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Nº 796 - 14 de julio de 2008

Publicados los textos de los presos republicanos en las cárceles de Canarias

POEMAS EN LA CÁRCEL

 

Entre 1936 y los primeros años 40, decenas de presos republicanos de distintas ideologías confinados en las cárceles de Gando (Gran Canaria) y Fyffes (Tenerife) sobrevivieron escribiendo en improvisados cuadernillos textos poéticos, cuentos, relatos, impresiones personales que tenían mucho más que ver con la vida que recreaban con su imaginación desde su existencia confinada que con la política. Una manera de abrir una brecha imaginaria en un muro, de imaginar un rayo de luz en una noche oscura e indefinida. El manuscrito de esos textos salió clandestinamente de Canarias a Venezuela. Y ahora acaba de ser recuperado en un doble volumen por el Centro de la Cultura Popular Canaria.

Por Manuel Espín

No son suficientemente conocidas todavía hoy en la Península las condiciones en las que se produjo el 18 de julio en Canarias donde se produjo un rápido triunfo de la sublevación en todas las islas a excepción de la de La Palma. Durante varios días esta isla quedó bajo el control del Frente Popular con un acuerdo entre la élite republicana y los partidos obreros que nunca iría más allá de la defensa de la Constitución de la República. Fue el periodo denominado Semana Roja. Distintos partidos republicanos de origen burgués crearon un Bloque de Izquierdas con socialistas y comunistas. La única fuente de información era el sonido de las radios que llegaban desde Madrid subestimando la importancia de la rebelión, segun cuenta Salvador Gonzalez Vázquez en La Semana Roja en La Palma (CCPC, 2004). La isla quedaba como un enclave republicano en un mar dominado por los nacionales. Pero los militares sublevados exigieron la entrega inmediata de la isla haciendo responsable con su propia vida al delegado del gobierno en caso de no cumplirse.Los militares enviaron el 25 de julio al Canalejas en un momento en el que los partidos republicanos eran “partidarios de eludir toda acción violenta” aconsejando serenidad a la población. Esta se levantó como reacción. Desde el barco se amenazó con bombardear Santa Cruz de la Palma, controlada en la calle por las milicias obreras, si no se rendía. El barco disparó un cañonazo que mermó la confianza de la gente, que se sentía aislada y perdida. La capital fue ocupada por los nacionales mientras los civiles republicanos se perdieron hacia los montes de la isla pensando en que la sublevación sería aplacada por la República poco más tarde. Aun controlada la capital por los nacionales, el resto de la isla siguió en manos de los sindicatos y partidos del Frente Popular hasta varios días más tarde.

 La represión fue intensa como en el resto del archipiélago. Se produjeron más de medio millar de víctimas directas sólo en la isla de La Palma como castigo por su resistencia a favor de la República. Durante los años 40 se conocieron muchos casos de huidos ocultos en las altas montañas de esta isla volcánica sobreviviendo en durísimas condiciones.

  En las semanas posteriores al 18 de julio las prisiones canarias fueron insuficientes para albergar a los republicanos debiéndose habilitar campos de concentracion y hasta buques-prisión y cuarteles. Una buena parte de esa represión, más allá de los significados republicanos, sindicalistas o miembros de partidos de izquierdas, afectó a intelectuales. Según relata Sergio Millares Cantero en el texto que acompaña a esta Antología de Musas Cautivas ahora publicadas, fueron muchas las desapariciones y fusilamientos de maestros y personajes de la cultura como el poeta surrealista de Tenerife López Torres o el novelista Rodríguez Figueroa. Las condiciones eran especialmente duras en el campo de La Isleta, en el extremo norte de Las Palmas de Gran Canaria, convertido en auténtico campo de castigo. Mientras, en Tenerife los almacenes de una empresa británica de empaquetado de plátanos cerca de Santa Cruz se utilizaron como campo de concentración que llegó a albergar a 1.500 presos a la vez. Aunque aparentemente la vida era algo más agradable que en la otra prisión de Gran Canaria, se producían terribles sacas nocturnas en las que se anunciaba a los presos los nombres de los que serían ejecutados en la madrugada. Meses atrás, en un pequeño museo de la lucha canaria situado en un barrio de Las Palmas de Gran Canaria, un hombre mayor bien informado sobre las historias y mitos de ese deporte autóctono mostraba la foto de un auténtico coloso, estrella de los años 30: “Cuando lo quisieron arrojar a la sima de Jinamar, tristemente famosa por haber sido utilizada para hacer desaparecer a muchos republicanos, rodeó con sus enormes brazos a sus ejecutores y los arrastró con su cuerpo al fondo del abismo”. Historias terribles que hablan de dramas de un escalofriante pasado.

  De La Isleta los presos pasaron a Gando, al este de la isla de Gran Canaria, trasladados por vía marítima y hacinados en las bodegas de un barco de carga. En el momento de máxima ocupación llegó a haber hasta 2.000 reclusos en esta prisión. Aunque las condiciones de vida seguían siendo muy duras, el recinto era más habitable que en la anterior. En estas cárceles los presos componían versos que muchas veces tenían que ser memorizados al no poderlos escribir. Aunque los libros estaban prohibidos, algunos ejemplares pasados clandestinamente circulaban de mano en mano. Pese a los registros se escribían versos, obritas teatrales y relatos sin apenas más papel que el de envoltorios o el higiénico.

  Con el tiempo se permitió en la prisión de Gando la agrupación de los presos por sus afinidades: abogados, maestros, pintores, escritores, etc. Gracias a la memoria del pasado muchos de ellos pudieron recordar textos de Bécquer, Machado, Salinas, Lorca o Unamuno y escribirlos en papel para pasarlos a otros. Pese a que no se permitían los instrumentos musicales se las ingeniaron para fabricar flautas de caña.Varios músicos fueron confinados hasta que bajo la promesa de tocar en las misas se les permitió utilizar ciertos instrumentos. Después de acabada la guerra se llegó a permitir que algunos presos manejaran pinturas, dando posibilidades a pintores como Felo Monzón, socialista de Las Palmas muy prestigioso en su momento,  quien realizó dibujos y retratos. La presencia de artistas e intelectuales dio lugar a que se convirtiera la prisión en una improvisada academia en la que se hablaba de muchos temas culturales. En ese ambiente se escribieron los textos de esta antología realizada por presos en la que se alternan contenidos literarios y dibujos de muy variado calibre.

Papeles ocultos.  En 1995, un profesor de la Universidad Central de Venezuela llamado Juan Torres Rocha, nacido en Las Palmas de Gran Canaria en 1947 pero registrado en Caracas un año más tarde, al haber viajado clandestinamente con su madre en un barco italiano, puso en manos del profesor canario Alfredo Mederos una colección de textos sacados de manera oculta por su madre, militante anarcosindicalista, al salir de la cárcel. Tras el fallecimiento de esta mujer en Venezuela, aparecieron los documentos entre sus papeles. Su hijo expresó el deseo de que el manuscrito fuera entregado a alguna institución “como un legado para que sea conocido por las generaciones futuras para que luchen por la libertad del hombre y el sacrificio de nuestro pueblo sirva como ejemplo de compromiso con la vida”, en expresión de Juan Torres Rocha. Ahora la historia de muchos de los que escribieron esos textos ha sido a su manera recobrada tras la reciente investigación que ha sacado a luz historias casi desconocidas para las nuevas generaciones. Unos textos que van mucho más allá de lo que expresan directamente. Era un modo de hacer un agujero en el muro tratando de superar un lastre llamado resignación.

Memorias canarias.   El Centro de la Cultura Popular Canaria nació “con intención de desaparecer” como comenta su coordinadora Meme Sosa: “En la Transición nos dimos cuenta de que había necesidad de una expresión cultural canaria, de potenciar nuestra expresión cultural. Pensabamos que las instituciones se ocuparían de este cometido. Pero no ha sido así y nosotros seguimos”. El Centro edita libros muy variados, desde los cuentos completos de Galdós hasta historias de Canarias, biografías, arte, patrimonio, naturaleza... con uno de los más amplios catálogos de España. Ahora la media es de 26 libros lanzados cada año “mientras antes eran 40”. Y discos: “Hemos adquirido los materiales originales de discográficas que han ido cerrando, que se remasterizan, como los primeros trabajos de Los Sabandeños”. Y junto a esto el Centro promueve actvidades: “Organizamos actos para instituciones públicas y privadas, en su momento hicimos las primeras giras de Serrat, Mercedes Sosa, Atahualpa Yupanki, Silvio Rodríguez o Pablo Milanés. En esos momentos los cachés eran bajos, luego subieron mucho los precios de los artistas. Pedro Guerra nació con el Centro al que su padre, primer presidente del Parlamento canario, había estado antes vinculado. Trabajabamos dentro del mundo de la cultura con un planteamiento igualitario. Pretendíamos llegar a las fiestas, a los barrios donde no había actividad cultural, sacando a la gente de ver la televisión...”. Ahora mantienen también una radio muy crítica, San Bodondón (www.centrodelacultura.com): “Detrás de nosotros no está ningun partido, aunque nos sentimos de izquierdas: hemos trabajado también muy bien con administraciones de derechas. En muchas de nuestras producciones las instituciones aparecen como coeditoras. Nosotros sólo les pedimos que adquieran un determinado número de libros. Sobrevivimos alquilando equipos de iluminación y de sonido. Nuestros libros o discos llegan a 800 puntos de venta. Aunque no se gane dinero. Por ejemplo, en la isla de El Hierro, para vender unos pocos libros hay que viajar y dejar producto en unos escasos puntos de venta. Y esto cuesta caro. Pero lo más importante es llegar con nuestra cultura lo más lejos posible”. 

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