Nº 798
28/7/2008

La crisis puede esperar hasta septiembre

Como cada año, El Siglo se toma el mes de agosto de vacaciones. A pesar de la rapidez con que avanza la "desaceleración" que ha acelerado el déficit público, los ciudadanos no sacrificarán sus vacaciones aunque muchos reduzcan los días de veraneo. Para muchos, la crisis puede esperar y en El Siglo, que reaparecerá el primer lunes de septiembre, tendremos ocasión de hacer el debido seguimiento de la primera preocupación de los españoles. Esperemos que también el Gobierno descanse durante este mes de agosto para recuperar reflejos, hacer efectiva la unidad de mando y aplicar políticas adecuadas. Afortunadamente hoy no se producen con la misma intensidad que en la pasada legislatura choques entre Pedro Solbes y Miguel Sebastián, a la sazón director de la Oficina Económica del Presidente y hoy ministro de Industria. La razón es sencilla: ambos saben que Zapatero hará un reajuste a mitad de la legislatura, una vez concluida la presidencia española de la Unión Europea que a Solbes le hace ilusión protagonizar, y entonces Sebastián ocupará su puesto como vicepresidente económico y ministro de Economía. No obstante, no han podido evitar la emisión de mensajes contradictorios que no se producirían si la Comisión Delegada para  Asuntos Económicos cumpliera su función coordinadora.

No parece mala la idea de Javier Gómez-Navarro, presidente del Consejo Superior de Cámaras, de convocar unos nuevos “Pactos de la Moncloa” que, al implicar a los partidos, tendría un efecto arrastre de las comunidades autónomas. En cambio no ha sido una decisión brillante el mitin de forzada autocomplacencia con el que han obsequiado los mandarines del PSOE a su jefe para conmemorar cien días que más valdría ocultar piadosamente  o, mejor aún, someterlos a la autocrítica. Semejante satisfacción partidaria es un paso más en la dirección equivocada que se inició con el negacionismo de la crisis que tanto daño ha hecho a la imagen del presidente. Como apuntaba yo hace un par de semanas en El Siglo:  “Ahora que Zapatero sabe decir “crisis” debe familiarizarse con la “recesión”, que empieza a ser una palabra de amplia circulación” y –añado ahora– esperemos que no tenga que aprender la stagflation –depresión con alta inflación– que pronostican los agoreros.

En los ciento veinte días transcurridos desde las elecciones, que deberían ser de frescura e impulso, el Gobierno parece haber envejecido como si fueran los postreros. No hay que olvidar que las medidas más significativas se decidieron en la campaña electoral: la devolución de 400 euros a los contribuyentes y la supresión del Impuesto sobre el Patrimonio sea cual fuere la cuantía del mismo, ambas equivocadas y antisociales. El déficit del primer semestre, cifrado en 4.683 millones de euros, es casi la mitad de lo que el Estado ha dejado de recaudar por esos conceptos –7.800 millones–, lo que quiere decir que de no haberse adoptado disfrutaríamos todavía de un superávit de 3.000 millones para aplicar con mejor criterio.

La ciudadanía ha visto al presidente desbordado por la situación, como muestran las encuestas y resaltan los periódicos de derechas y de izquierdas en sus editoriales. En estos días horribilis, Zapatero no ha tenido éxito de público ni de crítica. Su mejor acierto en el terreno económico ha sido la convocatoria del club de los cerebros cuyos mejores representantes forman parte del Consejo Editorial del semanario económico El Nuevo Lunes, nuestra publicación hermana. En los aspectos no económicos es de justicia resaltar el éxito de  la desarticulación del complejo Vizcaya y la detención de nueve terroristas, noticia que se produce al día siguiente de que ETA iniciara su campaña de verano en Cantabria.

Zapatero ha visto estos días a todo el mundo; se ha encontrado con las oposiciones, empezando por la de Mariano Rajoy el pasado miércoles, con quien acordó  reformar el Consejo General del Poder Judicial y renovar el Tribunal Constitucional y con quien llegó a un acuerdo antiterrorista que el presidente calificó con su habilidad para el eufemismo de “principio de entendimiento”. Este lunes, 28, se entrevistará con todos los grupos parlamentarios. El último día de julio lo reservará al encuentro con la patronal y los sindicatos que deberán firmar un pacto social para la crisis. 

Queda por cuadrar el sudoku de la financiación autonómica después de que la propuesta inicial de Solbes fuera rechazada por algunas comunidades que quieren más recursos, como Cataluña, Madrid y Valencia. El problema más peliagudo es  hacer frente a la bilateralidad estipulada en el estatuto de Cataluña.   Para encubrirla se le ha ocurrido a Zapatero aplicarla a todas las Comunidades. Algo parecido a lo que hiciera Suárez con su doctrina del “café para todos” con el propósito de hacer tragar los Estatutos de Cataluña y el País Vasco.

José García Abad


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