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| Nº 795 - 7 de julio de 2008 |
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Crisis y desprestigio de los políticos
por Santiago Carrillo Ahora, cuando obreros españoles e inmigrantes empiezan a quedarse sin trabajo porque la burbuja del cemento ha estallado, como hacía tiempo que estaba escrito; cuando muchos hogares conocen las estrecheces de la falta de trabajo, uno se siente impulsado a pensar en las enormes ganancias que unos cuantos constructores han acumulado en todos estos años... Uno de ellos, El Pocero, es de los que más han dado que hablar de sí, por su proyecto, considerado insensato, de transformar Seseña en una gran ciudad. Por su apodo se deduce que los orígenes de El Pocero fueron muy humildes, pero ha terminado poseyendo avión particular, uno de los signos de riqueza más significativos. También los banqueros hicieron su agosto con la fiebre del cemento. El dinero circuló abundantemente y, sin duda, una parte de él era negro, producto de negocios ilegales, atesorado por las mafias con el tráfico de drogas o de armas. Pero es cierto que el dinero no tiene color y circula libremente, mucho más libremente que los ciudadanos –y no digamos si son inmigrantes–, de un lugar a otro del planeta, convirtiendo a muchos delincuentes en ciudadanos respetables con gran influencia social. Rascacielos imponentes y hermosos palacetes marcan con su impronta tanta respetabilidad ficticia. Ese boom de la construcción que ahora se desinfla ha tenido otras consecuencias, quizá más nocivas. Un cierto número de políticos activos en las instituciones municipales, principalmente, y de funcionarios venales fueron sobornados por los constructores y participaron en elbanquete atesorando comisiones millonarias. La prensa se ha hecho eco de acciones de la justicia contra políticos enriquecidos de este modo. Y si bien es cierto que en su mayoría eran de derechas no han faltado también políticos representativos de la izquierda comprometidos en gatuperios de ese género. El mal que esto ha producido en este país es muy considerable porque ha creado mucho escepticismo hacia la política y los políticos. Eso ha creado un terreno muy favorable a las corrientes neoconservadoras que cantan fervientes loas a la libertad de mercado y niegan cualquier papel al Estado en la dirección de la economía. A los políticos y al Estado casi se les reduce a gestionar la Policía y el Ejército. Y aun en este terreno tratan de introducir la llamada iniciativa privada. En Occidente se han multiplicado las policías de empresas. Y en EE UU hay cárceles administradas privadamente, comoun negocio más. Y los mismos EE UU están utilizando en Iraq no sólo a los marines y unidades del Ejército regular, sino a fuerzas mercenarias puestas en pie por empresas privadas que lo hacen como negocio. A este paso nos encontramos cada vez más en un tipo de sociedad que prescinde de los políticos y de los partidos y en la que son directamente los empresarios y los financieros quienes dirigen los asuntos públicos directamente. El viejo maestro americano Galbraith nos enseñó hace tiempo que el mercado no era ningún instrumento natural, autónomo de la voluntad de los hombres. Lo manejaban los grandes empresarios. Esta crisis está probando que los nuevos desarrollos capitalistas no han conseguido poner fin a uno de los fallos más característicos del sistema. Que el capitalismo no es la única forma social posible. Que la Historia no ha llegado a su fin. Pero echo de menos en los políticos, en los economistas, en las universidades y academias, que ante las evidencias de la incapacidad del capitalismo para resolver estos problemas y los de la conservación y el equilibrio del planeta, no se haya abierto ya un debate científico serio sobre la imperiosa necesidad de cambiar este mundo. • |
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