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Nº 795 - 7 de julio de 2008

La generación de los 80 lleva a nuestro país a los mayores éxitos de su historia

El nuevo deporte español


Con Iker Casillas alzando la Copa de Europa de Naciones al cielo de Viena, el deporte español borraba definitivamente el único lunar de un palmarés que ha dado muchas alegrías a los aficionados durante los últimos años. Esta victoria histórica en el deporte de masas por excelencia, el fútbol, supone el punto culminante de una trayectoria de éxitos que comenzó en los Juegos Olímpicos de Barcelona. Fue allí donde se estableció un punto de inflexión en el que los deportistas españoles dejaron de pasar sin pena ni gloria, salvo honrosas y arqueológicas excepciones, por las competiciones internacionales. Y no sólo eso. Paralelamente, la repercusión social del deporte dio un vuelco espectacular. El número de personas federadas comenzó a aumentar exponencialmente y los derechos de retransmisión de los diferentes campeonatos se convirtieron en objeto de deseo de las televisiones, sabedoras de que ningún otro programa atrae tanta audiencia.

PorManuel Capilla

Federico Martín Bahamontes y Luis Ocaña en ciclismo, ‘los Manolos’ Orantes y Santana en tenis, Ángel Nieto y sus doce títulos más uno en motociclismo, las seis Copas de Europa ‘en blanco y negro’ del Real Madrid, el gol de Marcelino a la URSS en el Bernabeu, la medalla de plata del equipo de baloncesto en los Juegos de Los Ángeles…Todos estos nombres y triunfos, los más importantes del deporte español hasta 1992, han quedado ampliamente superados tras la llegada a la élite mundial de una generación de deportistas nacidos tras la aprobación de la Constitución. El Siglo repasa sus éxitos.

Fútbol: adiós a los fantasmas

“Purificación, liberación o transformación interior suscitados por una experiencia vital profunda”. Así define la Real Academia el concepto de catarsis, un término que viene como anillo al dedo para explicar lo sentido por la España futbolística, y quién sabe si la no futbolística también, con el triunfo en la Eurocopa. Porque está fuera de toda duda que en el siglo XXI ningún acontecimiento es capaz de provocar las emociones colectivas que provoca el fútbol. Tan es así que el ministro de Economía, Pedro Solbes ha afirmado que la victoria de la selección tiene un impacto “positivo” en la economía. En un desayuno informativo organizado por Europa Press, Solbes ha asegurado que, aunque es difícil saber “en términos porcentuales” cuál ha sido su efecto concreto, “el buen ánimo anima al consumo”.

Y es que, durante años y años, la incapacidad de la selección para llegar lejos en los campeonatos europeos y mundiales había dejado una trayectoria llena de decepciones, que recordaban que, de alguna forma, España estaba un escalón por debajo de Francia, de Alemania o de Italia. El “jugamos como nunca y perdemos como siempre” reflejaba un cierto complejo de inferioridad. Y por mucho que el PIB español hubiese superado al italiano, lo que contaba era que Italia gana mundiales y España siempre perdía, con suerte, en cuartos.

Muchas páginas y minutos en los medios de comunicación se han llenado con decenas de teorías, desde las más plausibles a las más peregrinas, que trataban de explicar por qué los éxitos de las categorías inferiores se convertían en fracasos de la selección absoluta. Al margen de los debates estrictamente futbolísticos, las causas esgrimidas eran fundamentalmente sociológicas. Por ejemplo, la teoría más recurrente consistía en que la peculiaridad del estado español, que acoge a varias nacionalidades dentro de sus fronteras, hacía imposible un sentimiento de comunión indispensable para triunfar. También se afirmaba, haciendo alardes de psicología colectiva, que los españoles no tenemos la mentalidad competitiva que sí parecen tener alemanes, italianos o argentinos. Pero estos argumentos se derrumbaron cuando los triunfos en deportes como el baloncesto o el balonmano comenzaron a aparecer, con lo que el fatalismo parecía instalarse definitivamente. Pocos españoles apostaban en el inicio del campeonato por que sería Casillas quien recogería la copa. Y hasta en el extranjero la leyenda negra ya era famosa. Un periódico británico saludaba el debut de la selección contra Rusia concluyendo que el buen juego exhibido “hará más dramática aún su eliminación en cuartos”.

Y, sin embargo, sucedió. Los jugadores que triunfan en sus clubes consiguieron hacerlo con la camiseta de la selección, devolviendo el fútbol español al primer nivel. La Eurocopa conseguida en el Bernabeu contra la URSS hace 44 años y la medalla de oro en los Juegos de Barcelona ya no son los únicos títulos relevantes conseguidos por los futbolistas españoles, con Xavi Hernández, Iker Casillas y David Villa a la cabeza.

Baloncesto: los chicos de oro

Albert Camus, el escritor y filósofo francés, jugó en su juventud de portero en un equipo de su ciudad natal, Argel, y llegó a afirmar años después que “todo cuanto sé con mayor certeza sobre la moral y las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol”. Sin embargo, en estos tiempos en que el ‘vedettismo’ suele aquejar profundamente a los superprofesionalizados jugadores de fútbol, fueron Pau Gasol y compañía quienes llevaron al baloncesto español a lo más alto en 2006 recuperando los valores clásicos del deporte. Simpáticos, accesibles y elegantes dentro y fuera de la cancha, los jugadores españoles se proclamaron campeones del mundo en Japón exhibiendo un compañerismo y un espíritu de equipo que supone el mejor ejemplo para las nuevas generaciones, y que les hizo merecedores del Premio Príncipe de Asturias. Para el recuerdo queda la final de ese campeonato, en la que la selección barrió a Grecia, los vigentes campeones de Europa en ese momento, sin Pau Gasol, que se había lesionado.

Probablemente sea el propio Pau, el mejor jugador español de baloncesto de la historia, quien simboliza como nadie el nuevo camino iniciado hace pocos años por el deporte español. Nacido tras la aprobación de la Constitución, Gasol ha inaugurado caminos que otras generaciones de baloncestistas sólo podían soñar. Campeón del Mundo junior en 1999 junto a algunos de los jugadores que también subirían al podio con él en Tokio (‘los juniors de oro’), ha conseguido convertirse en un referente en la mítica NBA, el Olimpo del baloncesto, reservado para unos pocos elegidos. Y por si fuera poco con la camiseta amarilla de los Lakers, el equipo más importante del mundo tras los Boston Celtics.

Así las cosas, los Juegos Olímpicos de Pekín se presentan como la gran oportunidad de este equipo para pasar a la historia definitivamente. Enfrente tendrán al mejor equipo que han presentado los Estados Unidos desde el Dream Team de Barcelona, pero Pau y Marc Gasol, Juan Carlos Navarro, Felipe Reyes o José Manuel Calderón ya han demostrado de lo que son capaces.

Mención de honor también merece la selección española femenina. España fue el único país que tuvo a ambos equipos, femenino y masculino, en competición en Atenas hace cuatro años y que volverá a tenerlos en Pekín. El crecimiento paralelo que han experimentado las dos selecciones durante los últimos años (las chicas son las actuales subcampeonas de Europa, al igual que los chicos), cuenta con otra similitud importante. Y es que el equipo femenino cuenta con su propio Pau Gasol, Amaya Valdemoro. La alero madrileña lo ha sido todo a nivel de clubes en Europa, consiguió hacerse un hueco en la liga estadounidense (ha sido campeona de la versión femenina de la NBA durante tres años consecutivos con las Houston Comets) y ha situado a la selección entre los cinco mejores equipos del mundo. Aunque el nivel de las españolas está ligeramente por debajo de estadounidenses y rusas, las grandes favoritas, hay que contar con ellas para la lucha por la medalla de bronce en Pekín. 

Tenis: el desembarco de la ‘Armada’

El tenis ha sido quizá el único deporte que ha mantenido una línea más o menos regular desde hace 20 años. Desde que Arantxa Sánchez Vicario, con tan sólo 18 años, derrotara a la número uno del mundo, Steffi Graf, en la final de Roland Garros de 1989, los éxitos del tenis español han ido sucediéndose de forma más o menos regular.

Junto a Arantxa, Conchita Martínez y Sergi Bruguera, ayudaron a mantener el tenis nacional en la élite hasta la llegada de la ‘Armada Española’, la mejor generación del tenis nacional de toda la historia. El equipo integrado por Albert Costa, Juan Carlos Ferrero y Alex Corretja, entre otros, consiguió alzarse con el ‘mundial del tenis’, la Copa Davis, en 2000, derrotando a Australia en una final disputada en el Palau Sant Jordi de Barcelona. La victoria volvía a repetirse cuatro años después en Sevilla contra Estados Unidos, ya con la participación del fenómeno Rafael Nadal, que ha tenido la mala suerte de tener que competir contra el mejor jugador de la historia, el suizo Roger Federer. La rivalidad entre ambos, que están copando las finales de los grandes torneos, ha devuelto al tenis a la época de gloria de finales de los 70 y principios de los 80 en que Bjorn Borg y John McEnroe protagonizaron partidos históricos.

La aparición de Rafa Nadal ha terminado de convertir Roland Garros en coto privado de los tenistas españoles gracias a sus cuatro victorias consecutivas en el ‘grand slam’ parisino, que se añaden a los otros cinco triunfos españoles en los últimos quince años. Pero además, Nadal es el dueño de varios records, entre los que se encuentran el de único tenista en la historia en ganar un mismo torneo Grand Slam 4 veces consecutivas desde su debut (Roland Garros entre 2005 y 2008) y el de mayor número de victorias consecutivas sobre una misma superficie, (81 en tierra batida). Así, con tan sólo 22 años se ha convertido en el líder indiscutible del equipo que luchará por las medallas en Pekín, junto a David Ferrer, Nicolás Almagro y Tommy Robredo.

Mientras el tenis masculino goza del mejor momento de la historia, la retirada de Conchita y Arantxa ha dejó un vacío que todavía no ha podido llenarse. A pesar de todo, España cuenta con una baza importante de cara a los Juegos con la pareja que integran Virginia Ruano y Anabel Medina, vigentes campeonas en la tierra batida de Roland Garros.

Ciclismo: la herencia de Induráin

En un deporte muy ensuciado recientemente por los escándalos de dopaje, los ciclistas españoles se han mantenido en la élite sin verse directamente relacionados. Nombres como los de Roberto Heras o Joseba Beloki han recogido el testigo del primer deportista de primer nivel mundial nacido en España tras la Transición: Miguel Induráin.

El navarro consiguió sentar a millones de españoles delante de la televisión en las tardes del mes de julio de la primera mitad de los noventa para ver como ganaba cinco Tours de Francia consecutivos y dos Giros de Italia arrasando y marcando una época en el ciclismo profesional. Sus marcas en la ronda francesa sólo han podido ser superadas por el norteamericano Lance Armstrong, quien se preparaba única y exclusivamente para el Tour, ignorando el resto de pruebas a diferencia de lo que hizo Induráin.

El imperio de Armstrong impidió que Joseba Beloki o Fernando Escartín renovasen los maillots amarillos que Induráin había vestido hasta los Campos Elíseos, pero la retirada del estadounidense ha coincidido con un gran ramillete de buenos ciclistas que han asegurado la representación española en los podios durante los dos últimos años. Por ejemplo, Carlos Sastre y Alejandro Valverde han hecho muy buenos papeles en la Vuelta a España y Óscar Pereiro se proclamó ganador de la edición de 2006 del Tour de Francia tras la descalificación por dopaje del hombre que le había precedido en el podio, el norteamericano Floyd Landis. Pero entre estos nombres sobresale el de Alberto Contador, la gran promesa del ciclismo español gracias a sus triunfos en el Tour del año pasado (en el que otros cinco ciclistas españoles acabaron entre los diez primeros: Carlos Sastre, Aimar Zubeldia, Alejandro Valverde, Mikel Astarloza y Óscar Pereiro) y en el Giro de éste. Con un ciclismo sólido y completo, parecido al del campeón navarro, Contador es otra garantía de éxito para los Juegos.

Motociclismo: lo mejor está por llegar

Las grandes rivalidades son el mejor motor de los deportes individuales y, al igual que sucede en tenis con Nadal y Federer, el ‘pique’ dentro y fuera de la pista entre Dani Pedrosa y Jorge Lorenzo augura grandes momentos para el motociclismo durante los próximos años. El Rey fue, sin quererlo, la persona que ayudó a dejar bien claro que Pedrosa y Lorenzo se odian, al intentar obligar a ambos pilotos a que se estrecharan la mano en el último Gran Premio de Cataluña y comprobar cómo ninguno de los dos tenía intención de hacerlo. Ni siquiera como gesto de cara a la galería.

Así las cosas, con el mejor piloto de todos los tiempos, Valentino Rossi, en la recta final de su carrera, tanto Pedrosa, de 22 años de edad, como Lorenzo, de 21, bicampeones del mundo en 250cc, están llamados a reinar en Moto GP, la categoría reina, durante mucho tiempo.

Fórmula 1: un nuevo deporte para España

A diferencia del motociclismo, que siempre ha contado con tradición en España desde los tiempos de Angel Nieto, gracias a Sito Pons, Alberto Puig o Alex Crivillé, entre otros, la Fórmula 1 era un deporte marginal en nuestro país. Solamente la seguían un pequeño grupo de entendidos y, por ello, TVE dejó escapar sus derechos de retransmisión para volcarse con las motos. Sin embargo, en el ente público quizá nunca se arrepentirán lo suficiente, porque su adquisición por parte de Telecinco coincidió con la explosión de Fernando Alonso, uno de los fenómenos mediáticos más importantes de los últimos tiempos.

Durante 2005 y 2006, los años en que Alonso se proclamó campeón, las retransmisiones de Fórmula 1 conseguían audiencias millonarias, situándose muchas veces por delante de los partidos de fútbol. Se desató la ‘alonsomanía’, y términos como ‘paddock’, ‘pit lane’ o ‘safety car’ se hicieron de uso común. Sin embargo, los problemas con su equipo, Mc Laren, durante el año pasado han supuesto un paso atrás para Alonso. El asturiano ha vuelto a la escudería con la que se proclamó campeón, Renault, en busca de un entorno más acogedor, pero el desarrollo del campeonato está siendo un auténtico desastre.

Balonmano: cambio de ciclo

Los éxitos de los clubes se tradujeron finalmente en títulos internacionales en el mundial de Túnez de 2005. Tras los efímeros bronces olímpicos en 1996 y 2000, el equipo liderado por David Barrufet, José Javier Hombrados, Mateo Garralda y Juanín García derrotó en la final a Croacia tras varios años rozando los metales sin conseguirlo. Al mayor éxito del balonmano español le siguió una medalla de plata en el europeo de 2006. Sin embargo, el fracaso en el campeonato del mundo del año pasado, en el que el equipo acabó en la séptima posición, unido al relevo generacional de la columna vertebral del equipo durante los últimos años, no auguran buenas perspectivas de cara a Pekín.

Fútbol Sala: el rival a batir

Mientras los jugadores de ‘fútbol once’ acumulaban fracaso tras fracaso en los campeonatos internacionales, sus ‘hermanos pequeños’ se convertían en el número uno mundial sin discusión. Los clubes españoles reinaban en Europa y la selección se proclamaba campeona del mundo en 2000 y 2004 y campeona de Europa en 1996, 2001, 2005 y 2007, jugando otras dos finales, una en cada campeonato.

Atletismo: los dueños de la larga distancia

Mucho ha llovido desde la histórica victoria de Fermín Cacho en los 1.500 metros de Barcelona, 26 años en los que los atletas españoles se han convertido en auténticos especialistas en fondo y medio fondo disputándoles la hegemonía en esas pruebas a los atletas africanos. Juan Carlos Higuero, medallista en los europeos de 2006 en 1.500 y 5.000 metros, se mantiene como uno de los grandes nombres a tener en cuenta en los 1.500, una prueba en la que España que tiene el futuro asegurado gracias a Arturo Casado. El incombustible Reyes Estévez, con diez años de carrera a sus espaldas, también estará entre los aspirantes a subir al podio en esa prueba.

Los europeos de 2006 también sirvieron para coronar a la gran esperanza española para Pekín al margen de la fortísima representación en los 1.500, Jesús España. España ganó el oro en los 5.000 metros hace dos años y parte de nuevo como uno de los favoritos en esa distancia.

La marcha es la otra gran especialidad de los atletas españoles, que cuentan con Paquillo Fernández y Jesús Ángel García como sus máximos representantes.

El resto de atletas que conformarán la delegación española en China, aunque con menos aspiraciones de lograr medalla, conforman sin duda la mejor generación de la historia. Con casi total seguridad, las finales de Pekín contarán con la presencia, entre otros, de Mayte Martínez en 800 metros, Marta Domínguez en los 3.000, Ruth Beitia en salto de altura y Manuel Martínez en peso.

Natación: Mengual, reina de la sincronizada

Hasta hace bien poco, la natación española era prácticamente inexistente. Salvo la fugaz aparición de Martín López Zubero en los Juegos de Barcelona, no había prácticamente ningún nadador nacional que hubiese alcanzado la élite mundial. Pero el aspirar a medallas en los campeonatos de este deporte ha dejado de ser una utopía gracias a Mireia Belmonte y, sobre todo, Gemma Mengual.

La cita olímpica de Pekín se presenta además justo tras el ‘boom’ de la natación de nuestro país, que tuvo lugar en marzo en los europeos celebrados en Eindhoven (Holanda), en los que España terminó cuarta en el medallero gracias a las ocho medallas conseguidas. Además del oro de Mireia Belmonte en 200 estilos y del bronce en mariposa, Erika Villaécija en estilo libre, Nina Zhivanevskaya en espalda y Rafael Muñoz en mariposa también subieron al podio.

Pero las auténticas reinas son las chicas del equipo de natación sincronizada. Lideradas por Gemma Mengual, arrasaron en los mundiales de 2007, en los europeos de 2008 y en el preolímpico disputado en abril.

Hockey: en patines, medalla segura

El hockey patines ha sufrido un absoluto dominio de la selección española durante los últimos años, en los que sólo Portugal ha podido discutir esa hegemonía. Sin embargo, no es deporte olímpico, con lo que España pierde una medalla que tendría segura. Sí lo es, sin embargo, el hockey sobre hierba, en el que la selección se proclamó campeona de Europa en 2005, con Pol Amat y Santi Freixa como figuras clave.

Voleibol: la gran decepción

A pesar de que nuestro país ha contado desde hace bastantes años con el considerado mejor jugador del mundo, Rafa Pascual, la selección no había logrado grandes éxitos hasta el europeo del año pasado, en el que se adjudicaron el título. Sin embargo, sus erráticas actuaciones desde entonces han desembocado en su no clasificación para los Juegos Olímpicos.

Waterpolo: diez años en la élite

El equipo nacional todavía se mantiene en primera línea mundial tras la resaca que dejó la irrepetible generación de Manel Estiarte y Jesús Rollán. El grupo que ambos lideraban se hizo con la victoria en los mundiales de Perth (Australia) en 1998 y en el de Fukuoka (Japón) en 2001. Aunque no se hayan repetido los éxitos, en los campeonatos europeos de 2006 y mundiales de 2007 se consiguieron sendas medallas de bronce.

Barcelona’92, el verano en el que todo cambió

En los Juegos Olímpicos de Barcelona la delegación española consiguió 22 medallas, un récord todavía no superado en ninguna de la citas olímpicas que han venido después. De esas 22, que proporcionaron a España el sexto puesto en el madallero,13 fueron de oro, siete de plata y dos de bronce, a lo que hay que sumar una veintena larga de diplomas, de los que nueve fueron por haber alcanzado el cuarto puesto y siete por el quinto.

La imagen que los Juegos dejaron para la historia fue la de Fermín Cacho cruzando la línea de meta en los 1.500 metros, la carrera reina del atletismo, con los brazos abiertos. La superioridad con que Cacho ganó una prueba en la que los atletas africanos partían como favoritos fue un golpe de autoridad del atletismo nacional en particular y del deporte español en general. Fue el símbolo de un salto de calidad que colocó a España en los puestos más importantes del medallero. Y es que, aunque nunca se han vuelto a alcanzar, los números de Barcelona, no hay más que comparar los resultados de los Juegos antes del 92 y después. Mientras que con anterioridad hacerse con tres o cuatro medallas era un auténtico triunfo, con la vela maquillando la debilidad en otros deportes, en Atlanta ‘96 se consiguieron 17 medallas, en Sidney 2000 11, y en Atenas, hace cuatro años, 19.

Otros nombres que brillaron con luz propia en Barcelona gracias a sus medallas de oro fueron los de Martín López Zubero en 200 metros espalda, Daniel Plaza en 20 kms. marcha, Miriam Blasco y Almudena Muñoz en judo o los de las chicas del equipo de Hockey sobre hierba. Unos triunfos que fueron posibles gracias al programa de becas ADO, lanzado en 1986. Las ayudas incluidas en el programa permitieron a los deportistas dedicar todo el tiempo que fuese necesario para su preparación, sin tener que compatibilizarlo con trabajo.

Las televisiones descubren el filón

El problema del deporte es que los precios que se pagan en televisión están por encima de la rentabilidad directa, en España y en el resto del mundo”, según aseguraba el director general de La Sexta, José Miguel Contreras, a EL SIGLO (ver nº 794) acerca de la rentabilidad de los derechos de emisión de los eventos deportivos. Sin embargo, Contreras entiende que aún así “son de los pocos acontecimientos televisivos que tienen asegurados una audiencia extraordinaria. Con lo cual, aparte de la rentabilidad económica, aportan otra rentabilidad, que es notoriedad, publicidad, impacto y arrastre a los programas que hay alrededor. Y eso es muy difícil de medir”.

Desde luego, si se quiere comprobar lo acertado de las palabras de Contreras no hay más que observar lo sucedido con Cuatro a lo largo de la Eurocopa. Sogecable, la filial audiovisual de Prisa, adquirió los derechos de emisión del campeonato a Sport Five, la sociedad comercializadora por 70 millones de euros. Puede parecer mucho dinero, pero probablemente los directivos de Prisa los darán por amortizados a la luz de todos los récords que se han batido.

La final ha sido el partido más visto de la historia de España, con 14,48 millones de espectadores y casi un 81 por ciento de cuota de pantalla, y la segunda emisión que más audiencia ha tenido nunca. ¿La primera? La tanda de penaltis de los cuartos de final que enfrentaron a la selección española contra la italiana, que contó con una audiencia de 15,37 millones de personas y un share de pantalla del 77,5 por ciento.

El momento en el que Iker Casillas recibió el trofeo de manos del presidente de la UEFA, Michel Platini, es el minuto más visto en toda la historia de la televisión nacional. Un total de 17,69 millones  de espectadores, un 88,6 por ciento de los españoles que estaban delante de la tele en ese momento, presenciaron ese hito para el deporte de nuestro país.

Todo esto ha provocado que Cuatro haya terminado junio con una audiencia media del 12 por ciento, unos cuatro puntos por encima de sus resultados habituales.

Con estas cifras, no es de extrañar que los hechos den la razón a Contreras y las subastas entre las cadenas por hacerse con los derechos de emisión se conviertan en peleas encarnizadas. Que incluso caban en los tribunales, como ha sucedido en el caso de la Liga entre Sogecable y Mediapro, accionista de La Sexta a través de Imagina. En lo que se ha dado en llamar ‘la guerra del fútbol’, de momento la justicia ha dado la razón a Sogecable en relación a los derechos del Real Madrid, que los retendrá durante la temporada próxima. Sin embargo, Mediapro tiene, entre otros, los del Barcelona, con lo que los conflictos que han existido esta temporada parece que van repetirse. En especial en torno a la emisión de los partidos entre los azulgrana y el Real Madrid, los que más dinero generan.

Lo que parece claro es que a partir de la temporada 2009/2010 Mediapro tendrá la mayoría de los principales clubes españoles, y por ello Prisa se apresta a vender Digital +, que ha perdido su razón de ser. Mediapro también se ha hecho con los derechos de la Fórmula 1 a  partir del año próximo, arrebatando a Telecinco una de sus principales fuentes de ingresos.

En este panorama, TVE conserva los Juegos Olímpicos de Pekín, el motociclismo y los partidos de clasificación de la selección española para los campeonatos que luego retransmiten otros.

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