario del poder político, pero que se ha instalado ahí con asombrosa firmeza, dieron paso a otras iniciativas, como el periódico Público y, sobre todo, La Sexta, que se han transformado en molestas y cada vez más incómodas piedras introducidas en los zapatos de Prisa. En este asunto hay mucha política pero más aún hay importantes negocios de por medio. El imperio del fallecido Polanco no atraviesa ahora por sus momentos mejores. Sogecable y concretamente Digital Plus, que ha perdido muchos de los partidos de fútbol más cotizados, son financieramente una rémora que inyecta escaso optimismo al futuro global de Prisa. Sus adversarios se frotan las manos. Jesús Cacho, cuyo grado de resentimiento es muy alto, disfruta en su Confidencial especulando con las complicaciones de Prisa: “El grupo Prisa también está de rebajas. Obligado por la banca acreedora a realizar fuertes desinversiones para reducir su deuda, el grupo que preside Ignacio Polanco ha dado en los últimos días pasos significativos en la senda de colocar a Digital Plus en precios de mercado. Prisa, en efecto, ha bajado la cifra que pide por el negocio de la televisión de pago a 2.500 millones, mil menos de los que pedía meses atrás, pero muy lejos aún de la cantidad que Telefónica, en realidad el único candidato cierto para este activo, estaría dispuesta a pagar”. No deja de ser llamativo que, una vez más, en las andanzas tanto de Prisa como antes del aznarismo mediático, aparezca Telefónica, en la actualidad la de Alierta, el sustituto de Juan Villalonga y, en todo caso, perteneciente a la familia popular vía Aznar y Rato. Se nota en demasía, por otra parte, que Prisa anda en cuanto a su línea editorial, ideológica o política con el paso cambiado y en ocasiones confuso. Por diversas razones, entre las que se encuentra su afán por plantar cara a Zapatero, al que minusvaloran, y por proyectar una imagen más de equidistancia que de apoyo a la izquierda, El País fundamentalmente deja a menudo desconcertados y hasta enojados a sus lectores digamos más fieles para los cuales Prisa era sinónimo de progresismo. Mariano Rajoy y, como era previsible, Alberto Ruiz-Gallardón son tratados por el diario polanquista con enorme exquisitez, máxime si se compara con la animadversión que provocaba en Prisa el PP de la crispación. Cosas veredes. Mientras El Mundo cargaba contra Rajoy inmediatamente después del 11-M, El País era complaciente con el líder de la derecha y alababa sus esfuerzos por mostrarse moderado y centrista. Y para mayor inri va y el Tribunal Europeo de los Derechos Humanos le echa el otro día un capote al ex juez Javier Gómez de Liaño sentenciando que el considerado por Prisa su enemigo público número 1 no fue juzgado por un Tribunal independiente e imparcial cuando fue condenado en 1999 por prevaricación por la Sala Penal del Tribunal Supremo ni cuando el Constitucional, el año 2003, le denegó su recurso de amparo. En sus primeras declaraciones tras el fallo de Tribunal Europeo de los Derechos Humanos, Liaño ha dijo: “Prisa me agredió mucho en mi vida profesional, personal y familiar”. El editorial de El Mundo era exultante: “El juez fue víctima de dos de los poderes fácticos más tremendos de la Historia moderna de España: el felipismo y el polanquismo (…) Su triunfo lleva parejo el bochorno y la ignominia para quienes quisieron destruirle usando de forma bastarda los tribunales y los medios de comunicación. Sus nombres y no el de Javier Gómez de Liaño son lo que quedan empañados para siempre como protagonistas de uno de los mayores escándalos de nuestra historia judicial”. El País informó someramente. Redujo el veredicto a “un defecto técnico”. Subraya que el TDH “no ha avalado que Liaño no prevaricó. El párrafo final es devastador para Liaño: “Liaño se empecinó, volvió a decretar el secreto de sumario cuando precisamente el tribunal le había obligado a levantarlo y adoptó varias resoluciones más por las que finalmente fue condenado. Luego fue indultado por el Gobierno del PP y, aunque volvió a la judicatura unos días, ahora se dedica a la abogacía, donde ejerce de defensor de narcotraficantes, de acusados de la Operación Malaya y del capo de la mafia rusa Zakhar Kalashov”. Luis G. del Cañuelo |
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