F abián
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Nº 794

30/6/2008

Borrell y Obiols o la victoria de los principios

Por Joan Tardà i Coma*

D urante la campaña del referéndum para el nuevo Tratado Constitucional Europeo del año 2005, los nacionalistas catalanes se las apañaron para esconder la negaciones del texto al reconocimiento oficial de la lengua catalana y la invisibilidad de la representación de las naciones sin Estado en el conjunto de las instituciones europeas para poder apoyarlo. Se trataba de no cuestionar un modelo neoliberal que aparcara veleidades izquierdistas, por caras y entorpecedoras del mercado, y atrapar la ola de la marea neoliberal. Recuérdese, si no, el debate que generó el hecho de conceptuar el derecho a la salud, a la educación y a la igualdad como un simple valor, abandonando la idea de concebirlo como un objetivo.

Con la victoria de Duran i Lleida sobre un Artur Mas que llegó a flirtear en un primer momento con su oposición a la Carta Magna europea, se cerraba el círculo virtuoso del discurso oficial del europeísmo español. Efectivamente, PSOE y PP, con la inclusión de la estela europeísta pujolista, taponaban todas las posibles vías de agua. Y, la verdad sea dicha, aún cuando los avatares constitucionales europeos se han ido sucediendo hasta llegar a la negativa irlandesa de refrendar el Tratado de Lisboa, lo cierto es que hoy día las diferencias entre los partidos mayoritarios, de izquierda o de derecha, respecto a cómo ir construyendo la unidad europea, son poco perceptibles.

Si en aquel año 2005, aun cuando todos preconizaron el sí, las diferencias entre ellos eran mayores, algo habrá que achacar a la socialdemocracia europea en el proceso de construcción de una Europa cada vez menos fuerte, menos democrática e incapaz de superar un modelo intergubernamental —basado en la opacidad y capitalizado por los altos funcionarios— que no alcanza el objetivo de lo supranacional. Y alguna responsabilidad deberán de asumir los socialistas en todo ello porque las alarmas, sin duda, han saltado. Luces rojas, por lo que significa la bomba de relojería que para el discurso de las conquistas sociales, suponen la aprobación de las semanas laborables de hasta 65 horas y la aprobación de la directiva de retorno de los inmigrantes sin documentación, para las libertades. Si ante la Europa del bienestar y de la cohesión se alzan, con el concurso del socialismo español y europeo, nuevos instrumentos que favorecen las desigualdades, me pregunto qué vamos a hacer las izquierdas con nuestra historia. Porque uno ya asume las exigencias de los tiempos sobre la necesidad de adaptarnos a las flexibilidades imperativas del sistema, pero otra cosa bien diferente es socavar las paredes maestras del tope de las 48 horas. Y la guinda: sacar pecho de una directiva que permite que una persona pueda estar internada hasta un límite de 18 meses, y no necesariamente bajo control judicial, por una falta administrativa, aduciendo que más vale una directiva imperfecta que una realidad sin ella.

De ahí la transcendencia del posicionamiento de Josep Borrell y de Raimon Obiols, a los cuales Esquerra Republicana de Catalunya felicitó desde la tribuna del Congreso en nombre del republicanismo catalán y también de otros muchos diputados socialistas que, por razones obvias, no pudieron hacerlo. Porque no se trata de un acto de indisciplina, ni de un gesto simbólico. Fue mucho más: Borrell y Obiols tiraron el ancla y, ciertamente, no todo el mundo tiene la fuerza y el coraje para ello.•

*Portavoz del Grupo Parlamentario Esquerra Republicana de Catalunya en el Congreso

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