La televisión autonómica de Madrid pasa por el peor
momento de su historia
'TELEESPE' TOCA FONDO
Dos jornadas de huelga históricas —en las que, durante 24 horas las pantallas se
fundieron a negro—, una deuda galopante, la caída en picado de la audiencia y las
constantes críticas recibidas por la información sesgada de sus espacios
informativos y debates políticos han llevado a Telemadrid a su momento más
crítico. La oposición en pleno, además de la inmensa mayoría de los trabajadores
de la casa llevan años denunciando el coto particular en que la presidenta de la
Comunidad de Madrid ha convertido a la radio y la televisión públicas madrileñas.
Por P.A.N.
Según un comunicado emitido por
la dirección de Telemadrid el pasado 1 de julio, los trabajadores
en huelga de la radio y televisión públicas madrileñas habrían seguido una táctica sindical de "permanente ataque al Gobierno de la Comunidad de Madrid, en contraste con el sumiso comportamiento que los mismos sindicatos mantienen ante la crisis frente al Gobierno de España". Además, los actuales responsables de la cadena consideraron "irresponsables" a los trabajadores por no considerar "las actuales circunstancias del sector audiovisual, con una crisis publicitaria".
Lo ocurrido es que los pasados días 24 de junio y 1 de julio, por primera vez en la historia, una huelga convocada en el ente público dejaba sin ningún tipo de emisión, y por 24 horas en cada caso, a la tele pública madrileña, y sin sonido a su hermana radiofónica, Onda Madrid. Según el comité de empresa, el seguimiento del paro alcanzaba el 90 por ciento –la dirección admitía un 62 por ciento-.
Los motivos se centraban en el retraso en la negociación colectiva para 2009, en la que las reivindicaciones laborales se centraban en un aumento salarial equivalente a la subida del IPC, que el 75 por ciento de la plantilla tuviese contrato indefinido (en la actualidad, sólo el 60 por ciento está en esa situación, y el incremento de la producción propia –según Comisiones Obreras, la producción de programas interna está en el 5,8 por ciento, frente al 32 por ciento de 2007-. No aparecía, en esta ocasión, ninguna denuncia de sesgo ni reivindicación política alguna.
En los últimos cuatro años se han convocado 17 jornadas de huelga en el ente público. En 2004, en 2006 y en 2007 ya se intentó llegar a los cortes de programación en protesta por la "manipulación informativa" al servicio del PP que denunciaban los sindicatos. Muchos de los que trabajan en los servicios informativos llevan años negándose a firmar sus crónicas, especialmente, desde meses posteriores a los atentados del 11M en Madrid, puesto que, en muchas ocasiones no son emitidas tal y como se habían entregado. Según la versión sindical, Telemadrid, para contrarrestar la independencia de los trabajadores de plantilla, se ha estado contratando a diversos periodistas afines a la presidenta de la Comunidad, a los que se ha otorgado los puestos de mayor responsabilidad en tareas informativas (Fernando Sánchez Dragó, Curri Valenzuela, Ernesto Sáenz de Buruaga, Hermann Terstch, Agustín de Grado –director de informativos).
Ejemplos polémicos sobre informaciones de la cadena no han faltado en estos últimos años. El más reciente, la cobertura informativa ofrecida por Telemadrid de la sentencia en el conocido como "juicio del ácido bórico", en la que, lejos de exponer la definitiva sentencia absolutoria, los telediarios madrileños hacían hincapié en las sospechas de la relación de ETA con los atentados del 11-M, lo que ha provocado una furibunda reacción en el Partido Socialista que, por boca de su secretario ejecutivo de Libertades Públicas y Derechos de la Ciudadanía, Álvaro Cuesta, exigía la dimisión de Agustín de Grado por "utilizar el dinero de los madrileños para alimentar una pura máquina de propaganda a su servicio".
Más allá del pintoresco estilo de Sánchez Dragó al frente del 'Diario de la noche', donde la opinión desplazaba a la información, otros casos sonados han estado relacionados con la machacona insistencia en defensa de la 'teoría de la conspiración', también sustentada por el diario El Mundo y la emisora episcopal, COPE. El pasado mes de marzo, la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE) emitía un dictamen en el que se sostenía que un reportaje emitido por Telemadrid sobre el funcionamiento de una hipotética mafia que permitía la entrada ilegal de inmigrantes a través del aeropuerto de Barajas "faltaba repetidamente a la verdad". Se había filmado con supuesta cámara oculta y se mostraban fallos de seguridad, pero se demostró que habían sido policías los que habían permitido el acceso a los intrépidos reporteros, y que los supuestos coladeros eran puertas que los mismos agentes habían abierto para hacerlas pasar por fallos de seguridad.
Las señales de politización al servicio de la presidenta de la Comunidad, Esperanza Aguirre, comenzaban con el nombramiento como director general del ente, en 2003, de quien había sido su jefe de prensa, tanto en su época de presidenta del Senado, como deministra de Cultura, el periodista Manuel Soriano. Varias protestas de los trabajadores y permanentes denuncias de la oposición caracterizaron su gestión, que finalizaba con su dimisión en 2007, tras haber recibido una demanda por acoso sexual de su secretaria –causa archivada en enero de 2008-. En su sustitución fue nombrada Isabel Linares, con
un perfil de gestora (procedía de la presidencia de la Fundación Sanitas y había tenido cargos ejecutivos en IBM entre otras compañías), que parecía augurar un nuevo tiempo en la cadena. Sin embargo, el pasado mes de abril, el periodista Miguel Platón aterrizó en la televisión autonómica en el
nuevo cargo de director de Convergencia , un nombramiento que ha sido interpretado como un refuerzo de la línea ideológica dura. "Nuevo comisario político" es el calificativo dirigido a él que llega desde las filas socialistas madrileñas, por boca de su diputado, José Cepeda. Platón fue conminado a dimitir como presidente de la agencia EFE –puesto que entonces ocupaba- en 2004, por la mayor parte de los trabajadores de la agencia pública, por lo que consideraban una tendenciosa línea informativa tras los atentados del 11-M.
Pero no sólo son exclusivamente políticos los problemas que se ciernen sobre la televisión pública madrileña. Además de una creciente falta de credibilidad (o, tal vez por eso), la audiencia ha caído a mínimos históricos. La pérdida ha sido de nada menos que siete puntos en los últimos cuatro años. En 2007 la cuota de pantalla alcanzada por Telemadrid se quedaba en un 10,5 por ciento, en contraste con el 16,6 por ciento del canal público catalán, TV3, o el 17 por ciento de Canal Sur, ambas en el mismo periodo.
. Otro tanto sucede con los ingresos por publicidad, que ha decaído notablemente. La deuda acumulada del ente público alcanza los 180 millones de euros, 101 de los cuales se corresponden exclusivamente con el ejercicio de 2007, pese a que, por una u otra vía (casi siempre créditos extraordinarios), el Gobierno regional dotó a la emisora con 94 millones de euros. A pesar de esto, los sindicatos continúan denunciando una política de contratación de periodistas externos y el incremento de la nómina de directivos. Como muestra de la ausencia de austeridad en esta crisis, dos ejemplos. El programa 'Madrid Opina', presentado por Ernesto Sáenz de Buruaga, y de producción externa a la casa, tiene un coste por emisión de 41.000 euros, mientras que 'El Debate de Telemadrid', de producción propia, tenía un coste de 21.000 euros, para un formato casi idéntico.
El programa 'Destino Europa', también comprado a una productora externa, se cotiza a 87.000 euros por emisión, en contraste con los aproximadamente 20.000 que cuesta 'Madrileños por el mundo', confeccionado por personal de plantilla y con medios propios. •
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