Internacional
Nº 796
14/7/2007
Hemeroteca Lista Internacional

Tras la liberación de Betancourt se atisban posibilidades para la negociación

COLOMBIA SE MUEVE


No ha quedado claro si la liberación de la ex candidata presidencial Ingrid Betancourt ha sido producto de una audaz e imaginativa estratagema de las fuerzas armadas colombianas —o de sus permanentes asesores estadounidenses e israelíes—, o si bien todo lo difundido no fue más que una pantomima y, por el camino, 20 millones de dólares conseguían ablandar a los secuestradores —tal y como informaba el pasado 3 de junio la Radio Suisse Romande—. Lo único cierto es que, tras los últimos golpes recibidos por la guerrilla de las FARC, la posibilidad de una negociación directa para, al menos, conseguir el intercambio humanitario de rehenes por presos parece ir tomando cuerpo.

Por Antonio Sarrión

Nuestra propuesta de encontrarnos con el Gobierno para precisar los términos de un acuerdo continúa vigente, así como la decisión de mantener comunicación. (...) Persistiremos en nuestros esfuerzos por alcanzar la paz democrática por las vías civilizadas del diálogo, tal como lo hemos hecho desde hace 44 años". Así se expresaba, en un comunicado dirigido a todos los jefes locales de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – Ejército del Pueblo (FARC-EP), el comandante Alonso Cano, máximo dirigente de la guerrilla más antigua de América Latina, tras la muerte a causa de un infarto de su número uno histórico, Manuel Marulanda, Tirofijo, y del asesinato en territorio ecuatoriano, el pasado 1 de marzo, del anterior portavoz y número dos, Raúl Reyes.

La importancia de este comunicado no sólo radica en lo que se puede considerar como un notable cambio de actitud de esta fuerza combatiente, sino que había sido redactado y difundido con mucha antelación a la liberación de la rehén más emblemática en poder de las FARC, la ex candidata presidencial y ciudadana franco-colombiana Ingrid Betancourt.
La guerrilla está inmersa en lo que se podría calificar como su peor annus horribilis desde que comenzase sus actividades hace 44 años. A las deserciones de determinadoscomandantes significativos hay que sumarle otra serie de reveses encadenados que han debilitado su estructura y su capacidad operativa de modo importante. El 1 de marzo pasado, la fuerza aérea colombiana irrumpía en territorio de la República de Ecuador y daba muerte –sin posibilidad alguna de combate– al portavoz de la guerrilla y número dos en el escalafón, Raúl Reyes, quien, supuestamente, se encontraba negociando con emisarios franceses la liberación de Ingrid Betancourt. En la operación fallecía una veintena de personas, entre guerrilleros, ciudadanos ecuatorianos y dos nacionales mexicanos. Poco después era asesinado el comandante Víctor Ríos a manos, paradójicamente, de su jefe de seguridad, quien habría percibido una recompensa a cambio –método muy criticado por los diputados de la oposición– de un millón de dólares.

Por si fuera poco, aunque el hecho se conocería semanas más tarde, el líder histórico, Manuel Marulanda, fallecía a causa de un accidente cardiovascular.

La liberación de Ingrid Betancourt, de una decena de militares colombianos y de tres agentes de la CIA, mediante una teatral operación llevada a cabo por un comando de las fuerzas armadas colombianas, disfrazado de periodistas y de una supuesta misión humanitaria –o bien mediante el pago de un rescate de 20 millones de dólares, según informaba el pasado 3 de julio la emisora helvética Radio Suisse Romande–, dejaba a la guerrilla sin uno de sus argumentos negociadores de mayor peso. Pese a todo, aún conservan en su poder a un gran número de rehenes, más de una veintena de los cuales continúan teniendo peso mediático.

El conocimiento reciente del comunicado de Alonso Cano revela que desde hace ya algún tiempo, en las FARC se está produciendo un movimiento estratégico. No sólo los duros golpes antes mencionados y que, sin duda, han hecho mella, tanto moral como orgánicamente en la guerrilla, sino el agotamiento de una propuesta que se ha mantenido por más de cuatro décadas y no ha conseguido ninguno de sus objetivos políticos iniciales, y que mantiene una situación, al menos, hasta ahora, de imposible solución militar –ya que ninguna de las dos fuerzas contendientes ha sido capaz de imponerse a la otra en todo este tiempo-, parece que impulsan a la nueva dirección hacia una salida negociada.
A esto hay que añadir el desapego que cada vez muestra con más intensidad la izquierda política del continente. Para muestra –aunque no la única-, las declaraciones de hace dos meses del presidente venezolano, Hugo Chávez –cuya mediación resultaba determinante para las liberación unilateral de varios rehenes por parte de las FARC en fechas recientes-, asegurando que la guerrilla no es un recurso adecuado para la batalla política en América Latina.

El Ejecutivo de Álvaro Uribe parece haber recogido el guante: "El Gobierno, a través del Alto Comisionado para la Paz, Luis Carlos Restrepo, ha dicho que está dispuesto a dialogar directamente con la guerrilla. De manera que si las FARC están de acuerdo con eso, el presidente está listo al acuerdo humanitario o a la negociación política", aseguraba el pasado 8 de julio el ministro colombiano de Interior y Justicia, Fabio Valencia Cossío.

Las dificultades para que se desarrollase este hipotético proceso son multifactoriales. Por una parte, el comunicado de Alonso Cano se había producido con bastante antelación a la liberación de Betancourt, con lo que se desconoce cuál puede ser ahora la reacción de la cúpula guerrillera ante unas circunstancias que han cambiado sustancialmente. Por otro lado, pese a que la popularidad de Álvaro Uribe se ha disparado tras la incruenta operación de rescate, llegando hasta el 79 por ciento, el presidente tiene abiertas varias batallas judiciales que podrían condicionar su actitud y sus decisiones. Ningún otro presidente colombiano había recibido más acusaciones en toda la historia. Tiene abierto un proceso por la supuesta compra de votos de parlamentarios en la Comisión Constitucional para promover el cambio en la Carta Magna que permitió su reelección. También se hallan procesado más de 60 parlamentarios (32 de ellos en ejercicio) de su partido –incluidos familiares directos de Uribe- por su relación con las fuerzas paramilitares; y también se ha visto señalado en diversas denuncias por su supuesta vinculación con el narcotráfico. El presidente ya ha planteado la posibilidad de convocar un referéndum –apoyándose en su coyuntural popularidad- por el que se anulen los últimos resultados electorales, y que le abra la puerta a un tercer mandato y a esquivar lo que él considera una persecución judicial y una intromisión de ese poder judicial en las tareas del Legislativo y del Ejecutivo.

Otra amenaza sobre Uribe, esta vez puramente política, podría constituirla la figura de Ingrid Betancourt. Si la popularidad presidencial ha crecido tras la operación libertadora, la aceptación popular de la propia Betancourt se sitúa en los mismos niveles, si no más, que la de Álvaro Uribe. Cuando la ex parlamentaria presentó su candidatura a la presidencia, sus propuestas se basaban en la reconciliación nacional y en la necesidad de acabar con los enormes desequilibrios que se padecen en el país –raíz histórica de la inestabilidad y de las luchas guerrilleras-, muy alejadas de las posiciones de máxima firmeza y mano dura que auparon a Uribe al poder en 2001. Si Betancourt decidiese ahora volver al primer plano de la batalla política, muchos analistas consideran que sus opciones serían elevadas. Por el momento, en estos primeros días de libertad, está concentrando sus esfuerzos en tres ámbitos. Por un lado, en intentar que la población colombiana y la comunidad internacional no olviden que todavía quedan personas privadas de libertad en manos de guerrilla, y que, con su liberación, no se I culminado el proceso. Por otra parte, está r clamando a las FARC "que acepte la derro ta, como buenos perdedores. Estamos di puestos a tenderles la mano si aceptan que han perdido. No podemos seguir compo tándonos como si estuviésemos negociand con ellos, cuando ése no es nuestro papel' Por último, su empeño pasa por manten€ vinculada a Francia y a toda la Unión Eurc pea en el proceso, ya que los considera más necesarios que nunca para promover un pros ceso de paz que pueda llevar definitivamente a un cese de las hostilidades. En su reciente visita a Francia, le pedía al presidente, Ni colas Sarkozy "que regrese a Colombia pa ra volver a hablar con Uribe"; del mismo mo do que se ha ofrecido para mediar entre Uribe y Hugo Chávez para que "regrese la amistad y la confianza".

Sin embargo, el actual Ejecutivo de Bogotá no desea la mediación europea, sobre la que ha afirmado que ya no tiene "confianza". El Alto comisionado para la Paz, Luis Carlos Restrepo, aseguraba que "hablar hoy de un acuerdo humanitario como en una primera etapa antes de la paz ya no tiene sentido". Lo decía haciendo referencia a las propuestas de mediación que habían efectuadc los mediadores francés y suizo en nombre de los gobiernos de Francia, Suiza y España, que llevan años implicados en un intento de solución dialogada.

De cualquier modo, todo indica que se ha producido un antes y un después en la enquistada situación colombiana. El debilitamiento de la guerrilla, la liberaciór de Betancourt, la delicada situación judicial de Uribe y las presiones internacionales podrían favorecer el inicio de ur proceso negociador que permitiese el fir de un conflicto que ya dura cuatro décadas y media.*

La visión europea de Jack Lang

El que fuera ministro de Educación y también de Cultura en diversos gabinetes presididos por Francois Miterrand, tuvo un papel relevante en los iniciales intentos de mediación franceses en el conflicto colombiano, y es un profundo conocedor de una situación que ha venido siguiendo de cerca desde hace muchos años. De visita en España durante la semana pasada, compartía sus impresiones sobre la cuestión colombiana en el transcurso de un acto público en la sede madrileña de la Casa de América.

Lang consideraba que el anuncio de cerco militar total contra la guerrilla efectuado por el presidente Álvaro Uribe era "peligrosa para la vida de los rehenes. De manera personal creo que la iniciativa del presidente Uribe no es buena". El ex ministro francés, y destacado teórico e intelectual de la socialdemocracia europea, también adjudicaba un papel decisivo a las FARC en un hipotético proceso negociador: "Creo que si pueden demostrar que son capaces de participar a la construcción de una Colombia pacífica y libre, serán entonces plenamente asociadas a la vida nacional e internacional, aunque no hay una respuesta simple a un problema complejo".

Lang tampoco considera "aceptable" la que denominó política "agresiva" del Gobierno colombiano con respecto a Venezuela. En su intervención destacó el papel "enormemente positivo" de la mediación para la liberación de rehenes desarrollado por el presidente venezolano, Hugo Chávez, y aseguró que "debemos agradecer a Venezuela, al presidente Chávez y otros países como Bolivia o Ecuador, por resistir a esta dominación imperialista del señor Bush".



Hemeroteca Lista Internacional