Pere Macias, portavoz adjunto de CiU en el Congreso
"NO TENEMOS NINGÚN
MOTIVO PARA AYUDAR A
LOS
SOCIALISTAS"
Acaba de concluir el Congreso de Convergéncia Democrática de Catalunya —socio
mayoritario de CiU—, con un avance de las posiciones soberanistas y una reclamación
al derecho a decidir, argumento político también empleado por el nacionalismo vasco.
El portavoz adjunto de CiU en el Congreso de los Diputados, también elegido
miembro de la nueva Ejecutiva de Convergéncia, nos comenta sus impresiones sobre
este cónclave y también acerca de la dificultad de alcanzar acuerdos de legislatura
con el Partido Socialista, su desacuerdo con las medidas anticrisis, y su distancia —pese al giro centrista— casi insalvable con el Partido Popular.
Por Pedro Antonio Navarro
Qué resumen se puede hacer del
Congreso de Convergencia Democratica de Catalunya?
—Creo ha sido un congreso de éxito. Para un partido que lleva ya cuatro años en la oposición, un congreso siempre es una prueba complicada, y hay que resolver muchas cuestiones, pero creo que se han resuelto prácticamente todas con nota. Además, ha habido un excelente ambiente, falta de controversias y ausencia de malas noticias. Nuestro proyecto ha quedado reforzado, Artur Mas queda extraordinariamente reforzado y se han resuelto los temas sobre la mesa.
—¿Se puede hablar de un cierto distanciamiento ideológico con sus socios de Unió Democrática de Catalunya?
—Creo que no, porque una de las áreas del congreso es lo que llamamos Casa Gran, y en palabras, tanto de Pujol, como de Artur Mas, en Convergencia cabe todo el mundo, desde los social-cristianos –no sólo hay social-cristianos en Unió, sino que también los hay en Convergencia- o gente que se siente de centroderecha, hasta gente que se siente socialdemócrata, de centroizquierda, liberales, centristas. Desde este punto de vistaideológico, es un congreso en el que yo diría que más que nunca se refuerza esta Convergencia por su propio nombre, es decir, todos los mencionados convergemos en el proyecto nacional de Cataluña que nos une. Esto no nos separa de Unió. Unió es un componente de CiU ubicada en el socialcristianismo nacionalista y, por tanto, está plenamente en este ámbito de actuación.
—¿Podríamos decir entonces que ha sido un congreso de reafirmación?
—Sí. De reafirmación y de puesta al día del proyecto inclusivo. Esto se ha puesto de manifiesto en la propia Ejecutiva, en la que han entrado personas de todas las sensibilidades. Todo en línea con lo que siempre ha funcionado en Convergencia.
—¿Cree que ha ganado proyección la línea soberanista en el partido?
—La línea soberanista representa a un sector de un peso importante, pero nosotros sentimos que se llegará hasta donde haga falta, pero sabemos perfectamente cómo hay que hacerlo, y cómo hay que hacerlo para que esto no asuste a nadie. No hay que negar que en Cataluña existe una demanda para que se avance en estos temas, sobre todo, después de una cierta frustración en la aplicación del Estatut. Pero se ha sabido conjugar esto con una puerta abierta para que quepa todo elmundo. Como dijo el propio Artur Mas en la clausura, aquí cabe todo el mundo, los que se sienten soberanistas y aquéllos que se sienten bien siendo catalanistas a secas.
—En un programa de máximos, ¿se plantea claramente el derecho a decidir y, como horizonte final, la soberanía?
—Hemos acotado esto perfectamente. En nuestro programa está escrito, y contiene las expresiones medidas y calculadas. El concepto político es el derecho a decidir. Y ese derecho a decidir pasa por temas muy pragmáticos, como puede ser que la red de Cercanías se gestione desde Cataluña –que esto atañe a todas las víctimas del mal servicio-, hasta donde se quiera llegar, sin límites. Pero, sobre todo, el derecho a decidir hay que ir ejerciéndolo, porque si no lo haces, difícilmente vas a poder algún día avanzar.
—¿Cómo se vive en Convergencia la iniciativa del Parlamento Vasco para la consulta popular, y la respuesta que ha dado el Gobierno español recurriéndola ante el Tribunal Constitucional?
—Nosotros siempre hemos respetado las iniciativas del nacionalismo democrático vasco. Lo respetamos, y es su proyecto. Nuestros caminos serán los que sean, no tiene por qué coincidir. Nos parece respetable que se haga, que se haga desde el punto de vista de las mayorías que sean –pueden ser más exiguas o menos, pero son las que son-, y a nosotros (y lo defendimos en el Congreso de los Diputados) nos pareció un error que no se tomase en consideración en su momento el llamado Plan lbarretxe, que era una propuesta de modificación del Estatuto de Gernika. No se tomó en consideración, aunque fuera simplemente para debatirlo, aprobarlo o recortarlo. ¿Por qué nos pareció un error? Porque sabíamos que aquello era la voluntad mayoritaria del pueblo vasco. En este sentido, el recurso de anticonstitucionalidad planteado por el Gobierno español contra la convocatoria de consulta en el País Vasco no nos parece bien, pero, en cualquier caso, los tribunales dirán lo que tenga que ser.
—En otro orden de cosas, el Gobierno socialista ha sufrido ya dos derrotas parlamentarias, con lo que se va haciendo evidente su necesidad de pactos. ¿Existen expectativas de un acuerdo de legislatura con CiU?
—Es evidente que el PSOE necesita imperiosamente un acuerdo. La semana pasada, la Diputación Permanente aprobó todas las comparecencias que todo el mundo había solicitado. Supongo que el Partido Socialista es consciente de que no tiene mayoría y que se va a encontrar con esto en el Congreso y el Senado en lo relativo al control parlamentario, pero, sobre todo, cuando empiece a traer leyes –que, por cierto, de momento no hay atisbo de ninguna-. Deben conformar una mayoría. En estos meses ha quedado claro que está solo, e incluso le está empezando a pasar algo que le antes le sucedía al PP, que se quedaba solo frente a todos los demás. Creo que hasta finales de junio, el presidente del Gobierno no era consciente de esto. Ahora sí son conscientes y deben actuar. Desde nuestra perspectiva, motivos para pactar con los socialistas no es que haya muchos. Siempre hemos tenido una actitud muy positiva para la gobernabilidad, pero exigimos que se sea responsable. Un Gobierno que ni siquiera, o hasta hace tres días, no quería hablar de crisis, estando ante una crisis gravísima, y que no saben, o no pueden, o no quieren, o no está en sus prioridades reaccionar; un Gobierno que en los temas de desarrollo del Estatut –que constituyen nuestro programa principal– no quiere ni hablar, prácticamente, pues no sé qué nos van a decir para convencernos.
Francamente, no les veo en la labor. Es evidente que nosotros no tenemos ningún motivo para ayudar a los socialistas. También esto quedó muy claro en nuestro congreso. Ellos sabrán si reaccionan ante la crisis, si solucionan los temas catalanes y, a partir de todo esto, nosotros, como siempre, estaremos dispuestos a hablar, pero, de momento yo no veo al PSOE preparado para poder llegar a un acuerdo con nosotros.
—¿Cuáles serían las bases de las que partiría CiU para comenzar a hablar?
—Que cumplan el Estatut. Esto significa la aplicación del sistema de financiación autonómica previsto en el Estatuto de Autonomía de Cataluña. Tienen que producirse los traspasos; no hay ni uno. Los de temas irrelevantes que se produjeron el pasado enero aún no están sustanciados. Se suspendieron las comisiones bilaterales con el Gobierno catalán –serán gobiernos amigos, pero resulta que no pueden ni mantener comisiones bilaterales-. Vemos una actitud totalmenteopuesta a lo que debería ser. Ésta sería una primera condición; la segunda fue expuesta por Duran i Lleida en el debate sobre temas económicos con Zapatero: un plan anticrisis serio, con medidas serias, de alcance, no las absolutamente risibles que está emprendiendo. Hay que ver qué quiere, porque Zapatero parece que tiene una actitud en la que se plantea "bueno, la crisis ya se solucionará. No os preocupéis que yo voy a ayudar a los pobres, a las clases desfavorecidas". Es un discurso de una gravísima irresponsabilidad; evidentemente, el Gobierno tiene que proteger a los que lo necesitan más que a nadie, pero tiene que decir a toda la población que esto va a ser duro y que todo el mundo tendrá que hacer sacrificios. Esta posición tan irresponsable de Zapatero, a nosotros nos pone los pelos de punta.
—¿Cuáles son, a su criterio, las líneas a aplicar para afrontar esta crisis?
—Hay que acometer las reformas estructurales pendientes –y todos sabemos las que son. Luego, hay que tomar medidas inmediatas para ayudar a quien puede padecer más los efectos, pero hay que intentar salvaguardar el tejido productivo. "Quien tenga que caer, que caiga; que se produzcan los ajustes necesarios", decir esto es muy sencillo, pero van cayendo empresas, y empresa que cae, empresa que ya no nos ayuda a crear riqueza. De la crisis no se va a salir pagando con el dinero de no se sabe quién a miles de parados, sino tratando de salvar el mayor número posible de puestos de trabajo. El Gobierno, de momento, ni piensa esto ni lo hace. Sin el tejido productivo en todos los sectores que, al final es el que te ayuda a salir de la crisis y a crear riqueza... Vamos, el PSOE, que en otras épocas lo habría tenido claro, en esta ocasión, no. Está en un plan de ajuste, prácticamente liberal: que ya se ajustarán los precios, que si estas empresas se van, pues que se vayan; si tienen que acudir a un proceso concursal, pues que acudan. No nos parece la respuesta, además, sin acometer ningún tipo de reforma de las que hay que hacer. Nos hemos quedado en las declaraciones, diciendo que vamos a ahorrar un diez por ciento de combustible, sin decir que para lograr esto hay que tomar medidas duras. Hay debates importantes que hay que hacer, como el del mix energético. Tenemos una terrible dependencia energética y es un problema económico y ecológico, y esto no se quiere afrontar. Como no es simpático lo nuclear, pues no lo debatimos, y ya está, cuando sí se está haciendo en toda Europa. Vemos irresponsabilidad. Siguen instalados en la política de reparto de gestos agradables, de poner a una señora -que me parece muy bien-de ministra de Defensa, y que éste sea el gran mensaje del nuevo Gobierno. No es el mensaje que hay que dar en un momento de crisis tan grave.
—Pese a lo alejado de las posiciones actualmente, para un hipotético acuerdo de legislatura, ¿sería determinante para CiU recuperar el Gobierno de la Generalitat?
—Nosotros siempre hemos dicho que hay que comprender que estamos en la oposición en Cataluña -donde estamos, es legítimo y no vamos a quejarnos de ello- a causa de los socialistas. Pero, si alguien te pide que estés en una posición de Gobierno, pues hay que mantener una cierta congruencia de comportamiento. Cuando vuelva a haber elecciones catalanas, trataremos de regresar al Gobierno, pero hay que decirlo, nosotros estamos en la oposición no por ganas, incluso, tampoco por ganas de la población, porque ganamos las elecciones, pero ustedes decidieron que teníamos que estar en la oposición.
—Una vez que se ha producido el congreso del Partido Popular, y ante lo que parece una nueva actitud, ¿habría alguna posibilidad de pacto entre CiU y el PP?
—Por una parte, es justo reconocer que el desenlace del congreso del PP centra a ese partido de alguna manera, es evidente. Pero el Partido Popular tiene que resolver otras cuestiones. Para nosotros es imposible a llegar a ningún tipo de acuerdos con un partido que se dedica a utilizar el tema de la lengua y de la división lingüística como utensilio político. Estos últimos días, y tal vez a remolque de iniciativas que no han salido de su partido, está secundando determinadas campañas en contra de los derechos lingüísticos de los catalanes. Así nos resultan imposibles los acuerdos con el PP. Lo saben y se lo hemos repetido. Esto es un poco la prueba del nueve sobre su capacidad de centrarse. Parece una trampa que se le ha puesto al PP, que yo desearía que la superara. Estas campañas quedan circunscritas al ámbito de quien está escorado a las posiciones que nosotros calificamos como de ultraderecha o de ultranacionalismo español. •
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