¿Otra conspiración a la vista?
O
tempora! O mores!, que dijera Marco Tulio Cicerón unos cuarenta años antes de Cristo. ¡Oh tiempos! ¡Oh costumbres! ¡Qué tiempos aquellos, cuando José María Aznar gobernaba España, aconsejado por algunos expertos en economía y finanzas! Reproduzcamos lo que a estos efectos escribieron en su libro apologético —titulado Aznar. La vida desconocida de un presidente—los periodistas José Díaz Herrera e Isabel Durán. Fue publicado a finales de 1999.
Puede leerse el siguiente párrafo: "Los ministros no sólo son los ejecutores de la política del Gobierno, sino su segundo cinturón de asesores. Así, Rodrigo Rato, un amigo de los que se cuentan con los dedos de una mano, se convierte en la persona que más influencia tiene en el presidente en materia económica, junto con Josep Piqué; el presidente del Instituto Mundial de Cajas de Ahorros, Manuel Pizarro, y sus amigos, el presidente de Caja Madrid, Miguel Blesa, y el deTelefónica, Juan Villalonga".
¡Qué tiempos, ciertamente! Rato no figura ya como "amigo de los que se cuentan entre los dedos de una mano". Se fue apagando la relación cuando se separó de su esposa, María Ángeles Alarcó, llamada Gela por sus amigos. Ana Botella no perdonaba divorcios en aquella época. Pero sobre todo se fundió la amistad cuando designó a Mariano Rajoy sucesor suyo. Esa humillación de parte de Aznar no la soportó su vicepresidente segundo durante dos legislaturas.
Piqué, por su parte, cayó en desgracia paulatinamente. Hace un año largo fue fusilado por Ángel Acebes, secretario general del PP en ese momento. Acebes continuaba y continúa siendo uno de los favoritos de Aznar. Lo liquidó —por catalanista y por centrista— con el nihil obstat de Rajoy, ahora paladín de la moderación y del buen rollo con los nacionalismos periféricos.
En cuanto a Villalonga, la ruptura abrupta con Aznar, el amigo del pupitre, se produjo también por su divorcio —un episodio similar al de Rato—, por su delirante gestión en Telefónica y por su enriquecimiento meteórico. Tuvo miedo Aznar de que los escándalos en torno a ViIlalonga le costaran votos cruciales en las elecciones de marzo de 2000. Ni corto ni perezoso, Aznar echó a Villalonga a los leones mediáticos. Aunque no a los judiciales.
Le quedan solamente dos amigos a Aznar de aquella pandilla alegre y confiada, su guardia pretoriana en cuestiones económicas. Le quedan Blesa y Pizarro. Uno de los dos asistió a una cena íntima, el 24 de julio de 1999, con motivo del cumpleaños de Ana Botella, según relata el libro mencionado. Fueron invitadas únicamente cinco personas de la política: ViIlalonga, Blesa, Pedro Antonio Marín, Rato y Esperanza Aguirre.
Atención, porque nos vamos acercando al desenlace. En activo quedan Aguirre, Blesa y Pizarro, los tres amigos de Aznar. Pero Blesa anda tocado por el hundimiento de Martinsa-Fadesa. Y más todavía por las andanzas —en torno al holding inmobiliario de Fernando Martín— de Carlos Vela, alto ejecutivo de Caja Madrid, sobre el cual las baterías de El Mundo han empezado a disparar obuses de sobrada potencia destructiva.
Aguirre —pensando en las futuras batallas que pretende capitanear contra Rajoy— se fía más de Pizarro y lo quiere tener dirigiendo Caja Madrid, bastión estratégico sobre el que podría pivotar parte de la logística en esos combates decisivos. Y no olvidemos que Pedro J. Ramírez es afín a la presidenta madrileña y también a Pizarro. Blesa es pasado. Pizarro puede ser todavía futuro. Y Ramírez, ojo, no da jamás puntada sin hilo. ¿Otra conspiración a la vista?• |