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Nº 794 - 30 de junio de 2008

Los millonarios que le contratan, invitan y jalean

La ‘dolce vita’ de Aznar

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Entre el diputado por Ávila de principios de los 80, un madrileño adaptado a la austeridad castellana y el sueldo de un funcionario, y el presidente de FAES, un hombre de mundo acostumbrado a relacionarse con los poderosos, ha habido una sorprendente evolución. Sin embargo, ya apuntaba maneras. Entonces, un concesionario de coches puso un Passat a disposición de José María Aznar para su campaña. Después, el dueño de Porcelanosa le dejó su casa en Oropesa para que el entonces presidente pasara sus vacaciones. Acaudalados hombres de negocios como Flavio Briatore y Silvio Berlusconi le ponen el yate y la villa en Cerdeña para que disfrute de la dolce vita italiana. Y ahora un multimillonario guatemalteco le cede su jet privado para asistir a la defunción de su propio legado político. El ex jefe del Ejecutivo español nunca ha percibido el inconveniente de aceptar los regalos de quienes le hayan querido agasajar. Ni siquiera ahora que su carrera como consejero de lujo le permite costearse un alto nivel de vida.

Por Virginia Miranda

Un político de finales de los 80, nada más saber que José María Aznar había sido elegido nuevo líder de la formación del centro derecha en España, le preguntó a Rato con extrañeza: “Oye Rodrigo, ¿cómo es que le habéis designado presidente?”. “Porque no tenemos otro pobre como él en el partido”, contestó malicioso el ex ministro.

Alguien que le conoció bien en la época en que se preparaba para inspector de Hacienda rememora que, ya por aquel entonces, el joven opositor demostraba especial inclinación no tanto por la política como por el dinero.

Precisamente ahora que se da por muerto su legado en el PP, a muchas personas bien informadas les ha venido a la memoria el recuerdo de los primeros tiempos de José María Aznar. Y ni siquiera en los círculos que se le suponen próximos se hace del suyo un buen balance. Su aparente desprecio a la nueva formación capitaneada por Rajoy y su ostentosa vida a bordo de yates, jets privados y consejos de administración de medio mundo no ha caído nada bien en un partido que en tiempos de crisis se ha puesto del lado de los “currantes” con problemas para pagar la hipoteca.

A Aznar se le presuponía austeridad cuando, nada más acceder a la presidencia de Castilla y León, decidió congelar los sueldos de los altos cargos y quitarles a los consejeros del Gobierno regional la Visa Oro. Aquella imagen de asceta cultivada durante largos años había calado tanto entre los españoles que la opulenta boda de su hija en el Monasterio del Escorial el 5 de septiembre de 2002 –la “tercera Infanta” la llamaron entonces–, aquella “pasarela de poder” según la expresión empleada por la ‘prensa amiga’, supuso un punto de inflexión en la percepción que la opinión pública tenía del presidente, quien a su vez la ha ido alimentando con unos modos, maneras y costumbres más propias de sus nuevos amigos.

Pero el cambio no fue tan abrupto como parecía. Lo que cambió fue su círculo de amistades, más adineradas y mejor relacionadas a su vez con el mundo de la política y, sobre todo, los negocios. Su aterrizaje en Valencia para asistir al XVI Congreso del PP a bordo del yet privado del multimillonario guatemalteco Dionisio Gutiérrez, copresidente del gigante Corporación Multi-Inversiones (CMI) y director y presentador del influyente programa de televisión de corte liberal Libre encuentro –lo destapó el diario Levante y su identidad acaba de ser desvelada por Público–, tiene su modesto antecedente en los años 80, cuando el dueño de un concesionario de Ávila le prestó un VW Passat para su campaña electoral como candidato a la presidencia de Castilla y León. Después se le atribuyó la ayuda que habría de prestarle el constructor Antonio Miguel, Michel Méndez Pozo, aunque Aznar sólo ha llegado a reconocer públicamente que fue su “asesor urbanístico” después de que aquél fuera condenado en el caso de la construcción de Burgos –ahora es propietario del grupo de medios de las dos Castillas Promecal, preside la Cámara de Comercio de Burgos y mantiene buenas relaciones con políticos del PP y del PSOE–. Y poco antes de llegar a La Moncloa, siendo aún candidato a la presidencia, llegó a hablarse de que Emilio Botín, que acababa de confesar que el programa económico del PP le “suena bien”, le prestó su avión particular para que viajara a Londres y se presentara a la sociedad financiera del Reino Unido, extremo negado entonces desde el banco Santander.

Siendo ya presidente del Gobierno, los primeros comentarios reprobatorios que recibió Aznar, al margen de los estrictamente políticos, le afeaban la conducta por haber aceptado la invitación de otro empresario, el ya fallecido dueño de Porcelanosa, José Soriano, para pasar las vacaciones de verano en su chalé de Oropesa del Mar (Castellón). El jefe del Ejecutivo aceptó durante más veranos el ofrecimiento y, como el rey don Juan Carlos en Mallorca, se convirtió en un reclamo turístico para la zona, empezando por altos cargos de la Administración y empresarios, como Jaime Mayor Oreja o Manuel Pizarro. Tras la desaparición de Soriano, Aznar abandonó la localidad castellonense y se decantó por las playas de Ibiza y Mallorca para disfrutar del asueto estival, aunque con frecuencia visitaba el yate de Abel Matutes o el Ubi Bene de Perfecto Palacio, industrial de Valencia y Alicante que conoció a través de Eduardo Zaplana.

Pero aún había mucho Mediterráneo por descubrir y las costas españolas se le quedaron pequeñas al ex presidente. Habiendo abandonado ya el Gobierno, Aznar se dejó agasajar por sus nuevos amigos italianos, abandonándose a los placeres de la dolce far niente. A él y a su familia se le disputan el primer ministro Silvio Berlosconi, que les ha alojado en su mansión de Cerdeña, y Flavio Briatore, que ha puesto su yate a disposición de la pareja y sus hijos en vacaciones. La relación del ex presidente con el play boy recientemente retirado y director de la escudería Renault le viene de la amistad y los negocios del italiano con Alejandro Agag: ambos gestionan, hasta este año, los derechos de retransmisión de Fórmula 1 en Telecinco –en parte propiedad de Berlusconi–, que mueven 6.000 millones de euros al año. Y aunque los dos coincidieron en el mismo cargo en tiempo y forma, lo de Aznar y Berlosconi tiene mucho que ver con la relación de este último con Agag.

Ninguno de los dos italianos, invitados a los fastos del Escorial por parte del novio, se corresponden con la imagen de seriedad que hasta hace no muchos años se le atribuía al recientemente rejuvenecido Aznar, que ahora no deja de causar asombro con su melena azabache, sus pulseras de hilos y su escultural figura trabajada duramente en el gimnasio. El jefe del Gobierno italiano tiene pendientes varios procesos judiciales que, gracias a sus recientes reformas, no le sentarán de momento en el banquillo. Briatore, dueño de la discoteca Il Billionaire y con intereses en varias empresas con pérdidas que sin embargo no le impiden llevar un tren de vida de lujo y glamour, fue condenado de joven en sendos juicios por un turbio asunto de juego, aunque se libró de la cárcel tras una amnistía y logró dar el salto a la élite de los negocios gracias a Luciano Benetton.

Ninguna de estas circunstancias parece haber frenado a Aznar. Hace unos días se prestó, con Ana Botella, Ana Aznar y Alejandro Agag, a ser el reclamo de la exclusiva de la boda de Briatore y su mujer en Hola, y que según la prensa italiana ha reportado a los recién casados dos millones de euros.

En cuestión de negocios, Aznar es un alumno aventajado de su propio yerno (ver portada número 672 de El Siglo: Los Aznar se lo montan).  Agag, considerado un intermediario de éxito y el aspirante mejor situado para suceder al dueño y señor de la Fórmula 1, Bernie Ecclestone –ya se hizo con las riendas del equipo de GP2 de Adrián Campos para crear en Valencia una escudería de Fórmula 1–, ha ido enlazando unas empresas con otras, aunque siempre aparece en ellas como administrador único su tío Alberto Luis Longo. En una de sus recientes operaciones ha embarcado a su mujer. El diario Público desveló en septiembre del pasado año que la hija del ex presidente, Ana Aznar, era administradora única de Comercial Mitford Spain, una sociedad domiciliada en Sevilla que debería dar cobertura a los intereses empresariales de su marido. De hecho, su antecesora fue María del Rocío García Vacas, esposa de Alberto Luis Longo. En septiembre de 2006, un mes antes de que Ana Aznar fuera nombrada administradora única, Comercial Mitford Spain amplió capital en más de medio millón de euros y el 99,9% de las acciones fueron suscritas por A2L Sports, cuyo administrador único es el tío de Agag. Ambas tienen como objeto social la asesoría deportiva, comercial, legal, fiscal y económica, además de la compraventa de derechos tanto de audio visuales como de merchandising. La empresa de Aznar se constituyó en junio de 2004, meses después de abandonar la presidencia del Gobierno. Él y su mujer crearon una sociedad limitada a la que llamaron con el acrónimo Famaztella (Familia Aznar-Botella) con el objeto social de la “explotación de los derechos de propiedad intelectual de doña Ana Botella Serrano y don José María Aznar López en todas sus manifestaciones, como libros, escritos, discursos, alocuciones, conferencias y otras análogas, cualquiera que sea el soporte conocido o por conocer”. Entonces, los administradores eran los dos miembros del matrimonio, en abril de 2005, Ana Botella quedó como administradora única y, meses después, la concejala fue sustituida por su hermana Cristina, que este mismo año ha sido reemplazada por José María Aznar.

A través de Famaztella, el ex presidente ingresa las retribuciones que percibe por sus tres libros comprometidos con la editorial Planeta –se habla de 600.000 euros por los tres volúmenes– y por su trabajo como consejero en News Corporation, el gigante de la comunicación propiedad del estadounidense de origen australiano Rupert Murdoch. Según la información para accionistas, el ex presidente es el que menos cobra, y ‘sólo’ percibe 133.000 euros al año por asistir a los consejos. Pero la publicación de la noticia causó cierto revuelo porque comenzó a percibir su sueldo sin haberlo comunicado previamente al Ministerio de Administraciones Públicas y al Consejo de Estado, y en FAES, la fundación que presiden, se vieron obligados a emitir un comunicado para defenderle, diciendo que las suyas eran “colaboraciones ocasionales” y asegurando que “jamás he realizado negocios privados relacionados de manera directa o indirecta con sus responsabilidades públicas”.

Desde entonces, el ex presidente ha ido acumulando empleos de semejante cariz, que compatibiliza con su presidencia de FAES, sus clases en la Universidad estadounidense de Georgetown y sus conferencias. Washington Speakers Bureau, una de las principales agencias de representación de Estados Unidos, tiene en exclusiva los derechos del ex presidente, que a cambio recibe entre 30.000 y 40.000 euros.

Desde junio de 2007, Aznar también forma parte del consejo asesor de Centaurus Capital, un prestigioso hedge funds especializado en operaciones especulativas de alto riesgo, con sede en Londres y domicilio fiscal en las Islas Caimán. Fundada en el 2000, gestiona unos activos de más de 4.500 millones de dólares (3,350 millones de euros).

Al ex presidente español también le ha fichado la inmobiliaria estadounidense J. E. Roberts como consejero asesor latinoamericano. Hace ahora casi un año, la prensa atribuyó a Aznar el desembarco de esta compañía en Argentina con una operación valorada en 26 millones de dólares.

La última noticia vincula al que fuera líder del PP y jefe del Ejecutivo durante ocho años con el Grupo Rhône, una sociedad especializada en servicios de asesoría financiera fundada en 1995 por dos de los ejecutivos de banca de inversión. Qué casualidad que uno de ellos, Robert F. Agostinelli, fue quien sufragó las primeras vacaciones de Nicolas Sarkozy como presidente francés. Lo cuenta elconfidencial.com, que también advierte del vínculo neocon de los protagonistas: Agostinelli es amigo de George Bush, a quien por cierto también se le ha atribuido la intermediación entre Aznar y Murdoch.

Lejos quedan los tiempos en que el ex presidente, siendo aún inquilino de La Moncloa pero decidido ya a no repetir como candidato, tuvo que pedir un préstamo hipotecario de 55 millones de pesetas –más de 330.000 euros– para hacer frente a los 100 millones de pesetas –600.000 euros– que le costó su chalé en Monte Alina (Pozuelo). Pecata minuta en comparación con los cerca de tres millones de euros –según valor de mercado– que le costó a su yerno y su hija su casa de tres plantas con jardín en el exclusivo barrio londinense de Chelsea, donde por cierto comparte vecindario con Rosario Nadal y Gwyneth Paltrow, pero también con Briatore y Ecclestone.

Estos días, el PP certifica la defunción del aznarismo. Pero, con la salvedad de su trabajo al frente de FAES, en realidad hace tiempo que su artífice desatendió su legado. Rajoy dice que no le preocupa porque “no está”, pero sus ocupaciones y aficiones le hacen más presente de lo que podría desear.

Los suyos ya no le quieren

La conclusión es unánime: el XVI Congreso Nacional del PP ha sentenciado la muerte del aznarismo. A pesar de la llegada imprevista de Aznar una hora y cuarenta minutos después del comienzo del cónclave, cuya irrupción obligó al auditorio a ponerse en pie y a los técnicos de sonido a arropar su entrada en el recinto con la sintonía popular. A pesar de su forma de bendecir y condenar a la cúpula del partido ante la atenta mirada de compromisarios y periodistas, con abrazos a unos y saludos forzaros a otros. Y a pesar de su discurso de autoafirmación complaciente y crítica nada encubierta, diciendo aquello de “no tenemos que avergonzarnos de nada” y “primero ganar y luego dialogar” para rematar con la clara intención que el adjetivo “responsable” imprimía al “apoyo” que había decidido conceder al sucesor que él mismo designó.

Después de evidenciar su malestar en el congreso, Aznar relajó el gesto tres días después de su comentada intervención en el cónclave para presidir la reunión ordinaria del mes de junio del patronato de FAES junto a Mariano Rajoy. Sonrientes y habladores se mostraron en el encuentro, donde de acuerdo con el resto de patronos acordaron la inclusión de dos nuevos miembros a su organigrama, el profesor de la Universidad San Pablo CEU, Pedro Schwartz, y el diputado Manuel Pizarro, además de la incorporación automática a la vicepresidencia de la fundación, tal y como establecen sus estatutos, de la nueva secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal –su antecesor Ángel Acebes continúa como patrono–.

Horas después, el propio Rajoy confesó en el foro Abc que con Aznar se lleva “Estupendamente. Me ha dado muchas oportunidades a lo largo de mi vida política y yo las he aprovechado”. Sin embargo, a la mañana siguiente y desde los micrófonos de la cadena Ser, recordó que ahora es él el que manda en el partido. Invitado a hacer rimas con los nombres de los dirigentes más significados de su formación, y después de que le plantearan elegir entre “colaborar” y “estorbar”, el reelegido presidente del PP dijo que Aznar “rima con no estar”.

Las palabras pronunciadas por Aznar en Valencia no han tenido el eco deseado por su autor. Ni entre los críticos, que lamentan no haber encontrado en el ex presidente el respaldo que habrían requerido en la etapa precongresual –es el caso de Esperanza Aguirre–, ni mucho menos entre los marianistas. El vicesecretario de Comunicación, Esteban González Pons, le dio por jubilado en una entrevista cuando él también recordó que “ya está retirado”, por eso “ni está obligado a guardar las formas de un político en activo, ni probablemente está actualizado en cuanto a las formas del discurso político”.

A Aznar ya no le recuerdan en su partido. Con la excepción evidente de su mujer Ana Botella. Recientemente incorporada al Comité Ejecutivo del PP e integrante del cupo del alcalde Alberto Ruiz-Gallardón, uno de los dirigentes populares con más futuro, es de las pocas que no se han apartado de los antiguos preceptos.

Ojo con Aznar, Sr. Rajoy por Enric Sopena


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