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Nº 797 - 21 de julio de 2008

Las firmas de El Siglo analizan la actualidad política

La crisis marca la legislatura


Después de muchas semanas discutiendo si la situación económica actual era una crisis o simplemente una desaceleración, el Gobierno ya está empezando a admitir que la situación es muy grave. Y no sólo eso. El ministro de Industria, Miguel Sebastián, ha señalado que España podría encontrarse en situación de “casi recesión”, con lo que el término más temido ya se ha puesto encima de la mesa. La última vez que España entró en recesión fue en 1993, y supuso un punto y aparte para nuestro país por la cantidad de reformas que se abordaron para reimpulsar el crecimiento. La inestabilidad provocada por la Guerra del Golfo, con el consiguiente aumento del precio del petróleo, y un agotamiento general de los sectores dieron lugar a unas tasas de paro elevadísimas que terminaron por dar la puntilla a Felipe González. Y está por ver las consecuencias que la crisis actual tendrá en el  presidente del Gobierno más optimista que ha tenido España. Para comprender qué escenarios se abrirán en los próximos meses, El Siglo analiza lo que sucede y lo compara con lo sucedido en los 90.

Por Manuel Capilla

Tras una década de crecimiento bastante elevado, la evolución delPIB en España se encuentra en punto muerto. Tan es así que muchos observadores hablan ya de una recesión, sin el “casi” que le añade Miguel Sebastián. En el primer trimestre, el crecimiento fue del 0,3 por ciento. Y el ministro de Economía, Pedro Solbes, ha afirmado que “el crecimiento en el segundo trimestre se situó por debajo del primero, lo que significa que fue del 0,1 por ciento ó del 0,2 por ciento”.

Así las cosas, de la boca del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, no sale una palabra que reconozca la gravedad de la situación, a pesar de que sus ministros empiezan a llamar a las cosas por su nombre. Solbes ya no duda en emplear la palabra “crisis” para definir la situación de la economía española. Y va más allá. En una entrevista concedida a Punto Radio la semana pasada señaló que la coyuntura actual es “la más compleja que nunca hemos vivido, por la cantidad de factores que están encima de la mesa”. Entre éstos, las ya conocidas subidas del petróleo y de las materias primas, además de la crisis financiera mundial. Tras este análisis de realidad, Solbes señaló que  “hay solución” para curar los males actuales  y recordó que el FMI prevé que la actividad en España retome el buen camino a finales del año que viene.

Pero Zapatero continúa resistiéndose a mirar a la crisis a la cara. Insiste con eslóganes prácticamente electorales, como cuando afirmaba hace una semana en la celebración del 120 aniversario de UGT que “el futuro de España es progreso, más derechos sociales, y más fortaleza económica”. Eslóganes electorales y más o menos poéticos porque el presidente no contempla otra opción que retornar a la buena salud económica y justifica su afirmación en que él sólo navegaría en “un barco en el que el capitán diga que tiene plena confianza”.

El analista independiente Antonio Iruzubieta es muy duro con lo que está sucediendo. En su opinión, España “se encuentra en una situación más crítica si cabe que la experimentada por la economía en la desaceleración de principios de los años 90”. Y es que los datos que reflejan las estadísticas hoy por hoy “son extremos en diversas lecturas, preocupantes y demuestran que nos enfrentamos a una crisis de nuevo cuño.  No existe precedente porque los niveles de deuda están en máximos históricos, la balanza comercial sufre un déficit de proporciones históricas, el endeudamiento de las familias se encuentra en máximos históricos, los precios inmobiliarios en máximos históricos, cayendo, los precios del crudo y de otros alimentos de primera necesidad en máximos históricos”. Además, está la cuestión del mercado inmobiliario que “está en el inicio de un ajuste muy severo. Ya hay hipotecados con renta negativa (el coste de la hipoteca es superior al de su inmueble) y el efecto riqueza no regresará en años para favorecer nuestro bienestar económico ni para mejorar la predisposición a aumentar el consumo”.

Para David Cano, analista de AFI, la situación no es tan negativa porque existen sobre todo tres factores positivos en la economía española actual que no existían en la de principios de los 90. Para empezar, por aquellos años “el déficit público rondaba el 6 por ciento y, aunque seguramente desaparecerá pronto, ahora hay superávit. Así que, todavía queda margen”. Además, existe “más dinamismo en la industria que hace 15 años. En la recesión de 1993 la industria y la construcción se estancaron a la vez, provocando que la tasa de paro llegara al 25 por ciento”. Por último, se encuentra la “gran internacionalización de las empresas españolas. Antes, éstas sólo vendían aquí, y ahora BBVA y Santander gana más dinero fuera de España que en nuestro país y existen potentísimas multinacionales en sus sectores como Inditex o Indra”. Sin embargo, David Cano aprecia dos factores que perjudican seriamente a la crisis actual y es que “la crisis en la construcción es más intensa que entonces” y “existe una deuda mayor en las familias”.

Para el analista de AFI, en España y en todo el mundo “se han cometido excesos”, creciendo “por encima del potencial” gracias a unos tipos de interés muy bajos y una amplia liquidez. Pero también señala que no hay que olvidar que “los ciclos, al final, existen” y cada cierto tiempo se produce una curva descendente en la economía.

A estas oscilaciones naturales de la economía, Toni Ferrer, secretario de acción sindical confederal de UGT añade un factor muy importante que ha aparecido en los últimos años: “el capitalismo de casino”. Con la transformación de la economía “de productiva a financiera” el sistema queda en buena parte a merced de los capitales especulativos que, acumulados durante los últimos años en el sistema hipotecario, ahora han encontrado otros nichos de negocio. En concreto, se han asentado en el mercado de materias primas en general y de los alimentos en particular, tocando así muy directamente los ya perjudicados bolsillos de los consumidores en los países del Norte y abocando a la hambruna a millones de personas en los del Sur. Todo esto, según Ferrer, no hace sino corroborar “el fracaso del sistema financiero sin regulación” impuesto por las doctrinas liberales predominantes desde la década pasada.

La grave situación de España se explica por “asentar el patrón económico en la construcción en vez de reforzar la educación y la industria”, según Ferrer y señala como principal diferencia con la crisis de 1992 la moneda. Recuerda que lo que se hizo entonces fue proceder a devaluar la peseta, algo que no habría servido en la actualidad porque existe “una inflación de oferta sobre demanda” y no al revés.

Julio Rodríguez, economista y vocal del CES, considera que la pertenencia de España al euro, aunque impide realizar “devaluaciones competitivas”, es un asunto en el que “las ventajas superan a los inconvenientes”. Con la peseta “los déficits exteriores añadían presión”, mientras que ahora el euro impide “la salida de capitales”. Por su parte, Antonio Iruzubieta señala que España “se ha beneficiado de una política de tipos de interés bajos orientada al conjunto de países de Europa”, aunque las decisiones tomadas por el BCE “han provocado un sobrecalentamiento en nuestra economía”. 

En lo que están de acuerdo casi todos los analistas consultados es que el clima de crisis mundial recuerda más a los sucedido a mediados de los 70, la ‘crisis del petróleo’, que a los acontecimientos de 1992. Y según la opinión Nobuo Tanaka, director de la Agencia Internacional de la Energía, el mundo se enfrenta a la “tercera crisis del petróleo” a causa del rápido incremento en la proporción de crudo necesario para el crecimiento económico, muy por encima de lo sucedido a raíz de la invasión de Kuwait por parte de Sadam Hussein.

En declaraciones a la agencia japonesa Kyodo, Tanaka ha afirmado que el incremento en la proporción del gasto en petróleo necesario por cada punto de crecimiento del Producto Interior Bruto mundial será del 6 por ciento en 2008. Hay que tener en cuenta que en 1974, tras la primera crisis del petróleo, este indicador fue del 3,7 por ciento y en 1980, durante la segunda, se elevó hasta el 7,3 por ciento.

No obstante, Tanaka ha apuntado que la razón principal de esta crisis es diferente a las dos anteriores, en las que el problema estribó en un recorte de la oferta. A su juicio, la causa de la crisis actual se encuentra en que la oferta no alcanza a satisfacer “la creciente demanda” de países como China, la India y otras economías emergentes. Además, estima que el encarecimiento del petróleo hoy en día se debe a “problemas estructurales”, es decir, que entre 1980 y 2000 no se invirtió lo suficiente en la industria del petróleo. Y es que según su opinión, durante muchos años, la economía creció a un ritmo más rápido que los precios del crudo, pero desde finales de los 90 se invirtió esta ecuación a pesar de que el mundo fue incrementando su eficiencia en el consumo de petróleo.

En cualquier caso, Tanaka concede que parte del incremento del precio del petróleo se debe a la inversión de ‘hedge funds’, los ya famosos fondos de alto riesgo, pero señala que es “difícil” explicar la implicación de esos agentes en el precio del crudo.

Antonio Iruzubieta señala otro elemento relacionado con la crisis de los 70: la ‘estanflación’. Este es quizá el término más temido por los economistas que se encontraron en esa década con la combinación excepcional de estancamiento en el crecimiento y altas tasas de inflación. Una dinámica que es muy difícil romper. Iruzubieta asegura que “actualmente, la economía española se acerca peligrosamente a la estanflación, la situación más difícilmente gobernable por parte de las autoridades”. Recuerda que “en los años 70 las consecuencias fueron devastadoras. La tasa de paro subió hasta el 24 por ciento, se sucedieron varios años consecutivos de recesión, se perdió de competitividad exterior y se destruyó riqueza”. El ministro Solbes ha insistido en que la economía española no va a atravesar un periodo de ‘estanflación'.

Como se ha visto la gran cuestión que los analistas consultados colocan como factor diferenciador entre 2008 y 1992 es la grave situación del sector de la construcción. La evolución de este sector se ha visto afectada por las subidas continuas del Euribor, la salida al mercado de viviendas iniciadas en años anteriores, el endurecimiento de las condiciones de los préstamos y la incertidumbre generada por la crisis de liquidez de las hipotecas de alto riesgo en Estados Unidos.

Los datos del sector son tremendos. La suma de lo que adeudaban las familias y los promotores inmobiliarios en 2007 supera el billón de euros e iguala aproximadamente el crecimiento económico anual español. Y a pesar de que el Banco de España ya había alertado que al menos 50 entidades españolas habían contraído un excesivo riesgo crediticio con promotores y había advertido sobre un posible sobreendeudamiento de la sociedad española, los préstamos concedidos a las inmobiliarias superaron en el primer semestre de 2007 los 282.000 millones de euros, un tercio del total destinado por cajas y bancos a todas las actividades productivas. Los analistas consideran que se pasará de iniciar 850.000 viviendas anuales al medio millón a corto plazo debido a que no hay suficiente demanda para absorber todos los pisos que se encuentran en fase de edificación.

Así las cosas, si era difícil prever la evolución de los acontecimientos hace un año, todavía es muy difícil precisar si los efectos de la crisis serán más duros que en 1993. Lo que sí parece claro, según las previsiones, es que la senda descendente de la economía española continuará durante lo que queda de año y el próximo. Pero elementos como los desbocados precios del petróleo, el hundimiento del sector de la construcción y la falta de liquidez en los mercados internacionales no auguran un buen panorama.

Lo que se hizo contra la crisis de los 90

Tras haber entrado en recesión en 1993, es en junio del año siguiente cuando entra en vigor la reforma laboral ideada por el entonces, como ahora ministro de Economía, Pedro Solbes. Las nuevas medidas promovidas por el Gobierno socialista sin la participación de los sindicatos suponen una flexibilización de la normativa de contratación y negociación colectiva, además de modificar la normativa electoral sindical, consolidando el reparto de representación entre UGT y CCOO en todo el Estado, y ELA-STV en el País Vasco. 

Entre las innovaciones introducidas, son dos los puntos clave. En primer lugar, el acuerdo entre empleados y empresa sustituye muchos aspectos regulados anteriormente por ley en el Estatuto de los Trabajadores. El segundo aspecto es la ampliación del despido por causas tecnológicas o económicas de fuerza mayor y recoge la movilidad funcional y geográfica por razones técnicas, organizativas y económicas.

Con la reforma ya no es necesaria la autorización administrativa para el despido del 10 por ciento de la plantilla en empresas de menos de 100 empleados, en un periodo de noventa días. Y tampoco se considerará despido colectivo la ejecución de esta medida en las empresas que tengan entre 100 y 300 trabajadores.

Todas estas iniciativas pusieron los cimientos de la profunda liberalización que llevaría a cabo el gobierno de José María Aznar a partir de 1996 en una economía todavía débil. Aznar volvió a tender puentes con los agentes sociales, reconstruyendo una situación que se había vuelto insostenible. Así, se reunió poco después de las elecciones con los líderes de CEOE, UGT y CCOO, para iniciar el proceso de diálogo social. En octubre el Gobierno y los sindicatos firmaron un acuerdo en la Moncloa por el que el Ejecutivo se comprometía a garantizar el sistema de protección social público y el poder adquisitivo de las pensiones hasta el 2001.

En pocas semanas se llegaron a otros dos acuerdos. En octubre, se llegó a un acuerdo  para acercar las bases de cotización a la Seguridad Social al salario real en siete años, y en noviembre el Gobierno firmó con los sindicatos el Acuerdo para el Empleo y la Protección Social Agrarios, que sustituía al PER.

Antes, el Partido Popular ya había aprobado el Plan de Empleo y Modernización de la Economía, un conjunto de medidas que pretendían reactivar la economía española mediante la liberalización de ciertos aspectos de las telecomunicaciones, el suelo, la vivienda, energía y los combustibles. Entre otras cosas, se suprimió el sistema de precios máximos de los gasóleos y se creó la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones (CMT) para fomentar la libertad de competencia en el sector, anulando el monopolio de Telefónica en telefonía básica o tradicional.

En febrero de 1997, el Consejo de Ministros da el visto bueno al segundo plan de liberalización e impulso de la actividad económica, denominado Plan de Liberalización y Reformas Estructurales, con el fin de luchar contra la inflación, aumentar la capacidad competitiva de la economía española y responder al desafío de la integración en el euro. Según el ministro de Economía, Rodrigo Rato, el plan continúa el proceso “imprescindible” de liberalización y desregulación de los mercados que es “la verdadera política de convergencia” con los países de la UE. En el texto, se preveía la elaboración de un gran paquete legislativo que entroncaba con lo aprobado en febrero, en el que destacaban tres pilares: una nueva ley del suelo que aumentara la oferta de suelo urbanizable, abaratara el precio final de la vivienda y favoreciera la competencia entre los propietarios de suelo; una Ley General de las Telecomunicaciones que modificara el régimen de concesión administrativa por otro de autorización con condiciones transparentes y objetivas; y una Ley de Ordenación del Sistema Eléctrico y liberalización de la actividad de generación.

Sin embargo, la inflación era la gran asignatura pendiente, y un día después de conocerse que el IPC del mes de marzo superó en cuatro décimas la previsión anual hecha por el Gobierno, el ejecutivo aprobaba un nuevo paquete de medidas encaminadas a incrementar la competencia y liberalizar los bienes y servicios más inflacionistas. Por ejemplo, se redujo el precio de las llamadas telefónicas, de la tarifa eléctrica, de la bombona de butano y del gas natural para uso comercial y doméstico.

El alto riesgo de las hipotecas de saldo

Los bajos tipos de interés predominantes en los últimos ejercicios, o más bien el dinero barato que éstos proporcionan, han hecho posible una crisis financiera en EEUU y en todo el mundo desconocida hasta la fecha, y han dado lugar a un nivel de endeudamiento familiar totalmente desconocido. Lo cual supone el otro gran factor agravante de la coyuntura actual, junto a la crisis de la construcción, en relación a la crisis de los 90. En ese momento, los tipos de interés eran tan altos que imposibilitaban cualquier tipo de burbuja especulativa.

Fue a principios de agosto de 2007 cuando el nerviosismo se adueñó de los mercados. En esas fechas, varios bancos estadounidenses como Wells Fargo y Wachovia aumentaron las tasas de interés e impusieron requisitos más estrictos para los préstamos, tras comprobar que al menos 70 firmas de hipotecas habían cesado sus operaciones, entrado en bancarrota o buscado compradores. Además, American Home Mortgage, el décimo banco hipotecario de Estados Unidos con unos préstamos anuales de 40.000 millones de euros, declaró la suspensión de pagos.

Tan sólo cinco meses antes, el presidente de la Fed, Ben Bernanke, señalaba en el Congreso de EEUU, muy en la línea de lo que el Gobierno de Zapatero ha venido afirmando hasta hace unos días, que no creía que el aumento de la ejecución de hipotecas impagadas fuera a tener un impacto en la economía en general, a pesar de que era una opinión rebatida por algunos analistas. Sin embargo, los hechos empezaron a contradecirle. En abril se conoció que los precios de las viviendas en Estados Unidos habían registrado su primera caída interanual desde 1996.

Pero además, y como no podía ser de otro modo por la globalización económica, la crisis se extendió a Europa. Hasta tal punto que el BCE decide inyectar en el sistema una cifra récord de 95.000 millones de euros en colaboración con la reserva Federal que aporta al mercado otros 20.000 millones. Un gesto que repetirían dos veces más a lo largo de esa quincena, dando lugar a una inyección de liquidez de las autoridades monetarias cercana a los 290.000 millones de euros.

Así las cosas, el pánico en los parqués no podía tardar en aparecer, y el 16 de agosto se produjeron fortísimas pérdidas en las bolsas mundiales. El Ibex-35 protagoniza la mayor caída desde 2004 y pierde el nivel de los 14.000 puntos.

Con la crisis aupando el Euribor al 4,661 por ciento, el mayor nivel en siete años, los problemas serios comienzan a aparecer en compañías importantes. Por ejemplo, el banco británico Northern Rock, quinto banco del país por hipotecas concedidas, se desploma en la Bolsa de Londres. El valor en Bolsa del banco es algo menos de 500 millones de libras (700 millones de euros) frente a los 3.000 millones que costaba en el mercado dos meses antes. Su presidente dimite, y el Gobierno británico lo nacionaliza en febrero. Citigroup, el primer banco estadounidense y tercero del mundo por activos, cierra 2007 con la peor cuenta trimestral de sus 196 años de historia tras anunciar que en sólo tres meses ha perdido casi 10.000 millones de dólares por efecto de la crisis hipotecaria.

Y mientras las intervenciones conjuntas de la Fed, el BCE, el Banco de Inglaterra, el de Canadá, el de Suiza y el de Japón se suceden, el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, intenta capear el temporal sin mucho éxito. Anuncia un plan para aliviar la crisis hipotecaria al que podrán acogerse 1,2 millones de personas en apuros y propone un plan de medidas para reactivar la economía dotado con unos 145.000 millones de dólares. ¿Su efecto? Otra caída espectacular de las Bolsas mundiales que cierran con grandes pérdidas ante el temor a una posible recesión de la economía estadounidense. El Ibex 35 sufre la mayor caída de su historia y pierde un 7,5 por ciento.

Al igual que en el sector del ladrillo, la crisis financiera tampoco parece que se haya tocado fondo. El FMI estima las pérdidas potenciales por la crisis en casi 600.000 millones de euros y alerta de que el empeoramiento de las condiciones económicas en Estados Unidos hará la vida aún más difícil para los bancos. En este mes, el IndyMac Bank, el segundo banco hipotecario estadounidense, pasa a ser controlado por las autoridades federales. El último capítulo, el anuncio de la Reserva Federal y el Departamento del Tesoro de EEUU de medidas para salvar de la insolvencia a las firmas hipotecarias estadounidenses Fannie Mae y Freddie Mac.

La explosión de la burbuja inmobiliaria

Lo sucedido la semana pasada con Martinsa-Fadesa, ha sido el punto álgido de un proceso que arrancó en 2007 y que diferencia enormemente lo que está sucediendo actualmente con la crisis de principios de los 90, dibujando un panorama más negativo. Y es que sólo durante el año pasado, 165 empresas de construcción se acogieron al procedimiento concursal, la antigua suspensión de pagos y declaración de quiebra hasta la Ley de 2004, de un total de 976. Estas cifras colocan al sector de la construcción como el segundo sector más afectado, tras el de Industria y Energía. En el primer trimestre de 2008 ha continuado la tendencia con un porcentaje de compañías del ramo próximo al 40 por ciento, según las estimaciones de algunos de los principales bufetes y consultoras especializadas en procesos por impagos.

La inmobiliaria valenciana Llanera fue de la primera significativa en acogerse en 2007 a esta medida por la que también han optado otras compañías como Expofincas, Cosmani, Grupo Sánchez, Lábaro, Seop o Grupo Jale. Y la próxima en seguir este camino puede ser Colonial. Todavía se encuentra con grandes dificultades tras finalizar el año con problemas y pocas perspectivas para vender parte de sus activos y renegociar la deuda con los bancos acreedores, aunque desde la compañía se insiste todavía en llegar a buen puerto con esta opción. Pero lo cierto es que su desplome en bolsa no parece tener fin. En 2007 cayó en Bolsa el 62,32 por ciento, provocando la salida de Luis Portillo como presidente. Y en lo que va de año ha perdido el 50 por ciento de su capitalización bursátil y en abril salió del Ibex.

Aunque la estrella del ‘crack’ bursátil, parecido al sucedido con las ‘puntocom’ en 2000 y 2001, ha sido sin duda Astroc, cuya debacle fue el punto de inflexión que terminó de arrastrar a todas las empresas del sector. El 18 de abril de 2007 fue la fecha del principio de su fin. Ese día la inmobiliaria valenciana se desplomó en el parqué el 43 por ciento de su valor y para acumular cuatro jornadas consecutivas de pérdidas que llegan al 61 por ciento.

Pero por grave que sea todo esto, todo apunta a que es sólo el principio. Las previsiones de organismos privados y gubernamentales nacionales han venido indicando durante los primeros meses de 2008 que la crisis aún no ha tocado fondo y que hasta 2009 se destruirán 600.000 empleos relacionados de forma directa o indirecta con el sector. Por ejemplo, el FMI hacía público a principios de abril de 2008 su informe ‘Perspectivas Económicas Mundiales’, en el que recogía que la vivienda en España estaba sobrevalorada entre un 15 y un 20 por ciento de su valor, lo que supondrá una contracción de la inversión residencial que afectará negativamente al crecimiento del PIB español de ese año y el siguiente.

Similitudes y diferencias de la actual crisis con la de los noventa

Similitudes:

—Fuerte descenso del consumo.

—Retroceso de todos los sectores.

—Caída de la recaudación tributaria.

Diferencias:

2008:

—Hundimiento mucho más pronunciado del mercado de la vivienda.

—Precios del petróleo disparados.

—Cuentas públicas en superávit.

1993:

—Tipos de interés mucho más altos.

—Tasas de paro 13 puntos superiores.

 

Cifras récord de las últimas semanas CUADRO 2

España ha destruido empleo en junio por primera vez desde 1993.

La inflación alcanzó en junio una tasa interanual del 5,1%. Esta cifra, calculada sobre una base armonizada con las estadísticas europeas, supone el nivel más alto desde hace once años y medio, cuando comenzaron a aplicarse estas estadísticas, en enero de 1997.

El precio del petróleo ha llegado a cotizar por encima de los 147 dólares, una cifra nunca registrada y que se ha duplicado en el plazo de un año.

Los pisos se han abaratado un 0,3 por ciento en el segundo trimestre del año, el primer descenso de los precios de la vivienda en diez años.

En junio, las ventas de automóviles se desplomaron un 30,8% interanual, con una bajada del 17,6% en el primer semestre, la mayor desde 1993.

 

Evolución de la inflación (Fuente: INE) CUADRO 3

Año     Variación (En porcentaje)

1991    5,5

1992    5,3

1993    4,9

1994    4,3

1995    4,3

1996    3,2

1997    2,0

1998    1,4

1999    2,9

2000    4,0

2001    2,7

2002    4,0

2003    2,6

2004    3,2

2005    3,7

2006    2,7

2007    4,2

2008    5 (abril)

 

Evolución del PIB  (Fuente: INE) CUADRO 4

Año     Variación (En porcentaje)

1991    2,6

1992    1,0

1993    -1,0

1994    2,4

1995    2,7

1996    2,4

1997    3,9

1998    4,5

1999    4,8

2000    5,0

2001    3,6

2002    2,7

2003    3,1

2004    3,3

2005    3,6

2006    3,9

2007    3,8

2008    2,7 (I trimestre)

Número de viviendas  libres y protegidas iniciadas  (Fuente: Ministerio de Vivienda) CUADRO 5

Año     Libres  Protegidas

1991    161.066           44.394

1992    160.958           47.655

1993    143.158           55.986

1994    179.572           54.814

1995    234.583           67.874

1996    224.252           63.782

1997    258.337           66.262

1998    351.377           56.273

1999    453.114           58.740

2000    487.810           46.200

2001    475.059           48.780

2002    499.046           44.059

2003    550.465           72.619

2004    621.257           70.619

2005    635.608           80.427

2006    664.924           95.255

2007    532.117           83.859

 

Variación del precio medio de la vivienda  (Fuente: Ministerio de Vivienda) CUADRO 6

Año*   Variación (En porcentaje)

1997    1,2

1998    7,7

1999    9,6

2000    7,7

2001    11,1

2002    17,3

2003    18,5

2004    17,2

2005    12,8

2006    9,1

2007    4,8

2008    2 (I semestre)

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