Fernando Colomo, director
"SIEMPRE HAY UN RIVAL
A QUIEN DERROTAR"
Como una piña, los futbolistas de las Comunidades Autónomas en la Selección
Española, han arrebatado este verano la Copa de Europa de Fútbol a sus rivales
europeos. Y mientras tanto, Fernando Colomo preparaba el estreno de su última
película sobre la eterna rivalidad entre Madrid y Barcelona a partir del
enfrentamiento deportivo de dos equipos juveniles de fútbol de estas ciudades, en
Sevilla. El rey de la comedia española desde que en 1977 realizara Tigres de papel,
habla en Rivales con ironía, de la competencia, del consumo, de la rivalidad entre los
padres de los chicos y del ansia de ser ganador, motores de nuestra sociedad actual.
Por Isabel Alcázar
Para Fernando Colomo estamos viviendo momentos de bastante tensión en los que la rivalidad está
constantemente presente y hay que
ganar o perder, no se puede empatar, por eso
rodó Rivales. También en su anterior película de hace tres años, El próximo Oriente, los
emigrantes que trataban de integrarse en un
barrio de Madrid, rivalizaban de algún modo con los madrileños. Anteriormente había
dirigido Al sur de Granada, sobre los años
que el escritor británico Gerald Brenan vivió en un pueblo andaluz. A lo largo de su
carrera, el veterano director, productor y guionista nacido en Madrid, ha mostrado gran
capacidad para los diálogos en distintos momentos cómicos y dramáticos de la reciente historia de España, que su cámara ha captado como, El cuarteto de La Habana (2003),
con personajes mentirosos y miserables que
luchan por sobrevivir, Los años bárbaros (1998), que retrata a unos alocados jóvenes
estudiantes en las postrimerías del franquismo, El efecto mariposa (1995), Alegre ma
non troppo (1988), La vida alegre (1986), La
línea del cielo (1983), Estoy en crisis (1982), ¿Qué hace una chica como tú en un sitio como éste? (1978), entre otras películas. Como productor ha apadrinado primeras películas de algunos directores, como Icíar BoIlaín en Hola, ¿estás sola?,Mariano Barroso,
a quién produjo Mi hermano del alma, Salto al vacío de Daniel Calparsoro, las películas de Albacete y Manques, Más que amor frenesí y Atómica, o el debut de Fernando Trueba con Ópera prima, en la que también participó en la dirección artística.
—¿Cuándo pensó en hacer una película sobre la rivalidad entre Madrid y Barcelona?
—No fue una idea mía, la propuesta vino de un productor catalán, Luis de Val y en principio me pareció atractiva y como tengo bastantes amigos catalanes, he ido mucho por Barcelona y sé que han vivido entornos muy fuertes hace un par de años con el Estatut, me pareció un tema bastante atractivo para una película. Luego hablé con Joaquín Oristrel que era la propuesta como guionista a la que se añadió Inés París para tener guión desde las dos partes. Es la primera vez que dirijo una película sin hacer yo el guión, pero lo he seguido desde el principio y para mí ha sido una experiencia nueva trabajar sin implicarme al 100%, porque tenía la ventaja de opinar pero luego lo escribían ellos y yo lo recibía y lo veía desde
fuera; eso me ha permitido hacer cosas que de haber escrito yo el guión a lo mejor no habría hecho, porque cuando te metes en el guión pierdes la visión y la capacidad de autocrítica, pero estando con los guionistas todo el rato a veces se lo ponía muy difícil y les he hecho trabajar muchísimo.
—¿Cómo se siente más cómodo, rodando con un guión propio o escrito por otros?
—Bueno, yo creo que la ventaja de rodar con un guión propio es que te lo sabes mejor porque lo más importante de un director como de un actor, es que tienes que conocer los personajes al dedillo, las situaciones perfectamente para ver cómo lo puedes contar, pero en este caso, al estar tan implicado todo el tiempo con ellos, proponiéndoles cosas y tal, llegué a aprenderme el guión totalmente y por tanto, no he notado ninguna diferencia de rodar una película con guión escrito por mí.
—¿En sus películas intenta cuestionar el comportamiento social?
—El cine, como cualquier arte siempre es un reflejo de la vida o de la experiencia del artista, de su manera de ver lo que pasa. Al ser el cine un espectáculo de masas es fantástico para esto y tiene un poder enorme para dar tu opinión, para dar tu versión de cómo percibes lo que pasa en la sociedad actual y evidentemente el fútbol en esta película es un pretexto para hablar de la agresividad, de la competencia, del consumo y de la rivalidad. Vivimos un momento en el que todos tienen que ser ganadores, no se concibe ni siquiera la figura del empatador porque tiene que haber un ganador; en todo o ganas o pierdes y como vivimos en tensión, en momentos convulsos que van generando violencia y por eso en Rivales acaban a tortas.
—Pero la sociedad no es tan violenta como lo muestra el cine en general, ¿no cree?
—Yo creo que sí porque existe ese aspecto de la competencia que es brutal, todo se concibe en función del adversario, siempre hay como un rival a quien hay que derrotar, parece que si no nos cargamos a alguien no podemos salir adelante ni desarrollarnos por nosotros mismos. De todos modos, quien marca la línea es el cine norteamericano que tiene la industria más potente, y ahora estamos en una época más puritana, incluso más pudorosa en el tema de el sexo, no para la violencia ya que sus películas nos muestran cuerpos cortados, desangrados, cosas espeluznantes. Parece como que todo se está polarizando y que el sexo se queda para la medianoche, para el cine porno y para los demás horarios los norteamericanos hacen películas para una mentalidad como de siete años, para que las pueda ver todo el mundo y en todos los países, y eso evidentemente es una forma de censura.
—¿Cree que faltan películas comprometidas política y socialmente?
—Si, y de hecho creo que las estamos haciendo. El cine debe de hablar de la sociedad y de los seres humanos, de lo que sienten, lo que les pasa, lo que sufren y yo al menos así lo concibo y es el interés que tiene el cine para mí, sea comedia o drama. El cine político depende del momento y del país porque hacer cine político directamente depende de los temas. Yo tengo un proyecto con los saharauis que posiblemente sea una comedia, pero en el fondo como estamos tratando del problema del pueblo saharaui que está en manos de los políticos yson ellos los que están decidiendo lo que va a ser de sus vidas, en ese sentido sería cine político. Este cine lo concibo más en determinados países en donde no haya democracia, como pasaba en España durante el franquismo y si conseguíamos hacer alguna alusión a dictadura y pasar la censura, era como colocar una pica en Flandes.
—¿La salud del cine español está mejorando y en particular con la sabia nueva que se incorpora?
—Yo la veo buena y pasa como con la Selección de Fútbol antes de ganar la Copa de Europa y ahora tiene un prestigio enorme fuera de España, mientras que aquí dentro estamos hundidos por ese carácter nuestro como de ser los peores en todo excepto cuando fuera nos dicen que somos los mejores, pero no se acaban de enterar. Cuando salgo a un festival de cine fuera de España la gente está encantada con el cine español y aquí seguimos autoinfrigiéndonos todas las penitencias del mundo, pensando que somos muy malos y es una paradoja. Y los jóvenes directores españoles, efectivamente están elevando el nivelde nuestro cine; es fundamental que entre gente joven para dar un giro al cine español y con reconocimiento exterior, porque hay como 20 ofertas en marcha de EE UU con algunos jóvenes creadores.
—El cine por internet, en la televisión ¿compite con el exhibido en las salas o hay películas que solo se disfrutan en estas pantallas?
—Sí y yo he hecho alguna cosita para internet, pero en formatos muy pequeños. Ahora mismo estoy haciendo un corto sobre la defensa de la sanidad pública que vamos a colgar en Internet y otro trabajo también en ayuda del pueblo saharaui. Internet es un medio bastante adecuado para estos trabajos cortos que tienen un contenido publicitario y que por ejemplo, la sanidad pública lo necesita bastante. Por otro lado, hay un cine norteamericano planteado para las grandes pantallas, llevamos muchos años con esta polarización, siempre salen películas gordas que tienen importancia para verlas en salas grandes, por el sonido, la espectacularidad y demás, y películas más pequeñas que se pueden ver en televisión de casa, por Internet, en formatos más pequeños, incluso en el móvil.
—También hay películas españolas adecuadas para las salas, naturalmente, ¿no pueden exigir al Ministerio de Cultura un cambio que favorezca al cine español como en el resto de los países europeos?
—Es lo de siempre y yo lo que intento es hacer buenas películas y nada más. La legislación europea señala que de cada cuatro películas exhibidas una sea europea y las distribuidoras norteamericanas se la quieren cargar a pesar de que sigue siendo muy poco, porque si una película norteamericana sale con 700 copias que distribuyen por esas salas, no puedes ver otras películas. Por ejemplo, en una semana solo podías ver Indiana Iones y en otra Piratas del Caribe. No se pueden reducir el número de copias con que sale una película norteamericana porque va contra la ley de la oferta y la demanda, contra la libertad y es un sistema que ha implantado la industria de cine norteamericana para dar salida a sus productos y anular las películas pequeñas. Es una pena no poder ver casi cine europeo, apenas conocemos el cine griego, ni el que se hace en Dinamarca, por ejemplo. •
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